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2 de junio 2015    /   CREATIVIDAD
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Dear data: Información visual dibujada a mano frente al empacho de Big Data

2 de junio 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Todas las semanas dos postales se cruzan en el Atlántico. De un postbox (buzón) inglés sale una tarjeta hacia Estados Unidos y de un mailbox (buzón) estadounidense parte otra hacia Inglaterra. Las escriben dos mujeres que decidieron introducir un océano entre el lugar donde nacieron y el que habitan hoy. La estadounidense, Stefanie Posavec, vive en Londres. La italiana, Giorgia Lupi, reside en Nueva York.
La fiebre del Big Data había llegado a la mesa de trabajo de estas dos diseñadoras. En aquella época aún no se conocían, pero el huracán de los datos soplaba ya con fuerza contra sus ventanas. El ruido de la furia no les gustaba. Parecía que los misterios del mundo, a partir de entonces, solo podrían descifrarse mediante gráficos construidos después de que unas máquinas superpotentes analizaran millones de datos estadísticos.
El día en que Lupi y Posavec se conocieron en Minneapolis, su sospecha de que el Big Data no era el mejor modo de explicar el mundo se hizo más grande. Ninguna de las dos estaba tan segura de la entronización de este nuevo dios narrativo y decidieron retarlo. Pensaban que los datos no tienen que pasar por la lógica computacional ni el diseño de un programa informático para convertirse en información visual.
Los datos no tienen que acabar en esos relatos áridos, fríos o robotizados que algunos atribuyen al lenguaje del Big Data. «Nos dimos cuenta de que nuestras vidas digitales están muy integradas con nuestras ‘vidas reales’ y nos preguntábamos cuáles de estos elementos pueden ser registrados y representados de un modo más humano. ¿Qué se puede capturar de nuestra vida diaria que no sea una mera cuantificación de afectos o actividades?», indica la estadounidense por correo electrónico.
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Posavec y Lupi decidieron que, durante unas horas a la semana, apagarían el ordenador y tomarían un papel. Allí, y solo con datos, contarían a la otra diseñadora cómo había sido su semana. Hablarían de un detalle que decidieran previamente por mensaje. Los objetos comprados durante esa semana, las interacciones que tuvieran por mail y en persona, las veces que se miraran a un espejo… Después lo pasarían a una postal y la enviarían, por correo convencional, al otro lado del Atlántico. En la cara principal siempre iría el relato de las emociones, pensamientos o acontecimientos de esos siete días. Detrás estaría la leyenda para entender a qué hacen referencia las figuras y los colores que sustituyen a las letras.
Esta correspondencia, a la que llaman Dear Data, empezó el 1 de septiembre de 2014 y acabará ese mismo día de 2015. La opción de la postal resultó casi inevitable. «Quería experimentar con algo analógico y con datos escritos a mano. Eso presentaba un problema. Vivimos en continentes distintos. ¿Cómo podíamos intercambiar los datos?», relata Posavec. «Tomamos esta limitación como una oportunidad y la idea de escribir en postales llegó al momento».
Esta colección de relatos es un experimento con el que Lupi y Posavec quieren descubrir cuánto puede contar un dibujo. Las diseñadoras solo se han visto dos veces en persona. Fue en las ediciones de 2013 y 2014 del festival Eyeo. El resto, para llegar a ser amigas, lo tendrán que hacer las cartas. Esas postales, que según dicen, son «una exploración de datos pequeños, incompletos e imperfectos (aunque intensamente humanos) que representan a una persona».
En los gráficos que se transportan por internet no quedan huellas del viaje. No hay sello, ni dolor, ni experiencia. En esta forma de transmisión que ellas describen como slow data ocurre justo lo contrario. El viaje va añadiendo información a estos datos diminutos por el camino. Las aduanas y el vuelo sobre el océano dejan arrugas, rasguños y manchas de tinta. Marcas que acaban creando también la historia de cada postal.
