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7 de febrero 2012    /   DIGITAL
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Cora: La basura no existe

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¿Es utópico un mundo en el que no existan los contenedores de basura? ¿Podría reducirse la cantidad de objetos que se desechan definitivamente hasta una cifra que se acerque a cero? Cora es una iniciativa que se lo ha marcado como objetivo. Así es como quieren hacerlo sus creadores.

Tiene gracia que en una época en que el terreno habitable se cotiza a precios disparatados, se siga empleando tanta superficie en almacenar morralla. El ser humano es una paradoja andante y, en muchas ocasiones, sencillamente idiota. Más allá de la anecdótica contradicción, lo que sí debería ser una obligación irrenunciable es alargar la vida del lugar en el que todos vivimos lo máximo posible, y en un mundo superpoblado, reducir el impacto de todo lo desechable es primordial.

Los creadores de Cora creen firmemente que todo, absolutamente todo, puede evitar ser llevado a un vertedero. «Sí, es utópico, pero es realmente posible y muy necesario», explica Scott James, CEO de Cora. «Simplemente no podemos seguir aplicando esta presión en nuestro ecosistema y dado que ya estamos viviendo el futuro creemos que es definitivamente posible trasladarnos a un futuro sin contenedores de basura. Al fin y al cabo, muchos de nuestros ascendientes vivían en granjas donde todo tenía una nueva vida».

El proyecto comenzó durante una cena en casa de James con Liesl Clark y Rebecca Rockefeller. «Ellas habían pasado dos años haciendo un interesante trabajo relacionado con la recogida de plástico en las playas». Reclutaron a Teri Bellamy, el cerebro económico del equipo y echaron a rodar. Al poco de comenzar, se dieron cuenta de que una app móvil les serviría de manera decisiva para cumplir con sus propósitos. «Con la app podíamos conectar a ambas fuentes, la que suelta un objeto y la que lo reutiliza», cuenta Scott James.

El funcionamiento de la app tiende hacer de lo simple una virtud. Un buscador permite introducir el objeto del que el usuario pretende deshacerse y busca alternativas para la reutilización en el entorno geográfico próximo. Cora ofrece diversas opciones que van desde la oferta de información acerca de centros de reciclaje y reutilización hasta tutoriales de manualidades o bricolaje que enseñan cómo transformas lo productos para alargar su vida.

El proyecto, por supuesto, confía su éxito, en primer lugar, a su materialización –se encuentra en fase de captación de fondos a través de crowdfunding– pero sobre todo, depende de la amplitud de la base de datos de usuarios y alternativas de reutilización. Se trata de una ambiciosa herramienta que quiere contribuir a un cambio de mentalidad global. Podría ser que, en un futuro no muy lejano, la propia app ofrezca consejos acerca de cómo tratar viejos contenedores de basura. ¿Cuánto le queda al mundo para estar preparado para ello?

¿Es utópico un mundo en el que no existan los contenedores de basura? ¿Podría reducirse la cantidad de objetos que se desechan definitivamente hasta una cifra que se acerque a cero? Cora es una iniciativa que se lo ha marcado como objetivo. Así es como quieren hacerlo sus creadores.

Tiene gracia que en una época en que el terreno habitable se cotiza a precios disparatados, se siga empleando tanta superficie en almacenar morralla. El ser humano es una paradoja andante y, en muchas ocasiones, sencillamente idiota. Más allá de la anecdótica contradicción, lo que sí debería ser una obligación irrenunciable es alargar la vida del lugar en el que todos vivimos lo máximo posible, y en un mundo superpoblado, reducir el impacto de todo lo desechable es primordial.

Los creadores de Cora creen firmemente que todo, absolutamente todo, puede evitar ser llevado a un vertedero. «Sí, es utópico, pero es realmente posible y muy necesario», explica Scott James, CEO de Cora. «Simplemente no podemos seguir aplicando esta presión en nuestro ecosistema y dado que ya estamos viviendo el futuro creemos que es definitivamente posible trasladarnos a un futuro sin contenedores de basura. Al fin y al cabo, muchos de nuestros ascendientes vivían en granjas donde todo tenía una nueva vida».

El proyecto comenzó durante una cena en casa de James con Liesl Clark y Rebecca Rockefeller. «Ellas habían pasado dos años haciendo un interesante trabajo relacionado con la recogida de plástico en las playas». Reclutaron a Teri Bellamy, el cerebro económico del equipo y echaron a rodar. Al poco de comenzar, se dieron cuenta de que una app móvil les serviría de manera decisiva para cumplir con sus propósitos. «Con la app podíamos conectar a ambas fuentes, la que suelta un objeto y la que lo reutiliza», cuenta Scott James.

El funcionamiento de la app tiende hacer de lo simple una virtud. Un buscador permite introducir el objeto del que el usuario pretende deshacerse y busca alternativas para la reutilización en el entorno geográfico próximo. Cora ofrece diversas opciones que van desde la oferta de información acerca de centros de reciclaje y reutilización hasta tutoriales de manualidades o bricolaje que enseñan cómo transformas lo productos para alargar su vida.

El proyecto, por supuesto, confía su éxito, en primer lugar, a su materialización –se encuentra en fase de captación de fondos a través de crowdfunding– pero sobre todo, depende de la amplitud de la base de datos de usuarios y alternativas de reutilización. Se trata de una ambiciosa herramienta que quiere contribuir a un cambio de mentalidad global. Podría ser que, en un futuro no muy lejano, la propia app ofrezca consejos acerca de cómo tratar viejos contenedores de basura. ¿Cuánto le queda al mundo para estar preparado para ello?

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