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9 de junio 2015    /   CREATIVIDAD
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Cowboys negros, caballos de acero

9 de junio 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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«Cuando uno está sintonizado, «correctamente sincronizado», como decía Timothy Leary, las cosas van llegando. Son como actos mágicos», explica Servando Rocha al recordar el proceso que le llevó a iniciar la redacción de su libro El ejército negro. Un bestiario oculto de América publicado recientemente por la editorial La Felguera.
«No tenía ni idea de motos y mucho menos de las bandas de motoristas, pero hubo dos momentos claves: uno fue ver la película Salvaje (The Wild One de Laslo Benedek, 1943) en la que Marlon Brando interpreta a Johnny, que es el líder de una banda que se llama Black Rebel Motor Cycle Band pero en la que no hay ningún negro. Entonces me pregunté «¿hay bandas de motoristas negros?». El segundo momento clave lo encontré en el maravilloso libro de Hunter S. Thompson sobre los Ángeles del Infierno en el que cuenta que está con ellos y llega una banda de motoristas negros. Él piensa que va a haber un tiroteo y de pronto el líder de los Ángeles, Sonny Barger, se abraza a Tobie Gene».
[pullquote class=»left»]Podía haber elegido cualquier otra banda de motoristas negros, como los Chosen Few, pero ellos no dejan de ser lo que ya sabemos. Los Dragones, sin embargo, han protegido a la gente de la calle. Han sido un estado dentro del Estado[/pullquote]
Thompson, que después de haber convivido con los Ángeles una temporada había visto que los motoristas les habían curtido el lomo a muchos negros, le pregunta asombrado a Barger qué es lo que sucede «y Sonny Berger le dice “son gente como nosotros”; ellos y nosotros tienen el mismo impulso vital enloquecido. Esa frase me encantó», reconoce Rocha quien, tras comprobar que sí había bandas de motoristas negros, decidió investigar sobre aquella que, por sus características, resulta más sorprendente e interesante: los East Bay Dragons de San Francisco.

Fundado en 1950 por Tobie Gene Levingston primero como club automovilístico y posteriormente como club de motos, los Dragones son la única banda de motoristas forajidos que no solo no es considerada por las autoridades norteamericanas como asociación criminal, sino que actúa como elemento aglutinador de la comunidad negra de Oakland y, en ocasiones, sirve de interlocutor entre las autoridades y los miembros de esa comunidad.

«Podía haber elegido cualquier otra banda de motoristas negros, por ejemplo los Chosen Few, que también me gustan mucho, pero ellos no dejan de ser lo que ya sabemos», explica Rocha, quien continúa: «Los Dragones, sin embargo, se han dedicado a proteger a la gente de la calle, evitar la clandestinidad, valorar que tengas una familia, un trabajo. Han sido un Estado dentro del Estado o en los márgenes del Estado. Cuando fuimos a visitarlos, nos regalaron un póster que decía que “nuestros valores son Dios, familia, hermandad y servicio a la comunidad». Siguen siendo como panteras negras; continúan con su labor a la comunidad y mantienen ese tejido asociativo que antes desarrollaban las iglesias y ahora desarrollan otras organizaciones. Ellos están orgullosos de que han llevado gente a la universidad y ese objetivo es algo que dejan claro desde el mismo nombre de los Dragones de la Bahía. Ellos nunca se llamarían, por ejemplo, Ángeles del Infierno».
[pullquote class=»right»]Nat Love, el cowboy negro más famoso, cabalgó junto a Billy el niño. Los dos eran forajidos y cuando uno es forajido no hay racismo[/pullquote]
El nombre no es un hecho azaroso en la historia de los Dragones de la Bahía sino algo realmente trascendente. Aunque en un primer momento pareciera que estuviera inspirado en las Tong, sociedades secretas chinas que tenían al dragón como emblema, u otras bandas también denominadas Dragones y que operaban en la isla de Manhattan, lo cierto es que el nombre de los Dragones procede de una visión que su fundador, Tobie Gene Levingston, tuvo a la edad de ocho años en su Tallulah natal, mucho tiempo antes de pensar en establecerse en Oakland.

