fbpx
12 de abril 2012    /   ENTRETENIMIENTO
por
 

Cool es la Música y la Música es Negra

12 de abril 2012    /   ENTRETENIMIENTO     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

El término cool se originó en el movimiento del ‘Cool Jazz’ de finales de los años 40. Pero la relación entre el cool y la música no haría más que estrecharse de ahí en adelante. Tal es así que uno de los sinónimos de cool es ‘rock star’ (estrella del rock), término utilizado tanto por adolescentes como por medios financieros para describir gente cool o con poder de influencia. Pero esta relación va mucho más allá del rock’n’roll.

La música ha sido un constante catalizador del cool, incluso desde antes del movimiento del Cool Jazz. Podemos remontarnos al siglo XIX, cuando el compositor y pianista húngaro Franz Liszt enamoraba audiencias con gestos de virtuosismo tocando piezas imposibles, desencadenando en audiencias el ardor y la histeria del calibre de los Beatles.

Liszt bebía, fumaba y tenía fama de mujeriego. Las mujeres se lanzaban al escenario para arrancarle el pañuelo o los guantes de sus manos. Las características de Liszt, su virtuosismo, su estilo de vida, su magnetismo, su carisma… Son todos atributos aspiracionales del cool: narcisismo, hedonismo, etc.

Pero la unión entre lo cool y la música no llegaría hasta que esta última saliera del ámbito elitista de las salas sinfónicas y se dirigiera, a través del fonógrafo de finales de siglo XIX, hacia las masas en forma de canciones en conserva.

A partir de esta época surgieron tres géneros musicales que, apoyados por la industria discográfica de entonces, cruzarían fronteras, océanos y culturas. Estos son el jazz, el blues y el tango. Los tres tuvieron influencia internacional y generaron una amplia gama de subgéneros (sobre todo los dos primeros) que afectarían a la cultura popular en muchos sentidos. Y los tres tienen algo en común: todos se originaron en la cultura negra.

El tango nació en ambas costas del Río de la Plata, precisamente en las ciudades de Buenos Aires y Montevideo, de la mano del candombe y la milonga.

El candombe llegó a Sudamérica de la mano de los esclavos africanos en la primera mitad del siglo XIX. Más que un género, era una fiesta social de música y baile basados en percusión y provocadoras coreografías de hombros y caderas. Tuvo repercusión entre los porteños (bonaerenses) de élite por sus raíces subversivas que los inspiraban a pintarse la cara de negro para salir a bailar, y celebrar, en los carnavales.

La milonga era un estilo rítmico desarrollado en la misma región con diversas influencias europeas. Pero no sería hasta finales de siglo cuando el underground bonaerense se apropiara del nuevo género en salas y salones donde abundaban las copas y el humo.

En 1905 llegaría la primera grabación de tango con el título de El Choclo, de Angel Villoldo, canción que serviría como banda sonora del corto surrealista Un perro andaluz, de Dalí y Buñuel. En 1910, un tercio de la música grabada pertenecía al tango que, finalmente, llegaría a las masas locales y a los salones elitistas europeos en forma de discos y de giras de las más grandes estrellas del género.

El jazz surgió de formas musicales de tribus africanas desarrolladas e introducidas por esclavos inmigrantes del África occidental en el sur de Estados Unidos. En un principio, el estilo copiaba patrones del habla africana que no respondían a las leyes occidentales de la armonía, aunque más tarde estos mismos inmigrantes aprendieron e introdujeron ritmo en su música.

El fin de la esclavitud no terminó con el racismo y dejó a muchos negros en el paro; estos se vieron forzados a rastrear en el entretenimiento una manera de buscarse la vida. Y la vida se buscaron. Esto resultó en una multitud de artistas negros que prestaban sus servicios en piano bars, clubs y burdeles, concentrados principalmente en Nueva Orleans.

Desde los bares de Basin Street y Storyville (el distrito de luz roja), la música se expandió a otras ciudades como Nueva York, Chicago, Detroit y San Francisco, generando una multitud de estrellas que, finalmente, encontrarían el éxito no solo en casa, sino en el resto del mundo.

El blues comenzó en el estado de Tejas y el sur profundo norteamericano hacia 1890 en la forma de ‘spirituals’ y canciones de trabajo en los campos de algodón. Se dice que el estilo se desarrolló en garitos donde los negros se entretenían con música, baile y juego como expresión de emancipación y, más tarde, celebración de su nueva ‘libertad’.

