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6 de mayo 2017    /   CREATIVIDAD
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‘Czarna Madonna’, el lado oscuro del amor materno

6 de mayo 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Jagoda Wisniewska creció analizando minuciosamente los vínculos entre las mujeres de su familia. Todo su interés infantil giraba en torno a la maternidad. Así, su abuela y su madre se convirtieron en el mayor foco de atención de la niña. Lo hacía sin finalidad alguna, pero varias décadas después, cuando ya era fotógrafa, descubrió una necesidad: dar forma a un proyecto fotográfico sobre la maternidad.

Durante un año fotografió a su familia con la intención de dar forma a Czarna Madonna (Negra Madonna), un fotolibro en el que la fotógrafa polaca explora la maternidad desde un punto de vista personal y a la vez universal. En él, el contacto físico, el dolor y la pérdida adquieren una relevancia crucial porque parten, a menudo, de las historias de infancia de una de sus abuelas. «Mi abuela Nina tuvo una infancia dura, vivió la guerra y tuvo que dejar su casa en la Ucrania rural (en ese momento Polonia). En Rusia, ella y su familia tuvieron que “reconstruir” literalmente y metafóricamente el lugar que llamaban hogar», explica Wisniewska a Yorokobu.

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Aquellas experiencias marcaron a la abuela de la fotógrafa para siempre y se convirtieron en historias que impactaron a su nieta. Hoy Wisniewska ve en los recuerdos de su abuela un componente «mágico, abstracto, oscuro, raro y siniestro». La nieta se dedicó durante mucho tiempo a grabar a la abuela contando su historia de vida desde donde la recuerda. De todas esas horas de grabaciones, Wisniewska ha elegido los recuerdos más extraños porque le dieron un «gran trasfondo para empezar a trabajar, imaginando historias a mi manera, reinterpretándolas y a veces trabajando directamente sobre ellas».

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Para entender y plasmar la figura de la madre, Wisniewska comenzó a investigar los significados ocultos y los evidentes, así como aquellos tan arraigados que ni siquiera se suelen cuestionar. Su fascinación por la figura materna comenzó mientras observaba a su propia familia, pero fue la relación entre su madre y su abuela la que la inspiró. «El elemento femenino, el enlace entre mujeres de mi familia ha sido siempre muy fuerte y especial, y de hecho influyó en mi propia historia como mujer», relata.

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En la iglesia polaca de Częstochowa está Czarna Madonna, una pintura religiosa que inspiró a la fotógrafa a la hora de nombrar su proyecto. «Es un lugar muy conocido y un importante lugar espiritual en el mapa de la Polonia católica, y la propia Madonna tiene una gran fuerza visual. Elegí este título por la Negra Madonna de la pintura que hay en mi pueblo, que es muy severa pero es igualmente la representación de la madre. Sus rasgos no invitan, pero aun así ofrecen ‘el amor y protección a todos los niños’. Para mí su dualidad representa lo que quise plasmar», detalla.

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Wisniewska no es madre: son otras madres las que le han servido de punto de partida. Ante la idea de ser madre, siente una lucha interior que tiene mucho que ver con la dualidad materna que ha descubierto y plasmado. Para ella, las madres «son lo mejor y lo peor para sus hijos: toda la bondad y toda la maldad condensada en una única persona». «Pienso en el estigma de ser madre, pero también ser una buena madre es algo muy intenso cuando imagino que algún día yo podría ser madre de alguien», aclara.

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Por eso, la fotógrafa polaca quiso mostrar la dualidad materna y «representar el lado oscuro de las madres y sus influencias sobre sus hijos, como puede herirlos sin darse cuenta, y cómo su relación y conexión puede ser dolorosa para ellos. En otras palabras: quise mostrar el lado oscuro del amor materno».

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Con su proyecto, además incidió en la idea del nido vacío, así como ese «deseo de las madres de no dejar a sus hijos marchar, y el deseo de los hijos de continuar echando de menos a la madre y buscarla en cualquier parte durante la vida adulta».

Hay también lugar para el conflicto y la violencia, especialmente en los gestos y movimientos de los protagonistas de las fotografías. Para la fotógrafa, esos gestos y movimientos «muestran el constante conflicto de fuerzas entre los sujetos. Hay cierta violencia en estos gestos, también, hay cierto poder».

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Jagoda Wisniewska creció analizando minuciosamente los vínculos entre las mujeres de su familia. Todo su interés infantil giraba en torno a la maternidad. Así, su abuela y su madre se convirtieron en el mayor foco de atención de la niña. Lo hacía sin finalidad alguna, pero varias décadas después, cuando ya era fotógrafa, descubrió una necesidad: dar forma a un proyecto fotográfico sobre la maternidad.

Durante un año fotografió a su familia con la intención de dar forma a Czarna Madonna (Negra Madonna), un fotolibro en el que la fotógrafa polaca explora la maternidad desde un punto de vista personal y a la vez universal. En él, el contacto físico, el dolor y la pérdida adquieren una relevancia crucial porque parten, a menudo, de las historias de infancia de una de sus abuelas. «Mi abuela Nina tuvo una infancia dura, vivió la guerra y tuvo que dejar su casa en la Ucrania rural (en ese momento Polonia). En Rusia, ella y su familia tuvieron que “reconstruir” literalmente y metafóricamente el lugar que llamaban hogar», explica Wisniewska a Yorokobu.

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Aquellas experiencias marcaron a la abuela de la fotógrafa para siempre y se convirtieron en historias que impactaron a su nieta. Hoy Wisniewska ve en los recuerdos de su abuela un componente «mágico, abstracto, oscuro, raro y siniestro». La nieta se dedicó durante mucho tiempo a grabar a la abuela contando su historia de vida desde donde la recuerda. De todas esas horas de grabaciones, Wisniewska ha elegido los recuerdos más extraños porque le dieron un «gran trasfondo para empezar a trabajar, imaginando historias a mi manera, reinterpretándolas y a veces trabajando directamente sobre ellas».

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Para entender y plasmar la figura de la madre, Wisniewska comenzó a investigar los significados ocultos y los evidentes, así como aquellos tan arraigados que ni siquiera se suelen cuestionar. Su fascinación por la figura materna comenzó mientras observaba a su propia familia, pero fue la relación entre su madre y su abuela la que la inspiró. «El elemento femenino, el enlace entre mujeres de mi familia ha sido siempre muy fuerte y especial, y de hecho influyó en mi propia historia como mujer», relata.

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En la iglesia polaca de Częstochowa está Czarna Madonna, una pintura religiosa que inspiró a la fotógrafa a la hora de nombrar su proyecto. «Es un lugar muy conocido y un importante lugar espiritual en el mapa de la Polonia católica, y la propia Madonna tiene una gran fuerza visual. Elegí este título por la Negra Madonna de la pintura que hay en mi pueblo, que es muy severa pero es igualmente la representación de la madre. Sus rasgos no invitan, pero aun así ofrecen ‘el amor y protección a todos los niños’. Para mí su dualidad representa lo que quise plasmar», detalla.

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Wisniewska no es madre: son otras madres las que le han servido de punto de partida. Ante la idea de ser madre, siente una lucha interior que tiene mucho que ver con la dualidad materna que ha descubierto y plasmado. Para ella, las madres «son lo mejor y lo peor para sus hijos: toda la bondad y toda la maldad condensada en una única persona». «Pienso en el estigma de ser madre, pero también ser una buena madre es algo muy intenso cuando imagino que algún día yo podría ser madre de alguien», aclara.

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Por eso, la fotógrafa polaca quiso mostrar la dualidad materna y «representar el lado oscuro de las madres y sus influencias sobre sus hijos, como puede herirlos sin darse cuenta, y cómo su relación y conexión puede ser dolorosa para ellos. En otras palabras: quise mostrar el lado oscuro del amor materno».

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Con su proyecto, además incidió en la idea del nido vacío, así como ese «deseo de las madres de no dejar a sus hijos marchar, y el deseo de los hijos de continuar echando de menos a la madre y buscarla en cualquier parte durante la vida adulta».

Hay también lugar para el conflicto y la violencia, especialmente en los gestos y movimientos de los protagonistas de las fotografías. Para la fotógrafa, esos gestos y movimientos «muestran el constante conflicto de fuerzas entre los sujetos. Hay cierta violencia en estos gestos, también, hay cierto poder».

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