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2 de julio 2012    /   BUSINESS
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Costa Dulce, en Orellana la Vieja: la playa extremeña que no es una playa

2 de julio 2012    /   BUSINESS     por          
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El diccionario de la RAE define playa como «Ribera del mar o de un río grande, formada de arenales en superficie casi plana». No, no encaja en esa definición. La segunda acepción es «porción de mar contigua a esta ribera». Tampoco vale. Lo de la playa Costa Dulce es raro. Está en Orellana la Vieja, un pequeño pueblo extremeño que, si sabes algo de geografía básica, no tiene salida alguna al mar. Pero es una playa. De hecho, tiene una bandera azul. Es, desde 2010, la única «playa» interior con bandera azul. Y tiene buena pinta.

Se podría contar de la misma forma que empezaban los cómics de Astérix y Obélix. «Toda la costa española está plagada de banderas azules ¿Toda? ¡No! Al interior, entre Mérida y Ciudad Real existe una pequeña aldea de interior que luce orgullosa su propia bandera azul». Orellana la Vieja, con poco más de 3.000 habitantes, es el típico lugar que no llamaría la atención de los informativos a no ser que viviera alguna desgracia o que el Gordo cayera íntegramente allí. Por suerte, es noticia por algo bueno: por tercer año consecutivo es la única playa de interior española que logra el distintivo internacional que garantiza la calidad de sus aguas, la limpieza de sus costas, sus accesos e instalaciones…

Pero, al menos según la RAE, no es una playa. En realidad es un embalse enclavado en plena dehesa extremeña, lleno de agua destinada a regadío. Bueno, si nos ponemos exquisitos sí encajaría con la definición del diccionario, ya que el embalse no está en un lago, sino en el río Guadiana a su paso por la comarca de la Serena. Y grande es un rato: no sólo puede ir uno a tomar el sol sobre su césped, bañarse en agua cristalina que tiene olas y todo. También puede pescar, navegar o practicar deportes acuáticos. Eso sí, los megayates no caben, y lo que pescarás serán lucios y similares, olvídate de encontrar tellinas.

La zona cuenta con restaurantes y chiringuitos, buenos accesos y todo lo necesario para visitar la zona con comodidad. Lo mejor, que el agua de la cuenca también se usa para abastecer a los vecinos de la zona y para generar electricidad de forma sostenible. Pero no todo son buenas noticias. De los 808 hectómetros cúbicos de capacidad que tiene el embalse sólo hay 525 actualmente, cuando el año pasado eran 717 y hace diez años 635.

La de Extremadura es una de las 638 banderas azules que ha conseguido España este año. En eso también somos campeones, al menos en cuanto a playas del hemisferio norte se refiere. En el hemisferio sur habrá que esperar hasta otoño para saber el veredicto del jurado. En total el año pasado se repartieron 3.774 banderas azules en todo el mundo así que en eso sí salimos bien parados.

El diccionario de la RAE define playa como «Ribera del mar o de un río grande, formada de arenales en superficie casi plana». No, no encaja en esa definición. La segunda acepción es «porción de mar contigua a esta ribera». Tampoco vale. Lo de la playa Costa Dulce es raro. Está en Orellana la Vieja, un pequeño pueblo extremeño que, si sabes algo de geografía básica, no tiene salida alguna al mar. Pero es una playa. De hecho, tiene una bandera azul. Es, desde 2010, la única «playa» interior con bandera azul. Y tiene buena pinta.

Se podría contar de la misma forma que empezaban los cómics de Astérix y Obélix. «Toda la costa española está plagada de banderas azules ¿Toda? ¡No! Al interior, entre Mérida y Ciudad Real existe una pequeña aldea de interior que luce orgullosa su propia bandera azul». Orellana la Vieja, con poco más de 3.000 habitantes, es el típico lugar que no llamaría la atención de los informativos a no ser que viviera alguna desgracia o que el Gordo cayera íntegramente allí. Por suerte, es noticia por algo bueno: por tercer año consecutivo es la única playa de interior española que logra el distintivo internacional que garantiza la calidad de sus aguas, la limpieza de sus costas, sus accesos e instalaciones…

Pero, al menos según la RAE, no es una playa. En realidad es un embalse enclavado en plena dehesa extremeña, lleno de agua destinada a regadío. Bueno, si nos ponemos exquisitos sí encajaría con la definición del diccionario, ya que el embalse no está en un lago, sino en el río Guadiana a su paso por la comarca de la Serena. Y grande es un rato: no sólo puede ir uno a tomar el sol sobre su césped, bañarse en agua cristalina que tiene olas y todo. También puede pescar, navegar o practicar deportes acuáticos. Eso sí, los megayates no caben, y lo que pescarás serán lucios y similares, olvídate de encontrar tellinas.

La zona cuenta con restaurantes y chiringuitos, buenos accesos y todo lo necesario para visitar la zona con comodidad. Lo mejor, que el agua de la cuenca también se usa para abastecer a los vecinos de la zona y para generar electricidad de forma sostenible. Pero no todo son buenas noticias. De los 808 hectómetros cúbicos de capacidad que tiene el embalse sólo hay 525 actualmente, cuando el año pasado eran 717 y hace diez años 635.

La de Extremadura es una de las 638 banderas azules que ha conseguido España este año. En eso también somos campeones, al menos en cuanto a playas del hemisferio norte se refiere. En el hemisferio sur habrá que esperar hasta otoño para saber el veredicto del jurado. En total el año pasado se repartieron 3.774 banderas azules en todo el mundo así que en eso sí salimos bien parados.

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