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8 de agosto 2018    /   CREATIVIDAD
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Lo que necesitas ‘ser’ y ‘tener’ para convertirte en artista

8 de agosto 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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TENER

El ponente de guion abrió los brazos:

—Para crear arte tienes que rodearte de cosas bellas. Usar instrumentos bonitos que puedan inspirarte buenas ideas. No es lo mismo escribir con una pluma Montblanc que con un bolígrafo BIC.

Una parte del público asintió.
Recordé que durante años quise un lavavajillas pero tenerlo no evitó que apilara platos, vasos y cubiertos en el fregadero. La máquina no era mágica. La pluma estilográfica tampoco.

El ponente de guion cuestionó 35.000 años de arte: a los hombres y mujeres que usaron carbón vegetal, arcilla y heces para recrear sus vidas en las paredes de las cuevas. Los artistas primitivos no pensaron si los instrumentos y materiales eran nobles o no. Tomaron lo que tenían a mano para expresarse.

Homero no usó un programa para trasladar sus palabras a una tablilla encerada.

Shakespeare no organizó los borradores en 42 carpetas virtuales.

El ponente de guion, que no era guionista, repitió un lema de la industria: compra cosas relucientes para desarrollar ideas brillantes. Publicidad que cala en los artistas. No es raro encontrar en las redes sociales afirmaciones como:

«El nuevo portátil / la nueva cámara / software me ayudará a crear mejores historias / fotografías/ vídeos».

¿Acaso los aparatos transforman la nada en prosa vigorosa, trazos enérgicos y encuadres que transpiran belleza?

Realmente, algunos aparatos pueden modificar la forma de pensar. Nietzsche advirtió que su estilo de escritura cambió al usar una máquina de escribir. Consideró que las teclas tiraban de sus pensamientos. Pero no son aparatos mágicos. No hacen tu trabajo. Conviene recordarlo para no ir detrás de la última novedad.

«Has terminado de escribir una escena y la máquina no aplaude», dijo Orson Welles.

SER

El productor-guionista de dramas sociales conducía un coche inglés de 50.000 euros. Nos dirigíamos a un restaurante. Se colocó detrás de un autobús con un anuncio:

LOS ÁNGELES DE CHARLIE

LA PELÍCULA

—Me gustaría ser americano y hacer chorradas como esa —dijo el productor. Terminó con una mueca de resignación.

No recuerdo si esbocé una sonrisa circunstancial o maliciosa. Sí pensé:

«Si yo fuera tú haría otras cosas».

Estábamos equivocados. Al menos yo. Lo supe años después.

Él no producía ni escribía películas de acción porque no quería o no sabía o no se atrevía o no lo intentó. No haber nacido en los Estados Unidos era su excusa.

Yo no estaba escribiendo lo que quería porque me negaba la posibilidad. No ser ese productor con su coche de 50.000 euros era mi excusa. Pensaba que si fuera él con su desahogada economía podría dedicarme a trabajos de escritura interesantes. Estaba mintiéndome. Me había convertido en una máquina de excusas: falta de tiempo, falta de dinero, hacer lo que el mercado reclama, no tener máquinas relucientes y mágicas.

De todas las excusas para un artista, la peor era lamentarse NO SER OTRO.

Ser otro o querer ser otro tampoco garantiza tener abiertas las puertas del mercado.

Al querer ser otro se niega la individualidad: lo que a uno distingue de los demás. Y si un artista no es distinto a los demás, comete un pecado contra sí mismo.

TENER

El ponente de guion abrió los brazos:

—Para crear arte tienes que rodearte de cosas bellas. Usar instrumentos bonitos que puedan inspirarte buenas ideas. No es lo mismo escribir con una pluma Montblanc que con un bolígrafo BIC.

Una parte del público asintió.
Recordé que durante años quise un lavavajillas pero tenerlo no evitó que apilara platos, vasos y cubiertos en el fregadero. La máquina no era mágica. La pluma estilográfica tampoco.

El ponente de guion cuestionó 35.000 años de arte: a los hombres y mujeres que usaron carbón vegetal, arcilla y heces para recrear sus vidas en las paredes de las cuevas. Los artistas primitivos no pensaron si los instrumentos y materiales eran nobles o no. Tomaron lo que tenían a mano para expresarse.

Homero no usó un programa para trasladar sus palabras a una tablilla encerada.

Shakespeare no organizó los borradores en 42 carpetas virtuales.

El ponente de guion, que no era guionista, repitió un lema de la industria: compra cosas relucientes para desarrollar ideas brillantes. Publicidad que cala en los artistas. No es raro encontrar en las redes sociales afirmaciones como:

«El nuevo portátil / la nueva cámara / software me ayudará a crear mejores historias / fotografías/ vídeos».

¿Acaso los aparatos transforman la nada en prosa vigorosa, trazos enérgicos y encuadres que transpiran belleza?

Realmente, algunos aparatos pueden modificar la forma de pensar. Nietzsche advirtió que su estilo de escritura cambió al usar una máquina de escribir. Consideró que las teclas tiraban de sus pensamientos. Pero no son aparatos mágicos. No hacen tu trabajo. Conviene recordarlo para no ir detrás de la última novedad.

«Has terminado de escribir una escena y la máquina no aplaude», dijo Orson Welles.

SER

El productor-guionista de dramas sociales conducía un coche inglés de 50.000 euros. Nos dirigíamos a un restaurante. Se colocó detrás de un autobús con un anuncio:

LOS ÁNGELES DE CHARLIE

LA PELÍCULA

—Me gustaría ser americano y hacer chorradas como esa —dijo el productor. Terminó con una mueca de resignación.

No recuerdo si esbocé una sonrisa circunstancial o maliciosa. Sí pensé:

«Si yo fuera tú haría otras cosas».

Estábamos equivocados. Al menos yo. Lo supe años después.

Él no producía ni escribía películas de acción porque no quería o no sabía o no se atrevía o no lo intentó. No haber nacido en los Estados Unidos era su excusa.

Yo no estaba escribiendo lo que quería porque me negaba la posibilidad. No ser ese productor con su coche de 50.000 euros era mi excusa. Pensaba que si fuera él con su desahogada economía podría dedicarme a trabajos de escritura interesantes. Estaba mintiéndome. Me había convertido en una máquina de excusas: falta de tiempo, falta de dinero, hacer lo que el mercado reclama, no tener máquinas relucientes y mágicas.

De todas las excusas para un artista, la peor era lamentarse NO SER OTRO.

Ser otro o querer ser otro tampoco garantiza tener abiertas las puertas del mercado.

Al querer ser otro se niega la individualidad: lo que a uno distingue de los demás. Y si un artista no es distinto a los demás, comete un pecado contra sí mismo.

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Opiniones 4
  • Me encantó, si, como lectora prefiero una voz auténtica, que escriba bien y se exprese… si es en papiro, pergamino, papel, papel de alto gramaje, pc, tableta o carbonilla, pluma, pluma a fuente, birome o teclado, no me importa, ese es su proceso de creación. ..

  • Excelente art{iculo. Soy fan de los pintores españoles vivos como Alfonso Albacete, Eduardo Arroyo y Gabino Amaya Cacho, éste último nos sorprende con su nuevo trabajo el puntillismo abstracto figurativo, del cual estoy próximo a adquirir algunas piezas…

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