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5 de noviembre 2014    /   CREATIVIDAD
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La secta suicida del niño sin ojo

5 de noviembre 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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Esa tarde la elegancia llevaba gafas. Apareció al fondo de la calle. Metida en una impoluta camisa blanca y detrás de unas gruesas monturas negras. Era Jose Ja ja ja y se dirigía a un lugar llamado Tipos Infames. Ahí era la cita. Teníamos un asunto pendiente: hablar de Culto Charles.
Pero antes de empezar la conversación se disolvió la noción del tiempo. Jose Ja ja ja es una mixtura de pasado y futuro. Un tipo desprovisto de rutinas del presente. De sus palabras salta una visión adelantada a su tiempo y en sus modos resiste esa atención dandi que hace tiempo se esfumó por la alcantarilla.
Había llegado el momento de hablar de Culto Charles. De la secta. De su líder, A.S. Brandon, y de sus amigos de la Universidad de Stanford (EE UU). De los 3.327 suicidios que se produjeron entre 1960 y 1980 en busca de ‘El paraíso de Charles’.
Ese lugar está entre la vida y la muerte. Es un desvío que el moribundo ha de tomar cuando se produce ese último sueño del que hablan los médicos justo antes de morir.
Esos agujeros negros por donde escapan los fieles de Charles están dibujados en un libro que se corta con navaja. El autor es Jose Ja ja ja y por eso estamos sentados con una botella de agua y un refresco con gas. Lo ha publicado Fulgencio Pimentel y se titula Culto Charles. Hay 500 en todo el mundo. Tan solo 500 ejemplares que muestran a ese niño que encontró un perro en la calle, lo llamó Charles y lo convirtió en su mejor y único amigo. De ese niño que se quedó tuerto y arrancó un ojo al perro para hacer su amistad en estéreo. De ese niño que, de mayor, se convirtió en A.S. Brandon.
—¿Todo es verdad o todo es mentira?
—Todo es inventado.
La historia del poeta que creó una secta suicida es la excusa para dar coherencia a un libro que muestra varias formas de morir. «El primer relato es de un tipo en un ascensor. Después pensé hacer más del mismo tipo. Leí que unos científicos decían que soñamos antes de morir. Ese era un buen argumento para unirlas todas y así inventé la secta», explica el artista. «Es casi como un archivo policial. No hay unión entre las historias. Lo hice con la idea de falso documental».
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Si es fantasía o realidad es lo de menos. Lo que importa es que es una historia, y una historia puede llevar muy lejos. Tanto adonde la imaginación sea capaz de escapar. «El lector puede crear otras historias. Lo dejo todo en el aire. Que cada uno construya la suya».
Esa es la palabra que utiliza Ja ja ja para citar sus obras. No habla de ‘novelas gráficas’, ni de ‘tebeos’, ni de ‘cómics’. Esos términos reclutan a sus espaldas bandos a favor y en contra. El dibujante prefiere hablar de ‘historias’ y ahí acaba su posición política.
El origen de la secta del niño que dejó tuerto al perro está en una pintura persa del siglo XVI. Jose Ja ja ja la vio en la British Library, en Londres, y quedó admirado al descubrir que «una sola ilustración podía contar una historia en el tiempo». El artista decidió hacer lo mismo en versión contemporánea. «Quise retomar la idea de los retablos bíblicos. En el retablo empiezas a juntar ideas y haces tu propia historia. Eso es lo que hago en Culto Charles».
Esta historia en blanco y negro huye de las convenciones. «Primero, por las necesidades técnicas. Tenía que contar una historia a partir de una sola imagen», especifica Ja ja ja. «Segundo, porque tuve que pensar cómo contar una historia a raíz de trozos de memoria». Y, por último, porque «es un libro intonso». Eso es lo que hablábamos antes de cortar un libro con un cuchillo. «Las páginas no están totalmente separadas. La parte de arriba de algunos pliegos venían sin cortar. Fue una decisión muy acertada del editor. Le da un poco de misterio. No sabes qué hay detrás. Tienes que ir abriendo las páginas con navaja y eso hace que la lectura sea más lenta. Vas más despacio por la historia».
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Culto Charles es la obra de un arquitecto. Eso es Jose Ja ja ja y por eso sus dibujos parecen construcciones donde todo está en su sitio. «Algunas personas me preguntan si hago muchos borradores. En absoluto. Trabajé siete años en el estudio Amid.cero9 y ahí aprendí cómo se compone la geometría. Mi cerebro está muy entrenado para hacer estas composiciones», comenta. «Al final esto es un tema de construir y no solo se construyen edificios. Saber cómo se construyen las cosas ayuda a construir historias».
E incluso birras. Ja ja ja elabora cervezas artesanales destinadas a maridar única y exclusivamente con un plato determinado. Lo hace con sus dos hermanos y, sea cual sea la variedad, siempre se llama Salvaje.
Pero quizá lo más grande que haya hecho hasta ahora haya sido crear un país. Un país con dos habitantes: él y su pareja, la artista china Ruohong Wu. Sunrise Kingdom es un lugar entre el rojo y el amarillo donde Ja ja ja es aristócrata y Wu es capitán.
—Así que eres aristócrata…
—Sí. Yo tengo la potestad de decidir quíén soy en mi país. Soy de sangre azul.
Y ahora no es el tiempo lo que se diluye. Es la identidad. Del perro, del poeta, del artista y de los infames que pasan tras el cristal.
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Esa tarde la elegancia llevaba gafas. Apareció al fondo de la calle. Metida en una impoluta camisa blanca y detrás de unas gruesas monturas negras. Era Jose Ja ja ja y se dirigía a un lugar llamado Tipos Infames. Ahí era la cita. Teníamos un asunto pendiente: hablar de Culto Charles.
Pero antes de empezar la conversación se disolvió la noción del tiempo. Jose Ja ja ja es una mixtura de pasado y futuro. Un tipo desprovisto de rutinas del presente. De sus palabras salta una visión adelantada a su tiempo y en sus modos resiste esa atención dandi que hace tiempo se esfumó por la alcantarilla.
Había llegado el momento de hablar de Culto Charles. De la secta. De su líder, A.S. Brandon, y de sus amigos de la Universidad de Stanford (EE UU). De los 3.327 suicidios que se produjeron entre 1960 y 1980 en busca de ‘El paraíso de Charles’.
Ese lugar está entre la vida y la muerte. Es un desvío que el moribundo ha de tomar cuando se produce ese último sueño del que hablan los médicos justo antes de morir.
Esos agujeros negros por donde escapan los fieles de Charles están dibujados en un libro que se corta con navaja. El autor es Jose Ja ja ja y por eso estamos sentados con una botella de agua y un refresco con gas. Lo ha publicado Fulgencio Pimentel y se titula Culto Charles. Hay 500 en todo el mundo. Tan solo 500 ejemplares que muestran a ese niño que encontró un perro en la calle, lo llamó Charles y lo convirtió en su mejor y único amigo. De ese niño que se quedó tuerto y arrancó un ojo al perro para hacer su amistad en estéreo. De ese niño que, de mayor, se convirtió en A.S. Brandon.
—¿Todo es verdad o todo es mentira?
—Todo es inventado.
La historia del poeta que creó una secta suicida es la excusa para dar coherencia a un libro que muestra varias formas de morir. «El primer relato es de un tipo en un ascensor. Después pensé hacer más del mismo tipo. Leí que unos científicos decían que soñamos antes de morir. Ese era un buen argumento para unirlas todas y así inventé la secta», explica el artista. «Es casi como un archivo policial. No hay unión entre las historias. Lo hice con la idea de falso documental».
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Si es fantasía o realidad es lo de menos. Lo que importa es que es una historia, y una historia puede llevar muy lejos. Tanto adonde la imaginación sea capaz de escapar. «El lector puede crear otras historias. Lo dejo todo en el aire. Que cada uno construya la suya».
Esa es la palabra que utiliza Ja ja ja para citar sus obras. No habla de ‘novelas gráficas’, ni de ‘tebeos’, ni de ‘cómics’. Esos términos reclutan a sus espaldas bandos a favor y en contra. El dibujante prefiere hablar de ‘historias’ y ahí acaba su posición política.
El origen de la secta del niño que dejó tuerto al perro está en una pintura persa del siglo XVI. Jose Ja ja ja la vio en la British Library, en Londres, y quedó admirado al descubrir que «una sola ilustración podía contar una historia en el tiempo». El artista decidió hacer lo mismo en versión contemporánea. «Quise retomar la idea de los retablos bíblicos. En el retablo empiezas a juntar ideas y haces tu propia historia. Eso es lo que hago en Culto Charles».
Esta historia en blanco y negro huye de las convenciones. «Primero, por las necesidades técnicas. Tenía que contar una historia a partir de una sola imagen», especifica Ja ja ja. «Segundo, porque tuve que pensar cómo contar una historia a raíz de trozos de memoria». Y, por último, porque «es un libro intonso». Eso es lo que hablábamos antes de cortar un libro con un cuchillo. «Las páginas no están totalmente separadas. La parte de arriba de algunos pliegos venían sin cortar. Fue una decisión muy acertada del editor. Le da un poco de misterio. No sabes qué hay detrás. Tienes que ir abriendo las páginas con navaja y eso hace que la lectura sea más lenta. Vas más despacio por la historia».
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Culto Charles es la obra de un arquitecto. Eso es Jose Ja ja ja y por eso sus dibujos parecen construcciones donde todo está en su sitio. «Algunas personas me preguntan si hago muchos borradores. En absoluto. Trabajé siete años en el estudio Amid.cero9 y ahí aprendí cómo se compone la geometría. Mi cerebro está muy entrenado para hacer estas composiciones», comenta. «Al final esto es un tema de construir y no solo se construyen edificios. Saber cómo se construyen las cosas ayuda a construir historias».
E incluso birras. Ja ja ja elabora cervezas artesanales destinadas a maridar única y exclusivamente con un plato determinado. Lo hace con sus dos hermanos y, sea cual sea la variedad, siempre se llama Salvaje.
Pero quizá lo más grande que haya hecho hasta ahora haya sido crear un país. Un país con dos habitantes: él y su pareja, la artista china Ruohong Wu. Sunrise Kingdom es un lugar entre el rojo y el amarillo donde Ja ja ja es aristócrata y Wu es capitán.
—Así que eres aristócrata…
—Sí. Yo tengo la potestad de decidir quíén soy en mi país. Soy de sangre azul.
Y ahora no es el tiempo lo que se diluye. Es la identidad. Del perro, del poeta, del artista y de los infames que pasan tras el cristal.
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