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10 de octubre 2013    /   IDEAS
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Malcolm Gladwell echa abajo el mito de David y Goliat

10 de octubre 2013    /   IDEAS     por          
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De todos los relatos bíblicos, pocos han acabado invadiendo el imaginario occidental como la historia de David y Goliat. Lo que ocurrió aquel día en el corazón de la Palestina antigua se ha utilizado para ilustrar las luchas que cada día se producen entre los pequeños y los poderosos. Un cuento que da esperanza a aquellos que tienen todas las de perder para que encuentren una forma de sobreponerse a los grandes. ¿Pero que pasaría si todo lo que nos han contado de este relato está equivocado? Esto es lo que defiende Malcolm Gladwell en su último libro, David y Goliat.

Antes de avanzar con su teoría, revisitemos el cuento. El enfrentamiento entre este gigante de más de 2 metros y el joven pastor se produjo tras la proposición de Goliat de hacer un duelo. “Una práctica común en el mundo antiguo. Dos lados de un conflicto buscaban evitar derramar demasiada sangre en una batalla y optaron por escoger a un guerrero de cada bando”, explica el escritor en su obra.

Previsiblemente, el soldado que representaba a los filisteos se sintió ofendido cuando sus opositores israelitas presentaron ante él a un chaval sin armadura ni espada. Goliat, en cambio, estaba cubierto de protecciones elaboradas con bronce que “probablemente pesaban casi 50 kilos”, dice Gladwell. En su cabeza, llevaba un casco pesado y “estaba equipado con tres armas, cada una de ellas optimizada para el combate”.

Osmar_Schindler_David_und_Goliath
Osmar Schindler (Dominio Público)

“En sus manos tenía una jabalina fabricada enteramente de bronce, capaz de penetrar cualquier armadura o escudo. En su costado contaba con una espada. Y como primera opción de ataque, tenía una lanza”. Tomando en consideración la imponente potencia de este soldado era de prever que nadie se ofreciera voluntario a plantarse ante semejante rival.

Cuando David se ofrece, el rey Saúl le insta a utilizar su espada y armadura. El pastor responde con argumentos de peso para negarse a llevarlos. “No puedo caminar con ellos”, dice. “No estoy acostumbrado”. En su lugar, coge cinco piedras, las mete en su bolsa y camina hacia el gigante. Goliat expresa su indignación ante la presencia del pastor desarmado y se prepara para hacerlo pedazos.

“Lo que ocurre después se ha elevado a la categoría de leyenda. David coge una piedra, la mete en una especie de tirachinas y la lanza a la frente expuesta de Goliat”, tumbándolo de un golpe. “David corre hacia él, agarra su espada y le decapita”. Ante esta escena dramática ‘los filisteos constataron que el guerrero estaba muerto y huyeron’, dice el relato bíblico”.

Y así, en resumidas palabras, se construye un relato que se ha convertido en metáfora para describir victorias improbables. Para Gladwell, la historia se olvida de una cosa, quizá la victoria de David no fue tan improbable como pensamos.

“Los ejércitos antiguos tenían tres tipos de guerreros. Los primeros eran la caballería; los segundos, la infantería, y los terceros, lo que hoy llamaríamos la artillería: arqueros y honderos. Los honderos tenían una bolsa de cuero unida a una cuerda alargarda”, explica el escritor. En ellas metían piedras que arrojaban al enemigo, una técnica que, según Gladwell, requería mucha destreza. “En manos experimentadas suponía un arma tremenda (…) Un buen hondero podía matar o lesionar gravemente a un blanco a una distancia de 200 metros”, prosigue el autor canadiense.

En la configuración histórica de los soldados, se formaba una situación de “piedra, papel y tijera”. Los tres distintos tipos de guerreros hacían de contrapeso. “La infantería repelía la caballería con sus picas alargadas. La caballería, en cambio, podía enfrentarse a la artillería porque sus caballos se movían demasiado rápido para que pudiesen apuntar bien hacia ellos. La artillería era mortal para la infantería, porque un soldado con armadura pesada era un blanco fácil para honderos situados a 100 metros”.

Gladwell opina que Goliat estaba preparado para hacer frente a otro semejante siguiendo los protocolos de la época. Es decir, un soldado armado con espada y armadura para hacer frente a otro soldado similar. Pero ante un rival como David, con la capacidad para lanzar proyectiles con precisión (una aptitud adquirida para repelar a los animales que atacaban a su ganado), el gigante tenía poco que hacer.

