10 de octubre 2018    /   IDEAS
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Chicas aceleradas y radares escacharrados: bienvenidos al juego del flirteo

10 de octubre 2018    /   IDEAS     por          
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El mundo del dating es un arte y, como tal, tiene más ciencia de lo que a simple vista pudiera parecer. Requiere de esfuerzo, paciencia, disciplina tenaz y cierta intuición. Pero conviene ser franco: en el juego del flirteo no se gana ni se pierde, ni tampoco es un juego que traiga reglas o instrucciones en la caja.

Aunque, si bien es cierto que no hay fórmulas mágicas, sí hay una serie de pautas que pueden ayudarle a uno a salir airoso del trance. La periodista Angélica Carbonell y la ilustradora Georgina Gerónimo ofrecen una serie de pistas y consejos para adentrarse en el mundo del ligoteo en Dating para chicas con prisas (Planeta).

Gerónimo explica que el título del libro surgió a raíz de la moda del speed dating. «La primera vez que oí el término dating fue cuando, ya en pleno siglo del ‘no tenemos tiempo’, surgió aquello de las citas rápidas en las que los singles llevaban una etiqueta con su nombre y tenían cinco minutos para conocer a cada candidato», señala.

«En tiempos modernos, eso se traslada al mundo de Tinder u otras aplicaciones de ligue y a la vuelta rápida a la discoteca. Dating es la palabra perfecta para las chicas con prisas que quieren salir a conocer el próximo ligue o amor».

Pero conviene ir con cuidado. Es más, Carbonell reconoce que no parece muy sensato lanzarse a este mundo como pollo sin cabeza. Es decir, que uno debe aclarar qué busca antes de salir al mercado (o de ponerse en la casilla de salida).

«Definir quién eres, cómo eres y qué te gusta; marcar unos parámetros mínimos y, luego, dejarte llevar por todas las experiencias que lleguen», señala. «En eso consiste el juego del flirteo del que hablo. Los romances pueden ser muy entretenidos, ardientes o divertidos. Depende de cada persona definir qué busca en su vida y, desde el amor propio, solo ceñirse a aquello que le haga feliz».

La oficina, la biblioteca, el gimnasio… Cualquier sitio es bueno para encontrar a esa persona. Incluso Tinder. Que conste en acta. Aunque Carbonell comenta que, hoy en día, ligar por esta red social equivale para algunos a comprar en AliExpress: el resultado no siempre se parece a lo que sale en la foto.

¿Tan mal lo hacen quienes usan esa aplicación? «El error, en sí, es buscar el príncipe azul», matiza la autora. «En Tinder entran todas las tonalidades de azules y los títulos nobiliarios se quedan obsoletos. En Tinder lo que hay son personas. Tengo que reconocer que yo misma tenía mis prejuicios hacia esa aplicación, pero, mientras escribía el libro, me la descargué para sacar material del que hablar, y fue así como conocí a mi actual pareja».

Tiene sentido, si se tiene en cuenta que Tinder, como cualquier otra plataforma virtual (o no), lo conforman personas de todo tipo. «Se vuelve mucho más entretenida cuando dejamos de lado el orgullo de despreciar una app de citas y disfrutamos de conocer a gente diferente que quizás tenga algo interesante que contar», añade.

 

¿Cualquier sitio es bueno o resulta adecuado para llevar a cabo esa primera cita? Carbonell explica que, como todo lo demás, es una cuestión de gustos. «Personalmente, nunca le he encontrado sentido a una primera cita en un cine. No me gustan las citas de cine mudo. Prefiero los lugares con luz y donde se pueda conversar. Aclaro que soy una cinéfila. Pero, en mi opinión, la escena donde transcurra la cita no tiene mucha importancia si el guion es bueno, y a ser posible con un buen reparto».

Por otro lado, Gerónimo asegura que la cita en la casa de tu ligue está bien para ella, siempre que uno tenga referencias de esa persona por amigos o conocidos. «Es tranquila, íntima y los dos deciden el menú y el nivel de interacción. Sobre todo, que sea su casa: si te cansas, te vas. Sin embargo, descarto sitios no públicos para quedar con un ligue conocido por internet. Una terracita con unas cervecitas como inhibidores de vergüenza es para mí la mejor opción», comenta, divertida, esta gráfica publicitaria.

Los dilemas son siempre parecidos: ¿qué me pongo?, ¿qué meto en el bolso? o ¿qué tema de conversación puedo sacar? La autora dice que tampoco hay que romperse los sesos y que todo es una cuestión de comodidad. «Te puedes llegar a sentir totalmente cómoda tanto destapando una fajabraga como un trauma infantil si la otra persona te inspira esa confianza», expone sin tapujos.

«Es por eso que yo insistiría en que la clave está en tener un poquito de intuición para calibrar los temas que fluyen mejor o peor con la otra persona. Evidentemente, hay determinados asuntos que nos pueden hacer sentir incómodos a cualquiera si no vienen a cuento».

De hecho, el libro contiene un listado en clave de humor con circunstancias en las que está justificado marcarse una despedida a la francesa. Las autoras animan a la peña a salir corriendo si su cita habla de sí mismo únicamente, si se pone a charlar sobre vuestro futuro como pareja a la primera de cambio, si habla de su ex de manera constante o si te cuenta todas sus experiencias paranormales o metafísicas.

Aunque también habría carta blanca para la huida si tu ligue te toquetea injustificadamente como si se le resbalara la mano, si lleva una camiseta de un grupo de música que no escucha, si aparece con unas gafas sin graduar o si le descubres un tatuaje de una lágrima en la cara.

A (casi) todos les gusta meter ficha, aunque existen ciertas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de hacerlo. La autora explica que, normalmente, los tíos saben si desean acostarse con una mujer antes del primer beso basándose casi exclusivamente en la atracción física. Ellas, en cambio, calibran sus niveles de excitación después del primer morreo.

¡Ay, ese primer beso! Los hay castos, como el beso nenuco. Los hay a lengüetazos, como el beso de sapo (o el morreo limpiaparabrisas). Los hay agresivos, como el beso caníbal. También babosos e incluso de pulpo. Y todos tienen su público, oye.

Para Carbonell, el momento del primero beso causa una expectativa muy alta, que a veces se cumple y otras no. «Pero, cuando te gusta alguien e idealizas el anhelado morreo, lo haces imaginándote que, llegado ese instante de fusión labial, se materializa el feeling que tienes o crees tener con esa persona y se adjudica. Un beso es la sentencia firme de la atracción hacia otra persona. De allí la importancia», aclara.

Y, luego, del beso al sexo hay medio paso. Aunque, ojo, porque el sexo sin ganas es, como bromea la autora, ese cubata caliente y aguado que te tomas para darle alegría al cuerpo, pero que luego no te gusta.

A partir de ahí, la relación de pareja deberá sobrevivir. Y parece que es todo cuestión de amor. «Cuando tomas decisiones con amor hacia la otra persona y hacia ti misma, lo peor que puede pasar es que la otra persona no esté en sintonía con ese mismo amor. Pero nunca habrá sido una mala decisión». En otras palabras, cabe dejar que todo fluya y, sobre todo, no forzar nada.

«Respeto, comunicación y no caer en la monotonía», añade Gerónimo. «Cada vez veo más parejas haciendo las vacaciones por separado y me parece una buena idea si convives con tu pareja: romper la rutina y escaparse por separado».

Pero en este relato también hay lugar para el drama. Porque, tal y como subraya Carbonell, el drama es como el aceite de palma: sabemos que no es sano, pero muchas de las personas que nos gustan lo llevan.

Al menos, aquellas que padecen eso que ella denomina el síndrome de Ross Geller. «Esta es una metáfora con humor que alude a un personaje casi caricaturesco (protagonista de la famosa sitcom Friends) que autosabotea todas sus relaciones. Un caso que he vivido en mis propias carnes directa o indirectamente y del que pretendo concientizar para intentar erradicarlo y que se mantenga en la ficción y no en nuestra vida personal», apostilla.

¿Moraleja? Disfruta del paseo y que el fin del mundo te pille jugando.

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Aunque, si bien es cierto que no hay fórmulas mágicas, sí hay una serie de pautas que pueden ayudarle a uno a salir airoso del trance. La periodista Angélica Carbonell y la ilustradora Georgina Gerónimo ofrecen una serie de pistas y consejos para adentrarse en el mundo del ligoteo en Dating para chicas con prisas (Planeta).

