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25 de septiembre 2019    /   CREATIVIDAD
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Cinco tácticas del cuerpo para boicotear tus decisiones ‘racionales’

25 de septiembre 2019    /   CREATIVIDAD     por          
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Decidir seguir leyendo este artículo no cambiará tu vida. O sí. Acaso pueda lograrlo de rebote. Porque las grandes decisiones están claveteadas de nimiedades que no tienen nada que ver con la razón, y ser consciente de ellas podrá ayudarte a escoger opciones con el juicio menos contaminado.

 En el próximo atolladero de tu vida, cuando tengas que elegir entre dos senderos que se bifurcan, te acordarás de que, a veces, el contenido de lo que llamas intuición depende de tus horas de sueño, de si has comido o no o qué sabor has degustado. Interrogar a tus primeros impulsos es una forma de encaminarse a la mejor opción. 

Tomar decisiones

JUEZ MAL COMIDO, VEREDICTO TORCIDO

La libertad de un acusado depende de las pruebas, de los tipos penales, de la maña de los letrados y también de los jugos gástricos de los jueces. 

La hora a la que se emite una sentencia influye en la dirección del fallo. A esa conclusión llegaron los investigadores Shai Danziger, Jonathan Levav y Liora Avnaim-Pesso en su artículo Factores extraños en las decisiones judiciales, publicado en PNAS en 2011. 

Tras analizar más de mil sentencias, detectaron que si los jueces «emiten dictámenes repetidos, muestran una mayor tendencia a gobernar a favor del statu quo». O sea, la banca gana y pierde el acusado. Los expertos advirtieron que un pequeño descanso para tomar una comida revertía este efecto. 

Los tribunales fallaban a favor de los acusados un 65% más cuando estaban despejados y recién alimentados: ya fuera al comienzo del día o tras el almuerzo. Los datos resultaban preocupantes porque demostraban que los derechos de una persona no están salvaguardados por una justicia libre de sesgos psicológicos. 

Aunque no pudieron determinar si el desencadenante del cambio de lente era la nutrición o el reposo mental (o ambos), sí evidenciaron que existen factores externos, subjetivos e inconscientes que hacían inclinar la balanza hacia un lado o el otro. 

Tomar decisiones

LAS NEGOCIACIONES, MEJOR CON EL CULO DURO

Un equipo de las universidades de Harvard y Yale llegó a la conclusión de que, en una situación de negociación y decisión, los objetos que nos rodean, la comodidad de las sillas o las mesas (en definitiva, el escenario táctil) pueden modificar el estado anímico de los intervinientes e influir en los resultados finales. 

Descubrieron cómo, en el escenario de una negociación por el precio de un coche, quienes se acomodaban en sillas blandas cedían más y aparentaban mayor debilidad que los individuos sentados en sillas más rígidas y duras, de actitud más agresiva y egoísta. De igual modo, la envoltura de un currículum puede determinar la percepción del empleador. Los candidatos que presentaban su currículo en una carpeta dura y más pesada eran vistos como mejor cualificados. 

«Las experiencias físicas no solo forman la base de nuestros pensamientos y percepciones, sino que influyen también en nuestra conducta hacia los demás. Y algunas veces esto ocurre simplemente porque estamos sentados en una silla dura y no en un sillón suave», explicó el psicólogo social John Bargh a BBC Mundo.

Tomar decisiones

LA FALTA DE SUEÑO Y LAS DECISIONES REPENTINAS

La falta de sueño atribula la habilidad del cerebro para tomar decisiones correctas. Cuando esta carencia afecta a personal de hospitales, servicios de emergencias o fuerzas armadas, las consecuencias pueden ser catastróficas. 

Los experimentos efectuados en laboratorio reportaban que la mala higiene del sueño propiciaba efectos minúsculos en la toma de decisiones, pero, en 2015, la Washington State University practicó pruebas equiparables al mundo real, incluyendo un margen de arbitrariedad e imprevistos. 

Los científicos analizaron la toma de decisiones como un proceso complejo que requiere que una persona aprenda de los resultados de sus acciones, se retroalimente de lo que ocurre alrededor y se adapte a circunstancias cambiantes. En el experimento, los sujetos privados de sueño y los descansados no presentaban grandes diferencias hasta que se introdujo un cambio brusco en la lógica de la prueba. 

Quienes no habían dormido suficiente empezaron a equivocarse, eran incapaces, por mucho esfuerzo que invirtieran, de empaparse de la nueva situación e información y actuar correctamente en consecuencia. Es la flexibilidad cognitiva la parcela afectada. La preocupación es tal que el departamento de Defensa de EEUU donó en 2018 2,8 millones de dólares para investigar el fenómeno.

Tomar decisiones

LA AUDACIA PARA ASUMIR RIESGOS SE SIRVE EN TETRABRIKS

Los sabores influyen en los niveles de temeridad o prevención que mueven nuestras decisiones. La universidad británica de Sussex comprobó en 2018 que los gustos ácidos multiplican el arrojo para asumir riesgos en quienes los consumen. 

El equipo repartió zumos salados, ácidos, dulces, amargos y umamis entre los voluntarios y los puso a jugar a una especie de patata caliente en el ordenador. Cada clic hinchaba un globo en la pantalla y les suponía una ganancia monetaria. Podían retirar su dinero en cualquier momento o seguir suministrando aire y ganando más, pero si se rompía el globo, se perdía todo el dinero. 

