14 de junio 2020    /   CREATIVIDAD
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Curarnos, una revista cultural por WhatsApp (o ‘puro periodismo guasá’)

14 de junio 2020    /   CREATIVIDAD     por          
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Ocurrió en una conversación triangular por Zoom. Paty Godoy estaba en el vértice de arriba (México). Omar Rincón, en la punta de abajo (Colombia). Jorge Carrión y Pere Ortín estiraban el tercer punto del polígono hacia el este (España). Estos cuatro periodistas hablaban de periodismo. ¡El periodismo! Eso que anda hoy tan patas arriba. 

Muchos piensan que la prensa va años por detrás del público. Arrastra formas y formatos de otro tiempo. Pero escapar de esa inercia parece más difícil que hallar la cuadratura del círculo. Hablaban de esto, en esa charla en pantallas, cuando Jorge Carrión propuso:

—Oye, ¿y el WhatsApp?

—Estaría muy bien —le respondieron. 

Aquella pregunta fue un propulsor de ideas que los llevó a un propósito: crear una revista cultural en WhatsApp. «¿Sabes esas preguntas que llevan escondidas una especie de cajita con un reto dentro? Empezamos a darle vueltas a la cabeza y pensamos: ¿Y esto? ¿Y esto por qué no se podrá hacer?», cuenta Pere Ortín

Comenzaron a investigar cómo hacer una revista en un canal que no fue inventado para la prensa. El lenguaje de WhatsApp es la conversación rápida, el meme, el grupo brasas. Pero inventar (innovar, en el idioma empresarial de hoy) consiste en eso: dar a una cosa un uso distinto al que se espera de él. «Se puede crear con el culo de una sartén», dice Ortín. «Una sartén está hecha para cocinar, pero ¿y si la utilizamos para otra cosa?». 

Inventar es también buscarse la vida. Ortín preguntó a un profesor de la Universidad Politécnica de Barcelona:

—Ramón, ¿tú crees que podríamos montar un pequeño repositorio de información en WhatsApp?

—Claro. Todo se puede si hay inversión, si hay tecnología, si hay ingenieros. 

El periodista se rió y le dijo:

—No tenemos ni inversión, ni tecnología, ni somos ingenieros.

—A ustedes, los creativos, no se les puede dejar un bit suelto.  

Optaron por WhatsApp Business porque tiene más funciones que el chat de tú a tú. Hicieron pruebas. Muchas. Era un trabajo que Ortín ve así: «Carrión hizo las letras con edición artística y literaria. Godoy remixó todas las bases audiovisuales e interactivas. Rincón puso el flow con una banda sonora de voces. Y yo… puse a la gente a bailar con la música del nuevo periodismo guasá». Aquello fue creciendo «de forma intuitiva». Empezó a tener identidad de revista y llegó el nombre.

—¿Por qué se llama Curarnos?

—Es una propuesta de Jorge. La palabra plantea una idea doble. Curarnos en el sentido mental, emocional, artístico, periodístico (la cultura no nos salva pero nos hace pasar un rato agradable) y curarnos en el sentido de curaduría (escoger esas historias a las que tenemos acceso en un entorno periodístico y cultural). 

Después la describieron en una frase: «Es un proyecto cultural de artes, narrativas y periodismos que apuesta por la curiosidad, la experimentación y el descubrimiento». En una definición con swag: «puro periodismo guasá». Y a cada sección le dieron el nombre de la extensión de un archivo informático.

Leer y escuchar Curarnos lleva su tiempo. No es un bombardeo de mensajes, ni un espameo, ni un bip, bip, bip que pone de los nervios. Del saludo a la despedida pasan 23 minutos. «Tiene esa sensación de expectativa», dice Ortín. «Eso es muy sano frente a los tiempos acelerados que vivíamos». 

¡Bip!

Primero llega la sección .DOC con un texto. En el primer número hay un artículo de la guionista Graciela Speranza: Un salto al futuro.  

¡Bip!

A los cinco minutos aparece .JPG. Es una foto: Poema volcánico, de Eduardo Navarro.

Curarnos
Poema volcánico, de Eduardo Arroyo

¡Bip!

Cinco minutos después llega NO PODCAST: el audio de una conversación. Cristian Alarcón, director de Revista Anfibia, relata una historia escalofriante de la pandemia. «Decidimos no hacer un podcast porque todo el mundo los está haciendo. En la sección sonora, Omar conversa por WhatsApp con una persona que aprecia. No es una entrevista, no hay una búsqueda de información. Es una divagación», explica Ortín. 

¡Bip!

Pasan otros cinco minutos hasta que, en LINKS, llega un proyecto digital que merece la pena ver. En su primer número, Species in pieces.

Curarnos
LINK. Species in Pieces

Es tan nueva la revista que Pere Ortín, mientras lo cuenta, se ríe, sorprendido, como si fuera algo que aún no acaba de estar pasando. «Dos meses después de haber empezado a hablar de esto, lo hemos enviado y esto es una risa. Nos han llegado peticiones de Australia, Nueva Zelanda… Esto, oiga, era un desafío, un reto, un juego. Los que pensamos en pasarlo bien no planteamos las cosas de forma ambiciosa. Pensamos hacer unos cuantos números a ver si nos gusta, si funciona. Y la respuesta está siendo sorprendente».

A los cuatro periodistas les asombra que en solo una semana Curarnos llegue a más de 3.000 personas de 26 países. Aunque el número que manejan siempre será inexacto: saben a cuántos lo envían, pero es imposible saber cuántos lo reenvían por ahí. WhatsApp tiene un efecto multiplicador que se va de las manos. «Es algo vírico», dice el director de Altaïr. «Una vez que está enviado, es de todos. Nos ha sorprendido mucho que personas muy jóvenes nos digan que ya están aburridos de los memes y que esta idea les parece genial».

Curarnos es una revista de pura esencia, un esqueleto sin perfumes. Ortín la describe con el poder de las conversaciones de taberna: «Es gratuita, es semanal y la hacemos porque nos da la gana. Somos cuatro amigos que nos dedicamos a contar historias. Hacemos esto y está hecho».

Curarnos

Nada escapa hoy a la pandemia. Dice Ortín que la tragedia nos está quitando las ganas de jugar, que muchos tienen miedo, que ven el futuro negro, que todos nos miramos raro con este aparato que llevamos en la boca. «A mí me dan miedo las montañas rusas, pero el futuro no me da miedo. Ese es el espíritu con el que hemos construido esto: el futuro no tiene que darnos miedo, más allá de las cuestiones que tenemos que asumir de manera muy autocrítica: nuestras relaciones laborales, económicas, con los demás, con el planeta, con los seres que no son humanos. Todo esto tiene que estar en nuestra nueva forma de contar historias. ¿Quién ha dicho que no se puede hacer una revista por WhatsApp? ¿Por qué no? ¿Dónde están las tablas de Moisés que dicen que no se puede hacer? Oiga, no se puede hacer hasta que se hace», ríe.

«Tenemos en las cabezas demasiadas cárceles que no existen en la vida real. Son cárceles sin barrotes ni carceleros. Oiga, ¿usted quiere hacer esto? Pues le dedica unas noches durante unos meses y si quiere hacerlo, lo hace. ¿Siempre? No. ¿En todo? No. Este rollo liberal de “si quieres, puedes” no es cierto. Si quiero ir a la Luna, pues no puedo. Impossible is nothing. A ver, creativo de Adidas, ven aquí un rato, que tengo que hablar contigo. Me parece que no tienes ni puta idea de lo que es la vida».

En Curarnos se han propuesto publicar solo textos e imágenes que les gustan. «¿Por qué solemos comunicar cosas que nos disgustan? ¿Por qué utilizamos Facebook, Twitter, para criticar, para molestar? Aquí ocurre al revés. La persona que escribe el texto nos gusta, el autor de la foto nos gusta, el que habla en el NO PODCAST nos gusta, el trabajo interactivo que selecciona Paty nos gusta. Son cosas que nos parecen admirables y que vale la pena conocer. De eso se trata. Al final de la revista decimos: esperamos que hayas pasado un rato agradable».

En Curarnos hay cierta aspiración de brisa en un tiempo en el que las mascarillas nos roban aliento. Ortín nota hartura en la calle. «Hartazgo de todo, hartazgo de nosotros mismos, de nuestra basura mental, global, digital. Necesitamos espacios para respirar frente a todo lo que nos está pasando: machismos, racismos y todo tipo de -ismos. Lo decimos en nuestro lema: La cultura no salva, pero alivia».