Gerónimo explica que el título del libro surgió a raíz de la moda del speed dating. «La primera vez que oí el término dating fue cuando, ya en pleno siglo del ‘no tenemos tiempo’, surgió aquello de las citas rápidas en las que los singles llevaban una etiqueta con su nombre y tenían cinco minutos para conocer a cada candidato», señala.

«En tiempos modernos, eso se traslada al mundo de Tinder u otras aplicaciones de ligue y a la vuelta rápida a la discoteca. Dating es la palabra perfecta para las chicas con prisas que quieren salir a conocer el próximo ligue o amor».

Pero conviene ir con cuidado. Es más, Carbonell reconoce que no parece muy sensato lanzarse a este mundo como pollo sin cabeza. Es decir, que uno debe aclarar qué busca antes de salir al mercado (o de ponerse en la casilla de salida).

«Definir quién eres, cómo eres y qué te gusta; marcar unos parámetros mínimos y, luego, dejarte llevar por todas las experiencias que lleguen», señala. «En eso consiste el juego del flirteo del que hablo. Los romances pueden ser muy entretenidos, ardientes o divertidos. Depende de cada persona definir qué busca en su vida y, desde el amor propio, solo ceñirse a aquello que le haga feliz».

La oficina, la biblioteca, el gimnasio… Cualquier sitio es bueno para encontrar a esa persona. Incluso Tinder. Que conste en acta. Aunque Carbonell comenta que, hoy en día, ligar por esta red social equivale para algunos a comprar en AliExpress: el resultado no siempre se parece a lo que sale en la foto.

¿Tan mal lo hacen quienes usan esa aplicación? «El error, en sí, es buscar el príncipe azul», matiza la autora. «En Tinder entran todas las tonalidades de azules y los títulos nobiliarios se quedan obsoletos. En Tinder lo que hay son personas. Tengo que reconocer que yo misma tenía mis prejuicios hacia esa aplicación, pero, mientras escribía el libro, me la descargué para sacar material del que hablar, y fue así como conocí a mi actual pareja».

Tiene sentido, si se tiene en cuenta que Tinder, como cualquier otra plataforma virtual (o no), lo conforman personas de todo tipo. «Se vuelve mucho más entretenida cuando dejamos de lado el orgullo de despreciar una app de citas y disfrutamos de conocer a gente diferente que quizás tenga algo interesante que contar», añade.

 

¿Cualquier sitio es bueno o resulta adecuado para llevar a cabo esa primera cita? Carbonell explica que, como todo lo demás, es una cuestión de gustos. «Personalmente, nunca le he encontrado sentido a una primera cita en un cine. No me gustan las citas de cine mudo. Prefiero los lugares con luz y donde se pueda conversar. Aclaro que soy una cinéfila. Pero, en mi opinión, la escena donde transcurra la cita no tiene mucha importancia si el guion es bueno, y a ser posible con un buen reparto».

Por otro lado, Gerónimo asegura que la cita en la casa de tu ligue está bien para ella, siempre que uno tenga referencias de esa persona por amigos o conocidos. «Es tranquila, íntima y los dos deciden el menú y el nivel de interacción. Sobre todo, que sea su casa: si te cansas, te vas. Sin embargo, descarto sitios no públicos para quedar con un ligue conocido por internet. Una terracita con unas cervecitas como inhibidores de vergüenza es para mí la mejor opción», comenta, divertida, esta gráfica publicitaria.

Los dilemas son siempre parecidos: ¿qué me pongo?, ¿qué meto en el bolso? o ¿qué tema de conversación puedo sacar? La autora dice que tampoco hay que romperse los sesos y que todo es una cuestión de comodidad. «Te puedes llegar a sentir totalmente cómoda tanto destapando una fajabraga como un trauma infantil si la otra persona te inspira esa confianza», expone sin tapujos.

«Es por eso que yo insistiría en que la clave está en tener un poquito de intuición para calibrar los temas que fluyen mejor o peor con la otra persona. Evidentemente, hay determinados asuntos que nos pueden hacer sentir incómodos a cualquiera si no vienen a cuento».