«El duelo revela nuestra lectura errónea de nuestros supuestos sobre el poder»

“Estaba preparado para una pelea en proximidad”, pero no para una piedra lanzada desde la distancia. “Eitan Hirsch, un experto en balística del ejercito israelí, hizo recientemente algunos cálculos que demostraron que una piedra de dimensiones normales lanzada por un experto hondero a un distancia de 35 metros habría golpeado su cabeza a una velocidad de entre 30 y 40 metros por segundo. Más que suficiente para penetrar en su cráneo y dejarlo inconsciente o incluso matarlo. Tendría una potencia equivalente a una pistola”.

Visto desde esta perspectiva, la victoria ya no parece tan improbable, según Gladwell. “David era un hondero y los honderos ganan a la infantería, sí o sí. Goliat tenía la misma oportunidad de ganar a David que un guerrero de la era del bronce enfrentado con un opositor armado con una pistola automática de 0.45 pulgadas”.

El problema, dice el periodista de The New Yorker, es que la narrativa tradicional de David y Goliat que hemos contado hasta ahora está equivocada. “El duelo revela nuestra lectura errónea de nuestros supuestos sobre el poder. Las razones que llevaron a que el rey Saúl dudase de las posibilidades de David para ganar fueron que él es pequeño y Goliat es grande. Saúl piensa en el poder exclusivamente en términos de potencia física. No aprecia que la potencia puede venir de otras vías como romper las reglas o usar la rapidez y la capacidad de sorpresa en lugar de la fuerza”. El libro es el intento de Gladwell de mostrar, mediante numerosos ejemplos más actuales, que se ha vuelto necesario cambiar nuestra narrativa sobre las luchas entre los grandes y los pequeños.

Nota de Yorokobu: Esta es la primera parte de un análisis del libro de Gladwell que ya tenemos entre manos. En los siguientes posts sacaremos algunas de las conclusiones más reseñables y también algunas críticas a su trabajo que vuelven a aparecer desde sectores científicos que consideran que sus teorías frecuentemente están basadas en muestras muy poco representativas.

De todos los relatos bíblicos, pocos han acabado invadiendo el imaginario occidental como la historia de David y Goliat. Lo que ocurrió aquel día en el corazón de la Palestina antigua se ha utilizado para ilustrar las luchas que cada día se producen entre los pequeños y los poderosos. Un cuento que da esperanza a aquellos que tienen todas las de perder para que encuentren una forma de sobreponerse a los grandes. ¿Pero que pasaría si todo lo que nos han contado de este relato está equivocado? Esto es lo que defiende Malcolm Gladwell en su último libro, David y Goliat.

Antes de avanzar con su teoría, revisitemos el cuento. El enfrentamiento entre este gigante de más de 2 metros y el joven pastor se produjo tras la proposición de Goliat de hacer un duelo. “Una práctica común en el mundo antiguo. Dos lados de un conflicto buscaban evitar derramar demasiada sangre en una batalla y optaron por escoger a un guerrero de cada bando”, explica el escritor en su obra.

Previsiblemente, el soldado que representaba a los filisteos se sintió ofendido cuando sus opositores israelitas presentaron ante él a un chaval sin armadura ni espada. Goliat, en cambio, estaba cubierto de protecciones elaboradas con bronce que “probablemente pesaban casi 50 kilos”, dice Gladwell. En su cabeza, llevaba un casco pesado y “estaba equipado con tres armas, cada una de ellas optimizada para el combate”.

Osmar_Schindler_David_und_Goliath
Osmar Schindler (Dominio Público)

“En sus manos tenía una jabalina fabricada enteramente de bronce, capaz de penetrar cualquier armadura o escudo. En su costado contaba con una espada. Y como primera opción de ataque, tenía una lanza”. Tomando en consideración la imponente potencia de este soldado era de prever que nadie se ofreciera voluntario a plantarse ante semejante rival.

Cuando David se ofrece, el rey Saúl le insta a utilizar su espada y armadura. El pastor responde con argumentos de peso para negarse a llevarlos. “No puedo caminar con ellos”, dice. “No estoy acostumbrado”. En su lugar, coge cinco piedras, las mete en su bolsa y camina hacia el gigante. Goliat expresa su indignación ante la presencia del pastor desarmado y se prepara para hacerlo pedazos.

“Lo que ocurre después se ha elevado a la categoría de leyenda. David coge una piedra, la mete en una especie de tirachinas y la lanza a la frente expuesta de Goliat”, tumbándolo de un golpe. “David corre hacia él, agarra su espada y le decapita”. Ante esta escena dramática ‘los filisteos constataron que el guerrero estaba muerto y huyeron’, dice el relato bíblico”.

Y así, en resumidas palabras, se construye un relato que se ha convertido en metáfora para describir victorias improbables. Para Gladwell, la historia se olvida de una cosa, quizá la victoria de David no fue tan improbable como pensamos.

“Los ejércitos antiguos tenían tres tipos de guerreros. Los primeros eran la caballería; los segundos, la infantería, y los terceros, lo que hoy llamaríamos la artillería: arqueros y honderos. Los honderos tenían una bolsa de cuero unida a una cuerda alargarda”, explica el escritor. En ellas metían piedras que arrojaban al enemigo, una técnica que, según Gladwell, requería mucha destreza. “En manos experimentadas suponía un arma tremenda (…) Un buen hondero podía matar o lesionar gravemente a un blanco a una distancia de 200 metros”, prosigue el autor canadiense.

En la configuración histórica de los soldados, se formaba una situación de “piedra, papel y tijera”. Los tres distintos tipos de guerreros hacían de contrapeso. “La infantería repelía la caballería con sus picas alargadas. La caballería, en cambio, podía enfrentarse a la artillería porque sus caballos se movían demasiado rápido para que pudiesen apuntar bien hacia ellos. La artillería era mortal para la infantería, porque un soldado con armadura pesada era un blanco fácil para honderos situados a 100 metros”.

Gladwell opina que Goliat estaba preparado para hacer frente a otro semejante siguiendo los protocolos de la época. Es decir, un soldado armado con espada y armadura para hacer frente a otro soldado similar. Pero ante un rival como David, con la capacidad para lanzar proyectiles con precisión (una aptitud adquirida para repelar a los animales que atacaban a su ganado), el gigante tenía poco que hacer.

«El duelo revela nuestra lectura errónea de nuestros supuestos sobre el poder»

“Estaba preparado para una pelea en proximidad”, pero no para una piedra lanzada desde la distancia. “Eitan Hirsch, un experto en balística del ejercito israelí, hizo recientemente algunos cálculos que demostraron que una piedra de dimensiones normales lanzada por un experto hondero a un distancia de 35 metros habría golpeado su cabeza a una velocidad de entre 30 y 40 metros por segundo. Más que suficiente para penetrar en su cráneo y dejarlo inconsciente o incluso matarlo. Tendría una potencia equivalente a una pistola”.

Visto desde esta perspectiva, la victoria ya no parece tan improbable, según Gladwell. “David era un hondero y los honderos ganan a la infantería, sí o sí. Goliat tenía la misma oportunidad de ganar a David que un guerrero de la era del bronce enfrentado con un opositor armado con una pistola automática de 0.45 pulgadas”.

El problema, dice el periodista de The New Yorker, es que la narrativa tradicional de David y Goliat que hemos contado hasta ahora está equivocada. “El duelo revela nuestra lectura errónea de nuestros supuestos sobre el poder. Las razones que llevaron a que el rey Saúl dudase de las posibilidades de David para ganar fueron que él es pequeño y Goliat es grande. Saúl piensa en el poder exclusivamente en términos de potencia física. No aprecia que la potencia puede venir de otras vías como romper las reglas o usar la rapidez y la capacidad de sorpresa en lugar de la fuerza”. El libro es el intento de Gladwell de mostrar, mediante numerosos ejemplos más actuales, que se ha vuelto necesario cambiar nuestra narrativa sobre las luchas entre los grandes y los pequeños.

Nota de Yorokobu: Esta es la primera parte de un análisis del libro de Gladwell que ya tenemos entre manos. En los siguientes posts sacaremos algunas de las conclusiones más reseñables y también algunas críticas a su trabajo que vuelven a aparecer desde sectores científicos que consideran que sus teorías frecuentemente están basadas en muestras muy poco representativas.

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Opiniones 7
  • No es por nada pero… me chirría que cambies pulgadas por milímetros como si fuesen lo mismo. Una pulgada son 25,4mm. Seguramente te refieras a una pistola del calibre .45 que es en milimetros 11,43. Si fuese de 45mm sería un proyectil de artillería y la metáfora seria un poco exagerada. Un saludo

  • Hola, me encanta Gladwell, creo que he leído todos sus libros!

    Solamente quería comentar que si no me equivoco hay un pequeño error en el texto: «Un buen hondero podía matar o lesionar gravemente a un blanco a una distancia de 200 metros”, prosigue el estadounidense.» ¿»estadounidense» Gladwell? creo que no, creo que él es un periodista británico, criado en Canadá, que vive en Nueva York (y tiene la madre jamaicana =)

  • hola buenas tardes, si les parece equivocada la historia de david en la biblia, que es verdadera porque es la palabra de DIOS. porque no crean sus propias historias y no lean la biblia y no usen pasajes biblicos para hacer sus libros. es hironico que cientificos y supuestos ateos viven investigando la biblia y dandole vueltas buscando los errores de un DIOS que ellos dicen que no existe, no pierdan su tiempo y no peleen con el DIOS verdadero que los creo y hace temblar la tierra crea las guerras y la adversidad. DIOS tenga misericordia de ustedes, y un dia los llame a ser parte de el reino de DIOS.

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