fbpx
11 de mayo 2017    /   DIGITAL
por
 

Tu cantante preferido tiene una cuenta secreta en Twitter (y nunca la vas a encontrar)

11 de mayo 2017    /   DIGITAL     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Cuentan que, durante una época, Paul McCartney se registraba en los hoteles bajo el nombre de Paul Ramon. Bueno, cuentan: lo ha reconocido él mismo, que recuerda que George Harrison, John Lennon y Stuart Sutcliffe hacían lo propio con Carl Harrison (un tributo a Carl Perkins), Long John y Stuart de Stäel, respectivamente. Lo suyo no era tanto protección como excentricidad. «Ahora que éramos verdaderamente profesionales podíamos hacer algo a lo que le habíamos estado dando vueltas durante un tiempo: cambiar nuestros nombres por otros más del mundo del espectáculo”. Si los Beatles hubieran nacido en 2005, McCartney se abriría una cuenta falsa para tuitear en secreto. Seguro.

No es tan ciencia ficción como parece. Este mismo año, la británica Adele infartó a su agencia y activó el departamento de investigación fan al reconocer en un concierto en Australia que dispone de una cuenta secreta para poder tuitear borracha. «Estaba mirando Twitter la otra noche…», dijo al público de Brisbane, al que le explicó que no le permiten acceder a su propia cuenta de Twitter porque es «bastante bocazas»; si a esa ecuación le añadimos la variante de la Adele de hace años, alcohólica confesa, el resultado es bastante previsible. «Cuando surgió Twitter practicaba el drunk tweeting y estuve a punto de meter la pata en varias ocasiones», explicó también en una entrevista en BBC.

La realidad entonces en Twitter es la siguiente: por un lado hay una cuenta oficial —con 28 millones de seguidores— a la que la cantante, en el mejor de los casos, tiene acceso previo filtro de un par de apparatchiks de su agencia, mientras, por otro lado, Adele lee y tuitea secreta y tranquilamente desde un perfil anónimo que seguramente tenga menos seguidores que tú. Esto no hay cabeza que lo resista. Por supuesto, Adele no es la única. Jim Parsons, el actor que interpreta a Sheldon Cooper en The Big Bang Theory, reconoció hace años en una entrevista que se mueve en Twitter bajo un seudónimo para leer sobre deportes y política —y para dirigirse a deportistas famosos sin que sepan quién es—.

¿Los famosos tienen cuentas secretas en Facebook? La gente se lo está preguntando, aunque la propia pregunta en sí es una especiota de tal nivel que desacredita a quien la formula, pero esa gente existe. Al menos en Quora, serio competidor de Yahoo! Respuestas como proveedor lisérgico de surrealismo. «Si son secretas, ¿cómo lo íbamos a saber?». Bien, todo en orden: eso significa que, salvo que el mismo famoso en cuestión lo reconozca en público, todo se reduce a especulaciones conspiranoicas con más o menos fundamento.

Entre las teorías, las hay con más o menos fundamentos que sostienen la investigación. El caso de Beyoncé, por ejemplo, requiere de fe, pero no sería descabellado pensar que tiene una cuenta secreta en Snapchat en tanto cuanto subió un vídeo a Instagram con un filtro que solo se encuentra en la competencia. El de LeAnn Rimes, por ejemplo, ya necesita de más ganas de creer que Mulder. Existe amplia literatura online al respecto de que la cantante y actriz utilizaba una cuenta falsa para lanzar insidias sobre Brandi Glanville, la exmujer de su pareja. En su momento, hubo incluso quien le pidió a aquel usuario que tuiteara mientras LeAnn Rimes estaba dando un concierto para demostrar que no eran la misma persona; no tuvo respuesta.

Algo similar sucedió con la supuesta cuenta secreta de Amanda Bynes. Las especulaciones al respecto de que el usuario persiannyc27 era ella misma porque utilizaba el mismo lenguaje, la actriz tenía 27 años cuando se abrió la cuenta y ambas empleaban el mismo servicio de tweet-longer llegó a tal nivel que el perfil tiene hoy más de 12.000 seguidores y hasta le salieron cuentas fakes a la cuenta fake.

Actores, actrices y cantantes no son los únicos que se asoman a las redes sociales desde perfiles anónimos. Que le pregunten al recientemente agraciado con la patada de Donald Trump. Hace solo un mes, el ya exdirector del FBI, James Comey, aseguró en una conferencia sobre inteligencia y seguridad nacional que tenía cuentas secretas en Twitter e Instagram solo para familiares y amigos cercanos. «Me preocupa sumamente la privacidad, la valoro. Tengo una cuenta en Instagram con nueve seguidores», explicó Comey, que además reconoció que tenía que estar en Twitter.

Con esa información, la periodista Ashley Feinberg consiguió encontrar la cuenta secreta de Comey en Instagram tras rastrear la red social hasta encontrar a su hijo y, más tarde, utilizar una aplicación que sugiere perfiles a seguir. «Valoro mi privacidad y la seguridad en internet: mi trabajo es la seguridad pública», dijo en la conferencia, y entonces Feinberg llegó hasta la más que posible cuenta secreta del funcionario en Twitter.

Una serie de divertidas coincidencias apuntalan la teoría de que Reinhold Niebuhr (@projectexile7) es la cuenta (privada y) secreta de Comey: emplea el mismo nombre que su cuenta de Instagram —homenaje a un teólogo sobre el que escribió su tesis en la universidad—, el usuario coincide con un programa federal en el que participó hace años; su único seguidor entonces —hoy tiene casi de 8.000— era un reconocido amigo suyo y entre sus favoritos se repartían likes a tuits sobre el propio Comey.

