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13 de mayo 2019    /   ENTRETENIMIENTO
por
Fotos  Marcel Schreiber - Unsplash

De la trinchera en Bosnia a la cancha de basket

13 de mayo 2019    /   ENTRETENIMIENTO     por        Fotos  Marcel Schreiber - Unsplash
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El deporte tiene muchas historias de lagrimilla, del triunfo de lo inesperado por un cúmulo irrepetible de circunstancias estrambóticas.

Ya es clásica la gesta de la selección danesa de fútbol, a la que rescataron de las vacaciones playeras para ir a jugar una Eurocopa de fútbol.

Yugoslavia fue expulsada de la competición a causa de la guerra que se celebraba en su territorio en descomposición. Y los daneses, que no se habían clasificado y que fueron a sustituir a los sancionados, ganaron.

Hay una historia más desconocida y que alberga un drama humano más amplio que el de la historia danesa.

De la trinchera bosnia a la cancha

Yugoslavia saltó por los aires en abril de 1992. Su selección nacional estaba plagada de estrellas y es, probablemente, el mejor combinado nacional europeo que se haya reunido nunca.

La mayoría de jugadores eran serbios y croatas y el estallido del conflicto dio al traste con relaciones de décadas (Nota mental: no te pierdas el documental Hermanos y enemigos).

Los jugadores bosnios, si bien jugaban de manera testimonial en aquella selección, tuvieron que irse al frente para defender su propio territorio.

Un año después del comienzo del conflicto, Bosnia comenzó a reorganizarse y eso incluía sus federaciones deportivas y sus recién fundadas selecciones nacionales.

El verano de 1993 sería el de la celebración del Eurobasket de Alemania y Bosnia tuvo que armar un equipo de la nada. O de algo peor que la nada.

El encargado de llevar a cabo la misión fue Mirza Delibasic, el extraordinario exjugador del Real Madrid y leyenda nacional del juego de la pelota gorda.

Había tres jugadores fuera de la extinta Yugoslavia y, por lo tanto, fuera de peligro, pero el grueso del equipo se encontraba paralizado en el asedio de Sarajevo.

Un plan secreto les sacó de la ciudad amparados en la oscuridad y les llevó a la concentración del equipo en una situación de estrés extraordinario.

Un documental en pleno proceso de producción cuenta cómo se fue todo al carajo, como se recuperó la esperanza de las cenizas y cómo aquel equipo lleno de cicatrices en el alma se quedó entre lo mejores ocho equipos de la Europa que se olvidó de lo que ocurrió en los Balcanes.

The long shot está en pleno proceso de crowdfunding porque hace falta guita para entrevistar a aquellos jugadores y entrenadores sobrehumanos; para explicar el lado deportivo, pero sobre todo el espectacular ejemplo de supervivencia de la dignidad de aquellos jugadores.

El jazz no tiene por qué darte miedo

Kamasi Washington es un compositor excelente, un saxofonista sobresaliente y una personalidad arrolladora. Pero Kamasi Washington es, sobre todo, hijo del tiempo que vive.

El pesado legado del jazz que carga en sus portentosas espaldas no es un obstáculo para que combine su talento con lo más chispeante del género. Y no solo con eso. Es capaz de tirar de orquestas, raperos o cualquier cosa que sirva para apartar los límites un poco más.

Y estará en Madrid esta noche en el Ciclo 1906. Música para una inmensa minoría.

Los discos de vinilo tienen dibujos grandes

En un requiebro tan pizpireto como caprichoso, aprovechamos que Airbag tocó el pasado viernes en Madrid y el próximo 17 de mayo en Castelló para descubrir el arte de Cementerio indie, su último LP.

El trabajo gráfico está firmado por el diseñador malagueño Unbuentipo –aka Álvaro Fernández– y lo desmenuza todo en un podcast de diseño y música porque, sí señoras y señores, hay un podcast de diseño y música.

Su nombre es Carántula y lo puedes escuchar aquí.

Pico y pala, monográfico currela

Como seguro que sabes, nuestra revista de papel aborda un tema concreto cada mes. El del pasado mes de abril habla del trabajo y puedes llevártelo a casa por 5 euros de nada desde este enlace.

Aunque no es lo mismo que leer en papel, también puedes ver muchos de sus contenidos en este monográfico digital que hemos preparado.

Este contenido es una columna llamada El Piensódromo. La enviamos los viernes por email e incluye algún tipo de reflexión acerca de ecosistema que nos rodea y algunas recomendaciones culturales y lecturas adicionales. Si quieres recibirlo directamente en tu correo electrónico, puedes darte del alta aquí.

El deporte tiene muchas historias de lagrimilla, del triunfo de lo inesperado por un cúmulo irrepetible de circunstancias estrambóticas.

Ya es clásica la gesta de la selección danesa de fútbol, a la que rescataron de las vacaciones playeras para ir a jugar una Eurocopa de fútbol.

Yugoslavia fue expulsada de la competición a causa de la guerra que se celebraba en su territorio en descomposición. Y los daneses, que no se habían clasificado y que fueron a sustituir a los sancionados, ganaron.

Hay una historia más desconocida y que alberga un drama humano más amplio que el de la historia danesa.

De la trinchera bosnia a la cancha

Yugoslavia saltó por los aires en abril de 1992. Su selección nacional estaba plagada de estrellas y es, probablemente, el mejor combinado nacional europeo que se haya reunido nunca.

La mayoría de jugadores eran serbios y croatas y el estallido del conflicto dio al traste con relaciones de décadas (Nota mental: no te pierdas el documental Hermanos y enemigos).

Los jugadores bosnios, si bien jugaban de manera testimonial en aquella selección, tuvieron que irse al frente para defender su propio territorio.

Un año después del comienzo del conflicto, Bosnia comenzó a reorganizarse y eso incluía sus federaciones deportivas y sus recién fundadas selecciones nacionales.

El verano de 1993 sería el de la celebración del Eurobasket de Alemania y Bosnia tuvo que armar un equipo de la nada. O de algo peor que la nada.

El encargado de llevar a cabo la misión fue Mirza Delibasic, el extraordinario exjugador del Real Madrid y leyenda nacional del juego de la pelota gorda.

Había tres jugadores fuera de la extinta Yugoslavia y, por lo tanto, fuera de peligro, pero el grueso del equipo se encontraba paralizado en el asedio de Sarajevo.

Un plan secreto les sacó de la ciudad amparados en la oscuridad y les llevó a la concentración del equipo en una situación de estrés extraordinario.

Un documental en pleno proceso de producción cuenta cómo se fue todo al carajo, como se recuperó la esperanza de las cenizas y cómo aquel equipo lleno de cicatrices en el alma se quedó entre lo mejores ocho equipos de la Europa que se olvidó de lo que ocurrió en los Balcanes.

The long shot está en pleno proceso de crowdfunding porque hace falta guita para entrevistar a aquellos jugadores y entrenadores sobrehumanos; para explicar el lado deportivo, pero sobre todo el espectacular ejemplo de supervivencia de la dignidad de aquellos jugadores.

El jazz no tiene por qué darte miedo

Kamasi Washington es un compositor excelente, un saxofonista sobresaliente y una personalidad arrolladora. Pero Kamasi Washington es, sobre todo, hijo del tiempo que vive.

El pesado legado del jazz que carga en sus portentosas espaldas no es un obstáculo para que combine su talento con lo más chispeante del género. Y no solo con eso. Es capaz de tirar de orquestas, raperos o cualquier cosa que sirva para apartar los límites un poco más.

Y estará en Madrid esta noche en el Ciclo 1906. Música para una inmensa minoría.

Los discos de vinilo tienen dibujos grandes

En un requiebro tan pizpireto como caprichoso, aprovechamos que Airbag tocó el pasado viernes en Madrid y el próximo 17 de mayo en Castelló para descubrir el arte de Cementerio indie, su último LP.

El trabajo gráfico está firmado por el diseñador malagueño Unbuentipo –aka Álvaro Fernández– y lo desmenuza todo en un podcast de diseño y música porque, sí señoras y señores, hay un podcast de diseño y música.

Su nombre es Carántula y lo puedes escuchar aquí.

Pico y pala, monográfico currela

Como seguro que sabes, nuestra revista de papel aborda un tema concreto cada mes. El del pasado mes de abril habla del trabajo y puedes llevártelo a casa por 5 euros de nada desde este enlace.

Aunque no es lo mismo que leer en papel, también puedes ver muchos de sus contenidos en este monográfico digital que hemos preparado.

Este contenido es una columna llamada El Piensódromo. La enviamos los viernes por email e incluye algún tipo de reflexión acerca de ecosistema que nos rodea y algunas recomendaciones culturales y lecturas adicionales. Si quieres recibirlo directamente en tu correo electrónico, puedes darte del alta aquí.

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