13 de agosto 2013    /   IDEAS
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Decálogo del ciudadano odioso

13 de agosto 2013    /   IDEAS     por          
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Odiar está feo. Dicen. Pero realmente odiar es humano, necesario, casi una cuestión de supervivencia. Solemos odiar, incluso sin saberlo o desearlo, justo desde el momento en el que hay gente que hace cosas que no es que no nos gusten… nos irritan, nos sacan de nuestras casillas. Y encima lo hacen -parece- por joder.

Hay quien merece ser odiado, incluso quien parece perseguir el que les odies. Personalmente, si tuviera que hacer un listado de características que hacen que odie mucho a la gente, se me ocurren hasta diez muy definitorias.

El que presume de defraudar. Ay, amigo, qué idiota eres que le pides factura al fontanero, cuando te saldría más barato si te lo hiciera sin IVA. Claro, compañero, pero imagino que además estarás cobrando el paro, alguna pensión, o incluso alguna especie de convenio a cuenta del Estado. ¿Cómo crees que se paga ese dinero? ¿Y el de esa Sanidad a la que criticas? ¿Y esa carretera sin peaje? ¿Y a ese barrendero de tu barrio? Que defraudes te hace odioso, que presumas de ello te convierte encima en despreciable.

El que tiene perro y te obliga a tenerlo a ti. Me encantan los perros. De hecho, tengo perro. Pero yo recojo cada deposición, de las dos de media al día que ha hecho durante los seis años y medio de vida que tiene. Eso, sumado, son muchos kilos de caca. Y sí, los recojo, con bolsa o kleenex cuando no tengo bolsa, incluso cuando dan mucho asco. Porque son mías, como la elección de tener perro. Mías y no tuyas, y en el espacio público tú no tienes por qué soportarlas. También llevo atado a mi perro a no ser que vea que no molesta a nadie, y siempre pendiente de que no se acerque a nadie o pueda molestar. Y si no, me lo llevo. Mi perro es mío, y yo elijo soportarlo en lo bueno y en lo malo, no tienes que aguantarlo tú. Así que no me hagas que soporte a tu animal porque es tuyo, y no mío.

El que tiene niños y hace que los demás los soporten. También me gustan los niños, y tengo los míos propios. Intento comer poco fuera de casa si veo que pueden dar la nota y molestar a los otros comensales, y si sucede los cojo, los saco y hasta que no se calman no vuelvo a entrar. Intento no cambiarlos en espacios públicos cerca de la gente, porque son míos y no de ellos. Nunca los dejo a cargo de nadie porque soy yo quien tiene que cuidarlos. La socorrista de la piscina no es monitora de guardería, por más que me apetezca darme un baño tranquilo. Y si gritan, que griten en mi casa, pero no delante de la ventana de la tuya. De nada.

Yo no cojo el ascensor en el metro ni en el centro comercial, a no ser que lleve el carro con los niños. O si llevo muletas, o silla de ruedas. O si mi señora está embarazada. Lo mismo con el Metro o el autobús: sólo me siento si estoy exhausto y hay sillas libres, y siempre pendiente de si entra alguien mayor, o con muletas o niños -al brazo o dentro de la tripa-. El ascensor no es para evitarte las escaleras (mecánicas, ojo, que no te vas a herniar), ni estás tan necesitado de sentarse como ese abuelo de 80 años que se agarra para no caerse en el Metro. Levanta la vista de tu móvil, quítate los cascos y atiende un poco, no me obligues a avergonzarte delante de todos pidiéndote que te levantes porque ese sitio no es para ti.

Tu música es una mierda, no la compartas conmigo, especialmente en sitios públicos. Me fascina la gente que va con el auricular del manos libres y sostiene el móvil ante su boca y habla ¿Es necesario ese postureo si tienes un manos libres? O mejor: la gente que habla por el móvil como si te interesara su conversación, o que aprovecha el viaje en tren, cuando todos guardan silencio, para llamar a todos sus -supongo- amigos. Aunque los mejores son, sin duda, los que escuchan música con el altavoz del móvil, ya sea yendo por la calle o en el transporte público. Estoy por hacer acopio de auriculares de estos de RENFE y meterlos en mi bolsa para ir dándoselos. Tengo la teoría de que, a peor gusto musical, más tendencia a hacernos escuchar su mierda a los demás.

No te conozco, así que no me apetece ni hablar contigo, ni besarte. ¿Tú sabes esa gente que te empieza a dar coversación y, una vez pasada la cortesía, sigue insistiendo? Puede ser el taxista, la abuela que va contigo en el bus o ese señor que viaja en el mismo avión que tú. Hasta en el bar pasa cuando desayunas tranquilamente. No te conozco y, seguramente, no me interesas. Sonrío y contesto porque soy educado pero, por favor, si ves que intento cortar la charla, respétalo. Lo mismo que esa costumbre tan de abuela de «este es mi nieto nosequién, ¿te acuerdas de él?», a lo que la otra abuela contesta «claro, qué mayor, dame un beso», y ala, a plantarle un beso a la señora que ni sabes quién es ni te interesa. Yo prefiero besar cuando quiero y a quien quiero, abuela. Gracias por no obligarme a ser simpático si no me apetece.

Conducir por la izquierda te hace merecedor de una multa por incivismo, eso lo sabemos todos. Y cuanto más despacio vayas y más vacío esté el carril de la derecha, más. Repasemos juntos las lecciones de la autoescuela: el carril de la izquierda sirve para adelantar y luego, vuelves al derecho. Si te da miedo la barrera de la derecha o es que los camiones han hecho que aparezcan muchos baches en el asfalto no es problema mío: no me obligues a ir detrás tuyo, porque ni quiero pegarme a tu culo, ni hacerte ráfagas, ni pitarte, ni ir kilómetros con el intermitente encendido, ni acabar -harto- adelantándote por la derecha. Sencillamente, termina tu maniobra y apártate tranquilamente para que yo, a una velocidad adecuada y dentro de lo legal, siga mi camino.

Lo bueno de tener moto es que en los atascos voy sorteando coches, lo cual está muy bien. Lo malo es cuando los voy adelantando conduciendo sobre las líneas entre los carriles y, de pronto y sin intermitente -hop-, me planto delante en mitad de un carril. Claro, el coche de detrás tiene que frenar para dejarme sitio porque ahora de pronto soy un vehículo normal con anchura de carril normal. Y ojo, porque si me rozas con el coche tú te harás un rasguño, pero yo puedo matarme, así que ya puedes ir frenando si no quieres ser un incívico. Igual que esos, en moto o en coche, que en ese espacio que tú has dejado a modo de distancia de seguridad ven un hueco perfecto para adelantar pegándose a ti. Inhabilitación y vuelta a la autoescuela ya.

Este es un país lleno de gente brillante. Tanto que todos son médicos, abogados, científicos y entrenadores de fútbol, siempre con mejores ideas o réplicas que hacer a los pobres que sólo son una cosa y se dedican a ella. Posiblemente por eso el país va tan bien. Es verdad que en una sala con gente casi siempre hay alguien que sabe más de algo que tú, pero casi es más verdad que en esa misma sala va a haber muchos que creen saber más que tú. Aunque tú te dediques a eso y ellos no lo hayan hecho en su vida. Es que no tienes ni puta idea, hombre.

Siempre hay gente que, misteriosamente, tiene razón. Incluso habiendo dicho lo contrario de lo que dijeron antes. Es una especie de superpoder mágico que sólo unos pocos poseen, más de los que tú desearías, en cualquier caso. Son gente que, además, es de naturaleza intransigente: hables de política (sobre todo de política), de fútbol o de la vida en general, no darán su brazo a torcer. Como mucho, te verás inmerso en una conversación improductiva en el que el otro te despreciará, no llegarás a ningún punto en común y, seguramente, acabaréis enfadados. Así que mejor déjales con su verdad, dales la razón e intenta iniciar otra conversación. Y a la otra piénsate muy mucho volver a intentar tratarle como a una persona normal. Son superiores, no lo olvides.

Este es mi decálogo, con mis razones para odiar a la gente. Mías, personales e intransferibles. Seguro que a ti se te ocurren otras, puede que incluso sean mejores. No te cortes y contribuye en los comentarios: odiar, recuerda, es necesario. Hasta rejuvenece.

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Odiar está feo. Dicen. Pero realmente odiar es humano, necesario, casi una cuestión de supervivencia. Solemos odiar, incluso sin saberlo o desearlo, justo desde el momento en el que hay gente que hace cosas que no es que no nos gusten… nos irritan, nos sacan de nuestras casillas. Y encima lo hacen -parece- por joder.

