fbpx
28 de enero 2014    /   IDEAS
por
 

Breve historia del cunnilingus

28 de enero 2014    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Resulta curioso que la etimología de la palabra «coño» proceda del latín cunnus, que comparte la misma raíz que la palabra que nos ocupa, mucho más culta y cuya traducción es palmaria: lengua en el coño. Pero no nos pongamos groseros, el cunnilingus no ha encontrado su lugar en el Olimpo de los placeres carnales hasta la liberación sexual de la mujer, en pleno siglo XX.

c1
Les petits jeux innocens (Wikimedia.org)

Hace miles de años, los prohomínidos se acercaban a las hembras cuando estaban bebiendo en el río y las tomaban por detrás, en breves escaramuzas comparables a los tristes y rápidos culetazos que vemos protagonizar a Michael Douglas en la gran pantalla cuando practica sexo con sus sufridas compañeras de reparto. ¿Exigencias del guion? Mal ejemplo para las nuevas generaciones, en cualquier caso.

Como tantos otros avances sociales, fue durante el Imperio Romano cuando tenemos constancia de la práctica del cunnilingus, especialmente en Pompeya y Herculano. En su libro Roman Sex: 100 BC – AD 250, John Clarke ofrece abundantes ejemplos, basados en grabados, mosaicos y algunos textos que han llegado a nosotros. Las orgías saturnales se llevaban la palma, pero la libación se producía siempre de mujer a mujer.

En la estupenda película Calígula (Tinto Brass, 1984) hay numerosas escenas de gran voltaje erótico, incluso pornográfico para los estándares de la época, donde en más de una ocasión, dos mujeres están gozando oralmente de sus respectivos sexos.

En cambio, los griegos, que eran una sociedad muy falocrática, no han dejado constancia de esta práctica, si bien es cierto que son menos los textos íntegros que nos han llegado desde aquellas épocas remotas, cargadas de testosterona, conquistas y guerras, en las que se violaba a las mujeres, pero nadie les comía el coño (tampoco ahora sucede).

La práctica del cunnilingus en la Edad Media se hallaba circunscrita a los conventos. Las novicias, con frecuencia apartadas del mundanal ruido por algún desliz relacionado con su honra, se entregaban así al único consuelo carnal posible que les deparaba su vida intramuros.

c2
Dibujos de Martin van Maele (Wikimedia.org)

Si miramos a nuestros parientes más cercanos, los bonobos, el profesor Christopher Lynn, que trabaja en el zoo de Nashville, describe sorprendentes comportamientos sexuales en estos monos, que incluyen frecuentes relaciones homosexuales, y trató de ver si el cunnilingus en simios tiene una historia evolutiva. Gordon Gallup también se ha ocupado de estos asuntos y sostiene que los bonobos que practican el cunnilingus no lo repiten con la misma hembra, y que experimentan un rechazo al sabor y el olor. Que es precisamente lo que resulta excitante a los machos humanos aficionados a esta práctica, aunque también depende de la hembra (mujer). Y es que hay olores que fascinan a unos individuos pero repelen a otros. Como todo en la vida, si se pone uno a pensarlo.

Se asocia esa generosidad en proporcionar placer a un cierto grado de inteligencia y empatía con el prójimo (con la prójima, cabría decir), por lo que los delfines, orcas y otros mamíferos marinos de gran tamaño podrían estar entre los candidatos, pero dadas sus dimensiones y morfología parece poco probable que los cetáceos se entreguen a esta práctica en las profundidades marinas. El modus operandi en este caso es aún un misterio que nadie ha logrado filmar.

El mito de la damisela solitaria que se alivia con los lametones de su perrito parece responder más a la calenturienta imaginación de algunos autores que a una realidad cuantificable. Naturalmente, estos comportamientos no se confiesan en las encuestas y no es fácil constatar su existencia. Además, los perritos no hablan y los gatos están descartados, por la aspereza de su lengua.

Volviendo a Michael Douglas, los amantes de esta saludable práctica le guardamos cierto rencor, pues no hace mucho relacionó su cáncer de garganta con tan noble actividad, ante el silencio y estupor de su mujer Catherine Zeta-Jones.

El cunnilingus entre insectos no ha sido descrito aún, pero nunca se sabe…

Y, como colofón, una tipografía erótica diseñada por Joseph Apoux y publicada 1880.

cc1

cc2

cc3

cc4

cc5

cc6

Imagen de portada de Édouard-Henri Avirl, reproducida bajo licencia CC.

 

Resulta curioso que la etimología de la palabra «coño» proceda del latín cunnus, que comparte la misma raíz que la palabra que nos ocupa, mucho más culta y cuya traducción es palmaria: lengua en el coño. Pero no nos pongamos groseros, el cunnilingus no ha encontrado su lugar en el Olimpo de los placeres carnales hasta la liberación sexual de la mujer, en pleno siglo XX.

c1
Les petits jeux innocens (Wikimedia.org)

Hace miles de años, los prohomínidos se acercaban a las hembras cuando estaban bebiendo en el río y las tomaban por detrás, en breves escaramuzas comparables a los tristes y rápidos culetazos que vemos protagonizar a Michael Douglas en la gran pantalla cuando practica sexo con sus sufridas compañeras de reparto. ¿Exigencias del guion? Mal ejemplo para las nuevas generaciones, en cualquier caso.

Como tantos otros avances sociales, fue durante el Imperio Romano cuando tenemos constancia de la práctica del cunnilingus, especialmente en Pompeya y Herculano. En su libro Roman Sex: 100 BC – AD 250, John Clarke ofrece abundantes ejemplos, basados en grabados, mosaicos y algunos textos que han llegado a nosotros. Las orgías saturnales se llevaban la palma, pero la libación se producía siempre de mujer a mujer.