Su inspiración venía de distintas formas del África occidental. Las primeras grabaciones llegarían en 1912 con el Dallas Blues, de Hart Wandy, y el Memphis Blues, del ‘padre del blues’ W.C. Handy.

A pesar de que nació como una forma individualista, sin mucha consideración por reglas, dos formas predominarían: la ‘blue note’ (nota azul), una nota sutilmente desafinada con expresión y emoción, y la ‘progresión de 12 acordes’, que dota al género de su sonido tan característico. Esta última se convertiría años más tarde en la base del rock’n’roll y la mayoría de la música popular. Muchas estrellas del rock afirmaron que sin blues no hubiera habido rock’n’roll y se refirieron a este último género como ‘Blues en esteroides’.

Estas tres formas musicales han tenido una enorme influencia en la cultura popular que vendría después. El tango influenció la música clásica, folclores latinoamericanos y hasta el Nuevo Tango y el Tango Lounge más recientemente. El blues y el jazz irían mucho más allá, inspirando una enormidad de géneros de música popular. Veamos algunos pocos ejemplos…

El R&B (Rythm & Blues) nació en el Detroit negro de los años 40 y se convirtió en un fenómeno cultural y comercial. El rock’n’roll, oficialmente nacido en Memphis en los 50, tiene sus raíces en el blues. Sus pioneros, y algunas de sus más grandes estrellas, son mayoritariamente negros: Louis Jordan, The Ink Spots, Check Berry, Little Richard y quien la revista Rolling Stone cataloga como el mejor guitarrista de la historia, Jimi Hendrix.

El ska emerge en Jamaica hacia principios y mediados de los 60 como fusión del jazz y el mento (una fusión de ritmos africanos y canción europea). Hacia finales de los 60, el ska da lugar al reggae, que nos deja leyendas culturales como Bob Marley o Peter Tosh.

La música soul nace hacia mediados de los 60, desde Chicago y Detroit, como resultado del gospel y el R&B, con megaestrellas de la talla de Ray Charles, Aretha Franklin y James Brown.

Al mismo tiempo, surge el funk de la mano de ilustres artistas negros como Curtis Mayfield o George Clinton. Aunque no lograría popularidad hasta los 70, también en los 60 nace la música disco desde círculos negros e hispanos en Nueva York y Filadelfia con influencia del soul y del R&B.

Y desde el mismísimo Bronx neoyorquino, en los 70, aterrizaría el rap, con el ‘padrino del rap’, Gil Scott Heron o The Last Poets, aunque el género tomaría auge con el Rapper’s Delite de Sugarhill Gang. Hoy, se podría argumentar que el rap es el nuevo rock’n’roll que influye no solo a la música, sino a la moda, al emprendimiento empresarial, la cultura, el comportamiento social, etc., y que penetraría, mucho más allá de los ghettos, hasta los barrios elitistas desde Park Avenue hasta La Moraleja.

Y en los 80 llegarían formas musicales algo más alternativas como el techno, el dance y la música house desde la escena negra de Chicago y Detroit que pavimentaron el camino para los grandes DJs de hoy.

Esto es tan solo un brevísimo resumen, pero la catarata de producción musical negra ha dictado qué es cool en la cultura mainstream año tras año, década tras década.

Si miramos a algunos de los grandes músicos blancos de las últimas décadas, y en estilos tan dispares y engañosamente ‘distantes’ como el punk, el new wave o la música progresiva, encontramos también influencias negras.

John Lydon (conocido como Johnny Rotten), del emblemático grupo punk los Sex Pistols, encontraba inspiración en el reggae. En el new wave, The Police se influenció tanto de este mismo género que llamaron a su segundo disco Regatta de Blanc o ‘reggae de blancos’. Y los reyes de la progresiva, Pink Floyd, obtuvieron su nombre de dos bluseros negros, Pink Anderson y Floyd Council, y han compuesto memorables blues psicodélicos.

Esta enormidad de música negra tuvo una monstruosa influencia cultural en el siglo XX y continúa ejerciéndola en el XXI. Dicta mucho más allá de la música, penetrando la cultura en general. El funeral del llamado ‘rey del pop’, Michael Jackson, fue una de las despedidas más mediáticas de la historia. Unos 31 millones de personas vieron su funeral en TV (comparado con 33 millones de Lady Di), causando 32 millones de streams en internet y decenas de millones de búsquedas en Google. Aunque nunca he sido fan de él, no puedo ignorar la enorme influencia que Jackson ha tenido en nuestra sociedad.