Hay quien merece ser odiado, incluso quien parece perseguir el que les odies. Personalmente, si tuviera que hacer un listado de características que hacen que odie mucho a la gente, se me ocurren hasta diez muy definitorias.

El que presume de defraudar. Ay, amigo, qué idiota eres que le pides factura al fontanero, cuando te saldría más barato si te lo hiciera sin IVA. Claro, compañero, pero imagino que además estarás cobrando el paro, alguna pensión, o incluso alguna especie de convenio a cuenta del Estado. ¿Cómo crees que se paga ese dinero? ¿Y el de esa Sanidad a la que criticas? ¿Y esa carretera sin peaje? ¿Y a ese barrendero de tu barrio? Que defraudes te hace odioso, que presumas de ello te convierte encima en despreciable.

El que tiene perro y te obliga a tenerlo a ti. Me encantan los perros. De hecho, tengo perro. Pero yo recojo cada deposición, de las dos de media al día que ha hecho durante los seis años y medio de vida que tiene. Eso, sumado, son muchos kilos de caca. Y sí, los recojo, con bolsa o kleenex cuando no tengo bolsa, incluso cuando dan mucho asco. Porque son mías, como la elección de tener perro. Mías y no tuyas, y en el espacio público tú no tienes por qué soportarlas. También llevo atado a mi perro a no ser que vea que no molesta a nadie, y siempre pendiente de que no se acerque a nadie o pueda molestar. Y si no, me lo llevo. Mi perro es mío, y yo elijo soportarlo en lo bueno y en lo malo, no tienes que aguantarlo tú. Así que no me hagas que soporte a tu animal porque es tuyo, y no mío.

El que tiene niños y hace que los demás los soporten. También me gustan los niños, y tengo los míos propios. Intento comer poco fuera de casa si veo que pueden dar la nota y molestar a los otros comensales, y si sucede los cojo, los saco y hasta que no se calman no vuelvo a entrar. Intento no cambiarlos en espacios públicos cerca de la gente, porque son míos y no de ellos. Nunca los dejo a cargo de nadie porque soy yo quien tiene que cuidarlos. La socorrista de la piscina no es monitora de guardería, por más que me apetezca darme un baño tranquilo. Y si gritan, que griten en mi casa, pero no delante de la ventana de la tuya. De nada.

Yo no cojo el ascensor en el metro ni en el centro comercial, a no ser que lleve el carro con los niños. O si llevo muletas, o silla de ruedas. O si mi señora está embarazada. Lo mismo con el Metro o el autobús: sólo me siento si estoy exhausto y hay sillas libres, y siempre pendiente de si entra alguien mayor, o con muletas o niños -al brazo o dentro de la tripa-. El ascensor no es para evitarte las escaleras (mecánicas, ojo, que no te vas a herniar), ni estás tan necesitado de sentarse como ese abuelo de 80 años que se agarra para no caerse en el Metro. Levanta la vista de tu móvil, quítate los cascos y atiende un poco, no me obligues a avergonzarte delante de todos pidiéndote que te levantes porque ese sitio no es para ti.

Tu música es una mierda, no la compartas conmigo, especialmente en sitios públicos. Me fascina la gente que va con el auricular del manos libres y sostiene el móvil ante su boca y habla ¿Es necesario ese postureo si tienes un manos libres? O mejor: la gente que habla por el móvil como si te interesara su conversación, o que aprovecha el viaje en tren, cuando todos guardan silencio, para llamar a todos sus -supongo- amigos. Aunque los mejores son, sin duda, los que escuchan música con el altavoz del móvil, ya sea yendo por la calle o en el transporte público. Estoy por hacer acopio de auriculares de estos de RENFE y meterlos en mi bolsa para ir dándoselos. Tengo la teoría de que, a peor gusto musical, más tendencia a hacernos escuchar su mierda a los demás.

No te conozco, así que no me apetece ni hablar contigo, ni besarte. ¿Tú sabes esa gente que te empieza a dar coversación y, una vez pasada la cortesía, sigue insistiendo? Puede ser el taxista, la abuela que va contigo en el bus o ese señor que viaja en el mismo avión que tú. Hasta en el bar pasa cuando desayunas tranquilamente. No te conozco y, seguramente, no me interesas. Sonrío y contesto porque soy educado pero, por favor, si ves que intento cortar la charla, respétalo. Lo mismo que esa costumbre tan de abuela de «este es mi nieto nosequién, ¿te acuerdas de él?», a lo que la otra abuela contesta «claro, qué mayor, dame un beso», y ala, a plantarle un beso a la señora que ni sabes quién es ni te interesa. Yo prefiero besar cuando quiero y a quien quiero, abuela. Gracias por no obligarme a ser simpático si no me apetece.

