27 de noviembre 2012    /   BUSINESS
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Creciclando todo lo que le sobra a un niño

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Cualquier padre o madre de familia será consciente de lo que podríamos calificar como obsolescencia infantil. No es que los objetos que utilizan se queden viejos, es que ellos se renuevan, en talla y necesidades, demasiado rápido y a menudo. Creciclando quiere conseguir una manera inteligente y sostenible de utilizar los objetos que ya no sirven para un niño pero que perfectamente pueden ser reutilizados por otro.

Cuando nace un niño se desata la competición del absurdo. Los padres compran, piden prestado o solicitan como regalo aquello que consideran que necesita su hijo. Ahí comienza una carrera familiar por ver quién es el campeón en regalar objetos y llenar el hogar familiar de cacharros.

Con la excusa del «que al niño no le falte de nada», abuelos, tíos y amigos se enzarzan en una batalla por la hegemonía de la dádiva. La habitación infantil, lo altos de los armarios, los trasteros y las casas de veraneo se convierten así en un catálogo de vehículos, muñecos y mecanos varios.

Tres amigos de la universidad que ahora suman un total de ocho hijos, son muy conscientes de este escenario. Elsa Chaves, Sara Guzmán y Juan Carlos Arroyo. «Comenzamos a intercambiar entre nosotros. Incluso había muchos objetos sin estrenar», cuentan. Vieron la posibilidad de que la red se ampliara, hicieron la primera aportación de capital y echaron a andar el proyecto. «Creciclando se ha convertido en una red de padres y madres que multiplica nuestras posibilidades de intercambiar cosas para nuestros hijos».

Los productos, cuenta la responsable de comunicación de Creciclando Olga Robles, son gratis. «Sólo el usuario que pide objetos paga el transporte (el envío medio cuesta menos de 10 euros) y 2 euros en concepto de gastos de gestión». El usuario que ofrece objetos obtiene puntos por ellos enviando fotos de los que no necesita. Creciclando los valora con un sistema exclusivo que equipara un punto a un euro.

Como cuenta Robles, Creciclando se diferencia de otras iniciativas similares porque «no vende ni alquila productos en ningún caso. Se trata de una red de trueque online entre los propios usuarios en la que, además de juguetes y juegos, hay ropa, libros, accesorios para niños y bebés, material escolar, cunas, sillas de paseo…».

Sí comparten con Juguetes a la Carta su vertiente más solidaria. «Creciclando Solidario es un proyecto que estamos poniendo en marcha. Con esta modalidad, las familias que quieren ofrecer cosas y no recibir puntos (porque sus hijos son ya más mayores, porque quieren donarlo, etc.) podrán enviar las cosas sus hijos a Creciclando y donar los puntos obtenidos a la bolsa común que ONG´s y asociaciones dedicadas al cuidado y atención de la infancia podrán usar para obtener items Creciclando», explica Robles.

La empresa ha sido elegida como uno de los 12 proyectos sociales que recibirá durante los próximos meses el apoyo de UEIA, primera aceleradora europea de emprendimiento social de base tecnológica.

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Cuando nace un niño se desata la competición del absurdo. Los padres compran, piden prestado o solicitan como regalo aquello que consideran que necesita su hijo. Ahí comienza una carrera familiar por ver quién es el campeón en regalar objetos y llenar el hogar familiar de cacharros.

Con la excusa del «que al niño no le falte de nada», abuelos, tíos y amigos se enzarzan en una batalla por la hegemonía de la dádiva. La habitación infantil, lo altos de los armarios, los trasteros y las casas de veraneo se convierten así en un catálogo de vehículos, muñecos y mecanos varios.

Tres amigos de la universidad que ahora suman un total de ocho hijos, son muy conscientes de este escenario. Elsa Chaves, Sara Guzmán y Juan Carlos Arroyo. «Comenzamos a intercambiar entre nosotros. Incluso había muchos objetos sin estrenar», cuentan. Vieron la posibilidad de que la red se ampliara, hicieron la primera aportación de capital y echaron a andar el proyecto. «Creciclando se ha convertido en una red de padres y madres que multiplica nuestras posibilidades de intercambiar cosas para nuestros hijos».

Los productos, cuenta la responsable de comunicación de Creciclando Olga Robles, son gratis. «Sólo el usuario que pide objetos paga el transporte (el envío medio cuesta menos de 10 euros) y 2 euros en concepto de gastos de gestión». El usuario que ofrece objetos obtiene puntos por ellos enviando fotos de los que no necesita. Creciclando los valora con un sistema exclusivo que equipara un punto a un euro.

Como cuenta Robles, Creciclando se diferencia de otras iniciativas similares porque «no vende ni alquila productos en ningún caso. Se trata de una red de trueque online entre los propios usuarios en la que, además de juguetes y juegos, hay ropa, libros, accesorios para niños y bebés, material escolar, cunas, sillas de paseo…».

Sí comparten con Juguetes a la Carta su vertiente más solidaria. «Creciclando Solidario es un proyecto que estamos poniendo en marcha. Con esta modalidad, las familias que quieren ofrecer cosas y no recibir puntos (porque sus hijos son ya más mayores, porque quieren donarlo, etc.) podrán enviar las cosas sus hijos a Creciclando y donar los puntos obtenidos a la bolsa común que ONG´s y asociaciones dedicadas al cuidado y atención de la infancia podrán usar para obtener items Creciclando», explica Robles.

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