Durante décadas, la cultura negra ha tenido un profundo impacto en dictar qué es cool, cómo hablar, qué vestir, qué comer, qué ver y hasta cómo votar. Esto ha movido una gran cantidad de dólares, yens y euros durante muchos años. ¿Y quién hubiera imaginado un presidente negro en EEUU, la mayor potencia mundial, tan solo unos 10 años atrás? Y hasta podría argumentarse que es el presidente más cool, moderno y tecnológico de la historia de este país.

Pero hay una estadística que no deja de alarmar. Vivimos en un mundo de 7.000 millones de habitantes donde cerca de 1.000 millones son negros, apenas un 14%, que representan algo menos del 5% del PIB mundial. Que tan poca gente con tan escasos recursos pueda ejercer una influencia pantagruélica en el 86% restante es un auténtico fenómeno social a estudiar.

El cool nació en la cultura negra. Una cultura marginada social y económicamente. Es aparente que esta marginación ha servido como motor o mecanismo de defensa para encontrar y establecer su marca en la sociedad. Merece la pena analizar más qué motiva a esta cultura a ejercer tanta influencia. ¿Qué fuerzas sociales están en juego? ¿Qué se puede aprender de ella? Una discusión para otro día…

Este artículo fue publicado en el número de Abril de Yorokobu.

Foto portada: Library of Congress, Foto Candonga: Edipo Yocasta, Foto Duke Ellington: Dominio Público, Foto Skatalites: Peru Foto, Foto Jimi Hendrix: Wikimedia Commons.

El término cool se originó en el movimiento del ‘Cool Jazz’ de finales de los años 40. Pero la relación entre el cool y la música no haría más que estrecharse de ahí en adelante. Tal es así que uno de los sinónimos de cool es ‘rock star’ (estrella del rock), término utilizado tanto por adolescentes como por medios financieros para describir gente cool o con poder de influencia. Pero esta relación va mucho más allá del rock’n’roll.

La música ha sido un constante catalizador del cool, incluso desde antes del movimiento del Cool Jazz. Podemos remontarnos al siglo XIX, cuando el compositor y pianista húngaro Franz Liszt enamoraba audiencias con gestos de virtuosismo tocando piezas imposibles, desencadenando en audiencias el ardor y la histeria del calibre de los Beatles.

Liszt bebía, fumaba y tenía fama de mujeriego. Las mujeres se lanzaban al escenario para arrancarle el pañuelo o los guantes de sus manos. Las características de Liszt, su virtuosismo, su estilo de vida, su magnetismo, su carisma… Son todos atributos aspiracionales del cool: narcisismo, hedonismo, etc.

Pero la unión entre lo cool y la música no llegaría hasta que esta última saliera del ámbito elitista de las salas sinfónicas y se dirigiera, a través del fonógrafo de finales de siglo XIX, hacia las masas en forma de canciones en conserva.

A partir de esta época surgieron tres géneros musicales que, apoyados por la industria discográfica de entonces, cruzarían fronteras, océanos y culturas. Estos son el jazz, el blues y el tango. Los tres tuvieron influencia internacional y generaron una amplia gama de subgéneros (sobre todo los dos primeros) que afectarían a la cultura popular en muchos sentidos. Y los tres tienen algo en común: todos se originaron en la cultura negra.

El tango nació en ambas costas del Río de la Plata, precisamente en las ciudades de Buenos Aires y Montevideo, de la mano del candombe y la milonga.

El candombe llegó a Sudamérica de la mano de los esclavos africanos en la primera mitad del siglo XIX. Más que un género, era una fiesta social de música y baile basados en percusión y provocadoras coreografías de hombros y caderas. Tuvo repercusión entre los porteños (bonaerenses) de élite por sus raíces subversivas que los inspiraban a pintarse la cara de negro para salir a bailar, y celebrar, en los carnavales.

La milonga era un estilo rítmico desarrollado en la misma región con diversas influencias europeas. Pero no sería hasta finales de siglo cuando el underground bonaerense se apropiara del nuevo género en salas y salones donde abundaban las copas y el humo.

En 1905 llegaría la primera grabación de tango con el título de El Choclo, de Angel Villoldo, canción que serviría como banda sonora del corto surrealista Un perro andaluz, de Dalí y Buñuel. En 1910, un tercio de la música grabada pertenecía al tango que, finalmente, llegaría a las masas locales y a los salones elitistas europeos en forma de discos y de giras de las más grandes estrellas del género.

