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16 de noviembre 2012    /   CREATIVIDAD
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De Loveland, con amor

16 de noviembre 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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Los ‘downtowns’ de muchas ciudades estadounidenses se han vaciado. El éxodo de sus habitantes a las afueras ha dejado solares sin alma, asolados por el olvido. Detroit es el ejemplo más extremo, pero este mismo fenómeno se ha replicado en mayor o menor escala en todo el país. Una nueva generación de emprendedores intentan dar una vuelta a esta tendencia con una apuesta por la calidad y lo artesanal frente al efecto homogeneizador de los Wal Marts y centros comerciales que dominan los barrios periféricos. Loveland Aleworks, una cervecería artesanal que abrió en julio en el centro de Loveland (Colorado), es un buen ejemplo de cómo con un poco de mimo y buenas ideas se pueden crear alternativas a lo de siempre.

Tic, toc, tic, toc, tic, toc, tic, toc. 1, 10, 20, 50, 200. Los días pasaban y la licencia no llegaba. Nick Callaway tenía todo lo necesario para empezar a fabricar cerveza. El espacio, el equipo y, lo más importante, las ganas. Pero sin ese papelito del gobierno federal de Estados Unidos no podía empezar a elaborar las recetas que tenía acumuladas en un cajón. Era un sueño que llevaba años gestándose en la cabeza del fundador de Loveland Aleworks.

“Ayudé a abrir una microcervecería en mi último año de universidad y la experiencia me marcó”. Antes de realizarlo, Callaway compaginaba este hobby con su trabajo de ingeniero en una gran compañía que no le llenaba. “Tras probarlo, no pude quitarme de la cabeza la necesidad de crear una marca de cervezas”.

Casi un año después el permiso llegó, y Callaway pudo encerrarse en su nuevo negocio para empezar a hacer lo que más le gustaba. Desde el comienzo, el emprendedor concibió la cervecería, situada en una nave industrial reformada de finales del siglo 19 en Loveland (Colorado), como un lugar donde acudir para probar sus elaboraciones.

La entrada está formada por una sala diáfana que sirve de bar. Los enormes ventanales permiten ver el interior donde trabaja Callaway y sus compañeros para elaborar la bebida. “Queremos equiparar el disfrute de la cerveza al goce del vino”.

La identidad y diseño del espacio realizada por Manual Creative, un estudio de diseño de San Francisco, complementa la obsesión del cervecero por hacer elaboraciones sencillas y sin artificios. “Aunque me gusta probar birras experimentales de vez en cuando, hemos optado por volver a lo tradicional. Buscar las recetas antiguas y respetarlas lo máximo posible sin florituras”.

La apertura de Loveland Ale Works llega en medio de un auténtico boom por la cerveza artesanal en un país acostumbrado a cervezas aguadas e insulsas. “Ahora mismo, este segmento cubre un 12 % del mercado y un 10 % del volumen en EEUU. Estoy convencido que esta cifra se puede duplicar”.

Un fenómeno que también se está produciendo en los alrededores de Loveland. “Ya tenemos 4 cerveceras independientes en la ciudad y hay más de una decena en la zona norte de Colorado donde nos encontramos. Empezamos a tener un verdadero ecosistema. Cuando me faltan ingredientes, me prestan, y viceversa. Es un lugar idoneo para hacer cerveza porque estamos rodeados por montañas que proporcionan un agua muy suave”.

No es casualidad que Callaway haya escogido el centro histórico de Loveland para empezar su nuevo negocio. Desde el principio ha querido contribuir a revitalizar una zona que ha sufrido un progresivo abandono como muchos centros urbanos en Estados Unidos. Promocionar el comercio local y las cosas hechas en la zona se han vuelto un imperativo para él, pero sin entrar en extremismos.

“Servimos queso de Colorado, pero también chorizo español. No hay que perder la perspectiva. Hace falta reivindicar el valor de lo local, pero sin olvidarnos de que estamos en un mundo global, ni de mirarnos el ombligo, sino haciendo las cosas bien. La gente poco a poco está volviendo al centro. Tomará su tiempo, pero es imparable”.

El empresario del ferrocarril que dió nombre a Loveland

La ciudad de Loveland toma su nombre de William Loveland, el presidente del ferrocarril de Colorado que, en 1877, se inauguró en la zona. La construcción de la línea fue lo que permitió fundar la ciudad y este pasado, relacionado con los trenes, fue una de las mayores inspiraciones para Tom Crabtree, fundador del estudio de diseño Manual, a la hora de crear la identidad de Loveland Ale Works.

El ex director de arte de Apple se esforzó en todo momento en reflejar la historia del lugar sin caer en lo deliberadamente retro. “Notamos que muchas de las cervecerías independientes que han surgido en los últimos años apelan demasiado a la nostalgia (…). Quisimos huir de esto. Aunque, si hacemos referencia al pasado de Loveland como un lugar que se estableció gracias a la línea de ferrocarril, nos esforzamos bastante en que el resultado final fuera moderno”.

