24 de enero 2022    /   CREATIVIDAD
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Creatividad artificial: los robots serán los artistas del futuro

Las máquinas ya han irrumpido en el sector profesional del arte. Los algoritmos asumen tareas avanzadas que comprometen a los trabajadores creativos. ¿Qué haremos los humanos cuando los ordenadores puedan hacerlo todo?

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Un pianista y un robot protagonizan el concierto inaugural del AI and Music S+T+ARTS Festival este otoño en Barcelona. Es tan solo el comienzo de la edición más futurista del festival Sónar, que hermana humanidad y tecnología en 21 espectáculos donde los músicos de carne y hueso comparten escenario con la inteligencia artificial.

Apartadas de los focos, también hay máquinas currantes que diseñan ilustraciones, pintan cuadros, escriben poemas y componen canciones. El avance tecnológico nos ha conducido hasta un punto de no retorno a partir del cual los ordenadores ya no son instrumentos para hacer cosas, sino entidades que hacen cosas por sí solas. La inteligencia artificial calca la inteligencia humana al detalle: los softwares aprenden rápido y se están configurando como genios electrónicos que piensan e imaginan casi como las personas.

INSPIRACIÓN EN CEROS Y UNOS

Un algoritmo no necesita asistir a clases de pintura para usar el pincel como un maestro renacentista. Le basta con observar la obra completa de Botticelli, Caravaggio, Tiziano o Da Vinci y después tirar de memoria robótica para reproducir sus técnicas, colores y temas en una pieza original que firmará con su extraño nombre alfanumérico.

Si los robots basan su arte en almacenar y remezclar grandes colecciones de datos generados por seres humanos, ¿son realmente creativos o meros copiones? Depende de lo que entendamos por creatividad. Margaret Boden, psicóloga e investigadora en inteligencia artificial, distingue tres tipos de creatividad: combinatoria (generar algo nuevo a partir de ideas que ya existen), exploratoria (investigar distintas posibilidades dentro de un campo de estudio) y transformadora (innovar, idear nuevos paradigmas). La inventiva de las máquinas encaja en las dos primeras categorías, y aún le queda mucho potencial por explotar.

‘Neural Narratives Polytopya’. Instituto Stocos (Imagen: Günter Krammer)

ALGORITMOS, GENIOS INCOMPRENDIDOS

La creatividad computacional ha debutado en el sector artístico y se ha topado con unos cuantos ceños fruncidos. En 2018 el primer cuadro pintado por una inteligencia artificial, rubricado con la operación matemática que lo hizo posible, se vendió por 432.500 dólares en una subasta parisina. El robot periodista ReporterMate escribió su primer artículo para Guardian Australia al año siguiente. A DABUS se le ha denegado el derecho a patentar sus inventos por carecer de la humanidad necesaria para lidiar con sus trámites administrativos.

Hay cierta reticencia moral a reconocer a las máquinas como artistas legítimos, y por eso seguimos sometiendo sus obras a escrutinios como el test de Turing, que determina si las personas somos capaces de discernir si una creación es humana o robótica para, así, ratificar o rechazar su valor. Es la vertiente artística del valle inquietante: cuesta aceptar que la creatividad se pueda sintetizar en un laboratorio. La faceta creativa de los ordenadores nos da yuyu.

inteligencia artificial creativa
‘Piano&Dancer’. Instituto Stocos (Imagen: Günter Krammer)

Pero las voces partidarias de la inteligencia artificial formulan preguntas que desarman a cualquiera. ¿No somos los humanos productos de nuestra educación, al igual que las máquinas? ¿Acaso no aprendemos de los demás, los imitamos y repetimos lo que hicieron nuestros predecesores? Es más: ¿no podría una máquina, libre de influencias, llegar a ser incluso más creativa que una persona moldeada por su entorno y su cultura? Un zasca de igual calibre demoledor se lo lleva el tecnófobo detective Spooner en la película Yo, robot durante su interrogatorio al robot humanoide Sony.

DETECTIVE SPOONER: Los seres humanos tienen sueños. Los perros también, pero tú no. Solo eres una máquina. Una imitación de la vida. ¿Puedes componer una sinfonía? ¿Puedes convertir un lienzo en una hermosa obra de arte?

SONY: ¿Puede usted?

ARTISTAS SIN ARTE

El pensamiento abstracto, la imaginación, esas cualidades que separan a la especie humana del reino animal, ahora nos equiparan a nuestra propia tecnología. ¿O no? La visión sobre el futuro del arte no tiene que ser necesariamente apocalíptica. Juan Luis Suárez, catedrático en la Western University y director del CulturePlex Lab en Canadá, recuerda que «la inteligencia artificial, incluso la creativa, precisa de materiales y decisiones humanas para su funcionamiento».

