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7 de agosto 2019    /   CREATIVIDAD
por
 Joseph O’Leary

Hombres y barbas: la moda que no pasa de moda

7 de agosto 2019    /   CREATIVIDAD     por          Joseph O’Leary
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Procter & Gamble es la mayor empresa de bienes de consumo  del mundo y, la verdad, le va muy bien. Pero Procter & Gamble tiene un problema que le ha hecho perder más de 5.000 millones de dólares en 2018. Un problema que, probablemente, cuelgue de tu cara o de la de tus amigos. Y es que esta es la casa matriz de Gillette, la empresa de maquinillas de afeitar.

Hace ya casi una década, cuando los grandes del sector vieron que las barbas de su vecino se dejaban de recortar, achacaron todo a una moda pasajera. The Guardian llegó a vaticinar en 2013 que el reinado de las barbas había llegado a su fin. Falló.

No solo hay más barbas, sino que los hombres que no la tienen se han vuelto más relajados en el afeitado y menos exigentes con sus maquinillas. Es lo que piensa  Joe Moeller, director financiero de Gillette, que asegura que los hombres están optando, cada vez más, por tirar de maquinillas desechables.

El vello que tienes en el cuerpo (y el que no tienes) está ahí por una cuestión de moda. Es factible que pienses que tu vello facial crece libremente gracias a una decisión autónoma; que la moda o la sociedad nada tienen que ver con ello.  Joe Moeller no piensa lo mismo. «La incidencia del afeitado está descendiendo», reconoció al dar los resultados de su empresa, unos resultados que no son tan catastróficos, todo sea dicho de paso, por la tendencia del hombre moderno a afeitarse o recortarse el vello de otras zonas del cuerpo. Otra vez moda.

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CONVIRTIENDO LAS BARBAS EN ARTE

«No es que mi barba sea grandiosa, pero me encanta; solo tenerla en la cara me hace sentir mucho más masculino. De hecho, me sorprende la cantidad de veces que pienso en ella». Joseph O’Leary sabe de lo que habla. En los últimos meses ha invitado a 140 barbudos a su casa. No es que O’Leary tenga un fetichismo o una obsesión, tiene un libro sobre barbas. Hace unos años, este fotógrafo de 44 años atravesaba una mala racha personal. Todo parecía irle mal así que decidió refugiarse en su pasión.

«El diseño no es solo lo que hago, es lo que soy», asegura O’Leary en su web Vetodesign. Con esta declaración por bandera, O’Leary tomó una decisión. Cuando no tienes muy claro quién eres, tiendes a volcarte en lo que realmente te define, en lo más intrínseco de tu persona, y en el caso de O’Leary el diseño y la fotografía fueron el clavo ardiendo al que aferrarse. Así que preparó su cámara y puso un anuncio llamando a todos los hombres con barba dispuestos a ser fotografiados. Quiso retratar a cientos de barbudos, personajes anónimos sin más nexo de unión que un montón de pelos en la cara. Y lo hizo.

El resultado es Of beards and men, un libro que analiza gráficamente las tendencias de la barba. «Empecé esto como un simple proyecto para crear retratos de barbas, pero ha acabado siendo una forma de honrar a los hombres que pasaron por mi estudio y se sentaron frente a la cámara a contar su historia». Skaters de California, leñadores y vaqueros de Wyoming o hípsters de Greenpoint; por el objetivo de O’Leary han desfilado todo tipo de personajes.

justin

10

8

Realizar este trabajo fotográfico hace apenas diez años hubiera resultado mucho más complicado. No es que anteriormente nadie llevara barba, pero no era tan común y no afectaba por igual a todos los estratos sociales y culturales del globo. ¿A nadie le ha sorprendido que L’Oreal haya lanzado al mercado una crema especial para pieles con barba? Parece que los fabricantes de maquinillas no son los únicos afectados por esta moda.

