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16 de septiembre 2013    /   ENTRETENIMIENTO
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Las matemáticas de la corrección de textos

16 de septiembre 2013    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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¿Por qué hay tantos debates sobre corrección lingüística? Porque en ese terreno no siempre todo es blanco o negro: hay excepciones, distintas soluciones para un enunciado cualquiera… De ahí nacen las eternas discusiones: “pues a mí me suena bien”, “lo dice todo el mundo”, “se entiende”… Sería muy difícil erradicar toda duda, hay muchos asuntos gramaticales que aceptan todas esas alegaciones y ponen las cosas difíciles.

Sin embargo, hay una cuestión que incide directamente en la comprensibilidad de los textos y que, si nos paramos a pensar en ella, es bastante objetiva. Se trata del orden de las palabras en la frase.

Para ordenar las palabras correctamente en una frase no tenemos que pensar en nuestro antiguo profesor de lengua, sino en el de matemáticas. En concreto, debemos acordarnos de las operaciones aritméticas. Cuando queremos que algo (por ejemplo, un multiplicador) aplique a varios elementos, colocamos estos dentro de un paréntesis.

3 (5 + 2)

La propiedad distributiva del producto hace que el resultado de esta operación elemental, como bien sabéis, sea 21.

Por el contrario, si no ponemos el paréntesis, el tres solo multiplicará al primer número, al que tiene más cerca:

3 · 5 + 2

Y esto nos da como resultado 17.

Un veintiuno es muy diferente de un diecisiete. Y lo mismo ocurre con el orden de las palabras en la frase. Cada adjetivo, cada determinante o cada complemento circunstancial debe aplicar justo a la parte de la frase que debería verse afectada por él. Ni más ni menos.

Es cierto que a veces las frases aceptan modificaciones en el orden de sus elementos que no varían el significado global de las mismas. Pero, otras muchas veces, variar el orden sí altera el producto, dando como resultado errores semánticos bastante cómicos.

Veamos este ejemplo real encontrado en un telediario:

tv

Culpan a Ángel de herir a un policía infiltrado en el ojo.

Pensemos un poco: ¿estaba el policía infiltrado en el ojo? Por el orden elegido para los elementos de la frase, así lo parece. El complemento circunstancial de lugar “en el ojo” ha sido colocado al lado de la palabra “infiltrado”. De ahí que la semántica de la frase sea un tanto inquietante.

¿Cómo se soluciona eso? Con matemáticas. ¿A qué locución tendría que aplicar realmente el complemento “en el ojo”? Al verbo herir. Es eso lo que ha ocurrido “en el ojo”. Entonces, tenemos que mover los elementos de la operación hasta que salga el resultado correcto: “Culpan a Ángel de herir en el ojo a un policía infiltrado”.

Veamos unos cuantos ejemplos reales más de operaciones mal ordenadas que dan resultados erróneos:

Voy a pasarles a detallar los acontecimientos.*

“Les” es un complemento indirecto. Señala sobre quién recae la acción del verbo. El verbo con el que debe ir es “detallar”: eso es lo que el sujeto les hace “a ellos”. Sin embargo, si por error lo juntamos al verbo “pasar”, “les” se convierte en un complemento directo: parece que el sujeto les pasa a una sala, por ejemplo, cuando en realidad ahí el verbo “pasar” debería tener el significado de “proceder”.

Corrección: Voy a pasar (yo solo) a detallarles los acontecimientos (a ustedes).

Unos 235 vehículos tienen cada año un accidente debido al mal estado de sus neumáticos.*

Es un ejemplo claro de propiedad distributiva del producto. Tenemos que preguntarnos qué es lo que ocurre cada año. Y la respuesta es: la frase completa. Por lo tanto, tenemos que hacer que ese “cada año” aplique a toda la frase. En el original, dejaron el sujeto (“unos 235 vehículos”) fuera de la ecuación, y el resultado fue nefasto: ¡parecía que eran los mismos 235 vehículos los que tenían cada año un accidente! ¡Qué mala suerte para quien se compre uno de esos!