En la estupenda película Calígula (Tinto Brass, 1984) hay numerosas escenas de gran voltaje erótico, incluso pornográfico para los estándares de la época, donde en más de una ocasión, dos mujeres están gozando oralmente de sus respectivos sexos.

En cambio, los griegos, que eran una sociedad muy falocrática, no han dejado constancia de esta práctica, si bien es cierto que son menos los textos íntegros que nos han llegado desde aquellas épocas remotas, cargadas de testosterona, conquistas y guerras, en las que se violaba a las mujeres, pero nadie les comía el coño (tampoco ahora sucede).

La práctica del cunnilingus en la Edad Media se hallaba circunscrita a los conventos. Las novicias, con frecuencia apartadas del mundanal ruido por algún desliz relacionado con su honra, se entregaban así al único consuelo carnal posible que les deparaba su vida intramuros.

c2
Dibujos de Martin van Maele (Wikimedia.org)

Si miramos a nuestros parientes más cercanos, los bonobos, el profesor Christopher Lynn, que trabaja en el zoo de Nashville, describe sorprendentes comportamientos sexuales en estos monos, que incluyen frecuentes relaciones homosexuales, y trató de ver si el cunnilingus en simios tiene una historia evolutiva. Gordon Gallup también se ha ocupado de estos asuntos y sostiene que los bonobos que practican el cunnilingus no lo repiten con la misma hembra, y que experimentan un rechazo al sabor y el olor. Que es precisamente lo que resulta excitante a los machos humanos aficionados a esta práctica, aunque también depende de la hembra (mujer). Y es que hay olores que fascinan a unos individuos pero repelen a otros. Como todo en la vida, si se pone uno a pensarlo.

Se asocia esa generosidad en proporcionar placer a un cierto grado de inteligencia y empatía con el prójimo (con la prójima, cabría decir), por lo que los delfines, orcas y otros mamíferos marinos de gran tamaño podrían estar entre los candidatos, pero dadas sus dimensiones y morfología parece poco probable que los cetáceos se entreguen a esta práctica en las profundidades marinas. El modus operandi en este caso es aún un misterio que nadie ha logrado filmar.

El mito de la damisela solitaria que se alivia con los lametones de su perrito parece responder más a la calenturienta imaginación de algunos autores que a una realidad cuantificable. Naturalmente, estos comportamientos no se confiesan en las encuestas y no es fácil constatar su existencia. Además, los perritos no hablan y los gatos están descartados, por la aspereza de su lengua.

Volviendo a Michael Douglas, los amantes de esta saludable práctica le guardamos cierto rencor, pues no hace mucho relacionó su cáncer de garganta con tan noble actividad, ante el silencio y estupor de su mujer Catherine Zeta-Jones.

El cunnilingus entre insectos no ha sido descrito aún, pero nunca se sabe…

Y, como colofón, una tipografía erótica diseñada por Joseph Apoux y publicada 1880.

cc1

cc2

cc3

cc4

cc5

cc6

Imagen de portada de Édouard-Henri Avirl, reproducida bajo licencia CC.

 

Compártelo twitter facebook whatsapp
Grace Hopper, la excéntrica pionera de la programación informática
La ciencia espacial dibujada del siglo XX
Yo ruralkeo, tú ruralkeas…
La ‘libertad’ de un pueblo entre rejas
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 93
  • Gracias por compartir, los machotes estan que echan humo..ni si quiera se atreven a hablr claro,pues cuando se habla de lamer los genitales a mujeres,ya entra la hipocresìa y echan mano de los «modales»..

  • Encantador artículo pues es un tabú de los machos de que como se van a poner a lamer ahí, pero a mi me encanta y si no todas saben igual. Felicitaciones

    • Totalmente de acuerdo…He leído muchas palabras seguidas pero carecía todo de sentido. Ni pies ni cabeza en la narración, ni ningún dato que aporte interés.

      Sólo se ha cogido un tema que sabía que iba a dar morbo al lector para atraerlo y se han soltado mil gilipolleces que da la impresión además de que han sido según le venían al redactor en forma de flashes.

      • Morbo en la cabeza de los farsantes que creen saberlo todo//el artículo en cuestión ha sido correctamente tratado,en su aspecto informativo y en el sumo gusto de una cultura erotológica.¡Felicito al autor!

  • ¡Me encanta este artículo!. Deberíamos de compartir muchas más historias como esta y aprender algo de cultura sexual. Una materia imprescindible para comprender muchas cosas que hacemos simple y llanamente porque las hacen los demás.

  • El artículo es malísimo. Qué poco rigor. Cuánta ignorancia. ¿Dónde está demostrado que en la prehistoria las relaciones sexuales eran tal como las describe y solamente así? Decir que en Grecia no se daban estas prácticas es como decir que en Grecia no había lesbianas que es como decir una estupidez.
    Pero claro, qué esperar de una persona a la que le resulta «curioso que la etimología de la palabra «coño» proceda del latín cunnus, que comparte la misma raíz» que cunnilinguus. ¿Qué le parece curioso, que una palabra del español -que, recordemos, es una lengua romance, es decir, una particular evolución del latín en la Península Ibérica- proceda de su lengua madre, como la mayoría de las palabras de nuestro idioma? ¿O qué? Realmente me perturba pensar otras posibles hipótesis sobre su curiosidad porque me hace pensar en una persona bastante ignorante. ¿Le han pagado por este trabajo?

  • Este artículo sobre el Cunnilingus me parece muy interesante. Y no quiero decir con esto que piense que su autor es infalible… Me adhiero a quien dice que omitió toda referencia a la Isla de Lesbos, luego que la practica entre integrantes del sexo femenino se exgtiende también a pñenales. Y finalmente me quedo con el hambre de saber por qué es tan condenado por las religiones…

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *