29 de marzo 2016    /   CREATIVIDAD
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Las increíbles máquinas de cartón de Daniel Agdag

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Parecen flotar, volar hasta nosotros desde la desbordante imaginación de Julio Verne. Sin embargo, estos pequeños artilugios, tan delicados y detallistas que enganchan nuestra mirada a cada uno de sus engranajes, nada tienen que ver con el escritor francés ni fueron diseñados en un tiempo y una época lejanos.

Estas pequeñas esculturas son obra del artista australiano afincado en Melbourne Daniel Agdag y están hechas íntegramente de cartón, pero no de uno cualquiera. Agdag es muy meticuloso con el tipo de cartón que utiliza, especialmente con el color, lo que hace que pase mucho tiempo buscando proveedores y localizando el adecuado para su obra.

The Fourth Fatality, 2014 Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome. 58.5 x 30.5 cm
The Fourth Fatality, 2014
Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome.
58.5 x 30.5 cm

El australiano es consciente de lo poco convencional que es su materia prima, tanto por su fragilidad como por ser un simple material de embalaje. Pero, en su opinión, «son esos dos aspectos los que encuentro más seductores y me entusiasma el reto de elevarlo por encima de esas dos categorías», si bien es cierto que no podría decir exactamente qué es lo que tiene para hacerlo tan fascinante a sus ojos. «Cuanto más difícil es el medio, más grandes son mis ideas», confiesa. «Esta limitación me permite ser infinitamente más imaginativo. Y en mi opinión, es sencillo trabajar con él, sin necesidad de usar sofisticadas herramientas o dedicarle gran espacio», explica. De hecho, su caja de herramientas es sencillo: un escalpelo quirúrgico, algunas pinzas de joyería para colocar las piezas con precisión, una regla de acero y cola para madera. «Me sorprende constantemente ver hasta dónde puedo llegar con él. Es un medio que no me ofrece límites ni resistencia para concebir y expresar mis ideas».

The Wait House, 2015 Cardboard and Trace Paper 1600mm (h) x 550mm (w) x 300mm (d) Private Commission for Hermès, Paris
The Wait House, 2015
Cardboard and Trace Paper 1600mm (h) x 550mm (w) x 300mm (d)
Private Commission for Hermès, Paris

Sin embargo, no es el cartón el único material con el que Daniel Agdag ha trabajado. En 2014 le encargaron una estatua de exterior titulada The Inspector para colocarla junto al río Yarra en Melbourne. El material elegido fue el acero corten, cobre y madera. Esto le supuso cambiar su método de trabajo, ya que tuvo que planificar y prever todo el diseño con antelación. Pero la experiencia le gustó y le gustaría repetirla en futuras ocasiones.

The Inspector, 2014 Corten Steel, Jarrah, Fibreglass, Sandstone 3.6m (h) x 1.4m (w) x 800mm (d)
The Inspector, 2014
Corten Steel, Jarrah, Fibreglass, Sandstone 3.6m (h) x 1.4m (w) x 800mm (d)

Agdag procede del mundo del cine y la animación. Sus primeros trabajos podrían considerarse bocetos de todas las ideas que tenía en la cabeza y que anotaba en un cuaderno. «Mi vecino de entonces estudiaba arquitectura y usaba el cartón para hacer las maquetas de sus proyectos. Enseguida me atrajo aquel material. Guardaba libretas llenas de dibujos en dos dimensiones de artilugios y máquinas que había ido dibujando durante años. Pero no sentí plenamente su potencial hasta que no los vi realizados en cartón», rememora el artista. Durante los cinco primeros años nadie vio su obra, hasta que sus amigos le convencieron para que se la mostrara y acabó exponiéndola en una pequeña galería.

Después de acabar su Máster en Animación en 2006 y de producir dos cortos, dejó el cine y se dedicó por completo a la escultura. Sin embargo, a pesar de que esta es ahora su principal actividad, también está preparando una instalación artística a gran escala y trabaja en la producción de un corto de animación. «Me gusta la diversidad, me equilibra. Estos otros proyectos mantienen mi mente activa y me abren a otras ideas y posibilidades», confiesa Agdag.

The Birdhouse, 2014 Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome. 58.5 x 30.5 cm
The Birdhouse, 2014
Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome.
58.5 x 30.5 cm

Sin poder precisar cuánto influye su faceta de cineasta en la de escultor y viceversa, contemplar los artilugios de este australiano nos teletransporta a un mundo de fantasía que tantas veces hemos visto en la gran pantalla. Casas que vuelan, turbinas que flotan, zepelines imposibles… El lenguaje del cine y de la escultura se entremezclan en su obra. Uno cuenta historias en movimiento. La otra concentra toda la narrativa en un sencillo y estático objeto. Pero en uno y en otra el material que el artista usa es el mismo. «Las ideas determinan en qué se convertirán. Confío en mi intuición. Dejo que la idea decida qué forma quiere adoptar».

Es precisamente la intuición la que determina su método de trabajo. Por sorprendente que resulte al contemplar los minuciosos detalles de sus figuras, no hay una labor previa antes de lanzarse a esculpir un diseño. Agdad parte de una idea y sobre ella va construyendo la figura, cortando, retocando, cambiando continuamente según va avanzando el trabajo, dejándose llevar por lo que la figura que va surgiendo del escalpelo le va dictando. «Me gusta describir mi trabajo como un ‘bosquejo en cartón’. Una vez que tengo la idea, corto y construyo sección por sección, parte por parte, hasta que todo encaja con lo que imaginé. A menudo tengo que pararme a pensar y averiguar por dónde seguir antes de terminarlo. Pero como les ocurre a los pintores, no siempre acabo de verlo rematado completamente».

The General, 2014 Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome. 58.5 x 30.5 cm
The General, 2014
Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome.
58.5 x 30.5 cm

Agdag es de esos artistas que se meten tan a fondo en su trabajo que no suelen parar hasta terminarlo. Trabaja entre 10 y 12 horas diarias, a veces incluso más. «No me gusta interrumpir el proceso, me gusta vivir todo el trabajo tanto como dure. A veces tengo que parar para pensar en ciertos detalles y darles forma, pero eso también forma parte del trabajo. En ocasiones, hago una pausa y me voy a dar un paseo por el parque para despejar mi cabeza».

Toda la obra del australiano está teñida de aire retro. El steampunk rezuma por los poros de papel de estas pequeñas pero perfeccionistas figuras. Máquinas industriales imposibles que ponen en marcha nuestra fantasía y nos hacen volar con ellas a otros mundos lejanos y a la vez actuales. El mundo de la construcción y la ingeniería es una presencia continua en su obra. Entre sus referentes se encuentran artistas como Jeffrey Smart, Edward Hopper y John Brack. De ellos toma su manera de ver el mundo y la forma en que estos lo trasladan a su trabajo no deja de cautivarle.

The Seventy-Eight, 2014 Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome. 58.5 x 30.5 cm
The Seventy-Eight, 2014
Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome.
58.5 x 30.5 cm

Más que gusto por lo retro, a Agdag le atraen los objetos por el trabajo que muestran, por sus detalles, da igual en qué época se hicieran. «Creo que lo que más me atrae de lo retro es su diseño, el carácter que desprende y la ingeniería de su construcción». Pero por encima de cualquier otro objeto, al artista de Melbourne le fascinan las máquinas. Pocas cosas son tan importantes para él. Las máquinas lo hacen todo por nosotros, ya sean simples labores o trabajos mucho más complicados. Se lamenta de que nadie se detenga hoy en día a observarlas, a estudiar su funcionamiento. Con sus artilugios de cartón quiere poner de relieve la importancia de las máquinas en nuestras vidas.

The Northerly, 2016 Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome. 58.5 x 30.5 cm
The Northerly, 2016
Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome.
58.5 x 30.5 cm

«Me intrigan el orden y la complejidad de los sistemas modernos que ayudan al funcionamiento de las grandes ciudades. Me gusta pensar en esas máquinas como soportes vitales de nuestra sociedad. A cualquier lugar del mundo al que viajo, me encanta prestar atención a las diferentes maneras de hacer las cosas y de trabajar». Esa curiosidad se plasma en los puntillosos detalles que completan sus esculturas. Delicadas ruedas, precisos engranajes que conectan unas piezas a otras sin dejar nada al azar. «Me encanta el detalle. Siempre lo observo en el mundo que me rodea. Todo lo construido en nuestro entorno se ve acentuado por la minuciosidad de sus detalles. A veces son reminiscencias del pasado. Otras, están ahí para cumplir una función. Todos ellos forman una hermosa escena. Quizá en mi subconsciente esté buscando algo que se esconde en los detalles».

Parecen flotar, volar hasta nosotros desde la desbordante imaginación de Julio Verne. Sin embargo, estos pequeños artilugios, tan delicados y detallistas que enganchan nuestra mirada a cada uno de sus engranajes, nada tienen que ver con el escritor francés ni fueron diseñados en un tiempo y una época lejanos.

Estas pequeñas esculturas son obra del artista australiano afincado en Melbourne Daniel Agdag y están hechas íntegramente de cartón, pero no de uno cualquiera. Agdag es muy meticuloso con el tipo de cartón que utiliza, especialmente con el color, lo que hace que pase mucho tiempo buscando proveedores y localizando el adecuado para su obra.

The Fourth Fatality, 2014 Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome. 58.5 x 30.5 cm
The Fourth Fatality, 2014
Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome.
58.5 x 30.5 cm

El australiano es consciente de lo poco convencional que es su materia prima, tanto por su fragilidad como por ser un simple material de embalaje. Pero, en su opinión, «son esos dos aspectos los que encuentro más seductores y me entusiasma el reto de elevarlo por encima de esas dos categorías», si bien es cierto que no podría decir exactamente qué es lo que tiene para hacerlo tan fascinante a sus ojos. «Cuanto más difícil es el medio, más grandes son mis ideas», confiesa. «Esta limitación me permite ser infinitamente más imaginativo. Y en mi opinión, es sencillo trabajar con él, sin necesidad de usar sofisticadas herramientas o dedicarle gran espacio», explica. De hecho, su caja de herramientas es sencillo: un escalpelo quirúrgico, algunas pinzas de joyería para colocar las piezas con precisión, una regla de acero y cola para madera. «Me sorprende constantemente ver hasta dónde puedo llegar con él. Es un medio que no me ofrece límites ni resistencia para concebir y expresar mis ideas».

The Wait House, 2015 Cardboard and Trace Paper 1600mm (h) x 550mm (w) x 300mm (d) Private Commission for Hermès, Paris
The Wait House, 2015
Cardboard and Trace Paper 1600mm (h) x 550mm (w) x 300mm (d)
Private Commission for Hermès, Paris

Sin embargo, no es el cartón el único material con el que Daniel Agdag ha trabajado. En 2014 le encargaron una estatua de exterior titulada The Inspector para colocarla junto al río Yarra en Melbourne. El material elegido fue el acero corten, cobre y madera. Esto le supuso cambiar su método de trabajo, ya que tuvo que planificar y prever todo el diseño con antelación. Pero la experiencia le gustó y le gustaría repetirla en futuras ocasiones.

The Inspector, 2014 Corten Steel, Jarrah, Fibreglass, Sandstone 3.6m (h) x 1.4m (w) x 800mm (d)
The Inspector, 2014
Corten Steel, Jarrah, Fibreglass, Sandstone 3.6m (h) x 1.4m (w) x 800mm (d)

Agdag procede del mundo del cine y la animación. Sus primeros trabajos podrían considerarse bocetos de todas las ideas que tenía en la cabeza y que anotaba en un cuaderno. «Mi vecino de entonces estudiaba arquitectura y usaba el cartón para hacer las maquetas de sus proyectos. Enseguida me atrajo aquel material. Guardaba libretas llenas de dibujos en dos dimensiones de artilugios y máquinas que había ido dibujando durante años. Pero no sentí plenamente su potencial hasta que no los vi realizados en cartón», rememora el artista. Durante los cinco primeros años nadie vio su obra, hasta que sus amigos le convencieron para que se la mostrara y acabó exponiéndola en una pequeña galería.

Después de acabar su Máster en Animación en 2006 y de producir dos cortos, dejó el cine y se dedicó por completo a la escultura. Sin embargo, a pesar de que esta es ahora su principal actividad, también está preparando una instalación artística a gran escala y trabaja en la producción de un corto de animación. «Me gusta la diversidad, me equilibra. Estos otros proyectos mantienen mi mente activa y me abren a otras ideas y posibilidades», confiesa Agdag.

The Birdhouse, 2014 Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome. 58.5 x 30.5 cm
The Birdhouse, 2014
Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome.
58.5 x 30.5 cm

Sin poder precisar cuánto influye su faceta de cineasta en la de escultor y viceversa, contemplar los artilugios de este australiano nos teletransporta a un mundo de fantasía que tantas veces hemos visto en la gran pantalla. Casas que vuelan, turbinas que flotan, zepelines imposibles… El lenguaje del cine y de la escultura se entremezclan en su obra. Uno cuenta historias en movimiento. La otra concentra toda la narrativa en un sencillo y estático objeto. Pero en uno y en otra el material que el artista usa es el mismo. «Las ideas determinan en qué se convertirán. Confío en mi intuición. Dejo que la idea decida qué forma quiere adoptar».

Es precisamente la intuición la que determina su método de trabajo. Por sorprendente que resulte al contemplar los minuciosos detalles de sus figuras, no hay una labor previa antes de lanzarse a esculpir un diseño. Agdad parte de una idea y sobre ella va construyendo la figura, cortando, retocando, cambiando continuamente según va avanzando el trabajo, dejándose llevar por lo que la figura que va surgiendo del escalpelo le va dictando. «Me gusta describir mi trabajo como un ‘bosquejo en cartón’. Una vez que tengo la idea, corto y construyo sección por sección, parte por parte, hasta que todo encaja con lo que imaginé. A menudo tengo que pararme a pensar y averiguar por dónde seguir antes de terminarlo. Pero como les ocurre a los pintores, no siempre acabo de verlo rematado completamente».

The General, 2014 Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome. 58.5 x 30.5 cm
The General, 2014
Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome.
58.5 x 30.5 cm

Agdag es de esos artistas que se meten tan a fondo en su trabajo que no suelen parar hasta terminarlo. Trabaja entre 10 y 12 horas diarias, a veces incluso más. «No me gusta interrumpir el proceso, me gusta vivir todo el trabajo tanto como dure. A veces tengo que parar para pensar en ciertos detalles y darles forma, pero eso también forma parte del trabajo. En ocasiones, hago una pausa y me voy a dar un paseo por el parque para despejar mi cabeza».

Toda la obra del australiano está teñida de aire retro. El steampunk rezuma por los poros de papel de estas pequeñas pero perfeccionistas figuras. Máquinas industriales imposibles que ponen en marcha nuestra fantasía y nos hacen volar con ellas a otros mundos lejanos y a la vez actuales. El mundo de la construcción y la ingeniería es una presencia continua en su obra. Entre sus referentes se encuentran artistas como Jeffrey Smart, Edward Hopper y John Brack. De ellos toma su manera de ver el mundo y la forma en que estos lo trasladan a su trabajo no deja de cautivarle.

The Seventy-Eight, 2014 Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome. 58.5 x 30.5 cm
The Seventy-Eight, 2014
Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome.
58.5 x 30.5 cm

Más que gusto por lo retro, a Agdag le atraen los objetos por el trabajo que muestran, por sus detalles, da igual en qué época se hicieran. «Creo que lo que más me atrae de lo retro es su diseño, el carácter que desprende y la ingeniería de su construcción». Pero por encima de cualquier otro objeto, al artista de Melbourne le fascinan las máquinas. Pocas cosas son tan importantes para él. Las máquinas lo hacen todo por nosotros, ya sean simples labores o trabajos mucho más complicados. Se lamenta de que nadie se detenga hoy en día a observarlas, a estudiar su funcionamiento. Con sus artilugios de cartón quiere poner de relieve la importancia de las máquinas en nuestras vidas.

The Northerly, 2016 Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome. 58.5 x 30.5 cm
The Northerly, 2016
Cardboard, trace paper, mounted on wooden base with hand-blown glass dome.
58.5 x 30.5 cm

«Me intrigan el orden y la complejidad de los sistemas modernos que ayudan al funcionamiento de las grandes ciudades. Me gusta pensar en esas máquinas como soportes vitales de nuestra sociedad. A cualquier lugar del mundo al que viajo, me encanta prestar atención a las diferentes maneras de hacer las cosas y de trabajar». Esa curiosidad se plasma en los puntillosos detalles que completan sus esculturas. Delicadas ruedas, precisos engranajes que conectan unas piezas a otras sin dejar nada al azar. «Me encanta el detalle. Siempre lo observo en el mundo que me rodea. Todo lo construido en nuestro entorno se ve acentuado por la minuciosidad de sus detalles. A veces son reminiscencias del pasado. Otras, están ahí para cumplir una función. Todos ellos forman una hermosa escena. Quizá en mi subconsciente esté buscando algo que se esconde en los detalles».

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