Sin embargo, más allá de los resultados y tendencias empresariales, hay pocos datos objetivos que respalden la teoría de que llevar barba es simplemente una moda. Al menos no en la actualidad. En 1977, el economista Dwight E. Robinson analizó la publicación The Illustrated London News, abarcando un periodo que cubría desde 1842 hasta 1972. Analizando las fotografías del semanario y clasificándolas según el vello facial de los protagonistas, Robinson publicó un estudio en el American Journal of Sociology del cual extraemos el siguiente gráfico.

º1

 

afeitados

Barbas, patillas y bigotes eran los reyes de la fiesta, pero su importancia comenzó a decaer a principios del siglo XX, ¿por qué? Durante la Primera Guerra Mundial el Gobierno de EEUU adquirió 3,5 millones de maquinillas y 36 millones de hojas para que sus soldados se colocaran sin problemas las máscaras de gas. La imagen del militar bien afeitado se convirtió en modélica y los baños de todos los hogares hicieron hueco a las maquinillas de afeitar. Las barberías sortearon la crisis como pudieron. Todo el mundo tenía una maquinilla en casa así que, ¿por qué ir al barbero?

El gremio dio una pátina de profesionalidad a su trabajo (algo de lo que andaban escasos; recordemos que durante siglos fueron barberos-cirujanos). En 1924 se fundó la Associated Master Barbers of America en Chicago.

Buen intento, pero tardío. Para entonces, todo el mundo tenía su maquinilla en casa. Gillete, que ahora sufre el revés de la moda, fue entonces la creadora de una tendencia. En un movimiento especialmente inteligente, firmó un acuerdo con las Fuerzas Armadas estadounidenses y proporcionó maquinillas a los 4.734.991 soldados americanos que participaron en la I Guerra Mundial. Millones de hombres vendían la imagen del nuevo héroe americano a través de los periódicos. Miles de millones intentaban imitarlos.

Encontrar los motivos que nos empujan hoy día a lucir una frondosa mata de pelo en la zona baja de la cara es algo más complicado. No ha habido ahora un movimiento empresarial tan obvio como lo hubo a principios del siglo XX. Pero eso no significa que no se haya dado. De hecho, ha sucedido en el mismo soporte en el que se dio hace cien años. La prensa se ha hecho eco de lo que sucedía en películas, pasarelas, escenarios… Los trendsetters eran muchos, el resultado ha sido el mismo.

«Actualmente las barbas largas se ven raramente entre hombres jóvenes occidentales». Esta afirmación no tiene polvo en sus costados. No sale de una vetusta hemeroteca sino del tornadizo reflejo de nuestra sociedad que es Wikipedia. Se subió a la enciclopedia colaborativa «a principios del siglo XXI» y hoy tiene la misma vigencia que la norma del duque de Ahumada, que estableció para los primeros guardias civiles la obligación de usar bigote.

Sin título-1

s

«Creo que la moda de llevar barba comenzó como una forma de rebelarse contra las normas de la sociedad», opina O’Leary, «una forma de rebelarse contra el consumismo corporativo y las mentiras políticas y crear ‘un distintivo de autenticidad’, como dice Andy Sturdevant en mi libro». Las incipientes barbas nacieron para rebelarse contra el mercado, pero han crecido al abrigo de este.

El interés barbudo no ha hecho más que empezar y el proyecto de O’Leary (más allá de su evidente calidad artística) es el ejemplo más ilustrativo. La idea utópica de convertirse en libro se materializó en menos de 30 días, doblando el presupuesto inicialmente fijado. «Tenía esperanzas de que tuviera algo de eco», comenta el artista, «sin embargo no esperaba que alcanzara esta repercusión. Ha sido increíble. La mayoría de los hombres que he retratado son de EEUU, pero han mostrado interés hombres de todo el mundo, empezando por Australia».

Las tendencias capilares no se imponen patrocinando una guerra, pero son hoy más mundiales que nunca.

Procter & Gamble es la mayor empresa de bienes de consumo  del mundo y, la verdad, le va muy bien. Pero Procter & Gamble tiene un problema que le ha hecho perder más de 5.000 millones de dólares en 2018. Un problema que, probablemente, cuelgue de tu cara o de la de tus amigos. Y es que esta es la casa matriz de Gillette, la empresa de maquinillas de afeitar.