Las máquinas aún no entienden de subjetividad, contextos ni normas sociales

Todavía nos quedan la emoción, los sentimientos y la experiencia: atributos que nos diferencian de animales y de robots. Un algoritmo todavía no asimila el significado de los símbolos que maneja: escribe un cuento, pero no lo interpreta; colorea una imagen, pero no siente las connotaciones que expresa cada tono. Las máquinas aún no entienden de subjetividad, contextos ni normas sociales.

Tampoco son capaces, por ahora, de innovar al estilo humano: las personas somos expertas en inventar cosas por accidente, asociar ideas que no guardan relación ninguna y crear soluciones para problemas que no existen. «Las discusiones acerca de la inteligencia artificial nos ponen en frente del espejo y nos hace preguntarnos acerca de qué es lo que nos hace no diferentes de los animales, sino más humanos», reflexiona el catedrático.

‘Piano&Dancer’. Instituto Stocos (Imagen: Günter Krammer)

INTRUSISMO DIGITAL

Falta un trecho hasta que los robots sean tan creativos como nosotros, si es que llegan a serlo algún día. Pero no se puede obviar que ya son una parte importante de la fuerza laboral, y eso tendrá consecuencias en el mercado. Con la Cuarta Revolución Industrial, los ordenadores asumen de buen grado las tareas mecanizadas y más tediosas del trabajo, y cuando el arte deje de ser un bastión a salvo del desempleo tecnológico, tendremos que replantearnos nuestra relación con la inteligencia artificial creativa.

«Se trata es de encontrar el equilibrio entre máquinas y personas para que la inteligencia artificial sirva para cumplir los objetivos creativos del artista que la usa»

Nos corre prisa. La página web Will Robots Take My Job calcula el riesgo de automatización de cada profesión. Los traductores, por ejemplo, tienen un 49% de posibilidades de ceder su puesto a los ordenadores. Una investigación conjunta de las universidades de Oxford y Yale estima que hay un 50% de probabilidades de que todos los trabajos humanos estén automatizados en 120 años.

Suárez cree que será positivo automatizar todo lo posible, siempre que tenga sentido y se conserve la repetición de tareas para facilitar la formación o la mejora de las personas en su trabajo. Y sobre la dicotomía competencia-colaboración entre máquinas y personas, opina que «de lo que se trata es de encontrar el equilibrio entre ambas para que la inteligencia artificial sirva para cumplir los objetivos creativos del artista que la usa».

MUSAS 2.0

No es ciencia ficción: ya hay artistas que utilizan la creatividad computacional en sus obras. Pablo Palacio, compositor, y Muriel Romero, coreógrafa y bailarina, forman parte del Instituto Stocos, donde ponen la tecnología a disposición del proceso creativo. En su espectáculo Piano&Dancer, un piano robótico traduce los movimientos de una coreografía a notas musicales en tiempo real.

«En nuestro trabajo es importante que el uso de la IA no esté orientado a reproducir o automatizar la creación de contenidos ya existentes, sino a buscar nuevas realidades», cuentan Palacio y Romero. No tienen miedo de la inteligencia artificial, sino todo lo contrario: es su fuente de inspiración.

«Al crear las condiciones o las reglas por las que el sistema se ha de guiar para producir diferentes posibilidades, nos vemos forzados a racionalizar muchos aspectos que, de otra manera, permanecerían de forma inconsciente, y así quizás emplearlos de forma creativa», explican.

Fotograma de ‘Tremendo la juventud’, de NYSU y Espadaysantacruz Studio.

Miguel Espada, fundador de Espadaysantacruz Studio, también tiene fe en el poder inspirador de esta tecnología. Su estudio, en colaboración con el realizador NYSU, confeccionó un videoclip remasterizado y procesado con inteligencia artificial. Las imágenes, extraídas del archivo de la Filmoteca Española, también están coloreadas por un robot. La cosa va más allá: algunos fragmentos son deepfakes (imágenes falsas hiperrealistas) basadas en el material fotográfico de la Biblioteca Nacional.

«La inteligencia artificial no es una mera herramienta, sino una serie de procesos que abren la puerta a una reflexión muy profunda sobre el conocimiento y la realidad», piensa Espada. «Creo que tenemos la obligación de explorar los nuevos caminos artísticos y culturales que nos abre».