Ocurrió en una conversación triangular por Zoom. Paty Godoy estaba en el vértice de arriba (México). Omar Rincón, en la punta de abajo (Colombia). Jorge Carrión y Pere Ortín estiraban el tercer punto del polígono hacia el este (España). Estos cuatro periodistas hablaban de periodismo. ¡El periodismo! Eso que anda hoy tan patas arriba. 

Muchos piensan que la prensa va años por detrás del público. Arrastra formas y formatos de otro tiempo. Pero escapar de esa inercia parece más difícil que hallar la cuadratura del círculo. Hablaban de esto, en esa charla en pantallas, cuando Jorge Carrión propuso:

—Oye, ¿y el WhatsApp?

—Estaría muy bien —le respondieron. 

Aquella pregunta fue un propulsor de ideas que los llevó a un propósito: crear una revista cultural en WhatsApp. «¿Sabes esas preguntas que llevan escondidas una especie de cajita con un reto dentro? Empezamos a darle vueltas a la cabeza y pensamos: ¿Y esto? ¿Y esto por qué no se podrá hacer?», cuenta Pere Ortín

Comenzaron a investigar cómo hacer una revista en un canal que no fue inventado para la prensa. El lenguaje de WhatsApp es la conversación rápida, el meme, el grupo brasas. Pero inventar (innovar, en el idioma empresarial de hoy) consiste en eso: dar a una cosa un uso distinto al que se espera de él. «Se puede crear con el culo de una sartén», dice Ortín. «Una sartén está hecha para cocinar, pero ¿y si la utilizamos para otra cosa?». 

Inventar es también buscarse la vida. Ortín preguntó a un profesor de la Universidad Politécnica de Barcelona:

—Ramón, ¿tú crees que podríamos montar un pequeño repositorio de información en WhatsApp?

—Claro. Todo se puede si hay inversión, si hay tecnología, si hay ingenieros. 

El periodista se rió y le dijo:

—No tenemos ni inversión, ni tecnología, ni somos ingenieros.

—A ustedes, los creativos, no se les puede dejar un bit suelto.  

Optaron por WhatsApp Business porque tiene más funciones que el chat de tú a tú. Hicieron pruebas. Muchas. Era un trabajo que Ortín ve así: «Carrión hizo las letras con edición artística y literaria. Godoy remixó todas las bases audiovisuales e interactivas. Rincón puso el flow con una banda sonora de voces. Y yo… puse a la gente a bailar con la música del nuevo periodismo guasá». Aquello fue creciendo «de forma intuitiva». Empezó a tener identidad de revista y llegó el nombre.

—¿Por qué se llama Curarnos?

—Es una propuesta de Jorge. La palabra plantea una idea doble. Curarnos en el sentido mental, emocional, artístico, periodístico (la cultura no nos salva pero nos hace pasar un rato agradable) y curarnos en el sentido de curaduría (escoger esas historias a las que tenemos acceso en un entorno periodístico y cultural). 

Después la describieron en una frase: «Es un proyecto cultural de artes, narrativas y periodismos que apuesta por la curiosidad, la experimentación y el descubrimiento». En una definición con swag: «puro periodismo guasá». Y a cada sección le dieron el nombre de la extensión de un archivo informático.

Leer y escuchar Curarnos lleva su tiempo. No es un bombardeo de mensajes, ni un espameo, ni un bip, bip, bip que pone de los nervios. Del saludo a la despedida pasan 23 minutos. «Tiene esa sensación de expectativa», dice Ortín. «Eso es muy sano frente a los tiempos acelerados que vivíamos». 

¡Bip!

Primero llega la sección .DOC con un texto. En el primer número hay un artículo de la guionista Graciela Speranza: Un salto al futuro.  

¡Bip!

A los cinco minutos aparece .JPG. Es una foto: Poema volcánico, de Eduardo Navarro.

Curarnos
Poema volcánico, de Eduardo Arroyo

¡Bip!

Cinco minutos después llega NO PODCAST: el audio de una conversación. Cristian Alarcón, director de Revista Anfibia, relata una historia escalofriante de la pandemia. «Decidimos no hacer un podcast porque todo el mundo los está haciendo. En la sección sonora, Omar conversa por WhatsApp con una persona que aprecia. No es una entrevista, no hay una búsqueda de información. Es una divagación», explica Ortín. 

¡Bip!

Pasan otros cinco minutos hasta que, en LINKS, llega un proyecto digital que merece la pena ver. En su primer número, Species in pieces.

Curarnos
LINK. Species in Pieces

Es tan nueva la revista que Pere Ortín, mientras lo cuenta, se ríe, sorprendido, como si fuera algo que aún no acaba de estar pasando. «Dos meses después de haber empezado a hablar de esto, lo hemos enviado y esto es una risa. Nos han llegado peticiones de Australia, Nueva Zelanda… Esto, oiga, era un desafío, un reto, un juego. Los que pensamos en pasarlo bien no planteamos las cosas de forma ambiciosa. Pensamos hacer unos cuantos números a ver si nos gusta, si funciona. Y la respuesta está siendo sorprendente».

A los cuatro periodistas les asombra que en solo una semana Curarnos llegue a más de 3.000 personas de 26 países. Aunque el número que manejan siempre será inexacto: saben a cuántos lo envían, pero es imposible saber cuántos lo reenvían por ahí. WhatsApp tiene un efecto multiplicador que se va de las manos. «Es algo vírico», dice el director de Altaïr. «Una vez que está enviado, es de todos. Nos ha sorprendido mucho que personas muy jóvenes nos digan que ya están aburridos de los memes y que esta idea les parece genial».

Curarnos es una revista de pura esencia, un esqueleto sin perfumes. Ortín la describe con el poder de las conversaciones de taberna: «Es gratuita, es semanal y la hacemos porque nos da la gana. Somos cuatro amigos que nos dedicamos a contar historias. Hacemos esto y está hecho».

Curarnos

Nada escapa hoy a la pandemia. Dice Ortín que la tragedia nos está quitando las ganas de jugar, que muchos tienen miedo, que ven el futuro negro, que todos nos miramos raro con este aparato que llevamos en la boca. «A mí me dan miedo las montañas rusas, pero el futuro no me da miedo. Ese es el espíritu con el que hemos construido esto: el futuro no tiene que darnos miedo, más allá de las cuestiones que tenemos que asumir de manera muy autocrítica: nuestras relaciones laborales, económicas, con los demás, con el planeta, con los seres que no son humanos. Todo esto tiene que estar en nuestra nueva forma de contar historias. ¿Quién ha dicho que no se puede hacer una revista por WhatsApp? ¿Por qué no? ¿Dónde están las tablas de Moisés que dicen que no se puede hacer? Oiga, no se puede hacer hasta que se hace», ríe.

«Tenemos en las cabezas demasiadas cárceles que no existen en la vida real. Son cárceles sin barrotes ni carceleros. Oiga, ¿usted quiere hacer esto? Pues le dedica unas noches durante unos meses y si quiere hacerlo, lo hace. ¿Siempre? No. ¿En todo? No. Este rollo liberal de “si quieres, puedes” no es cierto. Si quiero ir a la Luna, pues no puedo. Impossible is nothing. A ver, creativo de Adidas, ven aquí un rato, que tengo que hablar contigo. Me parece que no tienes ni puta idea de lo que es la vida».

En Curarnos se han propuesto publicar solo textos e imágenes que les gustan. «¿Por qué solemos comunicar cosas que nos disgustan? ¿Por qué utilizamos Facebook, Twitter, para criticar, para molestar? Aquí ocurre al revés. La persona que escribe el texto nos gusta, el autor de la foto nos gusta, el que habla en el NO PODCAST nos gusta, el trabajo interactivo que selecciona Paty nos gusta. Son cosas que nos parecen admirables y que vale la pena conocer. De eso se trata. Al final de la revista decimos: esperamos que hayas pasado un rato agradable».

En Curarnos hay cierta aspiración de brisa en un tiempo en el que las mascarillas nos roban aliento. Ortín nota hartura en la calle. «Hartazgo de todo, hartazgo de nosotros mismos, de nuestra basura mental, global, digital. Necesitamos espacios para respirar frente a todo lo que nos está pasando: machismos, racismos y todo tipo de -ismos. Lo decimos en nuestro lema: La cultura no salva, pero alivia».

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