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29 de enero 2018    /   IDEAS
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La diferencia entre vivir o morir puede estar en un curso de supervivencia

29 de enero 2018    /   IDEAS     por          
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Vas en un 4×4 por la apacible campiña galesa cuando, de repente, varios hombres encapuchados y provistos de armas automáticas se cruzan en tu camino. Lo primero que te piden son las llaves del coche e inmediatamente después te obligan a salir y arrodillarte con muy malos modos. Uno de ellos te apunta a la cabeza y comienza a gritar en un idioma que desconoces. Es el final.

Un  instante más tarde, todos ellos se quitan las capuchas y sonríen. El líder del grupo se acerca a ti y te indica todo lo que has hecho mal. Jamás entregues las llaves del coche. Si lo haces ya no tienes escapatoria. Fíjate si las armas llevan el seguro puesto. Si no es así, es que piensan dispararte. Entonces evalúa dichas armas. Si no son de precisión, tendrás que correr. Si lo son, deberás ocultarte…

En realidad lo que acabas de sufrir es una de las simulaciones realizadas en los cursos de supervivencia en regiones hostiles realizadas por actores de arte dramático de la zona donde se imparten las clases. Estos cursos, enfocados principalmente para periodistas y miembros de ONG que deban desplacerse a lugares en conflicto, son muy útiles en general para todo el turista de aventura que quiera traspasar ciertos límites de seguridad.

En el caso de los periodistas y otros profesionales, estos cursos son obligatorios por exigencia de las compañías de seguros que se atreven a cubrir su ajetreada existencia.

La duración es de cinco días y los imparte AKE International, un centro especializado en este tipo de entrenamientos. Se trata, sobre todo, de charlas, discusiones en grupo, ejercicios. Pero, lógicamente, lo más impactante son los casos prácticos.

Y, por supuesto, no se trata tan solo de salvar tu vida (lo cual ya justifica prestar atención en las clases), sino también las de los demás.

En otro de esos casos prácticos te enseñan a cómo reaccionar frente a un accidente de coche con varios heridos en un remoto lugar donde jamás llegará una ambulancia. Por ejemplo, te explican que no debes atender primero a los que más gritan, sino a los que están callados. Ya que respecto a los que gritan, al menos sabes que pueden respirar.

También aprendes técnicas de primeros auxilios, hacer torniquetes, detener una hemorragia y afrontar una situación caótica con la mayor serenidad posible.

Cuando asistes a este curso has de comprometerte a realizarlo por completo. Pero el centro recomienda, además, repetir de manera regular un refresher. Es decir, una versión corta para refrescar ideas. Evidentemente esa es una prueba de optimismo, puesto que se supone que, como no has tenido que enfrentarte a ninguna de las situaciones para las que te preparaste, han de recordártelas de nuevo para tu próximo viaje.

Una de las personas que realizó este curso me comentó lo surrealista que es vivir ese tipo de simulaciones tan violentas y realistas en un paraje como el Gales, rodeados de suaves lomas, rebaños de ovejas y el permanente chirimiri de esa pacífica región del mundo donde nunca pasa nada.

Vas en un 4×4 por la apacible campiña galesa cuando, de repente, varios hombres encapuchados y provistos de armas automáticas se cruzan en tu camino. Lo primero que te piden son las llaves del coche e inmediatamente después te obligan a salir y arrodillarte con muy malos modos. Uno de ellos te apunta a la cabeza y comienza a gritar en un idioma que desconoces. Es el final.

Un  instante más tarde, todos ellos se quitan las capuchas y sonríen. El líder del grupo se acerca a ti y te indica todo lo que has hecho mal. Jamás entregues las llaves del coche. Si lo haces ya no tienes escapatoria. Fíjate si las armas llevan el seguro puesto. Si no es así, es que piensan dispararte. Entonces evalúa dichas armas. Si no son de precisión, tendrás que correr. Si lo son, deberás ocultarte…

En realidad lo que acabas de sufrir es una de las simulaciones realizadas en los cursos de supervivencia en regiones hostiles realizadas por actores de arte dramático de la zona donde se imparten las clases. Estos cursos, enfocados principalmente para periodistas y miembros de ONG que deban desplacerse a lugares en conflicto, son muy útiles en general para todo el turista de aventura que quiera traspasar ciertos límites de seguridad.

En el caso de los periodistas y otros profesionales, estos cursos son obligatorios por exigencia de las compañías de seguros que se atreven a cubrir su ajetreada existencia.

La duración es de cinco días y los imparte AKE International, un centro especializado en este tipo de entrenamientos. Se trata, sobre todo, de charlas, discusiones en grupo, ejercicios. Pero, lógicamente, lo más impactante son los casos prácticos.

Y, por supuesto, no se trata tan solo de salvar tu vida (lo cual ya justifica prestar atención en las clases), sino también las de los demás.

En otro de esos casos prácticos te enseñan a cómo reaccionar frente a un accidente de coche con varios heridos en un remoto lugar donde jamás llegará una ambulancia. Por ejemplo, te explican que no debes atender primero a los que más gritan, sino a los que están callados. Ya que respecto a los que gritan, al menos sabes que pueden respirar.

También aprendes técnicas de primeros auxilios, hacer torniquetes, detener una hemorragia y afrontar una situación caótica con la mayor serenidad posible.

Cuando asistes a este curso has de comprometerte a realizarlo por completo. Pero el centro recomienda, además, repetir de manera regular un refresher. Es decir, una versión corta para refrescar ideas. Evidentemente esa es una prueba de optimismo, puesto que se supone que, como no has tenido que enfrentarte a ninguna de las situaciones para las que te preparaste, han de recordártelas de nuevo para tu próximo viaje.

Una de las personas que realizó este curso me comentó lo surrealista que es vivir ese tipo de simulaciones tan violentas y realistas en un paraje como el Gales, rodeados de suaves lomas, rebaños de ovejas y el permanente chirimiri de esa pacífica región del mundo donde nunca pasa nada.

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