Cuentan que, durante una época, Paul McCartney se registraba en los hoteles bajo el nombre de Paul Ramon. Bueno, cuentan: lo ha reconocido él mismo, que recuerda que George Harrison, John Lennon y Stuart Sutcliffe hacían lo propio con Carl Harrison (un tributo a Carl Perkins), Long John y Stuart de Stäel, respectivamente. Lo suyo no era tanto protección como excentricidad. «Ahora que éramos verdaderamente profesionales podíamos hacer algo a lo que le habíamos estado dando vueltas durante un tiempo: cambiar nuestros nombres por otros más del mundo del espectáculo”. Si los Beatles hubieran nacido en 2005, McCartney se abriría una cuenta falsa para tuitear en secreto. Seguro.

No es tan ciencia ficción como parece. Este mismo año, la británica Adele infartó a su agencia y activó el departamento de investigación fan al reconocer en un concierto en Australia que dispone de una cuenta secreta para poder tuitear borracha. «Estaba mirando Twitter la otra noche…», dijo al público de Brisbane, al que le explicó que no le permiten acceder a su propia cuenta de Twitter porque es «bastante bocazas»; si a esa ecuación le añadimos la variante de la Adele de hace años, alcohólica confesa, el resultado es bastante previsible. «Cuando surgió Twitter practicaba el drunk tweeting y estuve a punto de meter la pata en varias ocasiones», explicó también en una entrevista en BBC.

La realidad entonces en Twitter es la siguiente: por un lado hay una cuenta oficial —con 28 millones de seguidores— a la que la cantante, en el mejor de los casos, tiene acceso previo filtro de un par de apparatchiks de su agencia, mientras, por otro lado, Adele lee y tuitea secreta y tranquilamente desde un perfil anónimo que seguramente tenga menos seguidores que tú. Esto no hay cabeza que lo resista. Por supuesto, Adele no es la única. Jim Parsons, el actor que interpreta a Sheldon Cooper en The Big Bang Theory, reconoció hace años en una entrevista que se mueve en Twitter bajo un seudónimo para leer sobre deportes y política —y para dirigirse a deportistas famosos sin que sepan quién es—.

¿Los famosos tienen cuentas secretas en Facebook? La gente se lo está preguntando, aunque la propia pregunta en sí es una especiota de tal nivel que desacredita a quien la formula, pero esa gente existe. Al menos en Quora, serio competidor de Yahoo! Respuestas como proveedor lisérgico de surrealismo. «Si son secretas, ¿cómo lo íbamos a saber?». Bien, todo en orden: eso significa que, salvo que el mismo famoso en cuestión lo reconozca en público, todo se reduce a especulaciones conspiranoicas con más o menos fundamento.

Entre las teorías, las hay con más o menos fundamentos que sostienen la investigación. El caso de Beyoncé, por ejemplo, requiere de fe, pero no sería descabellado pensar que tiene una cuenta secreta en Snapchat en tanto cuanto subió un vídeo a Instagram con un filtro que solo se encuentra en la competencia. El de LeAnn Rimes, por ejemplo, ya necesita de más ganas de creer que Mulder. Existe amplia literatura online al respecto de que la cantante y actriz utilizaba una cuenta falsa para lanzar insidias sobre Brandi Glanville, la exmujer de su pareja. En su momento, hubo incluso quien le pidió a aquel usuario que tuiteara mientras LeAnn Rimes estaba dando un concierto para demostrar que no eran la misma persona; no tuvo respuesta.

Algo similar sucedió con la supuesta cuenta secreta de Amanda Bynes. Las especulaciones al respecto de que el usuario persiannyc27 era ella misma porque utilizaba el mismo lenguaje, la actriz tenía 27 años cuando se abrió la cuenta y ambas empleaban el mismo servicio de tweet-longer llegó a tal nivel que el perfil tiene hoy más de 12.000 seguidores y hasta le salieron cuentas fakes a la cuenta fake.

Actores, actrices y cantantes no son los únicos que se asoman a las redes sociales desde perfiles anónimos. Que le pregunten al recientemente agraciado con la patada de Donald Trump. Hace solo un mes, el ya exdirector del FBI, James Comey, aseguró en una conferencia sobre inteligencia y seguridad nacional que tenía cuentas secretas en Twitter e Instagram solo para familiares y amigos cercanos. «Me preocupa sumamente la privacidad, la valoro. Tengo una cuenta en Instagram con nueve seguidores», explicó Comey, que además reconoció que tenía que estar en Twitter.

Con esa información, la periodista Ashley Feinberg consiguió encontrar la cuenta secreta de Comey en Instagram tras rastrear la red social hasta encontrar a su hijo y, más tarde, utilizar una aplicación que sugiere perfiles a seguir. «Valoro mi privacidad y la seguridad en internet: mi trabajo es la seguridad pública», dijo en la conferencia, y entonces Feinberg llegó hasta la más que posible cuenta secreta del funcionario en Twitter.

Una serie de divertidas coincidencias apuntalan la teoría de que Reinhold Niebuhr (@projectexile7) es la cuenta (privada y) secreta de Comey: emplea el mismo nombre que su cuenta de Instagram —homenaje a un teólogo sobre el que escribió su tesis en la universidad—, el usuario coincide con un programa federal en el que participó hace años; su único seguidor entonces —hoy tiene casi de 8.000— era un reconocido amigo suyo y entre sus favoritos se repartían likes a tuits sobre el propio Comey.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Tú puedes derrocar a un gobierno
El nuevo periodismo se cuenta en realidad virtual
Evita el Síndrome de las Zombie Apps y ármate contra ellas
Ser un early «abandoner» es una opción
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *