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4 de agosto 2016    /   BUSINESS
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Cuando los escritores se ponen a parir

4 de agosto 2016    /   BUSINESS     por          
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Cuando murió Francisco Umbral, Arturo Pérez Reverte recibió una llamada de pésame que no tenía ningún sentido. Los dos maestros de la literatura habían protagonizado un duelo literario de los que ya no quedan. Se habían destripado el uno al otro en varios artículos de prensa. Sin piedad, buscando la sangre. Mientras Reverte preparaba el ataque contra el autor de Las ninfas, confesaba: «Ver entrar en danza a Francisco Umbral me ha hecho, lo confieso, gotear gozosamente el colmillo». Sin embargo, cuando el escritor Montero Glez telefoneó al padre del capitán Alatriste, este respondió: «Has entendido de qué va esto, Montero, has entendido de qué va esto».

La anécdota muestra que, en el fondo de la animadversión, entre dos escritores hay un poso de identificación. Cuando un autor golpea a otro lo hace siempre con el canto de sus libros. En el menosprecio o la crítica no habita sólo la pretensión de achicar el prestigio del contrario, sino también una necesidad, unas veces mejor disimulada que otras, de hacer prevalecer la obra propia y el concepto propio de ‘lo literario’. Umbral tachó a Pérez Reverte de ser aburrido y de no tener estilo, y este le devolvió el bofetón acusándolo de plagio: «Las novelas de Francisco Umbral me parecen divertidísimas, pues paso muy buenos ratos subrayando en ellas párrafos y asuntos ajenos».

También Roberto Bolaño se ensañó con Isabel Allende, Bukowski con Shakespeare, Lope de Vega con Cervantes, Góngora con Quevedo o Nabokov con Tolstoi. El blog Neorrabioso, creado y gestionado por el poeta Batania, recoge en la sección Troyas literarias cientos de enfrentamientos entre maestros de la narrativa y la poesía. Los lanzamientos de cuchillos no siempre se gestan en el terreno literario: «Una gran parte de las Troyas literarias que he publicado tienen que ver más con rencillas extraliterarias. ‘Ahora que ya no me caes bien, tampoco me gusta tu obra’, es una máxima no escrita que se cumple todos los días en este mundillo», dice Batania.

Las rencillas no se ven con buenos ojos en la actualidad. La piel del lector se ha sensibilizado mucho. El mínimo comentario crítico puede despertar una ola de hooliganismo en las redes sociales. En un mundo en el que parte de la identidad personal se define a partir de exponer los propios gustos, cualquier ataque a estos se transforma en una agresión, en algo punible. En cuanto aparece un comentario con malicia o sorna sobre una obra, se produce una exaltación general: los usuarios piden moderación y solicitan que las críticas sean constructivas. Batania se revela contra este criterio: «Es que no tiene por qué ser constructiva, basta con que sea natural. Cuando criticamos a Obama o a Putin nadie trata de ser ‘constructivo’, no entiendo por qué a la literatura sí se le exige. Otra cosa es que la crítica debería ser respetuosa con el autor. Pero al libro no hace falta respetarlo porque si es malo, te ha hecho perder un tiempo y un dinero que podrías haber dedicado a uno bueno».

escritores se ponen a parir

Batania cree que, ahora, la crítica se ve con peores ojos que en otras épocas porque «se ha impuesto el mercado y el mercado no quiere que haya una crítica a unos productos que no se lanzan en razón de su calidad, sino por sus ventas potenciales».

Lejos de perjudicar los valores artísticos, la inquina y la mala uva han dado lugar a joyas de la creación. «Las mejores son las de Quevedo, Umbral y Juan Ramón Jiménez». Este último, dueño y señor de la ‘poesía pura’, y siempre bien escondido en algún sanatorio, se despachaba a gusto contra sus contemporáneos. El autor de Diario de un poeta recién casado soltaba perlas como estas: «¿Azorín? Buen sinvergüenza es Azorín. Un vendido. ¿Y Unamuno? Un genuflexo. ¿Y el delicado poeta Antonio Machado? Un hombre que vivía en medio de la mugre. Como nunca en la vida se había descalzado, la suela y las plantas de los pies se le habían unido. Estaba herrado y caminaba como un ánade».

Aunque él también recibió de vuelta buenos empellones. Las generaciones más jóvenes, que nadaban en el surrealismo, vieron en el poeta al patriarca que había que aniquilar según los postulados de Freud. Salvador Dalí y Luis Buñuel le enviaron una carta que intentaba ser un escupitajo en la cara: «Nos creemos en el deber de decirle –sí, desinteresadamente- que su obra nos repugna profundamente por inmoral, por histérica, por cadavérica, por arbitraria… ¡¡MERDE!! Para su Platero y yo, para su fácil y mal intencionado Platero y yo, el burro menos burro, el burro con que nos hemos tropezado».

Las buena crítica sirve, como opina Batania, para restaurar la justicia: «Si hay honradez, arroja luz sobre las obras comentadas o ayuda a establecer una jerarquía de valores que es necesaria mientras el mundo de la literatura sea piramidal, con autores que llegan a las librerías y otros que se quedan fuera; con gente que gana premios y otra que nunca los gana».

Batania también recoge halagos entre escritores en la sección Arcadia literaria, sin embargo, reconoce que «los halagos suelen tener menos calidad, seguramente porque son más fáciles y se escriben más rápido. Una crítica, en cambio, te la piensas más y te sale mejor escrita: el mejor elogio a Neruda se lo hizo Octavio Paz y también la peor crítica».

escritores ponen a parir

Octavio Paz -que, a su vez, también resultó blanco de la pluma de Trapiello, Umbral o Bolaño- dijo de Pablo Neruda que era «el poeta más amplio, hondo y humano de su generación (…) el más intenso, ora desgarrador, ora risueño, a un tiempo simple y misterioso. Un poeta inmenso». Y que «en cada uno de sus poemas, aun en los menos afortunados, hay líneas que son relámpagos de verdad». Sin embargo, el mexicano descerrajó también un disparo certero contra el chileno: «A Neruda lo perjudicaron la ideología y la abundancia. (…) Fue un ídolo [comunista] o, más exactamente un mito. Pero los mitos tienden fatalmente al estereotipo y Neruda no escapó a la estatua de cartón. (…) En cuanto a la abundancia: lo dañó porque le hizo confundir la facilidad con la inspiración».

Batania tiene 42 años y buscó trabajo como conserje nocturno para poder leer y escribir compulsivamente. El blog Neorrabioso nació en 2008 como un lugar en el que publicar sus propios escritos. Su creador se percató de que la única forma de que lo leyeran era dejar comentarios en otros blogs y así lo hacía a pesar de los perjuicios que, según asegura, causa esta forma de actuar en un escritor joven. «Un poeta tiene que leer  a los clásicos, no a la mierda de sus contemporáneos. Por cada gota de fulano, tengo que leerme diez gotas de Vallejo, y por cada gota de mengana, tengo que leerme diez gotas de Idea Vilariño», confiesa.

Para superar esta disyuntiva decidió sobornar al usuario: «Le digo al lector: ‘Yo te ofrezco el blog literario más divertido que te puedas imaginar y, luego, tú decides si además lees mi mierda’». El sistema ha resultado muy alimenticio: «Me lo paso bomba haciendo el blog porque tengo que leer cientos de diarios, libros de memorias, biografías, ensayos, correspondencia y libros de entrevistas y conversaciones». En un solo día puede llegar a zamparse más de 200 folios.

De modo que Neorrabioso hace trampa y ofrece contenidos que tienen un aire de morbosidad y espectáculo, pero que, en el fondo, nunca abandonan lo estrictamente literario. Fue precisamente en el Siglo de Oro cuando los poetas y creadores se enzarzaban con mayor frecuencia. «Las épocas de mayor brillantez literaria también han sido las más propicias a la crítica y al insulto», concluye Batania.

Además, el deslenguamiento ayuda a los escritores a sobrevivir. Si algo es irreprimible en ellos es el ego –se articule como se articule- y el apuñalamiento verbal les sirve para desahogar demonios y desquitarse. Lo importante es que los duelos queden en el papel y que no le ocurra a nadie lo que a Aleksandr Pushkin, que confundió su vida con la página de un poema y acabó tiroteado después de un duelo. Se había batido en 21 combates a muerte. Los motivos cada vez importaban menos.

Cuando murió Francisco Umbral, Arturo Pérez Reverte recibió una llamada de pésame que no tenía ningún sentido. Los dos maestros de la literatura habían protagonizado un duelo literario de los que ya no quedan. Se habían destripado el uno al otro en varios artículos de prensa. Sin piedad, buscando la sangre. Mientras Reverte preparaba el ataque contra el autor de Las ninfas, confesaba: «Ver entrar en danza a Francisco Umbral me ha hecho, lo confieso, gotear gozosamente el colmillo». Sin embargo, cuando el escritor Montero Glez telefoneó al padre del capitán Alatriste, este respondió: «Has entendido de qué va esto, Montero, has entendido de qué va esto».