Los ‘downtowns’ de muchas ciudades estadounidenses se han vaciado. El éxodo de sus habitantes a las afueras ha dejado solares sin alma, asolados por el olvido. Detroit es el ejemplo más extremo, pero este mismo fenómeno se ha replicado en mayor o menor escala en todo el país. Una nueva generación de emprendedores intentan dar una vuelta a esta tendencia con una apuesta por la calidad y lo artesanal frente al efecto homogeneizador de los Wal Marts y centros comerciales que dominan los barrios periféricos. Loveland Aleworks, una cervecería artesanal que abrió en julio en el centro de Loveland (Colorado), es un buen ejemplo de cómo con un poco de mimo y buenas ideas se pueden crear alternativas a lo de siempre.

Tic, toc, tic, toc, tic, toc, tic, toc. 1, 10, 20, 50, 200. Los días pasaban y la licencia no llegaba. Nick Callaway tenía todo lo necesario para empezar a fabricar cerveza. El espacio, el equipo y, lo más importante, las ganas. Pero sin ese papelito del gobierno federal de Estados Unidos no podía empezar a elaborar las recetas que tenía acumuladas en un cajón. Era un sueño que llevaba años gestándose en la cabeza del fundador de Loveland Aleworks.

“Ayudé a abrir una microcervecería en mi último año de universidad y la experiencia me marcó”. Antes de realizarlo, Callaway compaginaba este hobby con su trabajo de ingeniero en una gran compañía que no le llenaba. “Tras probarlo, no pude quitarme de la cabeza la necesidad de crear una marca de cervezas”.

Casi un año después el permiso llegó, y Callaway pudo encerrarse en su nuevo negocio para empezar a hacer lo que más le gustaba. Desde el comienzo, el emprendedor concibió la cervecería, situada en una nave industrial reformada de finales del siglo 19 en Loveland (Colorado), como un lugar donde acudir para probar sus elaboraciones.

La entrada está formada por una sala diáfana que sirve de bar. Los enormes ventanales permiten ver el interior donde trabaja Callaway y sus compañeros para elaborar la bebida. “Queremos equiparar el disfrute de la cerveza al goce del vino”.

La identidad y diseño del espacio realizada por Manual Creative, un estudio de diseño de San Francisco, complementa la obsesión del cervecero por hacer elaboraciones sencillas y sin artificios. “Aunque me gusta probar birras experimentales de vez en cuando, hemos optado por volver a lo tradicional. Buscar las recetas antiguas y respetarlas lo máximo posible sin florituras”.

La apertura de Loveland Ale Works llega en medio de un auténtico boom por la cerveza artesanal en un país acostumbrado a cervezas aguadas e insulsas. “Ahora mismo, este segmento cubre un 12 % del mercado y un 10 % del volumen en EEUU. Estoy convencido que esta cifra se puede duplicar”.

Un fenómeno que también se está produciendo en los alrededores de Loveland. “Ya tenemos 4 cerveceras independientes en la ciudad y hay más de una decena en la zona norte de Colorado donde nos encontramos. Empezamos a tener un verdadero ecosistema. Cuando me faltan ingredientes, me prestan, y viceversa. Es un lugar idoneo para hacer cerveza porque estamos rodeados por montañas que proporcionan un agua muy suave”.

No es casualidad que Callaway haya escogido el centro histórico de Loveland para empezar su nuevo negocio. Desde el principio ha querido contribuir a revitalizar una zona que ha sufrido un progresivo abandono como muchos centros urbanos en Estados Unidos. Promocionar el comercio local y las cosas hechas en la zona se han vuelto un imperativo para él, pero sin entrar en extremismos.

“Servimos queso de Colorado, pero también chorizo español. No hay que perder la perspectiva. Hace falta reivindicar el valor de lo local, pero sin olvidarnos de que estamos en un mundo global, ni de mirarnos el ombligo, sino haciendo las cosas bien. La gente poco a poco está volviendo al centro. Tomará su tiempo, pero es imparable”.

El empresario del ferrocarril que dió nombre a Loveland

La ciudad de Loveland toma su nombre de William Loveland, el presidente del ferrocarril de Colorado que, en 1877, se inauguró en la zona. La construcción de la línea fue lo que permitió fundar la ciudad y este pasado, relacionado con los trenes, fue una de las mayores inspiraciones para Tom Crabtree, fundador del estudio de diseño Manual, a la hora de crear la identidad de Loveland Ale Works.

El ex director de arte de Apple se esforzó en todo momento en reflejar la historia del lugar sin caer en lo deliberadamente retro. “Notamos que muchas de las cervecerías independientes que han surgido en los últimos años apelan demasiado a la nostalgia (…). Quisimos huir de esto. Aunque, si hacemos referencia al pasado de Loveland como un lugar que se estableció gracias a la línea de ferrocarril, nos esforzamos bastante en que el resultado final fuera moderno”.

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