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16 de agosto 2017    /   CREATIVIDAD
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La creatividad no es solo una cosa molona

16 de agosto 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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La creatividad es una rockstar. Se habla del espíritu creativo como si fuera una ganzúa que te abre todas las puertas del éxito laboral, personal, económico. Miles de artículos rebotan por la red ofreciendo explicaciones y consejos para convertirte en una persona extraordinaria a través de la creatividad. Pero ¿se está explicando bien en qué consiste?

Definir la creatividad como la rockstar del intelecto no es una comparación aleatoria. La imagen que tenemos de ella, por norma general, es la de un proceso de pensamiento rotundamente libre e independiente, con tintes de inspirado salvajismo que nos lleva a producir ideas originales. El mandato ‘sé creativo’ de muchos cursos y coachs parte de este concepto. Sin embargo, solo abarca uno de los ingredientes implicados: el pensamiento divergente.

La psicóloga Manuela Romo, autora del libro Psicología de la creatividad y directora del título experto en Creatividad Aplicada de la UAM, explica el papel del pensamiento divergente: «Es un aspecto relevante de la creatividad; se asocia a la producción de ideas en la que lo importante es la cantidad y la variedad. Es lo que se pone en juego en técnicas como el brainstorming; pero, por ejemplo, la habilidad de formular problemas y de encontrarlos es previa y determinante».

Sin embargo, el pensamiento convergente (la otra incógnita de la fórmula) es fundamental para que el proceso creativo culmine de manera útil. «Es el que resuelve problemas donde solo hay una solución correcta: es importante porque todas las ideas que has producido [a través del divergente] luego tienes que valorarlas y seleccionarlas con criterios propios del campo en que te estás moviendo y basándote en la experiencia», desarrolla Romo.

Para Romo, la capacidad crítica resulta fundamental en esta parte. La creatividad «no es la loca de la casa», sino un pensamiento «muy sensato que nos ha hecho avanzar en la cultura: al final, las ideas resultantes deben ser valiosas y útiles».

De manera que a la hora de parir ideas y soluciones a problemas, es imprescindible el conocimiento, el estudio previo, los datos, el bagaje. La arquitectura nos facilita la metáfora: un diseño innovador, artístico y de gran tamaño queda bien sobre el plano, pero requiere de conocimiento de materiales y capacidades técnicas para sostenerse.

El pensamiento convergente se mide, tradicionalmente, a través de test de inteligencia. «El hecho de ver la inteligencia y la creatividad como alternativos es un error y un topicazo que hay que ir desterrando. Son habilidades del pensamiento de naturalezas distintas pero complementarias».

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¿Y cómo entrenar cada una de las facetas de la creatividad? Según cuenta Romo, la parte convergente se entrena con tareas de solución de problemas que están relacionadas, además, con el dominio de la información relevante en un campo.

El divergente se ejercita estimulando la producción de ideas e intentando reducir la actitud crítica con uno mismo. «A veces uno se corta y siente que va a decir tonterías. En términos abstractos, la creatividad también implica un buen nivel de autoestima: confías en tus posibilidades, sabes que puedes equivocarte, pero lanzas ideas y aumentas tu capacidad de fluidez y de sensibilidad hacia los problemas».

Aprender a ser creativo es una condición indispensable para triunfar en ciertos sectores profesionales. Sin embargo, la habilidad de generar ideas y de romper moldes es consustancial al ser humano. Howard Gardner situaba la edad de oro de la creatividad en torno a los cinco años. «Los niños», señala Romo, «no tienen límites ni barreras, no se dejan llevar por lo establecido, sino que rompen paradigmas: sus dibujos son como obras abstractas y a nivel verbal se inventan metáforas». Obviamente, matiza, no crean obras maestras porque les faltan conocimientos del campo para poder ir más allá.

¿Qué ocurre entonces para que una habilidad natural se esfume y tengamos que ejercitarnos para recuperarla en su verdadero potencial?

Sucede lo que llaman crisis del cuarto grado: se da alrededor de los 9 años. La creatividad desaparece, se reduce al mínimo. Como explica Romo, debemos buscar la causa de esta caída en la educación formal: «Normalmente el rol del maestro es dar una información que el niño debe procesar y repetir de manera prácticamente literal; eso va aniquilando la capacidad crítica. El niño creativo es un niño que cuestiona, y si eso se penaliza», lamenta.

Anticipándose a las críticas y reducciones al absurdo que a veces salen a relucir cuando se plantea este debate, aclara que tampoco vale todo, que no hay que plantear «una visión anarquistoide» de la educación. «Que el niño adquiera reglas de gramática, aritmética o comportamiento social no quita para que se estimule una visión crítica y una actitud de preguntar que, para mí, es lo más importante».

Otro elemento de la crisis es la constitución de las pandillas que empiezan a regularse internamente y a censurar las diferencias y los planteamientos alternativos. Se impone una elección entre la integración en el grupo o mantener la creatividad y la independencia que esta necesita.

En una charla TED llamada Las escuelas matan la creatividad, Ken Robinson cuenta una historia muy ilustrativa. Una niña empieza a dibujar. Le preguntan qué hace y afirma que está pintando a Dios. «Pero nadie sabemos cómo es Dios», la cuestionan y ella responde: «Lo sabrán en un minuto». Este es el maravilloso punto de partida, la disposición sin fin, la ausencia de simplificaciones, el respeto natural por a la propia capacidad de expansión mental; pero, a la vez, este impulso sin el filtrado y la capacidad artesana del pensamiento convergente jamás llegará a producir obras que hagan avanzar a la humanidad.

La civilización no solo depende de esa parte de nuestro pensamiento que equiparábamos con una rockstar, también hace falta una faceta de matemático introvertido o de bibliotecario con lupa. Para entendernos, nuestra mente debe vestir, a un mismo tiempo, chupa de cuero y americana de pana con coderas.

La creatividad es una rockstar. Se habla del espíritu creativo como si fuera una ganzúa que te abre todas las puertas del éxito laboral, personal, económico. Miles de artículos rebotan por la red ofreciendo explicaciones y consejos para convertirte en una persona extraordinaria a través de la creatividad. Pero ¿se está explicando bien en qué consiste?

Definir la creatividad como la rockstar del intelecto no es una comparación aleatoria. La imagen que tenemos de ella, por norma general, es la de un proceso de pensamiento rotundamente libre e independiente, con tintes de inspirado salvajismo que nos lleva a producir ideas originales. El mandato ‘sé creativo’ de muchos cursos y coachs parte de este concepto. Sin embargo, solo abarca uno de los ingredientes implicados: el pensamiento divergente.

La psicóloga Manuela Romo, autora del libro Psicología de la creatividad y directora del título experto en Creatividad Aplicada de la UAM, explica el papel del pensamiento divergente: «Es un aspecto relevante de la creatividad; se asocia a la producción de ideas en la que lo importante es la cantidad y la variedad. Es lo que se pone en juego en técnicas como el brainstorming; pero, por ejemplo, la habilidad de formular problemas y de encontrarlos es previa y determinante».

Sin embargo, el pensamiento convergente (la otra incógnita de la fórmula) es fundamental para que el proceso creativo culmine de manera útil. «Es el que resuelve problemas donde solo hay una solución correcta: es importante porque todas las ideas que has producido [a través del divergente] luego tienes que valorarlas y seleccionarlas con criterios propios del campo en que te estás moviendo y basándote en la experiencia», desarrolla Romo.

Para Romo, la capacidad crítica resulta fundamental en esta parte. La creatividad «no es la loca de la casa», sino un pensamiento «muy sensato que nos ha hecho avanzar en la cultura: al final, las ideas resultantes deben ser valiosas y útiles».

De manera que a la hora de parir ideas y soluciones a problemas, es imprescindible el conocimiento, el estudio previo, los datos, el bagaje. La arquitectura nos facilita la metáfora: un diseño innovador, artístico y de gran tamaño queda bien sobre el plano, pero requiere de conocimiento de materiales y capacidades técnicas para sostenerse.

El pensamiento convergente se mide, tradicionalmente, a través de test de inteligencia. «El hecho de ver la inteligencia y la creatividad como alternativos es un error y un topicazo que hay que ir desterrando. Son habilidades del pensamiento de naturalezas distintas pero complementarias».

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¿Y cómo entrenar cada una de las facetas de la creatividad? Según cuenta Romo, la parte convergente se entrena con tareas de solución de problemas que están relacionadas, además, con el dominio de la información relevante en un campo.

El divergente se ejercita estimulando la producción de ideas e intentando reducir la actitud crítica con uno mismo. «A veces uno se corta y siente que va a decir tonterías. En términos abstractos, la creatividad también implica un buen nivel de autoestima: confías en tus posibilidades, sabes que puedes equivocarte, pero lanzas ideas y aumentas tu capacidad de fluidez y de sensibilidad hacia los problemas».

Aprender a ser creativo es una condición indispensable para triunfar en ciertos sectores profesionales. Sin embargo, la habilidad de generar ideas y de romper moldes es consustancial al ser humano. Howard Gardner situaba la edad de oro de la creatividad en torno a los cinco años. «Los niños», señala Romo, «no tienen límites ni barreras, no se dejan llevar por lo establecido, sino que rompen paradigmas: sus dibujos son como obras abstractas y a nivel verbal se inventan metáforas». Obviamente, matiza, no crean obras maestras porque les faltan conocimientos del campo para poder ir más allá.

¿Qué ocurre entonces para que una habilidad natural se esfume y tengamos que ejercitarnos para recuperarla en su verdadero potencial?

Sucede lo que llaman crisis del cuarto grado: se da alrededor de los 9 años. La creatividad desaparece, se reduce al mínimo. Como explica Romo, debemos buscar la causa de esta caída en la educación formal: «Normalmente el rol del maestro es dar una información que el niño debe procesar y repetir de manera prácticamente literal; eso va aniquilando la capacidad crítica. El niño creativo es un niño que cuestiona, y si eso se penaliza», lamenta.

Anticipándose a las críticas y reducciones al absurdo que a veces salen a relucir cuando se plantea este debate, aclara que tampoco vale todo, que no hay que plantear «una visión anarquistoide» de la educación. «Que el niño adquiera reglas de gramática, aritmética o comportamiento social no quita para que se estimule una visión crítica y una actitud de preguntar que, para mí, es lo más importante».

Otro elemento de la crisis es la constitución de las pandillas que empiezan a regularse internamente y a censurar las diferencias y los planteamientos alternativos. Se impone una elección entre la integración en el grupo o mantener la creatividad y la independencia que esta necesita.

En una charla TED llamada Las escuelas matan la creatividad, Ken Robinson cuenta una historia muy ilustrativa. Una niña empieza a dibujar. Le preguntan qué hace y afirma que está pintando a Dios. «Pero nadie sabemos cómo es Dios», la cuestionan y ella responde: «Lo sabrán en un minuto». Este es el maravilloso punto de partida, la disposición sin fin, la ausencia de simplificaciones, el respeto natural por a la propia capacidad de expansión mental; pero, a la vez, este impulso sin el filtrado y la capacidad artesana del pensamiento convergente jamás llegará a producir obras que hagan avanzar a la humanidad.

La civilización no solo depende de esa parte de nuestro pensamiento que equiparábamos con una rockstar, también hace falta una faceta de matemático introvertido o de bibliotecario con lupa. Para entendernos, nuestra mente debe vestir, a un mismo tiempo, chupa de cuero y americana de pana con coderas.

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Opiniones 9
  • Muy interesante artículo. Esa parte infantil que nos obligaron a dejar atrás (aunque algunos nos negamos a hacerlo) porque teníamos que ser adultos serios y formales, es la base de la creatividad.

  • ¡Qué nota interesante! Soy docente de Nivel Inicial y Lic. en Comunicación Social y me parece genial para reenviar a mis compañeras de trabajo. Muchas veces resulta difícil en el trabajo con niños y los tiempos que tiene el propio sistema educativo coordinar ambas (creatividad-tiempo) y además es necesario de parte de algunos colegas «perder» el miedo a la creatividad que se despliega, tanto la de los niños, cómo la del adulto cuándo planifica. ¡Les agradezco mucho la nota! Me apareció en el Flipboard y me hizo el día! 🙂 Saludos

  • la creatividad por lo que tengo experimentado cuando la compartes o la expones en sitios que oficialmente se supone valoran te copian y te dan por el trasero ni te hacen un mínimo de honor y arrinconan las siguientes figuras de creatividad que puedes originar
    mi caso fue en una Star up les conté mi idea y ahora ya la han hecho un hotel de una única habitación en la altura así que bye bye

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