De hecho, el libro contiene un listado en clave de humor con circunstancias en las que está justificado marcarse una despedida a la francesa. Las autoras animan a la peña a salir corriendo si su cita habla de sí mismo únicamente, si se pone a charlar sobre vuestro futuro como pareja a la primera de cambio, si habla de su ex de manera constante o si te cuenta todas sus experiencias paranormales o metafísicas.

Aunque también habría carta blanca para la huida si tu ligue te toquetea injustificadamente como si se le resbalara la mano, si lleva una camiseta de un grupo de música que no escucha, si aparece con unas gafas sin graduar o si le descubres un tatuaje de una lágrima en la cara.

A (casi) todos les gusta meter ficha, aunque existen ciertas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de hacerlo. La autora explica que, normalmente, los tíos saben si desean acostarse con una mujer antes del primer beso basándose casi exclusivamente en la atracción física. Ellas, en cambio, calibran sus niveles de excitación después del primer morreo.

¡Ay, ese primer beso! Los hay castos, como el beso nenuco. Los hay a lengüetazos, como el beso de sapo (o el morreo limpiaparabrisas). Los hay agresivos, como el beso caníbal. También babosos e incluso de pulpo. Y todos tienen su público, oye.

Para Carbonell, el momento del primero beso causa una expectativa muy alta, que a veces se cumple y otras no. «Pero, cuando te gusta alguien e idealizas el anhelado morreo, lo haces imaginándote que, llegado ese instante de fusión labial, se materializa el feeling que tienes o crees tener con esa persona y se adjudica. Un beso es la sentencia firme de la atracción hacia otra persona. De allí la importancia», aclara.

Y, luego, del beso al sexo hay medio paso. Aunque, ojo, porque el sexo sin ganas es, como bromea la autora, ese cubata caliente y aguado que te tomas para darle alegría al cuerpo, pero que luego no te gusta.

A partir de ahí, la relación de pareja deberá sobrevivir. Y parece que es todo cuestión de amor. «Cuando tomas decisiones con amor hacia la otra persona y hacia ti misma, lo peor que puede pasar es que la otra persona no esté en sintonía con ese mismo amor. Pero nunca habrá sido una mala decisión». En otras palabras, cabe dejar que todo fluya y, sobre todo, no forzar nada.

«Respeto, comunicación y no caer en la monotonía», añade Gerónimo. «Cada vez veo más parejas haciendo las vacaciones por separado y me parece una buena idea si convives con tu pareja: romper la rutina y escaparse por separado».

Pero en este relato también hay lugar para el drama. Porque, tal y como subraya Carbonell, el drama es como el aceite de palma: sabemos que no es sano, pero muchas de las personas que nos gustan lo llevan.

Al menos, aquellas que padecen eso que ella denomina el síndrome de Ross Geller. «Esta es una metáfora con humor que alude a un personaje casi caricaturesco (protagonista de la famosa sitcom Friends) que autosabotea todas sus relaciones. Un caso que he vivido en mis propias carnes directa o indirectamente y del que pretendo concientizar para intentar erradicarlo y que se mantenga en la ficción y no en nuestra vida personal», apostilla.

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Opiniones 3
  • Creo que sería interesante tratar el tema del dating desde el punto de vista de los distintos sexos. Porque éste artículo es obviamente de mujeres y para mujeres. Pero, por poner un ejemplo, en tinder hoy en día un hombre común y corriente tiene una serie de requisitos extra que cumplir si quiere simplemente ser escuchado o tener una mínima oportunidad de quedar con una chica. ¿Por qué las mujeres pueden permitirse filtrar y elegir pareja mucho más que los hombres? Quizá de ahí venga lo que en este artículo se compara con aliexpress: uno se tiene que «vender», y por lo tanto no presentar lo que realmente es, sino lo que las mujeres quieren «comprar».

    • Concuerdo en que sí sería interesante ver el tema desde los dos sexos. Pero yo estaba pensando lo contrario con respecto a Tinder, que son los hombres quienes filtran, y hay que ajustarnos a ese primer filtro o no habrá si quiera oportunidad de intentar ir más allá.

  • Quisiera comentar algo bonito, pero es que no puedo evitar pensar que muchas de las situaciones que nos plantea el libro, si las pone en práctica un hombre, resulta en acoso, sexual o callejero. Es lo primero que me saltó a la mente: Madre mía si algún tío hace alguna de estas cosas para ligar en la biblioteca o en el metro…

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