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19 de diciembre 2013    /   CREATIVIDAD
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Creatividad: Busca tus propios pecados

19 de diciembre 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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Un jovencito llamado Dick Whitman, orejas de soplillo y cara de acelga, llega con su madrastra al prostíbulo regentado por «tío Mack». Dick y la madrastra llegan para quedarse. Al pie de las escaleras, a punto de llevar las maletas a su nuevo dormitorio, una puta se dirige a Dick y le da una lección de creatividad en una frase…

Busca tus propios pecados

Así es como Dick Whitman, más conocido como Don Draper, comienza su carrera como futuro publicitario: espiando la conducta humana a través del ojo de la cerradura de cada puerta del prostíbulo. Dick podría decir las mismas palabras que La Sombra, un personaje para adultos creado por Hans Christian Andersen:

«Miré donde nadie puede mirar, y vi lo que ningún otro ve, lo que nadie debe ver. Si bien se considera, éste es un cochino mundo. Vi las cosas más inimaginables en las mujeres, los hombres, los padres… lo malo del prójimo».

Dick Witman, al igual que la Sombra de Andersen, conoce los instintos más básicos de la naturaleza humana. Los instintos que emplean los artistas para contar historias humanas, demasiado humanas.

Lujuria - El ojo de la cerradura

El pecado como inspiración

Los pecados que muchos creadores olvidan en esta era tan moderna, siempre han sido fuente de inspiración. El pecado forma parte de una las escenas más conocidas de la Capilla Sixtina con Adán, Eva y Satanás. Piensa en un personaje de ficción que te fascine, en la literatura o narrativa audiovisual y encontrarás a un pequeño o gran pecador.

La nuevas series, pecados antiguos

Un ejemplo de cómo los pecados son creativos está en las series que han destronado al cine como entretenimiento culto y popular. La mayoría giran en torno a pecadores. Homer Simpson personifica la gula y la pereza; para muchos, vivir como él se ha convertido en una aspiración. Walter White encarna la codicia y la soberbia (que le encumbran y le hunden). Tony Soprano es la gula, la codicia, la ira… Cada uno de los personajes de Boardwalk Empire o Juego de Tronos camina con uno o más pecados a cuestas. La compasiva y justa Khaleesi se mueve por la soberbia (la autorrealización en la moderna pirámide de Maslow). Por supuesto, y por encima de todo, Mad Men, protagonizada por personajes adúlteros, ladrones, mentirosos, crueles sin motivo, víctimas de las bajas pasiones, ególatras, como los dioses griegos, todos ellos fascinantes porque somos nosotros, somos así.

Jaguar-en-Mad-Men

Pensar en los pecados es pensar en mensajes e historias que funcionan porque la lista de los pecados apelan a los instintos primarios de las personas. (La lista de los siete pecados, una lista sencilla, fue escrita para los rudos hombres y mujeres de la Edad Media, una lista para los tiempos difíciles). Nos encanta comer, no hacer nada, follar, tener más cosas de las que podemos usar (es el principio del reciclaje continuo de cachivaches tecnológicos), y partirle la cara a alguien que pensamos que se lo merece… (Pero no lo hacemos, al menos lo último, lo escribimos). La frugalidad, la abstinencia, la multitarea, el diálogo… es el reverso aséptico, también fuente de inspiración.

Por ello, los creadores aman los pecados o son comprensivos con ellos. Cometen pecados y escuchan a los pecadores. Así salen las historias hechas con las tripas. Los estudios de mercado se equivocan. Los miedos, los sueños y los pecados no se equivocan porque hablan de nosotros.

Un jovencito llamado Dick Whitman, orejas de soplillo y cara de acelga, llega con su madrastra al prostíbulo regentado por «tío Mack». Dick y la madrastra llegan para quedarse. Al pie de las escaleras, a punto de llevar las maletas a su nuevo dormitorio, una puta se dirige a Dick y le da una lección de creatividad en una frase…

Busca tus propios pecados

Así es como Dick Whitman, más conocido como Don Draper, comienza su carrera como futuro publicitario: espiando la conducta humana a través del ojo de la cerradura de cada puerta del prostíbulo. Dick podría decir las mismas palabras que La Sombra, un personaje para adultos creado por Hans Christian Andersen:

«Miré donde nadie puede mirar, y vi lo que ningún otro ve, lo que nadie debe ver. Si bien se considera, éste es un cochino mundo. Vi las cosas más inimaginables en las mujeres, los hombres, los padres… lo malo del prójimo».

Dick Witman, al igual que la Sombra de Andersen, conoce los instintos más básicos de la naturaleza humana. Los instintos que emplean los artistas para contar historias humanas, demasiado humanas.

Lujuria - El ojo de la cerradura

El pecado como inspiración

Los pecados que muchos creadores olvidan en esta era tan moderna, siempre han sido fuente de inspiración. El pecado forma parte de una las escenas más conocidas de la Capilla Sixtina con Adán, Eva y Satanás. Piensa en un personaje de ficción que te fascine, en la literatura o narrativa audiovisual y encontrarás a un pequeño o gran pecador.

La nuevas series, pecados antiguos

Un ejemplo de cómo los pecados son creativos está en las series que han destronado al cine como entretenimiento culto y popular. La mayoría giran en torno a pecadores. Homer Simpson personifica la gula y la pereza; para muchos, vivir como él se ha convertido en una aspiración. Walter White encarna la codicia y la soberbia (que le encumbran y le hunden). Tony Soprano es la gula, la codicia, la ira… Cada uno de los personajes de Boardwalk Empire o Juego de Tronos camina con uno o más pecados a cuestas. La compasiva y justa Khaleesi se mueve por la soberbia (la autorrealización en la moderna pirámide de Maslow). Por supuesto, y por encima de todo, Mad Men, protagonizada por personajes adúlteros, ladrones, mentirosos, crueles sin motivo, víctimas de las bajas pasiones, ególatras, como los dioses griegos, todos ellos fascinantes porque somos nosotros, somos así.

Jaguar-en-Mad-Men

Pensar en los pecados es pensar en mensajes e historias que funcionan porque la lista de los pecados apelan a los instintos primarios de las personas. (La lista de los siete pecados, una lista sencilla, fue escrita para los rudos hombres y mujeres de la Edad Media, una lista para los tiempos difíciles). Nos encanta comer, no hacer nada, follar, tener más cosas de las que podemos usar (es el principio del reciclaje continuo de cachivaches tecnológicos), y partirle la cara a alguien que pensamos que se lo merece… (Pero no lo hacemos, al menos lo último, lo escribimos). La frugalidad, la abstinencia, la multitarea, el diálogo… es el reverso aséptico, también fuente de inspiración.

Por ello, los creadores aman los pecados o son comprensivos con ellos. Cometen pecados y escuchan a los pecadores. Así salen las historias hechas con las tripas. Los estudios de mercado se equivocan. Los miedos, los sueños y los pecados no se equivocan porque hablan de nosotros.

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