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15 de febrero 2018    /   CREATIVIDAD
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El Hematocrítico: «Si algo te hace reír, lo recuerdas mejor»

15 de febrero 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Miguel Ángel López, El Hematocrítico, es profesor de Primaria y tiene antiguos alumnos que ya van a la Universidad. Cuando se encuentra con ellos, le dicen que lo que más recuerdan de sus clases son las anécdotas. «No creo que sea una cosa de mis exalumnos. Todos recordamos momentos divertidos que nos han pasado en el colegio más que clases profundas con explicaciones importantes. Pero eso tiene su explicación. El asombro es la emoción del aprendizaje. Si una cosa te deja con la boca abierta, o te hace reír, lo recuerdas con más facilidad que una que te explican de una manera menos emocionante».

La reflexión viene a colación de la publicación de su último libro, Cuadernito de escritura divertida (Blackie Books), con ilustraciones de Olga Capdevila. Una serie de cuarenta propuestas bastante gamberras para que los niños de Primaria arranquen a escribir textos muy diferentes a las redacciones del cole. «Por supuesto que el humor y la ficción pueden resultar educativos, además de una manera estupenda de fomentar la creatividad», argumenta.

El libro arranca con un ‘Manifiestito’. «He hecho este cuaderno porque quiero que te lo pases bien», comienza. «La risa, el humor, la sorpresa y las tonterías me han servido de mucho en mi experiencia como profesor». 

El asombro es la emoción del aprendizaje

Daría igual que el Cuadernito no sirviera para nada. «El debate más aburrido de la educación es el «para qué sirve”. Para qué sirve saber raíces cuadradas, polinomios, análisis sintácticos…» Pero se da el caso de que, de hecho, sirve para mucho. «Las habilidades creativas sirven para todas las facetas de la vida. En particular para no aburrirte, que tiene su importancia».

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Miguel se ha encontrado con muchos tipos de padres a lo largo de su vida. Es inevitable que existan los que tratan de encerrar a sus hijos en la burbuja de la conveniencia y se escandalizan al leer ciertos chistes. Por ejemplo, en uno de los ejercicios de el Cuadernito los niños tienen que inventar una conversación de WhatsApp entre un astronauta y su madre sobreprotectora. «Cada uno educa, o intenta educar, a sus hijos como puede. No seré yo el que les diga que mi cuaderno es muy importante para el desarrollo de su hijo, y hay gente que solo piensa en la educación de sus hijos en esos términos. Buscando eficacia, rendimiento.

Esto es otra cosa, sirve para divertirte. Y si unos padres creen que unas actividades no son dignas solo por ser divertidas, entonces esos chavales tienen más problemas que el de no poder hacer el Cuadernito».

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El cuaderno propone a los niños que inventen las preguntas y las respuestas de una entrevista a un piojo, que imaginen los regalos de Reyes de personajes variopintos, que cuenten las peores cosas de su familia, que escriban un texto sin la letra “a” o que diseñen un cartel político, entre otros retos. «Mis alumnos actuales tienen tres años, pero hace mucho fui tutor en tercero de primaria y lo pasamos muy bien con muchas de las propuestas que ahora están en el cuaderno». 

Es más: piensa que un adolescente o un adulto que tenga ganas de pasar un rato divertido escribiendo puede disfrutar del Cuadernito como un niño de Primaria.

El Hematocrítico pertenece a esa generación de profesores que no se conforman y buscan nuevas metodologías de enseñanza más acordes con los nuevos tiempos. Otro de sus pasos en este sentido es la creación de cuentos infantiles (publicados en Anaya, ilustrados por Alberto Vázquez) que tratan con humor algunos estereotipos de los cuentos tradicionales. Estos cuentos de siempre le parecen a Miguel «un material maravilloso para trabajar con ellos y hacer ver a los niños de lo absurdo y obsoleto de esos roles». En sus cuentos hay lobos feroces vegetarianos, la curiosidad de Ricitos de Oro es recompensada en vez de castigada… «Dando ese tipo de giros puedes hacer comentarios sobre valores y estereotipos muy interesantes».

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Solo dos tintas: una negra, otra rosa fluorescente. Olga Capdevila no ha necesitado más para dar forma a las locuras de El Hematocrítico. «Tiene la dificultad que implica el sistema offset con el uso de pantones. Cada color funciona como un archivo separado y tienes que aprender a deconstruir las imágenes. Lo bonito es que con el uso de las dos tintas puedes conseguir gráficas muy sencillas pero muy brillantes y setenteras. Además, trabajar con colores flúor y otras tintas no convencionales es un fetiche de muchos ilustradores: al final lo conseguí», comenta.

Ella ya seguía el trabajo del «Profesor Hematocrítico», como lo llama cariñosamente, y se sentía «muy cercana a su humor». De hecho, ha intentado respetar en la medida de lo posible los bocetos originales dibujados por él. «Me parecieron una maravilla. Tenían un algo entrañable (su oso enjaulado lo copié, literalmente) que no se podía sacrificar». 

Para cualquier persona (sea niño o adulto) la escritura es una forma de autoconocimiento y autoexploración imprescindible

No trabaja de forma distinta por el hecho de ilustrar para público infantil: «cuando trabajo para adultos me dicen que mi estilo es naíf e infantilizado, y cuando trabajo en el ámbito infantil, que trato a los niños como adultos. Así que la verdad es que creo que no hago diferencias. La poética que me interesa y el humor que me fascinan son relativamente universales».

Cuenta que los ejercicios son «tan divertidos y espontáneos» que las ilustraciones le salieron de la misma manera. «Recuerdo que me ofusqué un poco con el «Te contratan para organizar el cumpleaños de la niña mas rica del mundo». Ya había dibujado a su padre billonario dentro de una bañera llena de dinero y tenía que buscar una idea mas kitch y más demoledora para su querida hija», explica.

Aún no ha testado los ejercicios con ningún niño, pero confiesa que tiene muchas ganas de ver los cuadernos llenos de textos. «Los niños deberían pasarlo bien escribiendo y nosotros tenemos la obligación de crear contenido que lo demuestre (no hacer sentencias que lo anuncien). Para cualquier persona (sea niño o adulto) la escritura es una forma de autoconocimiento y autoexploración imprescindible».

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A Miguel Ángel López no le cuesta encontrar sus tres ejercicios favoritos: «Oh, el restaurante guarro está siendo un éxito temprano. Me encanta la colección de libros con títulos absurdos, y me divierte muchísimo el ejercicio de escribir una carta sin utilizar la letra a. NO ES FÁCIL, NO».

El Cuadernito tiene un objetivo final: «Que cuando la persona que seas dentro de muchos años lo encuentre en una caja en el trastero o aplastado en una estantería, también se ría».

cines

Miguel Ángel López, El Hematocrítico, es profesor de Primaria y tiene antiguos alumnos que ya van a la Universidad. Cuando se encuentra con ellos, le dicen que lo que más recuerdan de sus clases son las anécdotas. «No creo que sea una cosa de mis exalumnos. Todos recordamos momentos divertidos que nos han pasado en el colegio más que clases profundas con explicaciones importantes. Pero eso tiene su explicación. El asombro es la emoción del aprendizaje. Si una cosa te deja con la boca abierta, o te hace reír, lo recuerdas con más facilidad que una que te explican de una manera menos emocionante».

La reflexión viene a colación de la publicación de su último libro, Cuadernito de escritura divertida (Blackie Books), con ilustraciones de Olga Capdevila. Una serie de cuarenta propuestas bastante gamberras para que los niños de Primaria arranquen a escribir textos muy diferentes a las redacciones del cole. «Por supuesto que el humor y la ficción pueden resultar educativos, además de una manera estupenda de fomentar la creatividad», argumenta.

El libro arranca con un ‘Manifiestito’. «He hecho este cuaderno porque quiero que te lo pases bien», comienza. «La risa, el humor, la sorpresa y las tonterías me han servido de mucho en mi experiencia como profesor». 

El asombro es la emoción del aprendizaje

Daría igual que el Cuadernito no sirviera para nada. «El debate más aburrido de la educación es el «para qué sirve”. Para qué sirve saber raíces cuadradas, polinomios, análisis sintácticos…» Pero se da el caso de que, de hecho, sirve para mucho. «Las habilidades creativas sirven para todas las facetas de la vida. En particular para no aburrirte, que tiene su importancia».

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Miguel se ha encontrado con muchos tipos de padres a lo largo de su vida. Es inevitable que existan los que tratan de encerrar a sus hijos en la burbuja de la conveniencia y se escandalizan al leer ciertos chistes. Por ejemplo, en uno de los ejercicios de el Cuadernito los niños tienen que inventar una conversación de WhatsApp entre un astronauta y su madre sobreprotectora. «Cada uno educa, o intenta educar, a sus hijos como puede. No seré yo el que les diga que mi cuaderno es muy importante para el desarrollo de su hijo, y hay gente que solo piensa en la educación de sus hijos en esos términos. Buscando eficacia, rendimiento.

Esto es otra cosa, sirve para divertirte. Y si unos padres creen que unas actividades no son dignas solo por ser divertidas, entonces esos chavales tienen más problemas que el de no poder hacer el Cuadernito».

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El cuaderno propone a los niños que inventen las preguntas y las respuestas de una entrevista a un piojo, que imaginen los regalos de Reyes de personajes variopintos, que cuenten las peores cosas de su familia, que escriban un texto sin la letra “a” o que diseñen un cartel político, entre otros retos. «Mis alumnos actuales tienen tres años, pero hace mucho fui tutor en tercero de primaria y lo pasamos muy bien con muchas de las propuestas que ahora están en el cuaderno». 

Es más: piensa que un adolescente o un adulto que tenga ganas de pasar un rato divertido escribiendo puede disfrutar del Cuadernito como un niño de Primaria.

El Hematocrítico pertenece a esa generación de profesores que no se conforman y buscan nuevas metodologías de enseñanza más acordes con los nuevos tiempos. Otro de sus pasos en este sentido es la creación de cuentos infantiles (publicados en Anaya, ilustrados por Alberto Vázquez) que tratan con humor algunos estereotipos de los cuentos tradicionales. Estos cuentos de siempre le parecen a Miguel «un material maravilloso para trabajar con ellos y hacer ver a los niños de lo absurdo y obsoleto de esos roles». En sus cuentos hay lobos feroces vegetarianos, la curiosidad de Ricitos de Oro es recompensada en vez de castigada… «Dando ese tipo de giros puedes hacer comentarios sobre valores y estereotipos muy interesantes».

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Solo dos tintas: una negra, otra rosa fluorescente. Olga Capdevila no ha necesitado más para dar forma a las locuras de El Hematocrítico. «Tiene la dificultad que implica el sistema offset con el uso de pantones. Cada color funciona como un archivo separado y tienes que aprender a deconstruir las imágenes. Lo bonito es que con el uso de las dos tintas puedes conseguir gráficas muy sencillas pero muy brillantes y setenteras. Además, trabajar con colores flúor y otras tintas no convencionales es un fetiche de muchos ilustradores: al final lo conseguí», comenta.

Ella ya seguía el trabajo del «Profesor Hematocrítico», como lo llama cariñosamente, y se sentía «muy cercana a su humor». De hecho, ha intentado respetar en la medida de lo posible los bocetos originales dibujados por él. «Me parecieron una maravilla. Tenían un algo entrañable (su oso enjaulado lo copié, literalmente) que no se podía sacrificar». 

Para cualquier persona (sea niño o adulto) la escritura es una forma de autoconocimiento y autoexploración imprescindible

No trabaja de forma distinta por el hecho de ilustrar para público infantil: «cuando trabajo para adultos me dicen que mi estilo es naíf e infantilizado, y cuando trabajo en el ámbito infantil, que trato a los niños como adultos. Así que la verdad es que creo que no hago diferencias. La poética que me interesa y el humor que me fascinan son relativamente universales».

Cuenta que los ejercicios son «tan divertidos y espontáneos» que las ilustraciones le salieron de la misma manera. «Recuerdo que me ofusqué un poco con el «Te contratan para organizar el cumpleaños de la niña mas rica del mundo». Ya había dibujado a su padre billonario dentro de una bañera llena de dinero y tenía que buscar una idea mas kitch y más demoledora para su querida hija», explica.

Aún no ha testado los ejercicios con ningún niño, pero confiesa que tiene muchas ganas de ver los cuadernos llenos de textos. «Los niños deberían pasarlo bien escribiendo y nosotros tenemos la obligación de crear contenido que lo demuestre (no hacer sentencias que lo anuncien). Para cualquier persona (sea niño o adulto) la escritura es una forma de autoconocimiento y autoexploración imprescindible».

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A Miguel Ángel López no le cuesta encontrar sus tres ejercicios favoritos: «Oh, el restaurante guarro está siendo un éxito temprano. Me encanta la colección de libros con títulos absurdos, y me divierte muchísimo el ejercicio de escribir una carta sin utilizar la letra a. NO ES FÁCIL, NO».

El Cuadernito tiene un objetivo final: «Que cuando la persona que seas dentro de muchos años lo encuentre en una caja en el trastero o aplastado en una estantería, también se ría».

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Opiniones 3
  • Me ha encantado esta idea, es original, divertida, diferente… Es necesario que busquemos nuevos métodos en la educación, y los que incluyen creatividad creo que son de los más interesantes, porque con las nuevas leyes, es lo que más se está perdiendo… Gracias por esta propuesta.

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