2 de junio 2022    /   CREATIVIDAD
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No es moho, es belleza y puro arte

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Hay algo hipnótico y cautivador en el moho y las bacterias. Sus colores brillantes, su combinación de formas, sus extrañas texturas, casi filigranas. Daria Fedorova, más conocida como Dashaplesen en Instagram, encuentra la inspiración para sus fotos en estos microrganismos que le parecen mágicos, misteriosos y absolutamente libres porque no se dejan controlar.

«Es como hablar con un espíritu: obtendrás respuestas, pero serán metafóricas y superfrágiles, como un toque de viento cuando el tiempo es supercaluroso, o cuando puedes beber agua en mitad de la sequía. Visualmente, me asombra la forma en que producen nuevos colores y degradados, cómo forman curvas y relieves, cómo crecen desde la nada hasta su etapa final, cuando se secan y se disuelven en el tiempo. Es una inspiración hipnótica y verdaderamente mágica».

 

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Fedorova estudió Bellas Artes en la British Higher School of Art and Design. Ya desde niña se sentía fascinada por la ciencia, los laboratorios, la cirugía, los cambios en el cuerpo, las leyes de la naturaleza y el origen del mundo. Tanto que incluso se planteó estudiar medicina antes de decidirse definitivamente por el arte. Cuando tuvo que hacer su proyecto final al acabar Bellas Artes, se acordó de esa fascinación infantil y entonces tuvo la idea. «Se me ocurrió hacer un mapa microbiológico del espacio físico con el que estoy en contacto desde la mañana hasta la noche. Así que ese fue mi punto de partida».

Y empezó a trastear con las placas Petri de laboratorio, creando formas biológicas mientras jugaba a ser demiurgo. En lugar de pinceles y lienzos, Fedorova optó por fotografiar aquellos resultados. Gracias a la fotografía, esta artista visual puede capturar el tiempo y congelar esos momentos irrepetibles. Ahí está la magia, asegura, actuar de testigo y compartir esos procesos transmitiendo sensaciones.

 

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«La iluminación, el ángulo, el recorte, los colores, los acentos… Todo esto provoca en el espectador un estado de ánimo diferente y cambia la percepción. Es como un tango masivo en el que ya no participan solo dos personas, sino un colectivo de órganos cercanos, que bailan juntos. Naturaleza+Creador+Artista+Digital, esta es mi quintaesencia favorita para hacer cosas».

Contemplar esa degradación biológica tal y como la retrata Dashaplesen hace pensar que hasta en la decadencia hay belleza. Aunque ella no lo ve así del todo. «Para ser honesta, cuando empecé este viaje no pensé en la decadencia, estaba más bien investigando. Solo buscaba algo nuevo y un espacio de libertad, donde nadie pueda prohibirme hacerlo».

Pero a medida que trabajaba en ello, iba descubriendo cada vez más aspectos de ese proceso de descomposición. Y todo ello le reveló la relación con diferentes aspectos sociales y religiosos. Era como un homenaje a todos los procesos naturales, como si hablara con Dios, con esa Gran Energía, descubriendo a la vez sus procesos internos, sus emociones y los desencadenantes que las despiertan.

 

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«Desde mi punto de vista, la degradación es siempre un comienzo. Me encantan estos ciclos. El sistema nervioso humano y la psique también son muy parecidos. Tocas fondo y te enfrentas a tus traumas y dolores para disolverlos, para trabajar con ellos, para empezar de nuevo. Y en cuanto a la belleza, totalmente de acuerdo, ¡está en todas partes! Deja que tu corazón, tu cuerpo y tu alma la sientan, y nunca volverás a la misma persona».

Hacer cada una de sus fotos le lleva entre cuatro y seis semanas. A veces incluso seis meses, dependiendo de la idea inicial, las condiciones, su estado de ánimo… Hay mucha prueba y error (de hecho, de cada 50 placas Petri preparadas, solo le sirven 4 o 7), e idear cada imagen le ocupa las 24 horas del día, todos los días de la semana.

 

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Todo el proceso empieza en su cocina. Lo primero es preparar esas placas. Es ahí donde puede controlar los colores, los efectos, la transparencia, la profundidad… Los primeros resultados que obtiene, cuenta, ya son alucinantes, pero ella siempre quiere ir más allá. Y continúa creando.

