10 de noviembre 2020    /   CREATIVIDAD
por
 Ilustraciones: Buba Biedma

Cuando Henry Ford acabó con el coche eléctrico

Una historia dibujada

10 de noviembre 2020    /   CREATIVIDAD     por          Ilustraciones: Buba Biedma
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Corrían los años 30 del siglo XIX cuando el empresario escocés Robert Anderson inventó el primer vehículo eléctrico puro. Moraleja: el coche eléctrico es tan antiguo como la propia historia del automóvil, e incluso anterior a la invención del coche con motor de combustión, que fue lanzado en 1861.

¿Por qué no se consolidó?

Primer problema

Estos rudimentarios vehículos usaban baterías no recargables porque no existían. 30 años después, los científicos franceses Gastón Planté y Camille Faure inventaron el acumulador eléctrico. 

Problema superado. Comenzaron los años dorados del coche eléctrico, a finales del siglo XIX. En 1899 por primera vez un coche eléctrico superó los 100 km/h, pilotado por el belga Camille Jenatzy. El futuro de este vehículo parecía incuestionable, a pesar de su alto precio.

Segundo problema

1908 fue un año fatídico para el avance de los eléctricos y la culpa la tuvo una persona que se iba a convertir en uno de los protagonistas de ese siglo: Henry Ford, de cuya mano aparece el primer coche con motor de combustión fabricado en serie, el popular Ford T.

Producir de esta innovadora manera permitió reducir los precios y fabricar muchas versiones al mismo tiempo. Por si fuera poco, la invención del arranque electrónico para los motores de combustión –en lugar de mediante manivela–, fue otro clavo en el ataúd del eléctrico. Su popularidad cayó en picado. Era imposible competir por precio, autonomía o prestaciones. Ya no había vuelta atrás. 

En los años en los que convivieron ambas motorizaciones, la elección de una u otra se convertía en una guerra de sexos: ellos preferían el automóvil de combustión por su mayor autonomía y potencia. Ellas, el automóvil eléctrico porque era menos ruidoso, más práctico y limpio. ¿Quienes eran las adelantadas a su tiempo?

Aunque nunca murió del todo, la conciencia medioambiental, la optimización de la autonomía, el confort de marcha, las prestaciones del motor y la reducción de costes de producción lo ponen hoy de nuevo en la senda para convertirse en el coche que enamoró a la sociedad hasta que Henry Ford truncó sus planes.

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Corrían los años 30 del siglo XIX cuando el empresario escocés Robert Anderson inventó el primer vehículo eléctrico puro. Moraleja: el coche eléctrico es tan antiguo como la propia historia del automóvil, e incluso anterior a la invención del coche con motor de combustión, que fue lanzado en 1861.

¿Por qué no se consolidó?

Primer problema

Estos rudimentarios vehículos usaban baterías no recargables porque no existían. 30 años después, los científicos franceses Gastón Planté y Camille Faure inventaron el acumulador eléctrico. 

Problema superado. Comenzaron los años dorados del coche eléctrico, a finales del siglo XIX. En 1899 por primera vez un coche eléctrico superó los 100 km/h, pilotado por el belga Camille Jenatzy. El futuro de este vehículo parecía incuestionable, a pesar de su alto precio.

Segundo problema

1908 fue un año fatídico para el avance de los eléctricos y la culpa la tuvo una persona que se iba a convertir en uno de los protagonistas de ese siglo: Henry Ford, de cuya mano aparece el primer coche con motor de combustión fabricado en serie, el popular Ford T.

Producir de esta innovadora manera permitió reducir los precios y fabricar muchas versiones al mismo tiempo. Por si fuera poco, la invención del arranque electrónico para los motores de combustión –en lugar de mediante manivela–, fue otro clavo en el ataúd del eléctrico. Su popularidad cayó en picado. Era imposible competir por precio, autonomía o prestaciones. Ya no había vuelta atrás. 

En los años en los que convivieron ambas motorizaciones, la elección de una u otra se convertía en una guerra de sexos: ellos preferían el automóvil de combustión por su mayor autonomía y potencia. Ellas, el automóvil eléctrico porque era menos ruidoso, más práctico y limpio. ¿Quienes eran las adelantadas a su tiempo?

Aunque nunca murió del todo, la conciencia medioambiental, la optimización de la autonomía, el confort de marcha, las prestaciones del motor y la reducción de costes de producción lo ponen hoy de nuevo en la senda para convertirse en el coche que enamoró a la sociedad hasta que Henry Ford truncó sus planes.

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