La anécdota muestra que, en el fondo de la animadversión, entre dos escritores hay un poso de identificación. Cuando un autor golpea a otro lo hace siempre con el canto de sus libros. En el menosprecio o la crítica no habita sólo la pretensión de achicar el prestigio del contrario, sino también una necesidad, unas veces mejor disimulada que otras, de hacer prevalecer la obra propia y el concepto propio de ‘lo literario’. Umbral tachó a Pérez Reverte de ser aburrido y de no tener estilo, y este le devolvió el bofetón acusándolo de plagio: «Las novelas de Francisco Umbral me parecen divertidísimas, pues paso muy buenos ratos subrayando en ellas párrafos y asuntos ajenos».

También Roberto Bolaño se ensañó con Isabel Allende, Bukowski con Shakespeare, Lope de Vega con Cervantes, Góngora con Quevedo o Nabokov con Tolstoi. El blog Neorrabioso, creado y gestionado por el poeta Batania, recoge en la sección Troyas literarias cientos de enfrentamientos entre maestros de la narrativa y la poesía. Los lanzamientos de cuchillos no siempre se gestan en el terreno literario: «Una gran parte de las Troyas literarias que he publicado tienen que ver más con rencillas extraliterarias. ‘Ahora que ya no me caes bien, tampoco me gusta tu obra’, es una máxima no escrita que se cumple todos los días en este mundillo», dice Batania.

Las rencillas no se ven con buenos ojos en la actualidad. La piel del lector se ha sensibilizado mucho. El mínimo comentario crítico puede despertar una ola de hooliganismo en las redes sociales. En un mundo en el que parte de la identidad personal se define a partir de exponer los propios gustos, cualquier ataque a estos se transforma en una agresión, en algo punible. En cuanto aparece un comentario con malicia o sorna sobre una obra, se produce una exaltación general: los usuarios piden moderación y solicitan que las críticas sean constructivas. Batania se revela contra este criterio: «Es que no tiene por qué ser constructiva, basta con que sea natural. Cuando criticamos a Obama o a Putin nadie trata de ser ‘constructivo’, no entiendo por qué a la literatura sí se le exige. Otra cosa es que la crítica debería ser respetuosa con el autor. Pero al libro no hace falta respetarlo porque si es malo, te ha hecho perder un tiempo y un dinero que podrías haber dedicado a uno bueno».

escritores se ponen a parir

Batania cree que, ahora, la crítica se ve con peores ojos que en otras épocas porque «se ha impuesto el mercado y el mercado no quiere que haya una crítica a unos productos que no se lanzan en razón de su calidad, sino por sus ventas potenciales».

Lejos de perjudicar los valores artísticos, la inquina y la mala uva han dado lugar a joyas de la creación. «Las mejores son las de Quevedo, Umbral y Juan Ramón Jiménez». Este último, dueño y señor de la ‘poesía pura’, y siempre bien escondido en algún sanatorio, se despachaba a gusto contra sus contemporáneos. El autor de Diario de un poeta recién casado soltaba perlas como estas: «¿Azorín? Buen sinvergüenza es Azorín. Un vendido. ¿Y Unamuno? Un genuflexo. ¿Y el delicado poeta Antonio Machado? Un hombre que vivía en medio de la mugre. Como nunca en la vida se había descalzado, la suela y las plantas de los pies se le habían unido. Estaba herrado y caminaba como un ánade».

Aunque él también recibió de vuelta buenos empellones. Las generaciones más jóvenes, que nadaban en el surrealismo, vieron en el poeta al patriarca que había que aniquilar según los postulados de Freud. Salvador Dalí y Luis Buñuel le enviaron una carta que intentaba ser un escupitajo en la cara: «Nos creemos en el deber de decirle –sí, desinteresadamente- que su obra nos repugna profundamente por inmoral, por histérica, por cadavérica, por arbitraria… ¡¡MERDE!! Para su Platero y yo, para su fácil y mal intencionado Platero y yo, el burro menos burro, el burro con que nos hemos tropezado».

Las buena crítica sirve, como opina Batania, para restaurar la justicia: «Si hay honradez, arroja luz sobre las obras comentadas o ayuda a establecer una jerarquía de valores que es necesaria mientras el mundo de la literatura sea piramidal, con autores que llegan a las librerías y otros que se quedan fuera; con gente que gana premios y otra que nunca los gana».

Batania también recoge halagos entre escritores en la sección Arcadia literaria, sin embargo, reconoce que «los halagos suelen tener menos calidad, seguramente porque son más fáciles y se escriben más rápido. Una crítica, en cambio, te la piensas más y te sale mejor escrita: el mejor elogio a Neruda se lo hizo Octavio Paz y también la peor crítica».

escritores ponen a parir

Octavio Paz -que, a su vez, también resultó blanco de la pluma de Trapiello, Umbral o Bolaño- dijo de Pablo Neruda que era «el poeta más amplio, hondo y humano de su generación (…) el más intenso, ora desgarrador, ora risueño, a un tiempo simple y misterioso. Un poeta inmenso». Y que «en cada uno de sus poemas, aun en los menos afortunados, hay líneas que son relámpagos de verdad». Sin embargo, el mexicano descerrajó también un disparo certero contra el chileno: «A Neruda lo perjudicaron la ideología y la abundancia. (…) Fue un ídolo [comunista] o, más exactamente un mito. Pero los mitos tienden fatalmente al estereotipo y Neruda no escapó a la estatua de cartón. (…) En cuanto a la abundancia: lo dañó porque le hizo confundir la facilidad con la inspiración».

Batania tiene 42 años y buscó trabajo como conserje nocturno para poder leer y escribir compulsivamente. El blog Neorrabioso nació en 2008 como un lugar en el que publicar sus propios escritos. Su creador se percató de que la única forma de que lo leyeran era dejar comentarios en otros blogs y así lo hacía a pesar de los perjuicios que, según asegura, causa esta forma de actuar en un escritor joven. «Un poeta tiene que leer  a los clásicos, no a la mierda de sus contemporáneos. Por cada gota de fulano, tengo que leerme diez gotas de Vallejo, y por cada gota de mengana, tengo que leerme diez gotas de Idea Vilariño», confiesa.

Para superar esta disyuntiva decidió sobornar al usuario: «Le digo al lector: ‘Yo te ofrezco el blog literario más divertido que te puedas imaginar y, luego, tú decides si además lees mi mierda’». El sistema ha resultado muy alimenticio: «Me lo paso bomba haciendo el blog porque tengo que leer cientos de diarios, libros de memorias, biografías, ensayos, correspondencia y libros de entrevistas y conversaciones». En un solo día puede llegar a zamparse más de 200 folios.

De modo que Neorrabioso hace trampa y ofrece contenidos que tienen un aire de morbosidad y espectáculo, pero que, en el fondo, nunca abandonan lo estrictamente literario. Fue precisamente en el Siglo de Oro cuando los poetas y creadores se enzarzaban con mayor frecuencia. «Las épocas de mayor brillantez literaria también han sido las más propicias a la crítica y al insulto», concluye Batania.

Además, el deslenguamiento ayuda a los escritores a sobrevivir. Si algo es irreprimible en ellos es el ego –se articule como se articule- y el apuñalamiento verbal les sirve para desahogar demonios y desquitarse. Lo importante es que los duelos queden en el papel y que no le ocurra a nadie lo que a Aleksandr Pushkin, que confundió su vida con la página de un poema y acabó tiroteado después de un duelo. Se había batido en 21 combates a muerte. Los motivos cada vez importaban menos.

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  • Yo recuerdo una muy conocida: Rubén Darío decía de Pío Baroja: «Es un escritor de mucha miga, Baroja: se nota que ha sido panadero», y este último habría contraatacado con la frase: «Darío es escritor de mucha pluma: se nota que es indio».

  • Me resulto muy interesante, bien narrado y triste a la vez, me trajo algunos recuerdos, salvando las diferencia de «calidad» de escritores, alguna guerra vivida en el 2003 que aun lamento, ya nunca nos volvimos a tratar con un escritor español y la gente de toda esa red, me retiré para no seguir confrontando y perdí amistades que aunque virtuales valoraba mucho. Muy bueno el artículo. Gracias.

  • Ocurre en todas las facetas de la sociedad, véase: Messi, Ronaldo, rivales dentro y fuera del campo, y no me refería a los dos ídolos en concreto sino a las dos legiones de seguidores que son incapaces de ver la calidad del contrario. Y así ocurre en todos los campos: política, cultura , finanzas(aunque el capital mucho se cuida de que la sangre no llegue al río), fiesta taurina (cuantos duelos), de ahí el refrán «Nadie fue profeta en su tierra». Y así podríamos seguir llenando folios y folios.

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