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16 de noviembre 2018    /   CINE/TV
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‘Daredevil’: más oscura, adulta y con un villano a imagen de Trump

16 de noviembre 2018    /   CINE/TV     por          
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(Contiene destripes)

Wilson Fisk, de blanco y negro, se acerca a los micrófonos en el atril. A su espalda, policías y abogados, y la majestuosa fachada de una de sus posesiones: el Hotel Presidencial.

Wilson Trump Fisk

La puesta en escena recuerda a Donald Trump en campaña electoral con la Trump Tower detrás. Pero hay una importante diferencia: Trump se exhibía ante sus admiradores.

Frente al hampón Kingpin hay una multitud hostil: los desahuciados de la Cocina del infierno con pancartas y gritos: ¡Encerrad a Fisk! El criminal no reclama silencio. Solo habla:

«Os han manipulado, los medios os han envenenado con mentiras para haceros creer que soy malvado, que soy un criminal, pero nada más lejos de la realidad, porque desafié el sistema, porque dije la verdad e intente hacer de esta ciudad un lugar mejor. Los que ostentan el poder han querido acabar conmigo, hundirme con falsas acusaciones…».

Con dos minutos, Fisk consigue que los manifestantes bajen las pancartas y callen. El discurso casa con la puesta de escena trumpiana. Le han bastado tres clichés: prensa mentirosa, el sistema contra mí, los poderosos contra mí.

Quien usa estas palabras adquiere cierta inmunidad al sugerir dos categorías de personas:

1) Ellos: los poderosos.

2) Nosotros: vosotros y yo —el que os habla—, la gente corriente.

Los oyentes no reparan (en ese momento, no) que el hablante podría, si quisiera, comprar algún pequeño país con sus gentes.

Prensa mentirosa, el sistema contra mí, los poderosos contra mí… clichés que funcionan para las audiencias bombardeadas por noticias falsas. Una explicación poética está en una frase de William Burroughs:

«El lenguaje es un virus que viene y utiliza nuestros cuerpos para reproducirse»

El discurso trumpiano electoral contra el sistema acaba encontrando enemigos en personas individuales o grupos fuera del sistema como los inmigrantes. Es un discurso ilógico: si el enemigo es el sistema, ¿por qué no colocar una diana en las instituciones? Porque el sistema (el capitalismo) mantiene a Trump y nadie tira piedras sobre su tejado.

Fisk vende al pueblo que el enemigo es Daredevil, un personaje fuera del sistema, por atacar a un periódico —que un puñado de palabras antes era maligna— y una iglesia… «nuestras sagradas instituciones». El sistema queda libre de toda culpa; sus máximos representantes son invitados a la boda de William Fisk y Vanessa Marianna. Representantes corrompidos por el dinero y las amenazas de Fisk.

Daredevil, la serie más adulta de Netflix-Marvel

Esta y otras referencias a Trump en la figura de Fisk convierten la tercera temporada de Daredevil en la producción Marvel más adulta y pegada al presente. Otro elemento es la corrupción promovida por Fisk que toca al pueblo y a las instituciones:

  • Pequeños comerciantes y proveedores están endeudados con bancos (¡el sistema!) en paraísos fiscales propiedad de Fisk. Deudas imposibles de pagar. Deudas que obliga a muchos a cometer actos delictivos o no colaborar con la Policía ni la Justicia.
  • Jueces, jurados, directivos y agentes del FBI, y el director de la prisión estatal están a sueldo de Fisk por miedo, ambición o sobornos.

Tanta corrupción que por momentos nos irrita y cansa como al héroe enmascarado que no obtiene ninguna recompensa a corto plazo.

La fórmula de la angustia creciente

En la tercera temporada no se emplea la fórmula acción-recompensa como las anteriores. En las primeras temporadas, el demonio rojo conseguía pequeños triunfos como el rescate de jóvenes mujeres encerradas por proxenetas o el del niño raptado por la mafia rusa (el primer plano-secuencia); deshacía bandas; acotaba la influencia de los enemigos…

En la tercera temporada, el superhéroe está contra las cuerdas hasta el último capítulo0: el poder de Kingpin no disminuye episodio a episodio… se acrecienta. Falla cada uno de los intentos de Daredevil por derrotar a Fisk. Es perseguido por el FBI y menospreciado por el pueblo.

En estos fracasos influyen que Daredevil actúa con los poderes mermados; con heridas de las que no se recupera; rechazando el apoyo emocional de quienes le quieren, y sobretodo torturándose a sí mismo y rechazando la posibilidad de que Dios vele por él. Recordemos que Matt Murdock es católico practicante y que en las temporadas anteriores encontraba consuelo en la convicción de que Dios guiaba sus pasos o al menos aprobaba su violencia.