El jazz surgió de formas musicales de tribus africanas desarrolladas e introducidas por esclavos inmigrantes del África occidental en el sur de Estados Unidos. En un principio, el estilo copiaba patrones del habla africana que no respondían a las leyes occidentales de la armonía, aunque más tarde estos mismos inmigrantes aprendieron e introdujeron ritmo en su música.

El fin de la esclavitud no terminó con el racismo y dejó a muchos negros en el paro; estos se vieron forzados a rastrear en el entretenimiento una manera de buscarse la vida. Y la vida se buscaron. Esto resultó en una multitud de artistas negros que prestaban sus servicios en piano bars, clubs y burdeles, concentrados principalmente en Nueva Orleans.

Desde los bares de Basin Street y Storyville (el distrito de luz roja), la música se expandió a otras ciudades como Nueva York, Chicago, Detroit y San Francisco, generando una multitud de estrellas que, finalmente, encontrarían el éxito no solo en casa, sino en el resto del mundo.

El blues comenzó en el estado de Tejas y el sur profundo norteamericano hacia 1890 en la forma de ‘spirituals’ y canciones de trabajo en los campos de algodón. Se dice que el estilo se desarrolló en garitos donde los negros se entretenían con música, baile y juego como expresión de emancipación y, más tarde, celebración de su nueva ‘libertad’.

Su inspiración venía de distintas formas del África occidental. Las primeras grabaciones llegarían en 1912 con el Dallas Blues, de Hart Wandy, y el Memphis Blues, del ‘padre del blues’ W.C. Handy.

A pesar de que nació como una forma individualista, sin mucha consideración por reglas, dos formas predominarían: la ‘blue note’ (nota azul), una nota sutilmente desafinada con expresión y emoción, y la ‘progresión de 12 acordes’, que dota al género de su sonido tan característico. Esta última se convertiría años más tarde en la base del rock’n’roll y la mayoría de la música popular. Muchas estrellas del rock afirmaron que sin blues no hubiera habido rock’n’roll y se refirieron a este último género como ‘Blues en esteroides’.

Estas tres formas musicales han tenido una enorme influencia en la cultura popular que vendría después. El tango influenció la música clásica, folclores latinoamericanos y hasta el Nuevo Tango y el Tango Lounge más recientemente. El blues y el jazz irían mucho más allá, inspirando una enormidad de géneros de música popular. Veamos algunos pocos ejemplos…

El R&B (Rythm & Blues) nació en el Detroit negro de los años 40 y se convirtió en un fenómeno cultural y comercial. El rock’n’roll, oficialmente nacido en Memphis en los 50, tiene sus raíces en el blues. Sus pioneros, y algunas de sus más grandes estrellas, son mayoritariamente negros: Louis Jordan, The Ink Spots, Check Berry, Little Richard y quien la revista Rolling Stone cataloga como el mejor guitarrista de la historia, Jimi Hendrix.

El ska emerge en Jamaica hacia principios y mediados de los 60 como fusión del jazz y el mento (una fusión de ritmos africanos y canción europea). Hacia finales de los 60, el ska da lugar al reggae, que nos deja leyendas culturales como Bob Marley o Peter Tosh.

La música soul nace hacia mediados de los 60, desde Chicago y Detroit, como resultado del gospel y el R&B, con megaestrellas de la talla de Ray Charles, Aretha Franklin y James Brown.

Al mismo tiempo, surge el funk de la mano de ilustres artistas negros como Curtis Mayfield o George Clinton. Aunque no lograría popularidad hasta los 70, también en los 60 nace la música disco desde círculos negros e hispanos en Nueva York y Filadelfia con influencia del soul y del R&B.

Y desde el mismísimo Bronx neoyorquino, en los 70, aterrizaría el rap, con el ‘padrino del rap’, Gil Scott Heron o The Last Poets, aunque el género tomaría auge con el Rapper’s Delite de Sugarhill Gang. Hoy, se podría argumentar que el rap es el nuevo rock’n’roll que influye no solo a la música, sino a la moda, al emprendimiento empresarial, la cultura, el comportamiento social, etc., y que penetraría, mucho más allá de los ghettos, hasta los barrios elitistas desde Park Avenue hasta La Moraleja.

Y en los 80 llegarían formas musicales algo más alternativas como el techno, el dance y la música house desde la escena negra de Chicago y Detroit que pavimentaron el camino para los grandes DJs de hoy.

Esto es tan solo un brevísimo resumen, pero la catarata de producción musical negra ha dictado qué es cool en la cultura mainstream año tras año, década tras década.

