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2 de junio 2011    /   CIENCIA
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De profesión: levantadora de pingüinos que se caen de espaldas

2 de junio 2011    /   CIENCIA     por          
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Existe una «leyenda urbana» (aunque mejor habría que decir “mito antártico”) que afirma que, cuando los pingüinos miran hacia arriba cuando oyen pasar un avión, siguen la linea de vuelo del aparato inclinando la cabeza hasta que, cansados sus cuellos de sostener tan incómoda posición, pierden el equilibrio y caen al suelo de espaldas, condenados a revolcarse sin que nadie se acerque para ayudarlos a incorporarse y, a la postre, muriendo entre insufribles estertores de incomodidad.

Esta especie de mito data de 1982, cuando los pilotos británicos de la RAF que hacían pasadas sobre las Malvinas en la guerra del archipiélago presuntamente observaron el fenómeno al sobrevolar las colonias de pingüinos. Estos pilotos afirmaban que las aves caían a su paso, ya que levantaban la cabeza para localizar los aviones y, a continuación, les vencía la gravedad cayendo de espaldas por miles, como si fueran fichas de dominó.
Desde entonces, muchos han creído que los pingüinos se caen de espaldas por mirar pasar los aviones. No fue hasta 2001, en que a unos científicos británicos fueron enviados a la Antártida, cuando se intentó desmontar este mito de la ornitología popular. Durante cinco semanas, un equipo de la British Antarctic Survey (BAS) a bordo del rompehielos Endurance estuvo supervisado 1.000 pingüinos rey en la isla de Georgia del Sur, mientras helicópteros Lynx hacían pasadas por encima de ellos como parte de unas prácticas militares.
El equipo de la BAS grabó en vídeo el comportamiento de los pingüinos ante los helicópteros sobrevolando a diferentes alturas. Se filmó a dos colonias de estas aves, antes, durante y tras el paso de los vuelos; y las grabaciones fueron analizadas después en la sede central de la agencia en Cambridge.

La conclusión fue que el impacto de los vuelos militares sobre las poblaciones de pingüinos puede hacer que los animales se tambaleen un poco, pero sin llegar a perder la posición vertical. «A medida que la aeronave se acercaba, las aves se quedaban en silencio y dejaban de llamarse los unos a los otros; los pingüinos adolescentes que no estaban en sus nidos también comenzaron a caminar lejos del ruido. Instinto animal puro», afirmaba el investigador principal de aquella misión, el británico Dr. Richard Stone.
La conclusión no pudo por más que ser concluyente: los vuelos de más de 305 metros (1.000 pies) causan «sólo efectos leves y transitorios» en los pingüinos rey; nada de volquetes mortales con la capacidad de diezmar una especie. En realidad, la investigación fue motivada por el temor a que los patrones de reproducción de los pingüinos pudieran ser alterados por la actividad de las aeronaves en la región.
Hace apenas unos meses, en 2011, un equipo ruso, por si la confirmación británica de hace una década no hubiera sido suficiente, decidió comprobar por ellos mismos la validez de la explicación. Para ello se desplazaron a la base Antártida rusa de Bellingshausen. Esta base está situada en un lugar único para el asunto que nos ocupa: entre una pista de aterrizaje y una colonia de pingüinos.
 

Mientras el equipo ruso estaba observando la reacción de los pingüinos ante los vuelos de carga que llegaban a la base, se encontraron por allí con dos biólogos alemanes que trabajaban en una base de los alrededores. Cual fue la sorpresa de los rusos cuando estos ornitólogos les comunicaron que su trabajo era, justamente, levantar a los pingüinos cuando se caen panza arriba.
La ornitóloga alemana, de nombre Anke, confirmó a un periodista del Rusian Times que los acompañaba, que de hecho esta acción era la base fundamental de su trabajo y que lo veía totalmente normal. «Mi tarea es ir en busca de los pingüinos todos los días para ver si existe alguno que se haya caído, para ayudarles a levantarse de nuevo».
Según los ornitólogos, Los pingüinos son aves muy inteligentes en realidad. «A veces, cuando llegan al borde del hielo los vemos asomándose en busca de las focas leopardo. Si uno se acerca demasiado al borde, otro pingüino le empuja como un sacrificio para probar las aguas” afirma la rubia Enke, que también confirma que esa agilidad mental cuando están de pie se convierte en agua de borrajas cuando se caen panza arriba.
A veces tan extraño trabajo también puede llegar a ser peligroso, convirtiéndose en una lucha contra las aves, pues los pingüinos aletean y patalean como posesos para evitar ser tocados y levantados a su posición erguida, inconscientes de que esos extraños seres de naranja que andan por allí lo único que buscan es…ayudar.

Vía: Rusian Times y Snopes.com


Existe una «leyenda urbana» (aunque mejor habría que decir “mito antártico”) que afirma que, cuando los pingüinos miran hacia arriba cuando oyen pasar un avión, siguen la linea de vuelo del aparato inclinando la cabeza hasta que, cansados sus cuellos de sostener tan incómoda posición, pierden el equilibrio y caen al suelo de espaldas, condenados a revolcarse sin que nadie se acerque para ayudarlos a incorporarse y, a la postre, muriendo entre insufribles estertores de incomodidad.