Fotograma de ‘Tremendo la juventud’, de NYSU y Espadaysantacruz Studio.

La singularidad de cada ser humano y la experiencia personal nos hace únicos e inimitables ante las apps que diseñan, pintan, escriben y componen. Habrá algoritmos que copien a Botticelli, pero no habrá nadie como Botticelli. Hasta que los robots desarrollen identidad y emociones, nos quedarán las decisiones. «Decidir cuándo, cómo y por qué la app funciona», dice Suárez. «Tener juicio y criterio, es decir, educación moral».

UN CUADRO INFINITO QUE SE PINTA EN STREAMING

Masaaki Hasegawa tiene dos mentes: una que vive en su cabeza y otra almacenada en el ordenador. El artista japonés ha entrenado a un algoritmo para que pinte a su imagen y semejanza: le ha inculcado su obra, lo ha expuesto ante los creadores que le inspiran y ha compartido con él sus influencias musicales. El aprendiz virtual ya pinta tal y como lo haría su maestro, y trabaja sin descanso en un cuadro en constante cambio que se expone en streaming.

Hasegawa sabe que él no puede producir todo el tiempo, de modo que su creación no es solo aquello que hace, sino también todo lo que deja de hacer por las limitaciones del cuerpo, el tiempo y la energía. Así, el algoritmo pinta en tiempo real sus obras en potencia y lleva la creación al siguiente nivel: abre la puerta, en directo, a los mundos posibles que se cuecen en la imaginación del artista.

Masaaki Hasegawa
Masaaki Hasegawa

ROBOTS ARTISTAS QUE NOS QUITAN EL TRABAJO

StyleGAN. Red generativa antagónica que crea rostros hiperrealistas de personas que no existen. Se utiliza para crear deepfakes, como el que revivió a Lola Flores en un anuncio de Cruzcampo y rejuveneció a Carrie Fisher en Rogue One: Una historia de Star Wars.

Jukebox. Músico digital que compone canciones al estilo de Frank Sinatra, Pink Floyd y Katy Perry. También puede imitar sus voces.

Sudowrite. Asistente de escritura capaz de idear personajes, plantear giros de guion y redactar descripciones.

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Un pianista y un robot protagonizan el concierto inaugural del AI and Music S+T+ARTS Festival este otoño en Barcelona. Es tan solo el comienzo de la edición más futurista del festival Sónar, que hermana humanidad y tecnología en 21 espectáculos donde los músicos de carne y hueso comparten escenario con la inteligencia artificial.

Apartadas de los focos, también hay máquinas currantes que diseñan ilustraciones, pintan cuadros, escriben poemas y componen canciones. El avance tecnológico nos ha conducido hasta un punto de no retorno a partir del cual los ordenadores ya no son instrumentos para hacer cosas, sino entidades que hacen cosas por sí solas. La inteligencia artificial calca la inteligencia humana al detalle: los softwares aprenden rápido y se están configurando como genios electrónicos que piensan e imaginan casi como las personas.

INSPIRACIÓN EN CEROS Y UNOS

Un algoritmo no necesita asistir a clases de pintura para usar el pincel como un maestro renacentista. Le basta con observar la obra completa de Botticelli, Caravaggio, Tiziano o Da Vinci y después tirar de memoria robótica para reproducir sus técnicas, colores y temas en una pieza original que firmará con su extraño nombre alfanumérico.

Si los robots basan su arte en almacenar y remezclar grandes colecciones de datos generados por seres humanos, ¿son realmente creativos o meros copiones? Depende de lo que entendamos por creatividad. Margaret Boden, psicóloga e investigadora en inteligencia artificial, distingue tres tipos de creatividad: combinatoria (generar algo nuevo a partir de ideas que ya existen), exploratoria (investigar distintas posibilidades dentro de un campo de estudio) y transformadora (innovar, idear nuevos paradigmas). La inventiva de las máquinas encaja en las dos primeras categorías, y aún le queda mucho potencial por explotar.

‘Neural Narratives Polytopya’. Instituto Stocos (Imagen: Günter Krammer)

ALGORITMOS, GENIOS INCOMPRENDIDOS

La creatividad computacional ha debutado en el sector artístico y se ha topado con unos cuantos ceños fruncidos. En 2018 el primer cuadro pintado por una inteligencia artificial, rubricado con la operación matemática que lo hizo posible, se vendió por 432.500 dólares en una subasta parisina. El robot periodista ReporterMate escribió su primer artículo para Guardian Australia al año siguiente. A DABUS se le ha denegado el derecho a patentar sus inventos por carecer de la humanidad necesaria para lidiar con sus trámites administrativos.

Hay cierta reticencia moral a reconocer a las máquinas como artistas legítimos, y por eso seguimos sometiendo sus obras a escrutinios como el test de Turing, que determina si las personas somos capaces de discernir si una creación es humana o robótica para, así, ratificar o rechazar su valor. Es la vertiente artística del valle inquietante: cuesta aceptar que la creatividad se pueda sintetizar en un laboratorio. La faceta creativa de los ordenadores nos da yuyu.

inteligencia artificial creativa
‘Piano&Dancer’. Instituto Stocos (Imagen: Günter Krammer)

Pero las voces partidarias de la inteligencia artificial formulan preguntas que desarman a cualquiera. ¿No somos los humanos productos de nuestra educación, al igual que las máquinas? ¿Acaso no aprendemos de los demás, los imitamos y repetimos lo que hicieron nuestros predecesores? Es más: ¿no podría una máquina, libre de influencias, llegar a ser incluso más creativa que una persona moldeada por su entorno y su cultura? Un zasca de igual calibre demoledor se lo lleva el tecnófobo detective Spooner en la película Yo, robot durante su interrogatorio al robot humanoide Sony.

DETECTIVE SPOONER: Los seres humanos tienen sueños. Los perros también, pero tú no. Solo eres una máquina. Una imitación de la vida. ¿Puedes componer una sinfonía? ¿Puedes convertir un lienzo en una hermosa obra de arte?

SONY: ¿Puede usted?

ARTISTAS SIN ARTE

El pensamiento abstracto, la imaginación, esas cualidades que separan a la especie humana del reino animal, ahora nos equiparan a nuestra propia tecnología. ¿O no? La visión sobre el futuro del arte no tiene que ser necesariamente apocalíptica. Juan Luis Suárez, catedrático en la Western University y director del CulturePlex Lab en Canadá, recuerda que «la inteligencia artificial, incluso la creativa, precisa de materiales y decisiones humanas para su funcionamiento».

Las máquinas aún no entienden de subjetividad, contextos ni normas sociales

Todavía nos quedan la emoción, los sentimientos y la experiencia: atributos que nos diferencian de animales y de robots. Un algoritmo todavía no asimila el significado de los símbolos que maneja: escribe un cuento, pero no lo interpreta; colorea una imagen, pero no siente las connotaciones que expresa cada tono. Las máquinas aún no entienden de subjetividad, contextos ni normas sociales.

Tampoco son capaces, por ahora, de innovar al estilo humano: las personas somos expertas en inventar cosas por accidente, asociar ideas que no guardan relación ninguna y crear soluciones para problemas que no existen. «Las discusiones acerca de la inteligencia artificial nos ponen en frente del espejo y nos hace preguntarnos acerca de qué es lo que nos hace no diferentes de los animales, sino más humanos», reflexiona el catedrático.

‘Piano&Dancer’. Instituto Stocos (Imagen: Günter Krammer)

INTRUSISMO DIGITAL

Falta un trecho hasta que los robots sean tan creativos como nosotros, si es que llegan a serlo algún día. Pero no se puede obviar que ya son una parte importante de la fuerza laboral, y eso tendrá consecuencias en el mercado. Con la Cuarta Revolución Industrial, los ordenadores asumen de buen grado las tareas mecanizadas y más tediosas del trabajo, y cuando el arte deje de ser un bastión a salvo del desempleo tecnológico, tendremos que replantearnos nuestra relación con la inteligencia artificial creativa.

«Se trata es de encontrar el equilibrio entre máquinas y personas para que la inteligencia artificial sirva para cumplir los objetivos creativos del artista que la usa»

Nos corre prisa. La página web Will Robots Take My Job calcula el riesgo de automatización de cada profesión. Los traductores, por ejemplo, tienen un 49% de posibilidades de ceder su puesto a los ordenadores. Una investigación conjunta de las universidades de Oxford y Yale estima que hay un 50% de probabilidades de que todos los trabajos humanos estén automatizados en 120 años.

Suárez cree que será positivo automatizar todo lo posible, siempre que tenga sentido y se conserve la repetición de tareas para facilitar la formación o la mejora de las personas en su trabajo. Y sobre la dicotomía competencia-colaboración entre máquinas y personas, opina que «de lo que se trata es de encontrar el equilibrio entre ambas para que la inteligencia artificial sirva para cumplir los objetivos creativos del artista que la usa».

MUSAS 2.0

No es ciencia ficción: ya hay artistas que utilizan la creatividad computacional en sus obras. Pablo Palacio, compositor, y Muriel Romero, coreógrafa y bailarina, forman parte del Instituto Stocos, donde ponen la tecnología a disposición del proceso creativo. En su espectáculo Piano&Dancer, un piano robótico traduce los movimientos de una coreografía a notas musicales en tiempo real.

«En nuestro trabajo es importante que el uso de la IA no esté orientado a reproducir o automatizar la creación de contenidos ya existentes, sino a buscar nuevas realidades», cuentan Palacio y Romero. No tienen miedo de la inteligencia artificial, sino todo lo contrario: es su fuente de inspiración.

«Al crear las condiciones o las reglas por las que el sistema se ha de guiar para producir diferentes posibilidades, nos vemos forzados a racionalizar muchos aspectos que, de otra manera, permanecerían de forma inconsciente, y así quizás emplearlos de forma creativa», explican.

Fotograma de ‘Tremendo la juventud’, de NYSU y Espadaysantacruz Studio.

Miguel Espada, fundador de Espadaysantacruz Studio, también tiene fe en el poder inspirador de esta tecnología. Su estudio, en colaboración con el realizador NYSU, confeccionó un videoclip remasterizado y procesado con inteligencia artificial. Las imágenes, extraídas del archivo de la Filmoteca Española, también están coloreadas por un robot. La cosa va más allá: algunos fragmentos son deepfakes (imágenes falsas hiperrealistas) basadas en el material fotográfico de la Biblioteca Nacional.

«La inteligencia artificial no es una mera herramienta, sino una serie de procesos que abren la puerta a una reflexión muy profunda sobre el conocimiento y la realidad», piensa Espada. «Creo que tenemos la obligación de explorar los nuevos caminos artísticos y culturales que nos abre».

Fotograma de ‘Tremendo la juventud’, de NYSU y Espadaysantacruz Studio.

La singularidad de cada ser humano y la experiencia personal nos hace únicos e inimitables ante las apps que diseñan, pintan, escriben y componen. Habrá algoritmos que copien a Botticelli, pero no habrá nadie como Botticelli. Hasta que los robots desarrollen identidad y emociones, nos quedarán las decisiones. «Decidir cuándo, cómo y por qué la app funciona», dice Suárez. «Tener juicio y criterio, es decir, educación moral».

UN CUADRO INFINITO QUE SE PINTA EN STREAMING

Masaaki Hasegawa tiene dos mentes: una que vive en su cabeza y otra almacenada en el ordenador. El artista japonés ha entrenado a un algoritmo para que pinte a su imagen y semejanza: le ha inculcado su obra, lo ha expuesto ante los creadores que le inspiran y ha compartido con él sus influencias musicales. El aprendiz virtual ya pinta tal y como lo haría su maestro, y trabaja sin descanso en un cuadro en constante cambio que se expone en streaming.

Hasegawa sabe que él no puede producir todo el tiempo, de modo que su creación no es solo aquello que hace, sino también todo lo que deja de hacer por las limitaciones del cuerpo, el tiempo y la energía. Así, el algoritmo pinta en tiempo real sus obras en potencia y lleva la creación al siguiente nivel: abre la puerta, en directo, a los mundos posibles que se cuecen en la imaginación del artista.

Masaaki Hasegawa
Masaaki Hasegawa

ROBOTS ARTISTAS QUE NOS QUITAN EL TRABAJO

StyleGAN. Red generativa antagónica que crea rostros hiperrealistas de personas que no existen. Se utiliza para crear deepfakes, como el que revivió a Lola Flores en un anuncio de Cruzcampo y rejuveneció a Carrie Fisher en Rogue One: Una historia de Star Wars.

Jukebox. Músico digital que compone canciones al estilo de Frank Sinatra, Pink Floyd y Katy Perry. También puede imitar sus voces.

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Opiniones 2
  • Dejen de seguirle la corriente a Elon Musk (que lo único interesante que tiene es el nombre de su empresa robado a Tesla, quiien debe de estar revolcándose en su tumba) y todoe esos lunáticos techie que desprecian al los seres humanos y sueñan con convertir a los hombres en máquinas obedientes e insensibles.

  • Dejen de seguirle la corriente a Elon Musk (que lo único interesante que tiene es el nombre de su empresa robado a Tesla, quiien debe de estar revolcándose en su tumba) y todoesesos lunáticos techie que desprecian a los seres humanos y sueñan con convertir a los hombres en máquinas obedientes e insensibles.

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