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23 de enero 2019    /   BRANDED CONTENT

 

CutreCon: un artículo de mierda sobre un festival de cine de mierda

23 de enero 2019    /   BRANDED CONTENT              
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Este artículo debe empezar mal. Avisamos: será un truño, una bazofia de tal calibre que, al final, resultará hasta enternecedora (o no). Seguimos el asesoramiento de Paco Fox, uno de los organizadores, junto a Carlos Palencia, de CutreCon, un festival de cine deliciosamente malo que este año se centrará en películas de simios.

Deberíamos decir aquí las fechas del evento, por aquello de la pirámide invertida del periodismo y tal, pero nos la sopla. Ya si eso, las ponemos al final. (Fijaos, es tal fiasco este texto que hasta os mentimos: fingimos que somos creativos y nos saltamos las reglas, pero os calzamos el link de la página del festival. En fin, lamentable. ¡Ojo con esto!: que lo reconozcamos no nos hace menos lamentables ni añade un ápice de virtud a este despropósito).

Lamentables nosotros y los de CutreCon, que están de acuerdo en contar la movida de forma tan pretenciosa, en especial Paco Fox, que coge el teléfono desde París, donde se encuentra cazando bodrios. Es puro masoquismo, como comer sushi de carpa de Chernóbil. «Lo peor es que nosotros nos tenemos que tragar antes un montón de películas para elegir si las proyectamos o no. Yo me he visto cada cosa… bufff. Este año teníamos una que se llamaba Surfer, pero era un castigo tal que ni nuestro público podría soportarla», confiesa, sufre.

Preguntamos, nos ponemos esnobs: ¿Dónde está, querido Paco, la Belleza de lo cutre, la beauté? «Hombre, belleza estética no hay. En una peli de mierda, lo que te encuentras son cosas que a una persona normal en la vida se le ocurriría. Imagina que Peter Jackson hubiera puesto a King Kong haciendo un corte de manga. Si te encuentras algo así, dices: ¡Ahí estamos!, ¡esto es!, ¡la idea del bombero retirado!», exclama.

cutrecon

Esta es la VIII edición del CutreCon. Entre otras cosas, habrá malas copias de King Kong, imitadores de Tarzán, pésimas encarnaciones del Yeti; se celebrará el 25 aniversario de Street Fighter: La última batalla, en una sesión especial en la que estará presente Steven E. De Souza, director del filme; Pedro Temboury, director de Karate en Torremolinos, recibirá el premio Jess Franco 2019 en reconocimiento a toda su carrera; y se estrenará Fuck you all, el documental definitivo sobre uno de los peores directores de la historia, Uwe Boll. Efectivamente, este párrafo está plagiado de la nota de prensa.

Este año, como otros, hay una joya de la corona: «La principal, la mierda más grande que tenemos se llama Suburban Sasquatch. Es la polla. De uno que hace cine sobre leyendas del bigfoot. El tío se lo cree, lo vive, quería hacer una peli de eso, está flipado con estas cosas. Y él sabe que es mala, pero se ha dado cuenta que la gente se ríe y se siente feliz viéndola, y le parece de puta madre». El monstruo de la cinta es un tipo disfrazado de bigfoot con los pezones como hamburguesas.

CutreCon anima al público a la catarsis, a desternillarse, a vociferar. «Por lo generar, se aplaude mucho en las sesiones. Si la peli es muy muy chunga, de las que son para gente muy especializada, se hacen bastante chistes para aliviar un poco el procedimiento: algunas son insufribles. Cuando hay un momento glorioso, la gente se anima, aplaude, grita, ¡bravo!, ¡bravo!, y entonces hacen buenos chistacos», se entusiasma Fox haciendo aspavientos [queda bien decirlo, aunque no lo sabemos: no podemos verlo].

Las películas son pésimas, y que se conviertan en objeto de culto no las hace mejores. Pero CutreCon sí aporta un valor añadido. Los largometrajes crecen porque, en cada proyección, el público derrama su creatividad sobre la pantalla. Esas cintas basura dan lugar a un espectáculo nuevo protagonizado por un público fuera de sí.

cutrecon

Pero, ¿cómo debe ser una película para pasar el filtro?

Según Paco Fox, la interpretación debe ser «exagerada o con supermegagestos, es mucho más divertida así que cuando es monótona». Los planos tienen que tener aire donde no toca, estar mal encuadrados: «Algunos no tienen profundidad de campo, cuentan solo con un foco y se ven unas sombracas fatales, o a veces está todo amarillo porque no han hecho el balance de blancos. Parece increíble, pero también pasa. Es maravilloso».

Las criaturas de terror son de material malo como el Jocántaro (mitad pulpo, mitad centollo) de Karate a muerte en Torremolinos, que se proyectará en el festival. Las peleas desafían las leyes de la física, son inverosímiles: «Pusimos una peli india en la que un tío le daba con una katana a otros cuatro y, vaya usted a saber por qué, empezaban a dar volteretas en el aire como trompos».

Los apasionados del cine cutre se mofan de las películas pero, al mismo tiempo, reservan un cariño desmedido por los creadores. Los que acuden al festival se inflan a firmar autógrafos. Hay amor. «La gente no viene a CutreCon a reírse de los autores y a pensar “mira qué subnormal, cómo ha hecho esta tontería”. Los aficionados dicen, más bien: “Oooi, qué mono, si han matado a un perrito y se nota que es de peluche”. Ven la falta absoluta de medios, o la falta total de talento, pero también el amor que se ha puesto».

(No sabemos cómo hilar la historia del clon de Charles Bronson, así que la injertamos abajo y luego seguimos)

¿Cómo se os ocurre traer al doble de Charles Bronson? Si solo se parece, poco puede aportar, ¿no?

Es Robert Bronzon. Tiene una historia fascinante. El tío trabajaba en Almeria en lo del western y lo vio un productor y dijo: «Pero esto qué es, si es exactamente igual«, y se lo llevó a hacer pelis de bajísimo presupuesto. Teníamos el teléfono por un amigo y dijimos, joder, qué risa. Vimos la peli (Bronsonfest), que la peli es para verla porque mira que es mala, pero lo ves y es exactamente igual que Bronson. Y lo llamamos. El tío habla español y es superagradable. Nos iremos a comer por ahí con él… Bronson tenía una película que se llamaba Death Wish (titulada en España El justiciero de la noche), pues la que pondremos se llama Death Kiss y el tagline es «la justicia tiene una cara familiar», con dos cojones.

cutrecon

(… seguimos)

Hay películas que son nitroglicerina, uranio enriquecido que solo los gourmets de la mugre son capaces de manejar. «Las llamamos películas de castigo». Hace unos años pusieron A night to Dismember, tan nefasta y peligrosa que tuvieron que ir los Tedax a proyectarla. «Es una película entera hecha de descartes. Se perdió el internegativo y hubo que montarla con lo que había: son todo tomas falsas. Hay que estar muy loco», se descojona Fox.

Ocurre algo parecido con la española Al oeste de Río Grande: «El director rodó la película borracho, todo el tiempo, eso está comprobado, y la montó con descartes, con cachos de otras películas… Yo creo que la montó borracho también, porque si no, no se entiende», reflexiona Fox.

Es difícil que el final de un bodrio sea lo peor. El hecho de que acabe ya te mejora la existencia, lo mismo que te pasará cuando termines de leer este artículo (te compadecemos si has llegado hasta aquí).

¿Cómo acabamos? ¿Cómo es un buen mal final en estas películas?

«Va y se acaba.  Y ya. No tienen dinero para rodar, han dedicado solo cinco días, tienen el material que tienen; toda su lucha es llegar a los 90 minutos. Entonces, se muere el monstruo y ¡PAM! ¡Fin! Hay una película turca, Death Warrior, en la que explota el malo (porque en las pelis turcas malas explota la gente, las plantas; explota todo) y no hay ni contraplano del bueno. Explita, ¡PUM!, ¡PLAS! , ¡a tomar por culo!, ya se acabó la película».

No haremos explotar la web de Yorokobu, que vale una pasta arreglarla. Así que…

 

**El festival se celebra del 23 al 27 de enero en distintas localizaciones de Madrid: el Palacio de la Prensa, la Cineteca de Matadero y el Auditorio del Centro Cultural Casa del Reloj. Compra tus entradas aquí.