Esta especie de mito data de 1982, cuando los pilotos británicos de la RAF que hacían pasadas sobre las Malvinas en la guerra del archipiélago presuntamente observaron el fenómeno al sobrevolar las colonias de pingüinos. Estos pilotos afirmaban que las aves caían a su paso, ya que levantaban la cabeza para localizar los aviones y, a continuación, les vencía la gravedad cayendo de espaldas por miles, como si fueran fichas de dominó.
Desde entonces, muchos han creído que los pingüinos se caen de espaldas por mirar pasar los aviones. No fue hasta 2001, en que a unos científicos británicos fueron enviados a la Antártida, cuando se intentó desmontar este mito de la ornitología popular. Durante cinco semanas, un equipo de la British Antarctic Survey (BAS) a bordo del rompehielos Endurance estuvo supervisado 1.000 pingüinos rey en la isla de Georgia del Sur, mientras helicópteros Lynx hacían pasadas por encima de ellos como parte de unas prácticas militares.
El equipo de la BAS grabó en vídeo el comportamiento de los pingüinos ante los helicópteros sobrevolando a diferentes alturas. Se filmó a dos colonias de estas aves, antes, durante y tras el paso de los vuelos; y las grabaciones fueron analizadas después en la sede central de la agencia en Cambridge.

La conclusión fue que el impacto de los vuelos militares sobre las poblaciones de pingüinos puede hacer que los animales se tambaleen un poco, pero sin llegar a perder la posición vertical. «A medida que la aeronave se acercaba, las aves se quedaban en silencio y dejaban de llamarse los unos a los otros; los pingüinos adolescentes que no estaban en sus nidos también comenzaron a caminar lejos del ruido. Instinto animal puro», afirmaba el investigador principal de aquella misión, el británico Dr. Richard Stone.
La conclusión no pudo por más que ser concluyente: los vuelos de más de 305 metros (1.000 pies) causan «sólo efectos leves y transitorios» en los pingüinos rey; nada de volquetes mortales con la capacidad de diezmar una especie. En realidad, la investigación fue motivada por el temor a que los patrones de reproducción de los pingüinos pudieran ser alterados por la actividad de las aeronaves en la región.
Hace apenas unos meses, en 2011, un equipo ruso, por si la confirmación británica de hace una década no hubiera sido suficiente, decidió comprobar por ellos mismos la validez de la explicación. Para ello se desplazaron a la base Antártida rusa de Bellingshausen. Esta base está situada en un lugar único para el asunto que nos ocupa: entre una pista de aterrizaje y una colonia de pingüinos.
 

Mientras el equipo ruso estaba observando la reacción de los pingüinos ante los vuelos de carga que llegaban a la base, se encontraron por allí con dos biólogos alemanes que trabajaban en una base de los alrededores. Cual fue la sorpresa de los rusos cuando estos ornitólogos les comunicaron que su trabajo era, justamente, levantar a los pingüinos cuando se caen panza arriba.
La ornitóloga alemana, de nombre Anke, confirmó a un periodista del Rusian Times que los acompañaba, que de hecho esta acción era la base fundamental de su trabajo y que lo veía totalmente normal. «Mi tarea es ir en busca de los pingüinos todos los días para ver si existe alguno que se haya caído, para ayudarles a levantarse de nuevo».
Según los ornitólogos, Los pingüinos son aves muy inteligentes en realidad. «A veces, cuando llegan al borde del hielo los vemos asomándose en busca de las focas leopardo. Si uno se acerca demasiado al borde, otro pingüino le empuja como un sacrificio para probar las aguas” afirma la rubia Enke, que también confirma que esa agilidad mental cuando están de pie se convierte en agua de borrajas cuando se caen panza arriba.
A veces tan extraño trabajo también puede llegar a ser peligroso, convirtiéndose en una lucha contra las aves, pues los pingüinos aletean y patalean como posesos para evitar ser tocados y levantados a su posición erguida, inconscientes de que esos extraños seres de naranja que andan por allí lo único que buscan es…ayudar.

Vía: Rusian Times y Snopes.com

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Opiniones 11
  • Muy buen artículo…
    “Mi tarea es ir en busca de los pingüinos todos los días para ver si existe alguno que se haya caído, para ayudarles a levantarse de nuevo”… nunca mejor dicho jeje!
    Es bueno que exista este tipo de ayuda para cuidar La Antartida, muy interesante.
    Saludos!
    ignacio

    • Hola Anonimo, te dejo una cita del artículo:
      «La conclusión fue que el impacto de los vuelos militares sobre las poblaciones de pingüinos puede hacer que los animales se tambaleen un poco, pero sin llegar a perder la posición vertical. “A medida que la aeronave se acercaba, las aves se quedaban en silencio y dejaban de llamarse los unos a los otros; los pingüinos adolescentes que no estaban en sus nidos también comenzaron a caminar lejos del ruido. Instinto animal puro”, afirmaba el investigador principal de aquella misión, el británico Dr. Richard Stone.
      La conclusión no pudo por más que ser concluyente: los vuelos de más de 305 metros (1.000 pies) causan “sólo efectos leves y transitorios” en los pingüinos rey; nada de volquetes mortales con la capacidad de diezmar una especie. En realidad, la investigación fue motivada por el temor a que los patrones de reproducción de los pingüinos pudieran ser alterados por la actividad de las aeronaves en la región.

      • No me refería al artículo, si no a que haya una persona solo para levantarlos, si fuera así cualquiera diría que nunca se ha caído un pingüino de espaldas 🙂 Y si existe genial por ella, pero tiene que ser aburrido estar todos los días levantando pingüinos, o por lo menos que lo hagan deporte olímpico 🙂
        Saludos.

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