18 diciembre, 2018    /   CINE/TV
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‘El cuento de la criada’ (temporada 2): Serena, la redención de una villana

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Toma a un personaje poderoso y cruel, muéstralo vulnerable, abandonado, herido, humillado… y el público se compadecerá de él, olvidará sus crímenes. El trabajo de los guionistas de El cuento de la criada (Hulu/HBO) con Serena Joy es un ejemplo.

En la segunda temporada, la señora Waterford pasó de la villanía a la redención con un cruel intermedio. Un proceso en los cuatro últimos capítulos.

Villanía

En la primera temporada Serena parecía movida por un único propósito: ser madre. Para conseguirlo apuntaló el texto de la constitución de Gilead (1×06). Es artífice –con su marido– de la reeducación de las mujeres y las violaciones rituales a fin de asegurarse un hijo. (Olvidaremos esto durante la segunda temporada. Es la magia de la narrativa audiovisual: la memoria del público es saboteada por la sucesión de imágenes. El presente se impone).

El ansia por ser madre parece mitigar su frustración por ser excluida del Gobierno del que es ideóloga. Ansia que no le deja espacio para el remordimiento por su crueldad contra June.

Maltrato

Avanzada la segunda temporada, conocemos mejor a Serena Joy: su odio a la costura (símbolo de la sumisión a Gilead) y su creciente descontento. La creemos valiente usurpando la figura y la firma del comandante convaleciente (2×08). June la ve con otros ojos:

«Puede que en otra vida hubiéramos sido colegas, pero en esta somos herejes. Yo ya estaba en la lista de las niñas malas (…), pero me parece que esto es territorio inexplorado para Serena», se dice June. La verdadera protagonista se aferra a un nosotras-contra-el-mundo (contra Dios, contra los hombres).

June recibe a cambio una caja de música y una flor. Se siente agradecida –pensamiento sincero porque es íntimo– y añora el trabajo intelectual con la señora Waterford.

La imagen de Serena atravesada por el sol establece un paralelismo con la de June en su cuarto que abre la serie.

El idilio entre el público y Serena sigue cuando ella pregunta a June cómo salvar al bebé de Janine y recurre a una doctora en pediatría. Otro atentado contra su esposo y las leyes de la dictadura patriarcal. Atrevimiento por el que Serena recibe cintazos como castigo. La compasión de June hacia Serena corre paralela a la del público.

Durante la paliza no vemos a Serena como ideóloga del régimen ni despiadada matona. Solo como una mujer maltratada. Sentimos por Serena lo mismo que por Cersei desnuda y vilipendiada. Si sintiéramos placer, seríamos monstruos; si indiferencia, máquinas.

Que el comandante sea el agresor –UN HOMBRE– contribuye a que nuestra simpatía por Serena aumente.

Nosotros somos June tras la puerta, impotente, escuchando a Serena llorar.

Humillación

Acompañamos la pena de Serena en Canadá (2×09). Ella es testigo de una vida que destruyó. Amor en la calle, libros, moverse en libertad, el flirteo inocente, los cigarrillos…

Vemos a Serena incómoda cuando el representante de los exiguos Estados Unidos le ofrece la huida. Ella finge que es feliz por orgullo y por el hijo que espera arrebatar a June. La vemos dolida por el desprecio y compasión de las canadienses y las que huyeron de Gilead.

En este punto, los guionistas han seducido al público con la Serena de carne y hueso. Es el momento de preparar el hachazo.

Traición

La primera violación del comandante Waterford (1×01) a June nos sobrecogió. Serena Joy miraba con desprecio a June mientras la aprisionaba por las muñecas.

Las siguientes violaciones no provocaron similar malestar en nosotros. Gilead nos estaba envenenando. Nos acostumbramos los rituales con la fuga mental de June: recuento de flores y lágrimas de la lámpara, y retazos del pasado… Fuga que dibujaba una sonrisa en June. (Algún juez la interpretaría como «innegable expresión relajada, sin asomo de rigidez o tensión»).

(La repetición de la violencia y sus consecuencias adormece los sentimientos del público. Desconectamos con imágenes de atentados en Oriente Próximo y los anuncios de niños que mueren de hambre).

La violación del comandante Waterford a June para acelerar el parto (2×10) alteró nuestro espíritu. Fue gráfica. No hubo evasión mental. Y nos dolió que Serena fuera la instigadora cegada por la idea de ser madre.

«Dejé atrás mi carrera con un solo propósito: que me dieras un hijo», dice Serena al comandante.

Traición a June y al público. Sin embargo, la redención aguarda.

Redención

La ejecución de Eden, la esposa de Nick, por adulterio destroza a Serena. La confesión del padre de Eden de que entregó a su hija a las autoridades abre los ojos de Serena. El bebé no será feliz en un mundo donde los hombres entregan las hijas a los verdugos.

El momento en el que permite que June amamante al bebé, impensable escenas atrás, la reconcilian con el público. La pérdida de un dedo por leer la Biblia ante los gobernantes nos la devuelve vulnerable.

Cuando Serena permite la huida de June con el bebé se completa su redención. La villana ha comprendido qué es la maternidad: no es la posesión de un hijo, sino el sacrificio por él.

Toma a un personaje poderoso y cruel, muéstralo vulnerable, abandonado, herido, humillado… y el público se compadecerá de él, olvidará sus crímenes. El trabajo de los guionistas de El cuento de la criada (Hulu/HBO) con Serena Joy es un ejemplo.

En la segunda temporada, la señora Waterford pasó de la villanía a la redención con un cruel intermedio. Un proceso en los cuatro últimos capítulos.

Villanía

En la primera temporada Serena parecía movida por un único propósito: ser madre. Para conseguirlo apuntaló el texto de la constitución de Gilead (1×06). Es artífice –con su marido– de la reeducación de las mujeres y las violaciones rituales a fin de asegurarse un hijo. (Olvidaremos esto durante la segunda temporada. Es la magia de la narrativa audiovisual: la memoria del público es saboteada por la sucesión de imágenes. El presente se impone).

El ansia por ser madre parece mitigar su frustración por ser excluida del Gobierno del que es ideóloga. Ansia que no le deja espacio para el remordimiento por su crueldad contra June.

Maltrato

Avanzada la segunda temporada, conocemos mejor a Serena Joy: su odio a la costura (símbolo de la sumisión a Gilead) y su creciente descontento. La creemos valiente usurpando la figura y la firma del comandante convaleciente (2×08). June la ve con otros ojos:

«Puede que en otra vida hubiéramos sido colegas, pero en esta somos herejes. Yo ya estaba en la lista de las niñas malas (…), pero me parece que esto es territorio inexplorado para Serena», se dice June. La verdadera protagonista se aferra a un nosotras-contra-el-mundo (contra Dios, contra los hombres).

June recibe a cambio una caja de música y una flor. Se siente agradecida –pensamiento sincero porque es íntimo– y añora el trabajo intelectual con la señora Waterford.

La imagen de Serena atravesada por el sol establece un paralelismo con la de June en su cuarto que abre la serie.

El idilio entre el público y Serena sigue cuando ella pregunta a June cómo salvar al bebé de Janine y recurre a una doctora en pediatría. Otro atentado contra su esposo y las leyes de la dictadura patriarcal. Atrevimiento por el que Serena recibe cintazos como castigo. La compasión de June hacia Serena corre paralela a la del público.

Durante la paliza no vemos a Serena como ideóloga del régimen ni despiadada matona. Solo como una mujer maltratada. Sentimos por Serena lo mismo que por Cersei desnuda y vilipendiada. Si sintiéramos placer, seríamos monstruos; si indiferencia, máquinas.

Que el comandante sea el agresor –UN HOMBRE– contribuye a que nuestra simpatía por Serena aumente.

Nosotros somos June tras la puerta, impotente, escuchando a Serena llorar.

Humillación

Acompañamos la pena de Serena en Canadá (2×09). Ella es testigo de una vida que destruyó. Amor en la calle, libros, moverse en libertad, el flirteo inocente, los cigarrillos…

Vemos a Serena incómoda cuando el representante de los exiguos Estados Unidos le ofrece la huida. Ella finge que es feliz por orgullo y por el hijo que espera arrebatar a June. La vemos dolida por el desprecio y compasión de las canadienses y las que huyeron de Gilead.

En este punto, los guionistas han seducido al público con la Serena de carne y hueso. Es el momento de preparar el hachazo.

Traición

La primera violación del comandante Waterford (1×01) a June nos sobrecogió. Serena Joy miraba con desprecio a June mientras la aprisionaba por las muñecas.

Las siguientes violaciones no provocaron similar malestar en nosotros. Gilead nos estaba envenenando. Nos acostumbramos los rituales con la fuga mental de June: recuento de flores y lágrimas de la lámpara, y retazos del pasado… Fuga que dibujaba una sonrisa en June. (Algún juez la interpretaría como «innegable expresión relajada, sin asomo de rigidez o tensión»).

(La repetición de la violencia y sus consecuencias adormece los sentimientos del público. Desconectamos con imágenes de atentados en Oriente Próximo y los anuncios de niños que mueren de hambre).

La violación del comandante Waterford a June para acelerar el parto (2×10) alteró nuestro espíritu. Fue gráfica. No hubo evasión mental. Y nos dolió que Serena fuera la instigadora cegada por la idea de ser madre.

«Dejé atrás mi carrera con un solo propósito: que me dieras un hijo», dice Serena al comandante.

Traición a June y al público. Sin embargo, la redención aguarda.

Redención

La ejecución de Eden, la esposa de Nick, por adulterio destroza a Serena. La confesión del padre de Eden de que entregó a su hija a las autoridades abre los ojos de Serena. El bebé no será feliz en un mundo donde los hombres entregan las hijas a los verdugos.

El momento en el que permite que June amamante al bebé, impensable escenas atrás, la reconcilian con el público. La pérdida de un dedo por leer la Biblia ante los gobernantes nos la devuelve vulnerable.

Cuando Serena permite la huida de June con el bebé se completa su redención. La villana ha comprendido qué es la maternidad: no es la posesión de un hijo, sino el sacrificio por él.

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