Este artículo debe empezar mal. Avisamos: será un truño, una bazofia de tal calibre que, al final, resultará hasta enternecedora (o no). Seguimos el asesoramiento de Paco Fox, uno de los organizadores, junto a Carlos Palencia, de CutreCon, un festival de cine deliciosamente malo que este año se centrará en películas de simios.

Deberíamos decir aquí las fechas del evento, por aquello de la pirámide invertida del periodismo y tal, pero nos la sopla. Ya si eso, las ponemos al final. (Fijaos, es tal fiasco este texto que hasta os mentimos: fingimos que somos creativos y nos saltamos las reglas, pero os calzamos el link de la página del festival. En fin, lamentable. ¡Ojo con esto!: que lo reconozcamos no nos hace menos lamentables ni añade un ápice de virtud a este despropósito).

Lamentables nosotros y los de CutreCon, que están de acuerdo en contar la movida de forma tan pretenciosa, en especial Paco Fox, que coge el teléfono desde París, donde se encuentra cazando bodrios. Es puro masoquismo, como comer sushi de carpa de Chernóbil. «Lo peor es que nosotros nos tenemos que tragar antes un montón de películas para elegir si las proyectamos o no. Yo me he visto cada cosa… bufff. Este año teníamos una que se llamaba Surfer, pero era un castigo tal que ni nuestro público podría soportarla», confiesa, sufre.

Preguntamos, nos ponemos esnobs: ¿Dónde está, querido Paco, la Belleza de lo cutre, la beauté? «Hombre, belleza estética no hay. En una peli de mierda, lo que te encuentras son cosas que a una persona normal en la vida se le ocurriría. Imagina que Peter Jackson hubiera puesto a King Kong haciendo un corte de manga. Si te encuentras algo así, dices: ¡Ahí estamos!, ¡esto es!, ¡la idea del bombero retirado!», exclama.

cutrecon

Esta es la VIII edición del CutreCon. Entre otras cosas, habrá malas copias de King Kong, imitadores de Tarzán, pésimas encarnaciones del Yeti; se celebrará el 25 aniversario de Street Fighter: La última batalla, en una sesión especial en la que estará presente Steven E. De Souza, director del filme; Pedro Temboury, director de Karate en Torremolinos, recibirá el premio Jess Franco 2019 en reconocimiento a toda su carrera; y se estrenará Fuck you all, el documental definitivo sobre uno de los peores directores de la historia, Uwe Boll. Efectivamente, este párrafo está plagiado de la nota de prensa.

Este año, como otros, hay una joya de la corona: «La principal, la mierda más grande que tenemos se llama Suburban Sasquatch. Es la polla. De uno que hace cine sobre leyendas del bigfoot. El tío se lo cree, lo vive, quería hacer una peli de eso, está flipado con estas cosas. Y él sabe que es mala, pero se ha dado cuenta que la gente se ríe y se siente feliz viéndola, y le parece de puta madre». El monstruo de la cinta es un tipo disfrazado de bigfoot con los pezones como hamburguesas.

CutreCon anima al público a la catarsis, a desternillarse, a vociferar. «Por lo generar, se aplaude mucho en las sesiones. Si la peli es muy muy chunga, de las que son para gente muy especializada, se hacen bastante chistes para aliviar un poco el procedimiento: algunas son insufribles. Cuando hay un momento glorioso, la gente se anima, aplaude, grita, ¡bravo!, ¡bravo!, y entonces hacen buenos chistacos», se entusiasma Fox haciendo aspavientos [queda bien decirlo, aunque no lo sabemos: no podemos verlo].

Las películas son pésimas, y que se conviertan en objeto de culto no las hace mejores. Pero CutreCon sí aporta un valor añadido. Los largometrajes crecen porque, en cada proyección, el público derrama su creatividad sobre la pantalla. Esas cintas basura dan lugar a un espectáculo nuevo protagonizado por un público fuera de sí.

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Pero, ¿cómo debe ser una película para pasar el filtro?

Según Paco Fox, la interpretación debe ser «exagerada o con supermegagestos, es mucho más divertida así que cuando es monótona». Los planos tienen que tener aire donde no toca, estar mal encuadrados: «Algunos no tienen profundidad de campo, cuentan solo con un foco y se ven unas sombracas fatales, o a veces está todo amarillo porque no han hecho el balance de blancos. Parece increíble, pero también pasa. Es maravilloso».

Las criaturas de terror son de material malo como el Jocántaro (mitad pulpo, mitad centollo) de Karate a muerte en Torremolinos, que se proyectará en el festival. Las peleas desafían las leyes de la física, son inverosímiles: «Pusimos una peli india en la que un tío le daba con una katana a otros cuatro y, vaya usted a saber por qué, empezaban a dar volteretas en el aire como trompos».

Los apasionados del cine cutre se mofan de las películas pero, al mismo tiempo, reservan un cariño desmedido por los creadores. Los que acuden al festival se inflan a firmar autógrafos. Hay amor. «La gente no viene a CutreCon a reírse de los autores y a pensar “mira qué subnormal, cómo ha hecho esta tontería”. Los aficionados dicen, más bien: “Oooi, qué mono, si han matado a un perrito y se nota que es de peluche”. Ven la falta absoluta de medios, o la falta total de talento, pero también el amor que se ha puesto».

(No sabemos cómo hilar la historia del clon de Charles Bronson, así que la injertamos abajo y luego seguimos)

¿Cómo se os ocurre traer al doble de Charles Bronson? Si solo se parece, poco puede aportar, ¿no?

Es Robert Bronzon. Tiene una historia fascinante. El tío trabajaba en Almeria en lo del western y lo vio un productor y dijo: «Pero esto qué es, si es exactamente igual«, y se lo llevó a hacer pelis de bajísimo presupuesto. Teníamos el teléfono por un amigo y dijimos, joder, qué risa. Vimos la peli (Bronsonfest), que la peli es para verla porque mira que es mala, pero lo ves y es exactamente igual que Bronson. Y lo llamamos. El tío habla español y es superagradable. Nos iremos a comer por ahí con él… Bronson tenía una película que se llamaba Death Wish (titulada en España El justiciero de la noche), pues la que pondremos se llama Death Kiss y el tagline es «la justicia tiene una cara familiar», con dos cojones.

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(… seguimos)

Hay películas que son nitroglicerina, uranio enriquecido que solo los gourmets de la mugre son capaces de manejar. «Las llamamos películas de castigo». Hace unos años pusieron A night to Dismember, tan nefasta y peligrosa que tuvieron que ir los Tedax a proyectarla. «Es una película entera hecha de descartes. Se perdió el internegativo y hubo que montarla con lo que había: son todo tomas falsas. Hay que estar muy loco», se descojona Fox.

Ocurre algo parecido con la española Al oeste de Río Grande: «El director rodó la película borracho, todo el tiempo, eso está comprobado, y la montó con descartes, con cachos de otras películas… Yo creo que la montó borracho también, porque si no, no se entiende», reflexiona Fox.

Es difícil que el final de un bodrio sea lo peor. El hecho de que acabe ya te mejora la existencia, lo mismo que te pasará cuando termines de leer este artículo (te compadecemos si has llegado hasta aquí).

¿Cómo acabamos? ¿Cómo es un buen mal final en estas películas?

«Va y se acaba.  Y ya. No tienen dinero para rodar, han dedicado solo cinco días, tienen el material que tienen; toda su lucha es llegar a los 90 minutos. Entonces, se muere el monstruo y ¡PAM! ¡Fin! Hay una película turca, Death Warrior, en la que explota el malo (porque en las pelis turcas malas explota la gente, las plantas; explota todo) y no hay ni contraplano del bueno. Explita, ¡PUM!, ¡PLAS! , ¡a tomar por culo!, ya se acabó la película».

No haremos explotar la web de Yorokobu, que vale una pasta arreglarla. Así que…

 

**El festival se celebra del 23 al 27 de enero en distintas localizaciones de Madrid: el Palacio de la Prensa, la Cineteca de Matadero y el Auditorio del Centro Cultural Casa del Reloj. Compra tus entradas aquí.

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Opiniones 1
  • Soberbio artículo. Soberbios y explosivos dos primeros párrafos. Mi respeto y admiración al Sr. (o Sra.) Branded Content por su habilidad para transformar el trazo gordo en balas de plata. Pienso copiar tu estilo, que lo sepas.

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