Motos, comunidad negra, dragones, sociedades secretas… Con semejantes mimbres, Servando Rocha consideró que ya tenía material suficiente como para empezar a trabajar en el libro. «Comencé a escribir pero notaba que me faltaba algo. Ese algo era la historia del salvaje oeste negro. Dennis Hopper cuenta que Easy Rider no es una película sobre dos motoristas que esconden drogas que cruzan Estados Unidos, sino que es un western. Eso es lo que estaba buscando. Nat Love, que es el cowboy negro más conocido, podía ser Toby Gene Levinston, de la misma manera que Sonny Berger podía ser Billy el niño. De hecho, esa escena en la que Nat Love cabalga junto a Billy el niño está en las memorias de Love porque los dos eran forajidos y cuando uno es forajido no hay racismo», explica Rocha que, en un determinado momento del proceso, decidió contactar con los Dragones para conocer de primera mano más cosas de su historia. «Son una estructura jerarquizada –explica Rocha– y tú no puedes dirigirte directamente al presidente. Estuvimos un año mandando correos y creo que a ellos les tranquilizó ver que yo era sincero en todo momento: no era periodista, no era biker, e incluso les mandé una foto en la que se veía que tampoco no era whity. Les envié el manuscrito, que estaba muy avanzado, pero le faltaba esa voz, esa voz un poco gonzo».
[pullquote class=»right»]Contactamos con los Dragones y nos dijeron que no iban a contestar ni por mail ni telefónicamente: «Tenéis que venir»[/pullquote]
«Creo que estaban alucinando. Incluso nos escribieron varios abogados y tuvimos que firmar unos papeles por los que nos comprometíamos a no hacer determinadas preguntas», explica Beatriz Egea, una de los responsables de la editorial La Felguera y que acompañó a Rocha hasta la mismísima guarida de los Dragones en Oakland. «Tardaban mucho en responder y, en un momento dado, les dijimos de enviarles unas preguntas por mail. Respondieron que no iban a contestar por mail ni telefónicamente: «Tenéis que venir»».

«Una amiga, en cuya casa nos quedamos cuando llegamos a San Francisco, y que es negra, que conoce la cultura afroamericana, que tiene una biblioteca inmensa sobre black power, nos preguntaba cómo lo habíamos conseguido. Nadie de la ciudad va hasta donde están los Dragones. Para los americanos son gangs y, aunque no son del 1% de los motoristas considerados como bandas criminales, no dejan de ser en cierta forma el enlace que tienen las autoridades con el hampa. Nos resultó complicado conseguir un intérprete y gente que nos llevase allí. Nadie quería. Se lo comentamos a un amigo, David, que vivía allí y que es profesor de filología y nos dijo, «adelante». También es verdad que no le dijimos que no hacía mucho en el lugar adonde íbamos le habían pegado un tiro a la cabeza a un tío y se lo habían cargado», recuerda Servando Rocha.

Además de hablar del pasado de los Dragones, en las entrevistas con Tobie Gene y su lugarteniente Ali Rasheed, Servando Rocha y Beatriz Egea hablaron del futuro del club, cuyos mayores retos son proceder al relevo de su fundador y mantener a los más jóvenes dentro del radio de actuación de la organización.
[pullquote class=»right»]Si eres joven, vives en Oakland y tienes una Harley, ¿con quién te vas a unir? ¿Con los que te dicen «paz, paz» o con los malotes?[/pullquote]
«Tobie siempre ha sido el padre protector y ahora el reto es ver qué pasa cuando él muera. Hay bandas, como los Defian Ones, que a la muerte de su líder llegó una banda de narcotraficantes, se cargó a unos cuantos de ellos, y ahora están a punto de desaparecer. Tobie se ha tenido que enfrentar a problemas muy complejos. Por ejemplo, ha habido gente que ha trapicheado con drogas aprovechando la estructura de la banda, pero ellos mismos se dieron cuenta de que dentro de la banda el dragón tenía cierta protección, pero si lo expulsaban por lo que había hecho y lo dejaban en la calle, los narcotraficantes se lo cargaban. En el libro cuento, por ejemplo, que un día mataron a uno de los dragones y, al día siguiente, apareció muerto uno de los narcotraficantes. No hace falta preguntar más. Tobie Gene se juntó con los de la otra banda y le dijo: “Uno a uno. Los dos hemos sufrido, ¿lo dejamos ya?”. Él ha tenido que lidiar con cosas muy complicadas para hacerse respetar. Ahora, junto con su sucesión como líder, su mayor preocupación son los jóvenes. Ese es el mayor desafío porque, si eres joven, vives en Oakland y tienes una Harley, ¿con quién te vas a unir? ¿Con los que te dicen “paz, paz” o con los malotes?», se pregunta Rocha.
«Hubo un momento muy divertido cuando llegamos el segundo día a la sede de los Dragones. Los jóvenes que estaban fuera en la calle ni me saludaron», cuenta Egea. «Pero cuando ya estábamos todos sentados con ellos, nos los presentaron y uno de esos que nos había tratado mal estaba con la cabeza baja, como avergonzado de su comportamiento. Luego entraron en las salas privadas, que no nos enseñaron y que no se lo pedimos porque ellos nos enseñaron lo que quisieron, y empiezó a sonar hip hop a todo trapo. Seguimos con la entrevista y las caras de Tobie Gene y Rasheed eran de bastante incomodidad. En un momento dado, se levanta Rasheed, abre la puerta de la sala y con un murmullo, sin levantar la voz, hizo que parase la música».