Hace ya casi una década, cuando los grandes del sector vieron que las barbas de su vecino se dejaban de recortar, achacaron todo a una moda pasajera. The Guardian llegó a vaticinar en 2013 que el reinado de las barbas había llegado a su fin. Falló.

No solo hay más barbas, sino que los hombres que no la tienen se han vuelto más relajados en el afeitado y menos exigentes con sus maquinillas. Es lo que piensa  Joe Moeller, director financiero de Gillette, que asegura que los hombres están optando, cada vez más, por tirar de maquinillas desechables.

El vello que tienes en el cuerpo (y el que no tienes) está ahí por una cuestión de moda. Es factible que pienses que tu vello facial crece libremente gracias a una decisión autónoma; que la moda o la sociedad nada tienen que ver con ello.  Joe Moeller no piensa lo mismo. «La incidencia del afeitado está descendiendo», reconoció al dar los resultados de su empresa, unos resultados que no son tan catastróficos, todo sea dicho de paso, por la tendencia del hombre moderno a afeitarse o recortarse el vello de otras zonas del cuerpo. Otra vez moda.

CONVIRTIENDO LAS BARBAS EN ARTE

«No es que mi barba sea grandiosa, pero me encanta; solo tenerla en la cara me hace sentir mucho más masculino. De hecho, me sorprende la cantidad de veces que pienso en ella». Joseph O’Leary sabe de lo que habla. En los últimos meses ha invitado a 140 barbudos a su casa. No es que O’Leary tenga un fetichismo o una obsesión, tiene un libro sobre barbas. Hace unos años, este fotógrafo de 44 años atravesaba una mala racha personal. Todo parecía irle mal así que decidió refugiarse en su pasión.

«El diseño no es solo lo que hago, es lo que soy», asegura O’Leary en su web Vetodesign. Con esta declaración por bandera, O’Leary tomó una decisión. Cuando no tienes muy claro quién eres, tiendes a volcarte en lo que realmente te define, en lo más intrínseco de tu persona, y en el caso de O’Leary el diseño y la fotografía fueron el clavo ardiendo al que aferrarse. Así que preparó su cámara y puso un anuncio llamando a todos los hombres con barba dispuestos a ser fotografiados. Quiso retratar a cientos de barbudos, personajes anónimos sin más nexo de unión que un montón de pelos en la cara. Y lo hizo.

Artículo relacionado

El resultado es Of beards and men, un libro que analiza gráficamente las tendencias de la barba. «Empecé esto como un simple proyecto para crear retratos de barbas, pero ha acabado siendo una forma de honrar a los hombres que pasaron por mi estudio y se sentaron frente a la cámara a contar su historia». Skaters de California, leñadores y vaqueros de Wyoming o hípsters de Greenpoint; por el objetivo de O’Leary han desfilado todo tipo de personajes.

justin

10

8

Realizar este trabajo fotográfico hace apenas diez años hubiera resultado mucho más complicado. No es que anteriormente nadie llevara barba, pero no era tan común y no afectaba por igual a todos los estratos sociales y culturales del globo. ¿A nadie le ha sorprendido que L’Oreal haya lanzado al mercado una crema especial para pieles con barba? Parece que los fabricantes de maquinillas no son los únicos afectados por esta moda.

Sin embargo, más allá de los resultados y tendencias empresariales, hay pocos datos objetivos que respalden la teoría de que llevar barba es simplemente una moda. Al menos no en la actualidad. En 1977, el economista Dwight E. Robinson analizó la publicación The Illustrated London News, abarcando un periodo que cubría desde 1842 hasta 1972. Analizando las fotografías del semanario y clasificándolas según el vello facial de los protagonistas, Robinson publicó un estudio en el American Journal of Sociology del cual extraemos el siguiente gráfico.

º1

 

afeitados

Barbas, patillas y bigotes eran los reyes de la fiesta, pero su importancia comenzó a decaer a principios del siglo XX, ¿por qué? Durante la Primera Guerra Mundial el Gobierno de EEUU adquirió 3,5 millones de maquinillas y 36 millones de hojas para que sus soldados se colocaran sin problemas las máscaras de gas. La imagen del militar bien afeitado se convirtió en modélica y los baños de todos los hogares hicieron hueco a las maquinillas de afeitar. Las barberías sortearon la crisis como pudieron. Todo el mundo tenía una maquinilla en casa así que, ¿por qué ir al barbero?

El gremio dio una pátina de profesionalidad a su trabajo (algo de lo que andaban escasos; recordemos que durante siglos fueron barberos-cirujanos). En 1924 se fundó la Associated Master Barbers of America en Chicago.

Buen intento, pero tardío. Para entonces, todo el mundo tenía su maquinilla en casa. Gillete, que ahora sufre el revés de la moda, fue entonces la creadora de una tendencia. En un movimiento especialmente inteligente, firmó un acuerdo con las Fuerzas Armadas estadounidenses y proporcionó maquinillas a los 4.734.991 soldados americanos que participaron en la I Guerra Mundial. Millones de hombres vendían la imagen del nuevo héroe americano a través de los periódicos. Miles de millones intentaban imitarlos.

Encontrar los motivos que nos empujan hoy día a lucir una frondosa mata de pelo en la zona baja de la cara es algo más complicado. No ha habido ahora un movimiento empresarial tan obvio como lo hubo a principios del siglo XX. Pero eso no significa que no se haya dado. De hecho, ha sucedido en el mismo soporte en el que se dio hace cien años. La prensa se ha hecho eco de lo que sucedía en películas, pasarelas, escenarios… Los trendsetters eran muchos, el resultado ha sido el mismo.

«Actualmente las barbas largas se ven raramente entre hombres jóvenes occidentales». Esta afirmación no tiene polvo en sus costados. No sale de una vetusta hemeroteca sino del tornadizo reflejo de nuestra sociedad que es Wikipedia. Se subió a la enciclopedia colaborativa «a principios del siglo XXI» y hoy tiene la misma vigencia que la norma del duque de Ahumada, que estableció para los primeros guardias civiles la obligación de usar bigote.

Sin título-1

s

«Creo que la moda de llevar barba comenzó como una forma de rebelarse contra las normas de la sociedad», opina O’Leary, «una forma de rebelarse contra el consumismo corporativo y las mentiras políticas y crear ‘un distintivo de autenticidad’, como dice Andy Sturdevant en mi libro». Las incipientes barbas nacieron para rebelarse contra el mercado, pero han crecido al abrigo de este.

El interés barbudo no ha hecho más que empezar y el proyecto de O’Leary (más allá de su evidente calidad artística) es el ejemplo más ilustrativo. La idea utópica de convertirse en libro se materializó en menos de 30 días, doblando el presupuesto inicialmente fijado. «Tenía esperanzas de que tuviera algo de eco», comenta el artista, «sin embargo no esperaba que alcanzara esta repercusión. Ha sido increíble. La mayoría de los hombres que he retratado son de EEUU, pero han mostrado interés hombres de todo el mundo, empezando por Australia».

Las tendencias capilares no se imponen patrocinando una guerra, pero son hoy más mundiales que nunca.

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Opiniones 59
  • La verdad prefiero no tener que dejarme la barba…exige cuidado…pero a los dos días los picores me impelen a hacerme con la maquinilla…claro que no solo han descendido las ventas en maquinillas…es que a 25 eur el pack es como para pensárselo…

  • Los godos se enorgullecían de sus bigotes, era un símbolo no solo de virilidad sino de su sangre. Incluso romanos de tercera o cuarta generación goda, con un control excelente del latín y las costumbres del Imperio, conservaban su bigote como un reconocimiento de sus orígenes.

    Con el tiempo la crema y élite bohemia romana se dio cuenta de esto y poco a poco comenzaron a adoptar costumbres y motivos no solo godos, sino suevos, vándalos, etc. Desde artículos de ropa y joyería hasta el propio bigotillo. Algo así como un movimiento «Bárbaro chic». Desde luego, con todo eso el bigote perdió fuerza e identidad.

