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16 de octubre 2013    /   IDEAS
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Hasta donde las palabras hunden sus raíces

16 de octubre 2013    /   IDEAS     por          
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Hace muchos, muchos siglos,
antes incluso del Imperio Romano y de la civilización griega,
la información viajaba de boca en boca.

Así pasó el conocimiento de generación en generación.
Y así ha ido haciendo avanzar a la humanidad durante toda su historia.

También había textos escritos.
Pero eran muy pocos
y solo accedían a ellos las clases más altas.

En el siglo XV, con la invención de la imprenta de Gutenberg,
la escritura se empieza a extender.

La letra impresa comienza a hacerse más solemne.
Parece que lo escrito es más real que lo oral.

Los libros y las publicaciones alcanzan tiradas cada vez mayores.
El culmen llegará con los medios de comunicación de masas, en el siglo XX.

Los grandes periódicos se hacen tremendamente poderosos.
Ellos deciden qué es la realidad y qué es invisible.
Ellos dictan la conversación mundial.

Pero la tecnología digital dinamita ese nuevo orden de las cosas
que había hecho de los medios de masas
el llamado ‘cuarto poder’.

Los programadores, desde el anonimato de sus habitaciones,
desarrollan tecnologías que pulverizan las puertas blindadas de los grandes medios.

Hoy cada móvil es una cámara y un micrófono.
Cada ordenador es un medio de comunicación.

La información vuelve a sus orígenes.
Solo que esta vez lo hace en formato digital.
Por supuesto hay voces más altas que otras,
pero la hegemonía en la conversación ha muerto.

La información cotidiana,
la conversación en los círculos más próximos
vuelve a ser oral.

La diferencia, hoy, es que está escrita en una red social
y registrada digitalmente para siempre.
Pero la actitud es la misma que hace tantos siglos: oral.

Los optimistas dicen que la libre circulación de la información,
ahora, hace el mundo más democrático.
Los pesimistas dicen que el control absoluto de los datos,
ahora, nos hace más esclavos.

Sea como sea,
este nuevo escenario ha hecho emerger otras voces.
Voces imprescindibles para una aspiración innegociable:
la libertad y diversidad del pensamiento.

Este cuento fue escrito para la conferencia ‘El valor del contenido’, en Apple Tree Bytes.
Imagen de portada: Socrate alla fonte. De Wikimedia Commons

Hace muchos, muchos siglos,
antes incluso del Imperio Romano y de la civilización griega,
la información viajaba de boca en boca.

Así pasó el conocimiento de generación en generación.
Y así ha ido haciendo avanzar a la humanidad durante toda su historia.

También había textos escritos.
Pero eran muy pocos
y solo accedían a ellos las clases más altas.

En el siglo XV, con la invención de la imprenta de Gutenberg,
la escritura se empieza a extender.

La letra impresa comienza a hacerse más solemne.
Parece que lo escrito es más real que lo oral.

Los libros y las publicaciones alcanzan tiradas cada vez mayores.
El culmen llegará con los medios de comunicación de masas, en el siglo XX.

Los grandes periódicos se hacen tremendamente poderosos.
Ellos deciden qué es la realidad y qué es invisible.
Ellos dictan la conversación mundial.

Pero la tecnología digital dinamita ese nuevo orden de las cosas
que había hecho de los medios de masas
el llamado ‘cuarto poder’.

Los programadores, desde el anonimato de sus habitaciones,
desarrollan tecnologías que pulverizan las puertas blindadas de los grandes medios.

Hoy cada móvil es una cámara y un micrófono.
Cada ordenador es un medio de comunicación.

La información vuelve a sus orígenes.
Solo que esta vez lo hace en formato digital.
Por supuesto hay voces más altas que otras,
pero la hegemonía en la conversación ha muerto.

La información cotidiana,
la conversación en los círculos más próximos
vuelve a ser oral.

La diferencia, hoy, es que está escrita en una red social
y registrada digitalmente para siempre.
Pero la actitud es la misma que hace tantos siglos: oral.

Los optimistas dicen que la libre circulación de la información,
ahora, hace el mundo más democrático.
Los pesimistas dicen que el control absoluto de los datos,
ahora, nos hace más esclavos.

Sea como sea,
este nuevo escenario ha hecho emerger otras voces.
Voces imprescindibles para una aspiración innegociable:
la libertad y diversidad del pensamiento.

Este cuento fue escrito para la conferencia ‘El valor del contenido’, en Apple Tree Bytes.
Imagen de portada: Socrate alla fonte. De Wikimedia Commons

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