Si miramos a algunos de los grandes músicos blancos de las últimas décadas, y en estilos tan dispares y engañosamente ‘distantes’ como el punk, el new wave o la música progresiva, encontramos también influencias negras.

John Lydon (conocido como Johnny Rotten), del emblemático grupo punk los Sex Pistols, encontraba inspiración en el reggae. En el new wave, The Police se influenció tanto de este mismo género que llamaron a su segundo disco Regatta de Blanc o ‘reggae de blancos’. Y los reyes de la progresiva, Pink Floyd, obtuvieron su nombre de dos bluseros negros, Pink Anderson y Floyd Council, y han compuesto memorables blues psicodélicos.

Esta enormidad de música negra tuvo una monstruosa influencia cultural en el siglo XX y continúa ejerciéndola en el XXI. Dicta mucho más allá de la música, penetrando la cultura en general. El funeral del llamado ‘rey del pop’, Michael Jackson, fue una de las despedidas más mediáticas de la historia. Unos 31 millones de personas vieron su funeral en TV (comparado con 33 millones de Lady Di), causando 32 millones de streams en internet y decenas de millones de búsquedas en Google. Aunque nunca he sido fan de él, no puedo ignorar la enorme influencia que Jackson ha tenido en nuestra sociedad.

Durante décadas, la cultura negra ha tenido un profundo impacto en dictar qué es cool, cómo hablar, qué vestir, qué comer, qué ver y hasta cómo votar. Esto ha movido una gran cantidad de dólares, yens y euros durante muchos años. ¿Y quién hubiera imaginado un presidente negro en EEUU, la mayor potencia mundial, tan solo unos 10 años atrás? Y hasta podría argumentarse que es el presidente más cool, moderno y tecnológico de la historia de este país.

Pero hay una estadística que no deja de alarmar. Vivimos en un mundo de 7.000 millones de habitantes donde cerca de 1.000 millones son negros, apenas un 14%, que representan algo menos del 5% del PIB mundial. Que tan poca gente con tan escasos recursos pueda ejercer una influencia pantagruélica en el 86% restante es un auténtico fenómeno social a estudiar.

El cool nació en la cultura negra. Una cultura marginada social y económicamente. Es aparente que esta marginación ha servido como motor o mecanismo de defensa para encontrar y establecer su marca en la sociedad. Merece la pena analizar más qué motiva a esta cultura a ejercer tanta influencia. ¿Qué fuerzas sociales están en juego? ¿Qué se puede aprender de ella? Una discusión para otro día…

Este artículo fue publicado en el número de Abril de Yorokobu.

Foto portada: Library of Congress, Foto Candonga: Edipo Yocasta, Foto Duke Ellington: Dominio Público, Foto Skatalites: Peru Foto, Foto Jimi Hendrix: Wikimedia Commons.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Y tú más: ¡Marrano!
El cine y el orgasmo femenino
«La impresión de que el español es farragoso se quita leyendo a García Márquez»
El fenómeno fanfiction: Las escenas de sexo perdidas de Harry Potter y otras historias que tenían que existir
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 9
    • Fuentes:

      Libros:
      Coolhunting: Peter Glooor & Scott Cooper
      The Birth of the Cool of Miles Davis and His Associates: Frank Tirro
      Birth of the Cool: Lewis MacAdams
      Chasing Cool: Noah Kerner & Gene Pressman
      The Rebel Sell: Joseph Heath & Andrew Potter
      Cool Pose: Richard Majors & Janet Mancini Billson
      We Real Cool: Bell Hooks
      Cool Rules: Dick Pountain & David Robins
      The Conquest of Cool: Thomas Frank
      What is Cool?: Marlene Kime Connor
      The History of Jazz: Ted Gioia
      Deep Blues: Robert Palmer
      The Devil’s Music: Giles Oakley
      Escaping the Delta: Elijah Wald
      La Historia del Tango: Ruben Pesce & Roberto Selles

      Entrevistas:
      Joey Ramone (The Ramones) 1985
      Mike Rutherford (Genesis) 1984
      Peter Hammill (Van der Graaf Generator) 1985
      Roberto Goyeneche 1986
      Prince 1998
      Wyclef Jean 1998
      Gil Scott Heron 1998
      Pat Metheny 1983
      Les Paul 1985

  • Excelente post y magnífica reflexión, muchas gracias. Tal vez otro día podrías hablar del «new soul» : Michel Kiwanuka, Mayer Hawthorne, James Blake, Sly Johnson, The Rapture, o el soul fusionado de The Black Keys.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *