26 de enero 2015    /   DIGITAL
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El peor chantaje emocional que la Red ha conocido

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Erase una vez un juego para Facebook que se llamaba Top Fish. Corría el año 2009, ya casi en las postrimerías, y su nombre no te suena porque vio la luz en un momento complicado: los juegos de peces inundaban (nunca mejor dicho) las tierras virtuales de Facebook. Zynga competía con su FishVille y el líder del sector era Happy Aquarium, con casi 25 millones de usuarios activos mensuales.
Por resumir su mecánica en pocas palabras, Top Fish era un acuario virtual, y tu insípida misión consistía en comprar o encontrar peces, alimentarlos y ver cómo crecían. Nada apasionante, pero ideal para esas partidas de diez minutos que echabas cuando el jefe andaba despistado.
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El juego lo firmaba Slide (startup que, más tarde, compró Google), y uno de sus desarrolladores era Tony Hauber. La semana pasada decidió lavar los trapos sucios. Hauber sacó a la luz el secreto más inconfesable de aquella inocente app marina: practicó un chantaje emocional tan sucio (y efectivo) que Facebook tuvo que modificar sus normas para evitar que surgieran imitadores.
De cuando en cuando, mientras malcriaba a sus alegres pececillos, un pop-up asaltaba al usuario, instándole a pedir ayuda a sus amigos para completar cierta tarea. Hasta aquí todo normal: lo hacían todos los juegos del momento; recordarás que era una pesadilla en forma de notificaciones. Lo diabólico y cruel de la estrategia de Slide estaba en el mensaje.
«Has encontrado un caballito de mar atrapado en un vertido de petróleo. Parece que necesita ayuda», comenzaba. «Publica esta historia en tu muro de Facebook para que tus amigos te ayuden a limpiarlo». Frente al internauta, el dibujo del pobre animal y dos botones: «publicar» y «dejarlo morir».
«La estrategia fue un gran éxito, y alguien de Facebook se puso en contacto con nosotros», recuerda Hauber. Exigía que suavizaran el mensaje. Poco después, la red social añadió una línea a sus políticas para prohibir cualquier tipo de chantaje emocional por parte de los desarrolladores.
El príncipe y la princesa se casaron, fueron felices y comieron… ¡Un zurrullo! Lo que sucedió de veras es que Zuckerberg y compañía aprendieron la lección, y ahora son ellos los que emplean artimañas de esta guisa.
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La manipulación sigue campando a sus anchas por las tres uves dobles. De hecho, la historia de Top Fish es solo un ejemplo de los muchos que recoge la periodista Lydia Laurenson en The Cruelest Opt-Out Forms, un blog de Tumblr que no te dejará indiferente.


No sabrás si reír o llorar ante tanta puñalada.
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“Lo sentimos mucho. ¿Te molestábamos demasiado? Si todavía quieres rompernos el corazón, vale… Solo tienes que confirmar estos detalles”.

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“No, gracias. Ninguno de mis amigos o familiares vale 99 céntimos por ejemplar”.

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“No, gracias. No me gusta ganar cosas gratis”

opt4

“No, gracias. Odio la creatividad”

Directo a la patata, ¿eh? Es lo que tiene el chantaje emocional, claro… Eso, y unos riesgos que las empresas deberían considerar atentamente. En primer lugar, está feo; en segundo, y a consecuencia de lo anterior, es perjudicial para la marca. Lo dice también Laurenson: «Algunas empresas de internet han prohibido los opt-out crueles tras tener ejemplos atroces que estaban dañando su marca».
Jugar con los sentimientos, incluso en la internet más despiadada, es un arma de doble filo.

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Por resumir su mecánica en pocas palabras, Top Fish era un acuario virtual, y tu insípida misión consistía en comprar o encontrar peces, alimentarlos y ver cómo crecían. Nada apasionante, pero ideal para esas partidas de diez minutos que echabas cuando el jefe andaba despistado.
Top-Fish-on-Facebook-1
El juego lo firmaba Slide (startup que, más tarde, compró Google), y uno de sus desarrolladores era Tony Hauber. La semana pasada decidió lavar los trapos sucios. Hauber sacó a la luz el secreto más inconfesable de aquella inocente app marina: practicó un chantaje emocional tan sucio (y efectivo) que Facebook tuvo que modificar sus normas para evitar que surgieran imitadores.
De cuando en cuando, mientras malcriaba a sus alegres pececillos, un pop-up asaltaba al usuario, instándole a pedir ayuda a sus amigos para completar cierta tarea. Hasta aquí todo normal: lo hacían todos los juegos del momento; recordarás que era una pesadilla en forma de notificaciones. Lo diabólico y cruel de la estrategia de Slide estaba en el mensaje.
«Has encontrado un caballito de mar atrapado en un vertido de petróleo. Parece que necesita ayuda», comenzaba. «Publica esta historia en tu muro de Facebook para que tus amigos te ayuden a limpiarlo». Frente al internauta, el dibujo del pobre animal y dos botones: «publicar» y «dejarlo morir».
«La estrategia fue un gran éxito, y alguien de Facebook se puso en contacto con nosotros», recuerda Hauber. Exigía que suavizaran el mensaje. Poco después, la red social añadió una línea a sus políticas para prohibir cualquier tipo de chantaje emocional por parte de los desarrolladores.
El príncipe y la princesa se casaron, fueron felices y comieron… ¡Un zurrullo! Lo que sucedió de veras es que Zuckerberg y compañía aprendieron la lección, y ahora son ellos los que emplean artimañas de esta guisa.
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La manipulación sigue campando a sus anchas por las tres uves dobles. De hecho, la historia de Top Fish es solo un ejemplo de los muchos que recoge la periodista Lydia Laurenson en The Cruelest Opt-Out Forms, un blog de Tumblr que no te dejará indiferente.


No sabrás si reír o llorar ante tanta puñalada.
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Directo a la patata, ¿eh? Es lo que tiene el chantaje emocional, claro… Eso, y unos riesgos que las empresas deberían considerar atentamente. En primer lugar, está feo; en segundo, y a consecuencia de lo anterior, es perjudicial para la marca. Lo dice también Laurenson: «Algunas empresas de internet han prohibido los opt-out crueles tras tener ejemplos atroces que estaban dañando su marca».
Jugar con los sentimientos, incluso en la internet más despiadada, es un arma de doble filo.

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