«Revisar diariamente, cambiar la posición, quitar el condensado, comprobar la contaminación. Hacer fotografías, añadir líquidos para afectar al crecimiento, etc. Así que es todo un viaje mágico, en el que puedo sentir todas las emociones y sentimientos que existen en nuestro espacio. ¡Y esto es extraordinariamente inspirador!».

Al fin y al cabo, eso es el arte para ella. Una búsqueda constante libre de barreras. No basta con crear cosas para ser creativo, hay que pensar, sentir y vivir como un artista, con la mente siempre abierta y sin marcos. «Seguir tu corazón y tus deseos, hablar con la gente, y hacerlo como si fuera un verdadero arte. Mirar delicadamente a un árbol o a un pájaro, todo lo vivo, todo. El arte más puro en sí mismo».

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Hay algo hipnótico y cautivador en el moho y las bacterias. Sus colores brillantes, su combinación de formas, sus extrañas texturas, casi filigranas. Daria Fedorova, más conocida como Dashaplesen en Instagram, encuentra la inspiración para sus fotos en estos microrganismos que le parecen mágicos, misteriosos y absolutamente libres porque no se dejan controlar.

«Es como hablar con un espíritu: obtendrás respuestas, pero serán metafóricas y superfrágiles, como un toque de viento cuando el tiempo es supercaluroso, o cuando puedes beber agua en mitad de la sequía. Visualmente, me asombra la forma en que producen nuevos colores y degradados, cómo forman curvas y relieves, cómo crecen desde la nada hasta su etapa final, cuando se secan y se disuelven en el tiempo. Es una inspiración hipnótica y verdaderamente mágica».

 

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Y empezó a trastear con las placas Petri de laboratorio, creando formas biológicas mientras jugaba a ser demiurgo. En lugar de pinceles y lienzos, Fedorova optó por fotografiar aquellos resultados. Gracias a la fotografía, esta artista visual puede capturar el tiempo y congelar esos momentos irrepetibles. Ahí está la magia, asegura, actuar de testigo y compartir esos procesos transmitiendo sensaciones.

 

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Contemplar esa degradación biológica tal y como la retrata Dashaplesen hace pensar que hasta en la decadencia hay belleza. Aunque ella no lo ve así del todo. «Para ser honesta, cuando empecé este viaje no pensé en la decadencia, estaba más bien investigando. Solo buscaba algo nuevo y un espacio de libertad, donde nadie pueda prohibirme hacerlo».

Pero a medida que trabajaba en ello, iba descubriendo cada vez más aspectos de ese proceso de descomposición. Y todo ello le reveló la relación con diferentes aspectos sociales y religiosos. Era como un homenaje a todos los procesos naturales, como si hablara con Dios, con esa Gran Energía, descubriendo a la vez sus procesos internos, sus emociones y los desencadenantes que las despiertan.

 

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Hacer cada una de sus fotos le lleva entre cuatro y seis semanas. A veces incluso seis meses, dependiendo de la idea inicial, las condiciones, su estado de ánimo… Hay mucha prueba y error (de hecho, de cada 50 placas Petri preparadas, solo le sirven 4 o 7), e idear cada imagen le ocupa las 24 horas del día, todos los días de la semana.

 

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«Revisar diariamente, cambiar la posición, quitar el condensado, comprobar la contaminación. Hacer fotografías, añadir líquidos para afectar al crecimiento, etc. Así que es todo un viaje mágico, en el que puedo sentir todas las emociones y sentimientos que existen en nuestro espacio. ¡Y esto es extraordinariamente inspirador!».

Al fin y al cabo, eso es el arte para ella. Una búsqueda constante libre de barreras. No basta con crear cosas para ser creativo, hay que pensar, sentir y vivir como un artista, con la mente siempre abierta y sin marcos. «Seguir tu corazón y tus deseos, hablar con la gente, y hacerlo como si fuera un verdadero arte. Mirar delicadamente a un árbol o a un pájaro, todo lo vivo, todo. El arte más puro en sí mismo».

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