25 de mayo 2021    /   CREATIVIDAD
por
 

‘Crowns’: la reivindicación de los peinados de las mujeres negras

25 de mayo 2021    /   CREATIVIDAD     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista Noviembre haciendo clic aquí.

Fue en 2016 cuando Sandro Miller empezó fijarse en los exóticos cortes de pelo y peinados de las mujeres negras con las que se cruzaba por Chicago. Acostumbrado al «hermoso, natural, negro y salvaje» cabello de su esposa, el fotógrafo barruntaba que aquello era más que una tendencia capilar.

«No estaba seguro de lo que estaba ocurriendo, pero intuía que detrás de esos hermosos peinados había cierta relajación en el cumplimiento de las normas estéticas que, tradicionalmente, han restringido la creatividad de estas mujeres».

Los estándares blancos que durante siglos han regido en sociedades como la norteamericana limitaban su libertad a la hora de llevar el pelo como realmente querían, sobre todo en el entorno laboral. ¿Y si el personal de recursos humanos de la empresa de turno rechazaba su solicitud por no llevar un peinado lo suficientemente profesional? ¿O directamente la echaban de su puesto de trabajo por no guardar el supuesto decoro?

Miller buscó en la historia de su país y encontró numerosos ejemplos en los que las leyes o algunos sectores de la sociedad norteamericana reaccionaban ante el cabello de las mujeres negras como si de una afrenta se tratara:

  • La costumbre de afeitar la cabeza de las mujeres negras, en tiempos de esclavitud, para deshumanizarlas y borrar cualquier huella de identidad cultural.
  • La ley, dictada en Luisiana en 1786, que exigía que las mujeres negras, tanto esclavas como libres, se cubrieran el cabello en público.
  • Mucho más reciente es el caso de la niña de 11 años que fue invitada a abandonar la clase porque sus trenzas transgredían los requerimientos estéticos del colegio católico de Nueva Orleans en el que estudiaba.

Episodios que Miller entiende que siguen teniendo cierta vigencia. Lo tienen sin ir más lejos en las muchas mujeres que siguen alisando su melena para tratar de ajustarse a un estándar que nada tiene que ver con la naturaleza de su cabello.

Por eso, para el fotógrafo, encontrarse cada vez con más señoras, chicas y niñas que reivindican su derecho a peinarse como les viene en gana era una gran noticia. Tan relevante que no podía ni quería dejar pasar la oportunidad de documentar.

Lo hizo con su cámara, por supuesto. El sitio elegido para las sesiones de fotos fue el patio trasero de su casa en Chicago. Allí posaban las mujeres que llamaban la atención a Miller por las «elaboradas y creativas formas esculturales» que lucían en sus cabezas.

El boca oreja animó a un cada vez mayor número de mujeres a pasar por el set de Miller. Un fotógrafo internacionalmente reconocido y admirado por trabajos como el realizado junto a John Malkovich como homenaje a los maestros de la fotografía.

Cuando Miller comenzó a subir las fotos a sus perfiles en redes sociales animó a otras muchas más mujeres a participar en el proyecto. Durante el primer año, más de ochenta mujeres posaron para el fotógrafo.

UN VIAJE A LOS ORÍGENES

En 2018,  Miller sintió la necesidad de llevar su iniciativa al origen de todo: a África. «En muchas civilizaciones de aquel continente, los peinados de las mujeres se han utilizado incluso como medio de comunicación. En el siglo XV consta que algunos estilos podían indicar el estado civil de una persona, su edad, su religión, su etnia, su rango social dentro de la comunidad… Incluso, en la cultura yoruba, era común trenzarse el cabello para enviar mensajes a los dioses».

Primero en Johannesburgo (Sudáfrica) y después en Senegal, el fotógrafo llegó a retratar a más de 200 mujeres. «En África conté con un equipo de trabajo increíble. Gracias a las personas que conocían allí, a las redes sociales y a festivales como AfroPunk, donde pude montar un estudio improvisado, todo fluyó rápidamente. En poco tiempo teníamos a cientos de mujeres interesadas en participar en el proyecto».

Pero a Miller no le bastaba con apuntar con su cámara a las mujeres y disparar. Lo que a él le interesaba era la historia que había detrás de cada uno de los peinados. «Aunque no todas las mujeres fotografiadas eran felices, muchas de ellas parecían mostrar una especie de alegría contenida al ser fotografiadas».

En 2020, el proyecto de Sandro Miller dio un paso más en formato libro con Crowns, My soul My Hair My Freedom, editado por Skira, y que saldrá a la venta el próximo mes de septiembre.

Mientras, es posible disfrutar de algunas de las fotos de la serie de Miller en el Festival Internacional de Fotografía de Castilla y León.

BELLEZA EN NEGRO

El trabajo del estilista y maquillador del equipo de Miller fue crucial. «Gracias a ellos, pudimos reproducir el estilo de peinado que la modelo había llevado en alguna ocasión o que estaría dispuesta a llevar».

La piel de todas las mujeres se representó con el mismo tono negro. Recurso que se utilizó, según el propio Miller, para «enfatizar la belleza de la negrura». Se trataba de buscar un tono uniforme para evitar cualquier otro sesgo relacionado con el color de la piel y lograr que el cabello de las modelos acaparase todo el protagonismo.

En cuanto a la selección de fondos decorativos, Miller se inspiró en los estampados africanos. «Seleccioné patrones coloridos y vibrantes para cada persona en función de su individualidad y las formas y colores de su cabello».

El fotógrafo considera My soul My Hair My Freedom como una parte esencial de la «misión» que para él es su propia trayectoria como fotógrafo. Una carrera que le ha llevado a viajar durante los últimos cuarenta años por todo el mundo «capturando la belleza y sus historias».

Miller asegura haber aprendido numerosas lecciones a raíz de este proyecto. También se ha confirmado muchas cosas que ya sabía, como la necesidad de seguir «derribando muros culturales» y dejar crecer el amor entre todas las comunidades.

Y si con algo se queda es con lo que sintió en cada una de las sesiones de fotos: «Además de las mujeres a las que fotografié, la mayor parte del equipo eran también de raza negra. Ni una sola vez encontré una pizca de prejuicio hacia mí. Ni una solo vez sentí que alguien me miraba pensado “¿qué hace el blanco este aquí?”».

Miller, que apostilla sus declaraciones clamando su amor hacia su «esposa negra, mi familia negra y la hermosa cabellera negra que lucen todos sus miembros», espera que el proyecto sirva para aportar más compresión hacia otras culturas distintas a las nuestras: «Y amor mutuo, porque juntos somos más poderosos, más inteligentes y juntos podemos hacer cualquier cosa».

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista Noviembre haciendo clic aquí.

Fue en 2016 cuando Sandro Miller empezó fijarse en los exóticos cortes de pelo y peinados de las mujeres negras con las que se cruzaba por Chicago. Acostumbrado al «hermoso, natural, negro y salvaje» cabello de su esposa, el fotógrafo barruntaba que aquello era más que una tendencia capilar.

«No estaba seguro de lo que estaba ocurriendo, pero intuía que detrás de esos hermosos peinados había cierta relajación en el cumplimiento de las normas estéticas que, tradicionalmente, han restringido la creatividad de estas mujeres».

Los estándares blancos que durante siglos han regido en sociedades como la norteamericana limitaban su libertad a la hora de llevar el pelo como realmente querían, sobre todo en el entorno laboral. ¿Y si el personal de recursos humanos de la empresa de turno rechazaba su solicitud por no llevar un peinado lo suficientemente profesional? ¿O directamente la echaban de su puesto de trabajo por no guardar el supuesto decoro?

Miller buscó en la historia de su país y encontró numerosos ejemplos en los que las leyes o algunos sectores de la sociedad norteamericana reaccionaban ante el cabello de las mujeres negras como si de una afrenta se tratara:

  • La costumbre de afeitar la cabeza de las mujeres negras, en tiempos de esclavitud, para deshumanizarlas y borrar cualquier huella de identidad cultural.
  • La ley, dictada en Luisiana en 1786, que exigía que las mujeres negras, tanto esclavas como libres, se cubrieran el cabello en público.
  • Mucho más reciente es el caso de la niña de 11 años que fue invitada a abandonar la clase porque sus trenzas transgredían los requerimientos estéticos del colegio católico de Nueva Orleans en el que estudiaba.

Episodios que Miller entiende que siguen teniendo cierta vigencia. Lo tienen sin ir más lejos en las muchas mujeres que siguen alisando su melena para tratar de ajustarse a un estándar que nada tiene que ver con la naturaleza de su cabello.

Por eso, para el fotógrafo, encontrarse cada vez con más señoras, chicas y niñas que reivindican su derecho a peinarse como les viene en gana era una gran noticia. Tan relevante que no podía ni quería dejar pasar la oportunidad de documentar.

Lo hizo con su cámara, por supuesto. El sitio elegido para las sesiones de fotos fue el patio trasero de su casa en Chicago. Allí posaban las mujeres que llamaban la atención a Miller por las «elaboradas y creativas formas esculturales» que lucían en sus cabezas.

El boca oreja animó a un cada vez mayor número de mujeres a pasar por el set de Miller. Un fotógrafo internacionalmente reconocido y admirado por trabajos como el realizado junto a John Malkovich como homenaje a los maestros de la fotografía.

Cuando Miller comenzó a subir las fotos a sus perfiles en redes sociales animó a otras muchas más mujeres a participar en el proyecto. Durante el primer año, más de ochenta mujeres posaron para el fotógrafo.

UN VIAJE A LOS ORÍGENES

En 2018,  Miller sintió la necesidad de llevar su iniciativa al origen de todo: a África. «En muchas civilizaciones de aquel continente, los peinados de las mujeres se han utilizado incluso como medio de comunicación. En el siglo XV consta que algunos estilos podían indicar el estado civil de una persona, su edad, su religión, su etnia, su rango social dentro de la comunidad… Incluso, en la cultura yoruba, era común trenzarse el cabello para enviar mensajes a los dioses».

Primero en Johannesburgo (Sudáfrica) y después en Senegal, el fotógrafo llegó a retratar a más de 200 mujeres. «En África conté con un equipo de trabajo increíble. Gracias a las personas que conocían allí, a las redes sociales y a festivales como AfroPunk, donde pude montar un estudio improvisado, todo fluyó rápidamente. En poco tiempo teníamos a cientos de mujeres interesadas en participar en el proyecto».

Pero a Miller no le bastaba con apuntar con su cámara a las mujeres y disparar. Lo que a él le interesaba era la historia que había detrás de cada uno de los peinados. «Aunque no todas las mujeres fotografiadas eran felices, muchas de ellas parecían mostrar una especie de alegría contenida al ser fotografiadas».

En 2020, el proyecto de Sandro Miller dio un paso más en formato libro con Crowns, My soul My Hair My Freedom, editado por Skira, y que saldrá a la venta el próximo mes de septiembre.

Mientras, es posible disfrutar de algunas de las fotos de la serie de Miller en el Festival Internacional de Fotografía de Castilla y León.

BELLEZA EN NEGRO

El trabajo del estilista y maquillador del equipo de Miller fue crucial. «Gracias a ellos, pudimos reproducir el estilo de peinado que la modelo había llevado en alguna ocasión o que estaría dispuesta a llevar».

La piel de todas las mujeres se representó con el mismo tono negro. Recurso que se utilizó, según el propio Miller, para «enfatizar la belleza de la negrura». Se trataba de buscar un tono uniforme para evitar cualquier otro sesgo relacionado con el color de la piel y lograr que el cabello de las modelos acaparase todo el protagonismo.

En cuanto a la selección de fondos decorativos, Miller se inspiró en los estampados africanos. «Seleccioné patrones coloridos y vibrantes para cada persona en función de su individualidad y las formas y colores de su cabello».

El fotógrafo considera My soul My Hair My Freedom como una parte esencial de la «misión» que para él es su propia trayectoria como fotógrafo. Una carrera que le ha llevado a viajar durante los últimos cuarenta años por todo el mundo «capturando la belleza y sus historias».

Miller asegura haber aprendido numerosas lecciones a raíz de este proyecto. También se ha confirmado muchas cosas que ya sabía, como la necesidad de seguir «derribando muros culturales» y dejar crecer el amor entre todas las comunidades.

Y si con algo se queda es con lo que sintió en cada una de las sesiones de fotos: «Además de las mujeres a las que fotografié, la mayor parte del equipo eran también de raza negra. Ni una sola vez encontré una pizca de prejuicio hacia mí. Ni una solo vez sentí que alguien me miraba pensado “¿qué hace el blanco este aquí?”».

Miller, que apostilla sus declaraciones clamando su amor hacia su «esposa negra, mi familia negra y la hermosa cabellera negra que lucen todos sus miembros», espera que el proyecto sirva para aportar más compresión hacia otras culturas distintas a las nuestras: «Y amor mutuo, porque juntos somos más poderosos, más inteligentes y juntos podemos hacer cualquier cosa».

Compártelo twitter facebook whatsapp
El número 2 de Yorokobu
Femme Sapiens: «Nosotras queremos tener derecho a equivocarnos también»
Consejos de Margaret Atwood para escribir tu propio ‘Cuento de la criada’
Relatos visuales entre el cine y el cómic
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Publicidad