    Con todo este auge de las barbas, en parte gracias a la moda hipster (uuggh), y al desgraciado aparato mercadotécnico que se va a encargar de explotarlo y violarlo hasta la saciedad, es solo cuestión de tiempo para que la barba pierda cualquier significado de virilidad (o lo que sea) y se vuelva una moda más para ser consumida sin pensarlo.

  • Lo que me sorprende es lo mucho que están tardando en sacar una línea de productos dedicados al cuidado de la barba. Donde hay un problema hay una solución, pero algunos no la ven. ¿Conocen el caso de las navajas swiss? Dejaron de venderse en aeropuertos después del 11-S, perdiendo un porcentaje enorme de cuota de mercado, y se reinventaron. Lo que digo, donde hay un problema hay una solución.

  • La barba es horrible. En todas las fotografías que acompañan este artículo, resulta antiestética. Eso por un lado. Por otro lado, es incomodísimo besar (en los labios o mejilla, da igual) con barba. Y habrá hombres que la reivindiquen ahora por una cuestión de moda. Pero resulta molesto tener la cara cubierta de pelo, las mujeres no pueden ni imaginárselo. Tanto es así, que los hombres a los que les gusta su barba, se han tenido que acostumbrar forzosamente. Porque no es algo que te apetezca llevar por definición. Yo siempre llevo barba de no más de 1mm y cuando ya llevo 2 o 3 mm me empieza a molestar. Y comer con barba… En fin, es súper desagradable.

    Anti erótico. Antiestético. Anti higiénico. Anti todo.

  • Las maquinillas y cuchillas son muy caras. Al último que comenta le diría que confunde su experiencia personal con la verdad. Conozco a más de uno tan feliz con su barba. Dependiendo del rostro y la barba, algunas son perfectamente estéticas y bellas. No hay verdad universal para nada ni para esto tampoco.

  • Que es tendencia?… si, lo acepto, aunque algunos ya llevemos más de 9 años sin pasarnos una cuchilla. Pero como conocedor de la barbarie que acompaña a la marca «Procter & Gamble» siendo una de las empresas que más testan y experimentan con animales y contribuyen y defienden la experimentación, vivisección y asesinato de inocentes por y para continuar dominando su poder empresarial… así como el daño medioambiental, la fraudulenta gestión de residuos y provocar uno de los peores impactos contaminantes hacia el planeta a día de hoy… como conocedor de esto y mucho más que desconocemos todos, me alegro de sus perdidas (que seguro no son tantas), de su actual situación de mercado (aunque solo sea en el sector de la higiene personal) y deseo y espero que a esta y muchas más empresas similares les baya mucho peor y acaben en la ruina!!!

    •  ( 2012.03.6 16:37 ) : I just co8dnl&#u217;t depart your web site prior to suggesting that I really enjoyed the standard info a person provide for your visitors? Is gonna be back often in order to check up on new posts

    • Waahauhhho, je suis FOOOOLLE de ta meringue !!! J'adore trop son look un peu fou et super gourmand à la fois, il fallait y penser ! C'est vraiment génial !Chapeau ma belle !

  • Creo que te has colado un poco con la entradilla…

    «P and G said the decline in net income compared with the prior year was due to a gain in the 2013 period from the sale of its Italy bleach business. The 2014 period was also negatively impacted by changes in foreign currency levels.»

  • Yo no sigo esa tendencia, no me afeito tanto como debiera y luego EL PREXIO de las cuchillas echa para atrás…
    Sin ir más lejos, estoy pensando en afeitarme con navaja o algo así, ya lo hice en el pasado y lo malo es el pulso y tal, pero con práctica lo conseguiré.
    La maquinilla no lo descarto, pero la que tengo tiene muy poca potencia…
    Por ello, si desde Gillette o Wilkinson bajan los precios igual no notarán tanta disminución de ingresos.

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