Con todo esto, los guionistas pintan a Daredevil/Murdock en un momento emocional bajo y físicamente frágil frente a una situación de difícil resolución. El resultado es una angustia creciente para el público.

La fragilidad del héroe en el plano-secuencia

La fragilidad del héroe —no la técnica— es la que nos acelera el corazón en el plano secuencia de la huida de la cárcel (capítulo 3×04). Sensación acrecentada ante un Matt Murdock vestido como civil y no como héroe. Esta fragilidad nos lleva a aceptar que el superhéroe escape con ayuda de una banda criminal rival de Fisk.

Este plano secuencia que concluye con Murdock agónico en el taxi despierta nuestra compasión por el protagonista. Es una emoción que rara vez provoca una película o serie de superhéroes.

La fragilidad de los villanos

Seguimos con los capítulos porque esperamos un final catártico. Esta esperanza está basada de alguna manera en el conocimiento íntimo que tenemos de los villanos y sus secuaces. Han sido retratados como humanos, con obsesiones y desajustes emocionales que los hacen vulnerables. Estos retratos también conducen a la compasión… Los vemos como juguetes rotos; gente corriente que ha traspasado la línea de la legalidad… Y pasada la misma no se atreve a cuestionarse las consecuencias de sus actos. Herencia de Breaking Bad (que fue un paso más allá en la humanización del malo de la serie iniciada con Los Soprano).

El mal como elección

La humanización del villano en Daredevil tiene un objetivo dramático concreto tratándose de una serie donde el catolicismo tiene un peso importante para los personajes: el mal como elección ante las dificultades. En definitiva, expone que existe el libre albedrío… y que cada individuo es responsable moral de sus actos.

Los guionistas solo han apartado a Karen y Foggy (los amigos de Matt Murdock) de la elección entre el bien y el mal. (Aunque un largo e innecesario salto al pasado muestra a una Karen como vendedora de drogas).

Lo interesante es que el guion no exime del debate a los personajes que representan a la Iglesia:

  • El obispo de Nueva York oficia la ceremonia de Wilson Fisk y Vanessa Marianna. Esto solo es posible si está al servicio de Fisk.
  • La hermana Marie ha ocultado durante treinta años que es la madre de Matt Murdock con la complicidad del padre Lantom.

Poindexter

De todos los villanos, el más trágico es el agente Benjamin ‘Dex’ Poindexter. Veterano de guerra desubicado que trata de encontrar en el FBI compañerismo e imagina una vida con una mujer a la que observa con obsesión con sus artilugios de agente. Pero antes de conocer su faceta como acosador, el guion muestra a Dex como niño huérfano, cruel y desvalido.

Con una secuencia de 15 minutos —que va de la infancia a la adultez— la serie consigue que sintamos por Dex pena, asco y miedo. Y lo hace con una puesta en escena minimalista (episodio 3×05), teatral en la formas, cercanas al Dogville de Lars von Trier con Fisk visualizando los informes y las grabaciones de Dex y su psiquiatra.

Una decisión arriesgada que funciona: a pesar de lo artificioso de la propuesta, al no mostrar exteriores de la infancia de Dex, concentra el drama en un espacio único. La presencia constante de Fisk cerca del niño expone cómo el capo se adentra en la mente de Dex, hasta el punto de imaginar vívidamente cada momento.

No es raro que Dex, desarraigado, acabe en las redes de Fisk por voluntad propia que se ofrece como padre postizo. Por voluntad propia y un empujoncito… gracias a la red de corrupción en el FBI. Y tampoco es raro que Matt Murdock se sienta identificado con Dex: es su reservo, a donde él hubiera caído… sin la protección, el cariño (y las mentiras) del padre Lantom y la hermana Marie.

Dex no se plantea la bondad o maldad de sus actos sino agradar a su padre Fisk, llegando incluso a cometer asesinatos no solicitados. Tanta abnegación acaba por destruirlo cuando descubre que Fisk nunca lo quiso como un hijo ni siquiera como un sucedáneo de amigo… y que consiguió su lealtada a través de sucias maquinaciones y crímenes.

Sergio Leone acelerado

El final necesariamente debe darse entre los tres hombres rotos: Murdock, Fisk y Poindexter en una suerte de recreación del duelo final de El bueno, el feo y el malo en el ático de Wilson Fisk. Recreación acelerada. No caben miradas. Es un todos contra todos donde Daredevil, además, se responsabiliza de la vida de Vanessa Marianna atacada por un furioso Dex. Una lucha que conduce a un final satisfactorio para el héroe y para el público que ha sufrido con las andanzas y tribulaciones del héroe.

(Contiene destripes)

Wilson Fisk, de blanco y negro, se acerca a los micrófonos en el atril. A su espalda, policías y abogados, y la majestuosa fachada de una de sus posesiones: el Hotel Presidencial.

Wilson Trump Fisk

La puesta en escena recuerda a Donald Trump en campaña electoral con la Trump Tower detrás. Pero hay una importante diferencia: Trump se exhibía ante sus admiradores.

Frente al hampón Kingpin hay una multitud hostil: los desahuciados de la Cocina del infierno con pancartas y gritos: ¡Encerrad a Fisk! El criminal no reclama silencio. Solo habla:

«Os han manipulado, los medios os han envenenado con mentiras para haceros creer que soy malvado, que soy un criminal, pero nada más lejos de la realidad, porque desafié el sistema, porque dije la verdad e intente hacer de esta ciudad un lugar mejor. Los que ostentan el poder han querido acabar conmigo, hundirme con falsas acusaciones…».

Con dos minutos, Fisk consigue que los manifestantes bajen las pancartas y callen. El discurso casa con la puesta de escena trumpiana. Le han bastado tres clichés: prensa mentirosa, el sistema contra mí, los poderosos contra mí.

Quien usa estas palabras adquiere cierta inmunidad al sugerir dos categorías de personas:

1) Ellos: los poderosos.

2) Nosotros: vosotros y yo —el que os habla—, la gente corriente.

Los oyentes no reparan (en ese momento, no) que el hablante podría, si quisiera, comprar algún pequeño país con sus gentes.

Prensa mentirosa, el sistema contra mí, los poderosos contra mí… clichés que funcionan para las audiencias bombardeadas por noticias falsas. Una explicación poética está en una frase de William Burroughs:

«El lenguaje es un virus que viene y utiliza nuestros cuerpos para reproducirse»

El discurso trumpiano electoral contra el sistema acaba encontrando enemigos en personas individuales o grupos fuera del sistema como los inmigrantes. Es un discurso ilógico: si el enemigo es el sistema, ¿por qué no colocar una diana en las instituciones? Porque el sistema (el capitalismo) mantiene a Trump y nadie tira piedras sobre su tejado.

Fisk vende al pueblo que el enemigo es Daredevil, un personaje fuera del sistema, por atacar a un periódico —que un puñado de palabras antes era maligna— y una iglesia… «nuestras sagradas instituciones». El sistema queda libre de toda culpa; sus máximos representantes son invitados a la boda de William Fisk y Vanessa Marianna. Representantes corrompidos por el dinero y las amenazas de Fisk.

Daredevil, la serie más adulta de Netflix-Marvel

Esta y otras referencias a Trump en la figura de Fisk convierten la tercera temporada de Daredevil en la producción Marvel más adulta y pegada al presente. Otro elemento es la corrupción promovida por Fisk que toca al pueblo y a las instituciones:

  • Pequeños comerciantes y proveedores están endeudados con bancos (¡el sistema!) en paraísos fiscales propiedad de Fisk. Deudas imposibles de pagar. Deudas que obliga a muchos a cometer actos delictivos o no colaborar con la Policía ni la Justicia.
  • Jueces, jurados, directivos y agentes del FBI, y el director de la prisión estatal están a sueldo de Fisk por miedo, ambición o sobornos.

Tanta corrupción que por momentos nos irrita y cansa como al héroe enmascarado que no obtiene ninguna recompensa a corto plazo.

La fórmula de la angustia creciente

En la tercera temporada no se emplea la fórmula acción-recompensa como las anteriores. En las primeras temporadas, el demonio rojo conseguía pequeños triunfos como el rescate de jóvenes mujeres encerradas por proxenetas o el del niño raptado por la mafia rusa (el primer plano-secuencia); deshacía bandas; acotaba la influencia de los enemigos…

En la tercera temporada, el superhéroe está contra las cuerdas hasta el último capítulo0: el poder de Kingpin no disminuye episodio a episodio… se acrecienta. Falla cada uno de los intentos de Daredevil por derrotar a Fisk. Es perseguido por el FBI y menospreciado por el pueblo.

En estos fracasos influyen que Daredevil actúa con los poderes mermados; con heridas de las que no se recupera; rechazando el apoyo emocional de quienes le quieren, y sobretodo torturándose a sí mismo y rechazando la posibilidad de que Dios vele por él. Recordemos que Matt Murdock es católico practicante y que en las temporadas anteriores encontraba consuelo en la convicción de que Dios guiaba sus pasos o al menos aprobaba su violencia.

Con todo esto, los guionistas pintan a Daredevil/Murdock en un momento emocional bajo y físicamente frágil frente a una situación de difícil resolución. El resultado es una angustia creciente para el público.

La fragilidad del héroe en el plano-secuencia

La fragilidad del héroe —no la técnica— es la que nos acelera el corazón en el plano secuencia de la huida de la cárcel (capítulo 3×04). Sensación acrecentada ante un Matt Murdock vestido como civil y no como héroe. Esta fragilidad nos lleva a aceptar que el superhéroe escape con ayuda de una banda criminal rival de Fisk.

Este plano secuencia que concluye con Murdock agónico en el taxi despierta nuestra compasión por el protagonista. Es una emoción que rara vez provoca una película o serie de superhéroes.

La fragilidad de los villanos

Seguimos con los capítulos porque esperamos un final catártico. Esta esperanza está basada de alguna manera en el conocimiento íntimo que tenemos de los villanos y sus secuaces. Han sido retratados como humanos, con obsesiones y desajustes emocionales que los hacen vulnerables. Estos retratos también conducen a la compasión… Los vemos como juguetes rotos; gente corriente que ha traspasado la línea de la legalidad… Y pasada la misma no se atreve a cuestionarse las consecuencias de sus actos. Herencia de Breaking Bad (que fue un paso más allá en la humanización del malo de la serie iniciada con Los Soprano).

El mal como elección

La humanización del villano en Daredevil tiene un objetivo dramático concreto tratándose de una serie donde el catolicismo tiene un peso importante para los personajes: el mal como elección ante las dificultades. En definitiva, expone que existe el libre albedrío… y que cada individuo es responsable moral de sus actos.

Los guionistas solo han apartado a Karen y Foggy (los amigos de Matt Murdock) de la elección entre el bien y el mal. (Aunque un largo e innecesario salto al pasado muestra a una Karen como vendedora de drogas).

Lo interesante es que el guion no exime del debate a los personajes que representan a la Iglesia:

  • El obispo de Nueva York oficia la ceremonia de Wilson Fisk y Vanessa Marianna. Esto solo es posible si está al servicio de Fisk.
  • La hermana Marie ha ocultado durante treinta años que es la madre de Matt Murdock con la complicidad del padre Lantom.

Poindexter

De todos los villanos, el más trágico es el agente Benjamin ‘Dex’ Poindexter. Veterano de guerra desubicado que trata de encontrar en el FBI compañerismo e imagina una vida con una mujer a la que observa con obsesión con sus artilugios de agente. Pero antes de conocer su faceta como acosador, el guion muestra a Dex como niño huérfano, cruel y desvalido.

Con una secuencia de 15 minutos —que va de la infancia a la adultez— la serie consigue que sintamos por Dex pena, asco y miedo. Y lo hace con una puesta en escena minimalista (episodio 3×05), teatral en la formas, cercanas al Dogville de Lars von Trier con Fisk visualizando los informes y las grabaciones de Dex y su psiquiatra.

Una decisión arriesgada que funciona: a pesar de lo artificioso de la propuesta, al no mostrar exteriores de la infancia de Dex, concentra el drama en un espacio único. La presencia constante de Fisk cerca del niño expone cómo el capo se adentra en la mente de Dex, hasta el punto de imaginar vívidamente cada momento.

No es raro que Dex, desarraigado, acabe en las redes de Fisk por voluntad propia que se ofrece como padre postizo. Por voluntad propia y un empujoncito… gracias a la red de corrupción en el FBI. Y tampoco es raro que Matt Murdock se sienta identificado con Dex: es su reservo, a donde él hubiera caído… sin la protección, el cariño (y las mentiras) del padre Lantom y la hermana Marie.

Dex no se plantea la bondad o maldad de sus actos sino agradar a su padre Fisk, llegando incluso a cometer asesinatos no solicitados. Tanta abnegación acaba por destruirlo cuando descubre que Fisk nunca lo quiso como un hijo ni siquiera como un sucedáneo de amigo… y que consiguió su lealtada a través de sucias maquinaciones y crímenes.

Sergio Leone acelerado

El final necesariamente debe darse entre los tres hombres rotos: Murdock, Fisk y Poindexter en una suerte de recreación del duelo final de El bueno, el feo y el malo en el ático de Wilson Fisk. Recreación acelerada. No caben miradas. Es un todos contra todos donde Daredevil, además, se responsabiliza de la vida de Vanessa Marianna atacada por un furioso Dex. Una lucha que conduce a un final satisfactorio para el héroe y para el público que ha sufrido con las andanzas y tribulaciones del héroe.

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Opiniones 3
  • La comparación es totalmente visible.
    Sin embargo se ve por desgracia en prácticamente todos los discursos que tratan de dirigir y manipular las masas confusas (y no solo en política).

    Totalmente de acuerdo con W.S. Burroughs, el lenguaje es el virus.

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