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6 de marzo 2013    /   CINE/TV
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Cuando la belleza se topa con la inteligencia (de bruces)

6 de marzo 2013    /   CINE/TV     por          
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La belleza no está reñida con la inteligencia. Eso es algo que parece obvio cuando uno ve a Silvio Berlusconi. Sin embargo, cada concurso de belleza trata de rebatir este argumento. ¿Es quizá la estulticia un recurso fingido para realzar aún más el atractivo físico de las candidatas? ¿Es cierto que tienen serias carencias intelectuales? ¿Es producto de los atenazantes nervios que produce saber que nadie se acuerda de la segunda chica más bella del mundo?
Lo bueno de este asunto es que hay de todo. Este trivial vital ofrecido en versión vídeo lo-fi repasa todo tipo de parcelas que van desde el existencialismo a las relaciones sociales pasando por la geopolítica y la teoría económica contemporánea. Además, debemos agradecer a estas convocatorias la posibilidad de ver a todo un académico de la Real Academia de la Lengua Española babeando por las mocitas nacionales.
Yo saco claras enseñanzas de estos vídeos. La primera es que lo importante es participar, es decir, el hecho de que sepas o no una respuesta carece de importancia. Hay que contestar. Si ignoras algo, creas, inventas, ideas. Que no te tomen por una de esas personas que cuando no conoce algo lo reconoce.
 

 
Entrega recién salida del horno. En el último concurso de Miss Universo, Miss Venezuela explica qué ley promulgaría y por qué lo haría. LA disertación moral con la que obsequia al respetable es, claro, de su propia cosecha. Por cierto, sabré que alcanzado la cima de mi carrera cuando me contraten como redactor de preguntas de un concurso de belleza.

 
Con tanto follón de «cambia el vestido de noche por el traje de baño», «matízate el maquillaje» o «ponte esta pulsera» es nomral que una deje de saber qué es vestido y qué es complemento. El lío que se monta esta chica es de nota, pero al menos se le percibe buen fondo.
 
Coja un vaso de plástico de litro. Vierta medio de ignorancia y medio de xenofobia y sírvalo bien frío en alguna barra de Carolina del Sur. La conclusión a la que llegará es que fuera de Estados unidos no existen los mapas.

 
Para triunfar no basta con ser bueno. Hay que creérselo. Por eso, no está de más recriminar al jurado cuando se pregunta algo obvio. «¡Muchachos, lo mona que soy ya lo estáis viendo! La inteligencia la podéis deducir por esta respuesta». Más maja…

 
Que no les engañe el festivo ambiente que sugiere el musicón que suena por megafonía. Las misses, como usted o como yo, son personas humanas. Tienen sentimientos. Padecen. Sufren y disfrutan. La representante del Territorio Federal Amazonas es un jueguete roto que se cobija bajo una deslumbrante sonrisa carente de sinceridad.

 
Si creen que todo es mainstream y champán caro están muy equivocados. Al igual que, pongamos, en la música, en los concursos de belleza también hay underground. Por cada Miss Universo hay una Miss Chocó luchando por alcanzar el podio de la perfección estética. Para terminar este sinsentido les dejo una recopilación que incluye algunas respuestas de esas misses que no sabían que existían.
 

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La belleza no está reñida con la inteligencia. Eso es algo que parece obvio cuando uno ve a Silvio Berlusconi. Sin embargo, cada concurso de belleza trata de rebatir este argumento. ¿Es quizá la estulticia un recurso fingido para realzar aún más el atractivo físico de las candidatas? ¿Es cierto que tienen serias carencias intelectuales? ¿Es producto de los atenazantes nervios que produce saber que nadie se acuerda de la segunda chica más bella del mundo?
Lo bueno de este asunto es que hay de todo. Este trivial vital ofrecido en versión vídeo lo-fi repasa todo tipo de parcelas que van desde el existencialismo a las relaciones sociales pasando por la geopolítica y la teoría económica contemporánea. Además, debemos agradecer a estas convocatorias la posibilidad de ver a todo un académico de la Real Academia de la Lengua Española babeando por las mocitas nacionales.
Yo saco claras enseñanzas de estos vídeos. La primera es que lo importante es participar, es decir, el hecho de que sepas o no una respuesta carece de importancia. Hay que contestar. Si ignoras algo, creas, inventas, ideas. Que no te tomen por una de esas personas que cuando no conoce algo lo reconoce.
 

 
Entrega recién salida del horno. En el último concurso de Miss Universo, Miss Venezuela explica qué ley promulgaría y por qué lo haría. LA disertación moral con la que obsequia al respetable es, claro, de su propia cosecha. Por cierto, sabré que alcanzado la cima de mi carrera cuando me contraten como redactor de preguntas de un concurso de belleza.

 
Con tanto follón de «cambia el vestido de noche por el traje de baño», «matízate el maquillaje» o «ponte esta pulsera» es nomral que una deje de saber qué es vestido y qué es complemento. El lío que se monta esta chica es de nota, pero al menos se le percibe buen fondo.
 
Coja un vaso de plástico de litro. Vierta medio de ignorancia y medio de xenofobia y sírvalo bien frío en alguna barra de Carolina del Sur. La conclusión a la que llegará es que fuera de Estados unidos no existen los mapas.

 
Para triunfar no basta con ser bueno. Hay que creérselo. Por eso, no está de más recriminar al jurado cuando se pregunta algo obvio. «¡Muchachos, lo mona que soy ya lo estáis viendo! La inteligencia la podéis deducir por esta respuesta». Más maja…

 
Que no les engañe el festivo ambiente que sugiere el musicón que suena por megafonía. Las misses, como usted o como yo, son personas humanas. Tienen sentimientos. Padecen. Sufren y disfrutan. La representante del Territorio Federal Amazonas es un jueguete roto que se cobija bajo una deslumbrante sonrisa carente de sinceridad.

 
Si creen que todo es mainstream y champán caro están muy equivocados. Al igual que, pongamos, en la música, en los concursos de belleza también hay underground. Por cada Miss Universo hay una Miss Chocó luchando por alcanzar el podio de la perfección estética. Para terminar este sinsentido les dejo una recopilación que incluye algunas respuestas de esas misses que no sabían que existían.
 

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