Jóvenes, veteranos, vaqueros, motoristas… El ejército negro es un trabajo en el que pasado y presente se dan la mano y conversan ajenos al historicismo académico. Un planteamiento buscado desde el primero momento por Rocha quien considera que «si escribes ensayo histórico tienes que evitar convertirte en un historiador al uso, evitar que el arte sea lo que es ahora, que es una cosa colgada en un museo y que un catálogo te explica cómo debe ser interpretada. Hay que intentar hacer una hoguera ficticia alrededor de la cual estén Billy el Niño, Nat Love, Tobie hablando juntos. Hay que conseguir eso que dicen cuando se refieren a la Memoria Histórica: que el pasado de los muertos se pasee por el presente de los vivos, y eso solo se consigue contando el pasado no como un cadáver o como algo que ya pasó, sino cómo un pasado que puede hablar de lo que somos y sobre lo que puedas decir internamente “yo soy eso”».

«Cuando uno está sintonizado, «correctamente sincronizado», como decía Timothy Leary, las cosas van llegando. Son como actos mágicos», explica Servando Rocha al recordar el proceso que le llevó a iniciar la redacción de su libro El ejército negro. Un bestiario oculto de América publicado recientemente por la editorial La Felguera.
«No tenía ni idea de motos y mucho menos de las bandas de motoristas, pero hubo dos momentos claves: uno fue ver la película Salvaje (The Wild One de Laslo Benedek, 1943) en la que Marlon Brando interpreta a Johnny, que es el líder de una banda que se llama Black Rebel Motor Cycle Band pero en la que no hay ningún negro. Entonces me pregunté «¿hay bandas de motoristas negros?». El segundo momento clave lo encontré en el maravilloso libro de Hunter S. Thompson sobre los Ángeles del Infierno en el que cuenta que está con ellos y llega una banda de motoristas negros. Él piensa que va a haber un tiroteo y de pronto el líder de los Ángeles, Sonny Barger, se abraza a Tobie Gene».
[pullquote class=»left»]Podía haber elegido cualquier otra banda de motoristas negros, como los Chosen Few, pero ellos no dejan de ser lo que ya sabemos. Los Dragones, sin embargo, han protegido a la gente de la calle. Han sido un estado dentro del Estado[/pullquote]
Thompson, que después de haber convivido con los Ángeles una temporada había visto que los motoristas les habían curtido el lomo a muchos negros, le pregunta asombrado a Barger qué es lo que sucede «y Sonny Berger le dice “son gente como nosotros”; ellos y nosotros tienen el mismo impulso vital enloquecido. Esa frase me encantó», reconoce Rocha quien, tras comprobar que sí había bandas de motoristas negros, decidió investigar sobre aquella que, por sus características, resulta más sorprendente e interesante: los East Bay Dragons de San Francisco.

Fundado en 1950 por Tobie Gene Levingston primero como club automovilístico y posteriormente como club de motos, los Dragones son la única banda de motoristas forajidos que no solo no es considerada por las autoridades norteamericanas como asociación criminal, sino que actúa como elemento aglutinador de la comunidad negra de Oakland y, en ocasiones, sirve de interlocutor entre las autoridades y los miembros de esa comunidad.

«Podía haber elegido cualquier otra banda de motoristas negros, por ejemplo los Chosen Few, que también me gustan mucho, pero ellos no dejan de ser lo que ya sabemos», explica Rocha, quien continúa: «Los Dragones, sin embargo, se han dedicado a proteger a la gente de la calle, evitar la clandestinidad, valorar que tengas una familia, un trabajo. Han sido un Estado dentro del Estado o en los márgenes del Estado. Cuando fuimos a visitarlos, nos regalaron un póster que decía que “nuestros valores son Dios, familia, hermandad y servicio a la comunidad». Siguen siendo como panteras negras; continúan con su labor a la comunidad y mantienen ese tejido asociativo que antes desarrollaban las iglesias y ahora desarrollan otras organizaciones. Ellos están orgullosos de que han llevado gente a la universidad y ese objetivo es algo que dejan claro desde el mismo nombre de los Dragones de la Bahía. Ellos nunca se llamarían, por ejemplo, Ángeles del Infierno».
[pullquote class=»right»]Nat Love, el cowboy negro más famoso, cabalgó junto a Billy el niño. Los dos eran forajidos y cuando uno es forajido no hay racismo[/pullquote]
El nombre no es un hecho azaroso en la historia de los Dragones de la Bahía sino algo realmente trascendente. Aunque en un primer momento pareciera que estuviera inspirado en las Tong, sociedades secretas chinas que tenían al dragón como emblema, u otras bandas también denominadas Dragones y que operaban en la isla de Manhattan, lo cierto es que el nombre de los Dragones procede de una visión que su fundador, Tobie Gene Levingston, tuvo a la edad de ocho años en su Tallulah natal, mucho tiempo antes de pensar en establecerse en Oakland.

Motos, comunidad negra, dragones, sociedades secretas… Con semejantes mimbres, Servando Rocha consideró que ya tenía material suficiente como para empezar a trabajar en el libro. «Comencé a escribir pero notaba que me faltaba algo. Ese algo era la historia del salvaje oeste negro. Dennis Hopper cuenta que Easy Rider no es una película sobre dos motoristas que esconden drogas que cruzan Estados Unidos, sino que es un western. Eso es lo que estaba buscando. Nat Love, que es el cowboy negro más conocido, podía ser Toby Gene Levinston, de la misma manera que Sonny Berger podía ser Billy el niño. De hecho, esa escena en la que Nat Love cabalga junto a Billy el niño está en las memorias de Love porque los dos eran forajidos y cuando uno es forajido no hay racismo», explica Rocha que, en un determinado momento del proceso, decidió contactar con los Dragones para conocer de primera mano más cosas de su historia. «Son una estructura jerarquizada –explica Rocha– y tú no puedes dirigirte directamente al presidente. Estuvimos un año mandando correos y creo que a ellos les tranquilizó ver que yo era sincero en todo momento: no era periodista, no era biker, e incluso les mandé una foto en la que se veía que tampoco no era whity. Les envié el manuscrito, que estaba muy avanzado, pero le faltaba esa voz, esa voz un poco gonzo».
[pullquote class=»right»]Contactamos con los Dragones y nos dijeron que no iban a contestar ni por mail ni telefónicamente: «Tenéis que venir»[/pullquote]
«Creo que estaban alucinando. Incluso nos escribieron varios abogados y tuvimos que firmar unos papeles por los que nos comprometíamos a no hacer determinadas preguntas», explica Beatriz Egea, una de los responsables de la editorial La Felguera y que acompañó a Rocha hasta la mismísima guarida de los Dragones en Oakland. «Tardaban mucho en responder y, en un momento dado, les dijimos de enviarles unas preguntas por mail. Respondieron que no iban a contestar por mail ni telefónicamente: «Tenéis que venir»».