Corrección: Cada año, unos 235 vehículos tienen un accidente debido al mal estado de sus neumáticos.

Hay muchos ejemplos más de “ecuaciones lingüísticas” mal ordenadas que dan como resultado significados divertidos. De hecho, os animo a compartir por aquí algunas de las que encontréis.

Por supuesto, todos sabemos que los policías no pueden estar infiltrados en los ojos. De ahí que, cuando vemos una frase mal ordenada, la mayoría de las veces comprendamos de todas maneras lo que quería expresar el autor. Aquí entra el interés de cada uno por estos temas, si le basta con que su texto “se entienda” o si prefiere que sea impecable, de lectura fácil y fluida; que no se le pueda sacar ni una tara.

Foto de Isabel Garzo
 

¿Por qué hay tantos debates sobre corrección lingüística? Porque en ese terreno no siempre todo es blanco o negro: hay excepciones, distintas soluciones para un enunciado cualquiera… De ahí nacen las eternas discusiones: “pues a mí me suena bien”, “lo dice todo el mundo”, “se entiende”… Sería muy difícil erradicar toda duda, hay muchos asuntos gramaticales que aceptan todas esas alegaciones y ponen las cosas difíciles.

Sin embargo, hay una cuestión que incide directamente en la comprensibilidad de los textos y que, si nos paramos a pensar en ella, es bastante objetiva. Se trata del orden de las palabras en la frase.

Para ordenar las palabras correctamente en una frase no tenemos que pensar en nuestro antiguo profesor de lengua, sino en el de matemáticas. En concreto, debemos acordarnos de las operaciones aritméticas. Cuando queremos que algo (por ejemplo, un multiplicador) aplique a varios elementos, colocamos estos dentro de un paréntesis.

3 (5 + 2)

La propiedad distributiva del producto hace que el resultado de esta operación elemental, como bien sabéis, sea 21.

Por el contrario, si no ponemos el paréntesis, el tres solo multiplicará al primer número, al que tiene más cerca:

3 · 5 + 2

Y esto nos da como resultado 17.

Un veintiuno es muy diferente de un diecisiete. Y lo mismo ocurre con el orden de las palabras en la frase. Cada adjetivo, cada determinante o cada complemento circunstancial debe aplicar justo a la parte de la frase que debería verse afectada por él. Ni más ni menos.

Es cierto que a veces las frases aceptan modificaciones en el orden de sus elementos que no varían el significado global de las mismas. Pero, otras muchas veces, variar el orden sí altera el producto, dando como resultado errores semánticos bastante cómicos.

Veamos este ejemplo real encontrado en un telediario:

tv

Culpan a Ángel de herir a un policía infiltrado en el ojo.

Pensemos un poco: ¿estaba el policía infiltrado en el ojo? Por el orden elegido para los elementos de la frase, así lo parece. El complemento circunstancial de lugar “en el ojo” ha sido colocado al lado de la palabra “infiltrado”. De ahí que la semántica de la frase sea un tanto inquietante.

¿Cómo se soluciona eso? Con matemáticas. ¿A qué locución tendría que aplicar realmente el complemento “en el ojo”? Al verbo herir. Es eso lo que ha ocurrido “en el ojo”. Entonces, tenemos que mover los elementos de la operación hasta que salga el resultado correcto: “Culpan a Ángel de herir en el ojo a un policía infiltrado”.

Veamos unos cuantos ejemplos reales más de operaciones mal ordenadas que dan resultados erróneos:

Voy a pasarles a detallar los acontecimientos.*

“Les” es un complemento indirecto. Señala sobre quién recae la acción del verbo. El verbo con el que debe ir es “detallar”: eso es lo que el sujeto les hace “a ellos”. Sin embargo, si por error lo juntamos al verbo “pasar”, “les” se convierte en un complemento directo: parece que el sujeto les pasa a una sala, por ejemplo, cuando en realidad ahí el verbo “pasar” debería tener el significado de “proceder”.

Corrección: Voy a pasar (yo solo) a detallarles los acontecimientos (a ustedes).

Unos 235 vehículos tienen cada año un accidente debido al mal estado de sus neumáticos.*

Es un ejemplo claro de propiedad distributiva del producto. Tenemos que preguntarnos qué es lo que ocurre cada año. Y la respuesta es: la frase completa. Por lo tanto, tenemos que hacer que ese “cada año” aplique a toda la frase. En el original, dejaron el sujeto (“unos 235 vehículos”) fuera de la ecuación, y el resultado fue nefasto: ¡parecía que eran los mismos 235 vehículos los que tenían cada año un accidente! ¡Qué mala suerte para quien se compre uno de esos!

Corrección: Cada año, unos 235 vehículos tienen un accidente debido al mal estado de sus neumáticos.

Hay muchos ejemplos más de “ecuaciones lingüísticas” mal ordenadas que dan como resultado significados divertidos. De hecho, os animo a compartir por aquí algunas de las que encontréis.

Por supuesto, todos sabemos que los policías no pueden estar infiltrados en los ojos. De ahí que, cuando vemos una frase mal ordenada, la mayoría de las veces comprendamos de todas maneras lo que quería expresar el autor. Aquí entra el interés de cada uno por estos temas, si le basta con que su texto “se entienda” o si prefiere que sea impecable, de lectura fácil y fluida; que no se le pueda sacar ni una tara.

Foto de Isabel Garzo
 

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Opiniones 23
  • La ordenanza reza: Queda prohibido fumar en toda la red de Metro. De acuerdo, pero yo no fumo en toda la red, solo lo hago en la estación de Bilbao. Vale, no es la misma lógica, pero siempre me ha chocado. Y también eso de «totalmente gratis». ¿Puede haber algo parcialmente gratis?

    • Muy bueno tu comentario, Nacho. Sí viene a ser lo mismo lo que comentas, aunque quizá no sea el ejemplo más claro de cara a «convencer» a otros. Lo que es seguro es que, si pusieran los elementos con su orden gramatical básico (sujeto + verbo + complementos), no daría lugar a dobles interpretaciones. Es decir, quedaría: «Fumar queda prohibido en toda la red de Metro».

      En cuanto a lo de «totalmente gratis», ahí ya hablamos de semántica. Pondré algunos ejemplos de ese tema muy pronto.

      ¡Saludos y muchas gracias por tu aportación!

  • Creo que el ejemplo que da Nacho no es un problema de orden, sino de conector, si en vez de «en» escribieran «dentro de»; y además es un problema de «espacio» ( necesitan que los letreros ocupen poco lugar), la frase correcta debiese ser «»Queda prohibido fumar dentro de cada estación y recinto perteneciente a la red del Metro»», claro que eso ocuparía muuuucho espacio, jeje.

  • El lenguaje natural no es como el lenguaje formal, ni mucho menos. El lenguaje natural mantiene aspectos que el formalismo no puede contener ni traducir (Ejemplo: el contexto).
    En todo caso, el artículo es interesante porque el autor posee una muy buena intuición al encontrar relación entre la gramática y las ciencias formales. Le invito a leer algún manual de lógica de predicados para que se siga sorprendiendo y le de crédito, no a las matemáticas, sino a la lógica (que es la verdadera encargada del asunto que usted propone).

    Saludos.

    • ¡Gracias por tu aportación! En el lenguaje oral todos cometemos estos fallos de orden. Deberíamos evitarlos en el escrito, sea más o menos formal, si queremos que el texto sea claro y comprensible.

      El tema de que una palabra afecte a todo el enunciado o solo al elemento que tiene más cerca tiene su analogía más clara en las operaciones aritméticas. Seguro que podríamos escribir otro artículo divertido sobre la lógica de predicados, asemejándolo a otra parte de la gramática.

      Un saludo

  • Hace ya algún tiempo, un hipermercado anunciaba, entre sus ofertas, la siguiente: molde para pasteles de caucho. Esbozar una sonrisa fue para mí inevitable.
    ¡Muchas gracias por el artículo!