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Todas las semanas dos postales se cruzan en el Atlántico. De un postbox (buzón) inglés sale una tarjeta hacia Estados Unidos y de un mailbox (buzón) estadounidense parte otra hacia Inglaterra. Las escriben dos mujeres que decidieron introducir un océano entre el lugar donde nacieron y el que habitan hoy. La estadounidense, Stefanie Posavec, vive en Londres. La italiana, Giorgia Lupi, reside en Nueva York.
La fiebre del Big Data había llegado a la mesa de trabajo de estas dos diseñadoras. En aquella época aún no se conocían, pero el huracán de los datos soplaba ya con fuerza contra sus ventanas. El ruido de la furia no les gustaba. Parecía que los misterios del mundo, a partir de entonces, solo podrían descifrarse mediante gráficos construidos después de que unas máquinas superpotentes analizaran millones de datos estadísticos.
El día en que Lupi y Posavec se conocieron en Minneapolis, su sospecha de que el Big Data no era el mejor modo de explicar el mundo se hizo más grande. Ninguna de las dos estaba tan segura de la entronización de este nuevo dios narrativo y decidieron retarlo. Pensaban que los datos no tienen que pasar por la lógica computacional ni el diseño de un programa informático para convertirse en información visual.
Los datos no tienen que acabar en esos relatos áridos, fríos o robotizados que algunos atribuyen al lenguaje del Big Data. «Nos dimos cuenta de que nuestras vidas digitales están muy integradas con nuestras ‘vidas reales’ y nos preguntábamos cuáles de estos elementos pueden ser registrados y representados de un modo más humano. ¿Qué se puede capturar de nuestra vida diaria que no sea una mera cuantificación de afectos o actividades?», indica la estadounidense por correo electrónico.
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Posavec y Lupi decidieron que, durante unas horas a la semana, apagarían el ordenador y tomarían un papel. Allí, y solo con datos, contarían a la otra diseñadora cómo había sido su semana. Hablarían de un detalle que decidieran previamente por mensaje. Los objetos comprados durante esa semana, las interacciones que tuvieran por mail y en persona, las veces que se miraran a un espejo… Después lo pasarían a una postal y la enviarían, por correo convencional, al otro lado del Atlántico. En la cara principal siempre iría el relato de las emociones, pensamientos o acontecimientos de esos siete días. Detrás estaría la leyenda para entender a qué hacen referencia las figuras y los colores que sustituyen a las letras.
Esta correspondencia, a la que llaman Dear Data, empezó el 1 de septiembre de 2014 y acabará ese mismo día de 2015. La opción de la postal resultó casi inevitable. «Quería experimentar con algo analógico y con datos escritos a mano. Eso presentaba un problema. Vivimos en continentes distintos. ¿Cómo podíamos intercambiar los datos?», relata Posavec. «Tomamos esta limitación como una oportunidad y la idea de escribir en postales llegó al momento».
Esta colección de relatos es un experimento con el que Lupi y Posavec quieren descubrir cuánto puede contar un dibujo. Las diseñadoras solo se han visto dos veces en persona. Fue en las ediciones de 2013 y 2014 del festival Eyeo. El resto, para llegar a ser amigas, lo tendrán que hacer las cartas. Esas postales, que según dicen, son «una exploración de datos pequeños, incompletos e imperfectos (aunque intensamente humanos) que representan a una persona».
En los gráficos que se transportan por internet no quedan huellas del viaje. No hay sello, ni dolor, ni experiencia. En esta forma de transmisión que ellas describen como slow data ocurre justo lo contrario. El viaje va añadiendo información a estos datos diminutos por el camino. Las aduanas y el vuelo sobre el océano dejan arrugas, rasguños y manchas de tinta. Marcas que acaban creando también la historia de cada postal.
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Opiniones 5
  • Coincido con Stefanie y Giorgia; vivimos cada vez más en una inmersión digital dentro de nuestra propia realidad. Es genial la afirmación que tras cada postal hay una experiencia más allá de el propio texto.
    Por cierto, gran trabajo Mar (y todo el equipo de Yorokobu). Sois muy, pero que muy interesantes. Seguid así!

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