«Una amiga, en cuya casa nos quedamos cuando llegamos a San Francisco, y que es negra, que conoce la cultura afroamericana, que tiene una biblioteca inmensa sobre black power, nos preguntaba cómo lo habíamos conseguido. Nadie de la ciudad va hasta donde están los Dragones. Para los americanos son gangs y, aunque no son del 1% de los motoristas considerados como bandas criminales, no dejan de ser en cierta forma el enlace que tienen las autoridades con el hampa. Nos resultó complicado conseguir un intérprete y gente que nos llevase allí. Nadie quería. Se lo comentamos a un amigo, David, que vivía allí y que es profesor de filología y nos dijo, «adelante». También es verdad que no le dijimos que no hacía mucho en el lugar adonde íbamos le habían pegado un tiro a la cabeza a un tío y se lo habían cargado», recuerda Servando Rocha.

Además de hablar del pasado de los Dragones, en las entrevistas con Tobie Gene y su lugarteniente Ali Rasheed, Servando Rocha y Beatriz Egea hablaron del futuro del club, cuyos mayores retos son proceder al relevo de su fundador y mantener a los más jóvenes dentro del radio de actuación de la organización.
[pullquote class=»right»]Si eres joven, vives en Oakland y tienes una Harley, ¿con quién te vas a unir? ¿Con los que te dicen «paz, paz» o con los malotes?[/pullquote]
«Tobie siempre ha sido el padre protector y ahora el reto es ver qué pasa cuando él muera. Hay bandas, como los Defian Ones, que a la muerte de su líder llegó una banda de narcotraficantes, se cargó a unos cuantos de ellos, y ahora están a punto de desaparecer. Tobie se ha tenido que enfrentar a problemas muy complejos. Por ejemplo, ha habido gente que ha trapicheado con drogas aprovechando la estructura de la banda, pero ellos mismos se dieron cuenta de que dentro de la banda el dragón tenía cierta protección, pero si lo expulsaban por lo que había hecho y lo dejaban en la calle, los narcotraficantes se lo cargaban. En el libro cuento, por ejemplo, que un día mataron a uno de los dragones y, al día siguiente, apareció muerto uno de los narcotraficantes. No hace falta preguntar más. Tobie Gene se juntó con los de la otra banda y le dijo: “Uno a uno. Los dos hemos sufrido, ¿lo dejamos ya?”. Él ha tenido que lidiar con cosas muy complicadas para hacerse respetar. Ahora, junto con su sucesión como líder, su mayor preocupación son los jóvenes. Ese es el mayor desafío porque, si eres joven, vives en Oakland y tienes una Harley, ¿con quién te vas a unir? ¿Con los que te dicen “paz, paz” o con los malotes?», se pregunta Rocha.
«Hubo un momento muy divertido cuando llegamos el segundo día a la sede de los Dragones. Los jóvenes que estaban fuera en la calle ni me saludaron», cuenta Egea. «Pero cuando ya estábamos todos sentados con ellos, nos los presentaron y uno de esos que nos había tratado mal estaba con la cabeza baja, como avergonzado de su comportamiento. Luego entraron en las salas privadas, que no nos enseñaron y que no se lo pedimos porque ellos nos enseñaron lo que quisieron, y empiezó a sonar hip hop a todo trapo. Seguimos con la entrevista y las caras de Tobie Gene y Rasheed eran de bastante incomodidad. En un momento dado, se levanta Rasheed, abre la puerta de la sala y con un murmullo, sin levantar la voz, hizo que parase la música».

Jóvenes, veteranos, vaqueros, motoristas… El ejército negro es un trabajo en el que pasado y presente se dan la mano y conversan ajenos al historicismo académico. Un planteamiento buscado desde el primero momento por Rocha quien considera que «si escribes ensayo histórico tienes que evitar convertirte en un historiador al uso, evitar que el arte sea lo que es ahora, que es una cosa colgada en un museo y que un catálogo te explica cómo debe ser interpretada. Hay que intentar hacer una hoguera ficticia alrededor de la cual estén Billy el Niño, Nat Love, Tobie hablando juntos. Hay que conseguir eso que dicen cuando se refieren a la Memoria Histórica: que el pasado de los muertos se pasee por el presente de los vivos, y eso solo se consigue contando el pasado no como un cadáver o como algo que ya pasó, sino cómo un pasado que puede hablar de lo que somos y sobre lo que puedas decir internamente “yo soy eso”».

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