  • Le ruego que utilice correctamente el verbo ‘aplicar’. En el uso que Ud. le da en su escrito debería utilizar ‘aplicarse’ o ‘ se aplica’ según los casos. La manera en que Ud. lo ha empleado corresponde, en mi opinión, a una mala traducción del inglés. Copio a continuación un par de los casos a los que me refiero.
    «…circunstancial debe aplicar justo…», «…locución tendría que aplicar realmente…»
    Por lo demás tiene Ud. mucha razón.

    • ¡Hola, Carlos! Muchas gracias por tu comentario.

      El verbo inglés «apply» es un «false friend» (falso amigo) porque puede tener la acepción de «inscribirse para una vacante» o «presentarse a un concurso», y algunas personas usan el español «aplicar» con ese significado, lo cual es incorrecto: «apliqué para ese puesto de trabajo»*. Creo que no tiene mucho que ver con lo aquí tratado.

      He probado a sustituir el verbo en los ejemplos que comentas por su correspondiente reflexivo, como propones, pero tú mismo habrás comprobado que el resultado tampoco es adecuado para explicar lo que se pretende.

      Ya que me lo ruegas, aquí tienes un par de opciones por las que sí podría sustituirse el verbo «aplicar» en esos dos ejemplos: «afectar» o «referirse a». Seguro que lo prefieres así. De hecho, coincido en que se entiende aún mejor.

      Un saludo, me alegro de que te haya gustado el artículo.

  • Lo siento pero discrepo. Si prefiere sustituir el verbo por ‘afectar’ o por ‘referirse a’ (nótese el reflexivo) me parece muy bien pero tal como está duele al entendimiento. Si no recuerdo mal podría tratarse de una pasiva refleja. En cualquier caso tan sólo se trata de mi opinión.
    La frase: «Por lo tanto, tenemos que hacer que ese “cada año” aplique a toda la frase. » es incorrecta por incomprensible. ¿Quién ‘aplica’ qué? Sin embargo: ‘Por lo tanto, tenemos que hacer que ese “cada año” SE aplique a toda la frase.» cuando menos, es inteligible.
    Lo mismo sucede en los otros casos:
    «Cuando queremos que algo (por ejemplo, un multiplicador) SE aplique a varios elementos, colocamos estos dentro de un paréntesis.»
    «Cada adjetivo, cada determinante o cada complemento circunstancial debe aplicarSE justo a la parte de la frase que debería verse afectada por él.»
    «¿A qué locución tendría que aplicarSE realmente el complemento “en el ojo”? »

    Y abundando en los casos de orden incorrecto de la frase están los clásicos «leche de vaca pura» y «coto privado de caza».

    • Llegados a este punto, supongo que es cuestión de gustos. Yo, por ejemplo, entiendo mucho mejor «cuando queremos que algo afecte a varios elementos» que «cuando queremos que algo se aplique a varios elementos». Lo segundo es correcto pero tiene un matiz de significado que no es el que la autora (una servidora) quería poner.
      Bueno, que el blog me «regaña» por escribir tantos comentarios seguidos. ¡Intenta disfrutar de la esencia del artículo! Y, si no, a ver si del siguiente te gustan todas las palabras.
      Un saludo y gracias por tu visita y tu entusiasmo.

  • ¡Muy buen artículo! Los noticieros y los diarios están plagados de esos errores. Creo que lo mejor a la hora de saber si algo suena es leerlo en voz alta, eso siempre ayuda.

    • ¡Muy buenos ejemplos, Sabela! Tomo buena nota de ellos, gracias.
      Y el hecho de que algunas personas usen las comillas con la intención de subrayar, cuando en realidad lo que hacen es marcar ironía, creo que ya lo traté en un artículo. A ver si lo encuentro… Recuerdo que ponía este ejemplo: tenemos jamón «ibérico». Jeje.
      ¡Saludos!

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