Los bebedores de sabor ácido se inclinaron en un 40% más por correr riesgo que quienes ingirieron los zumos dulces y umami, que desplegaron una actitud más comedida y conservadora.

Decidir seguir leyendo este artículo no cambiará tu vida. O sí. Acaso pueda lograrlo de rebote. Porque las grandes decisiones están claveteadas de nimiedades que no tienen nada que ver con la razón, y ser consciente de ellas podrá ayudarte a escoger opciones con el juicio menos contaminado.

 En el próximo atolladero de tu vida, cuando tengas que elegir entre dos senderos que se bifurcan, te acordarás de que, a veces, el contenido de lo que llamas intuición depende de tus horas de sueño, de si has comido o no o qué sabor has degustado. Interrogar a tus primeros impulsos es una forma de encaminarse a la mejor opción. 

Tomar decisiones

JUEZ MAL COMIDO, VEREDICTO TORCIDO

La libertad de un acusado depende de las pruebas, de los tipos penales, de la maña de los letrados y también de los jugos gástricos de los jueces. 

La hora a la que se emite una sentencia influye en la dirección del fallo. A esa conclusión llegaron los investigadores Shai Danziger, Jonathan Levav y Liora Avnaim-Pesso en su artículo Factores extraños en las decisiones judiciales, publicado en PNAS en 2011. 

Tras analizar más de mil sentencias, detectaron que si los jueces «emiten dictámenes repetidos, muestran una mayor tendencia a gobernar a favor del statu quo». O sea, la banca gana y pierde el acusado. Los expertos advirtieron que un pequeño descanso para tomar una comida revertía este efecto. 

Los tribunales fallaban a favor de los acusados un 65% más cuando estaban despejados y recién alimentados: ya fuera al comienzo del día o tras el almuerzo. Los datos resultaban preocupantes porque demostraban que los derechos de una persona no están salvaguardados por una justicia libre de sesgos psicológicos. 

Aunque no pudieron determinar si el desencadenante del cambio de lente era la nutrición o el reposo mental (o ambos), sí evidenciaron que existen factores externos, subjetivos e inconscientes que hacían inclinar la balanza hacia un lado o el otro. 

Tomar decisiones

LAS NEGOCIACIONES, MEJOR CON EL CULO DURO

Un equipo de las universidades de Harvard y Yale llegó a la conclusión de que, en una situación de negociación y decisión, los objetos que nos rodean, la comodidad de las sillas o las mesas (en definitiva, el escenario táctil) pueden modificar el estado anímico de los intervinientes e influir en los resultados finales. 

Descubrieron cómo, en el escenario de una negociación por el precio de un coche, quienes se acomodaban en sillas blandas cedían más y aparentaban mayor debilidad que los individuos sentados en sillas más rígidas y duras, de actitud más agresiva y egoísta. De igual modo, la envoltura de un currículum puede determinar la percepción del empleador. Los candidatos que presentaban su currículo en una carpeta dura y más pesada eran vistos como mejor cualificados. 

«Las experiencias físicas no solo forman la base de nuestros pensamientos y percepciones, sino que influyen también en nuestra conducta hacia los demás. Y algunas veces esto ocurre simplemente porque estamos sentados en una silla dura y no en un sillón suave», explicó el psicólogo social John Bargh a BBC Mundo.

Tomar decisiones

LA FALTA DE SUEÑO Y LAS DECISIONES REPENTINAS

La falta de sueño atribula la habilidad del cerebro para tomar decisiones correctas. Cuando esta carencia afecta a personal de hospitales, servicios de emergencias o fuerzas armadas, las consecuencias pueden ser catastróficas. 

Los experimentos efectuados en laboratorio reportaban que la mala higiene del sueño propiciaba efectos minúsculos en la toma de decisiones, pero, en 2015, la Washington State University practicó pruebas equiparables al mundo real, incluyendo un margen de arbitrariedad e imprevistos. 

Los científicos analizaron la toma de decisiones como un proceso complejo que requiere que una persona aprenda de los resultados de sus acciones, se retroalimente de lo que ocurre alrededor y se adapte a circunstancias cambiantes. En el experimento, los sujetos privados de sueño y los descansados no presentaban grandes diferencias hasta que se introdujo un cambio brusco en la lógica de la prueba. 

Quienes no habían dormido suficiente empezaron a equivocarse, eran incapaces, por mucho esfuerzo que invirtieran, de empaparse de la nueva situación e información y actuar correctamente en consecuencia. Es la flexibilidad cognitiva la parcela afectada. La preocupación es tal que el departamento de Defensa de EEUU donó en 2018 2,8 millones de dólares para investigar el fenómeno.

Tomar decisiones

LA AUDACIA PARA ASUMIR RIESGOS SE SIRVE EN TETRABRIKS

Los sabores influyen en los niveles de temeridad o prevención que mueven nuestras decisiones. La universidad británica de Sussex comprobó en 2018 que los gustos ácidos multiplican el arrojo para asumir riesgos en quienes los consumen. 

El equipo repartió zumos salados, ácidos, dulces, amargos y umamis entre los voluntarios y los puso a jugar a una especie de patata caliente en el ordenador. Cada clic hinchaba un globo en la pantalla y les suponía una ganancia monetaria. Podían retirar su dinero en cualquier momento o seguir suministrando aire y ganando más, pero si se rompía el globo, se perdía todo el dinero. 

Los bebedores de sabor ácido se inclinaron en un 40% más por correr riesgo que quienes ingirieron los zumos dulces y umami, que desplegaron una actitud más comedida y conservadora.

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