Conducir por la izquierda te hace merecedor de una multa por incivismo, eso lo sabemos todos. Y cuanto más despacio vayas y más vacío esté el carril de la derecha, más. Repasemos juntos las lecciones de la autoescuela: el carril de la izquierda sirve para adelantar y luego, vuelves al derecho. Si te da miedo la barrera de la derecha o es que los camiones han hecho que aparezcan muchos baches en el asfalto no es problema mío: no me obligues a ir detrás tuyo, porque ni quiero pegarme a tu culo, ni hacerte ráfagas, ni pitarte, ni ir kilómetros con el intermitente encendido, ni acabar -harto- adelantándote por la derecha. Sencillamente, termina tu maniobra y apártate tranquilamente para que yo, a una velocidad adecuada y dentro de lo legal, siga mi camino.

Lo bueno de tener moto es que en los atascos voy sorteando coches, lo cual está muy bien. Lo malo es cuando los voy adelantando conduciendo sobre las líneas entre los carriles y, de pronto y sin intermitente -hop-, me planto delante en mitad de un carril. Claro, el coche de detrás tiene que frenar para dejarme sitio porque ahora de pronto soy un vehículo normal con anchura de carril normal. Y ojo, porque si me rozas con el coche tú te harás un rasguño, pero yo puedo matarme, así que ya puedes ir frenando si no quieres ser un incívico. Igual que esos, en moto o en coche, que en ese espacio que tú has dejado a modo de distancia de seguridad ven un hueco perfecto para adelantar pegándose a ti. Inhabilitación y vuelta a la autoescuela ya.

Este es un país lleno de gente brillante. Tanto que todos son médicos, abogados, científicos y entrenadores de fútbol, siempre con mejores ideas o réplicas que hacer a los pobres que sólo son una cosa y se dedican a ella. Posiblemente por eso el país va tan bien. Es verdad que en una sala con gente casi siempre hay alguien que sabe más de algo que tú, pero casi es más verdad que en esa misma sala va a haber muchos que creen saber más que tú. Aunque tú te dediques a eso y ellos no lo hayan hecho en su vida. Es que no tienes ni puta idea, hombre.

Siempre hay gente que, misteriosamente, tiene razón. Incluso habiendo dicho lo contrario de lo que dijeron antes. Es una especie de superpoder mágico que sólo unos pocos poseen, más de los que tú desearías, en cualquier caso. Son gente que, además, es de naturaleza intransigente: hables de política (sobre todo de política), de fútbol o de la vida en general, no darán su brazo a torcer. Como mucho, te verás inmerso en una conversación improductiva en el que el otro te despreciará, no llegarás a ningún punto en común y, seguramente, acabaréis enfadados. Así que mejor déjales con su verdad, dales la razón e intenta iniciar otra conversación. Y a la otra piénsate muy mucho volver a intentar tratarle como a una persona normal. Son superiores, no lo olvides.

Este es mi decálogo, con mis razones para odiar a la gente. Mías, personales e intransferibles. Seguro que a ti se te ocurren otras, puede que incluso sean mejores. No te cortes y contribuye en los comentarios: odiar, recuerda, es necesario. Hasta rejuvenece.

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Opiniones 27
  • Simplemente, ojalá te tuviera como vecino así se haría respetar el silencio y las horas de sueño ¡Gracias por escribir lo que muchos piensan pero pocos se atreven a nombrar! (No hagamos de esto una espiral del silencio) 😀

  • Totalmente de acuerdo con el artículo y yo también añadiría muchas cosas más a la lista. Lo que más me joroba es que si te pones de mala leche en esas situaciones, encima el borde o antisocial seas tú!!

    Hemos llegado al punto de: yo voy por la vida como si fuese solo y si me puedo aprovechar de vosotros mejor!

    En fin, que me ha gustado el artículo, muy bien escrito

  • El que se pone a caminar / correr por el carril bici, o lleva el carrito de los niños o el de la compra por el mismo.
    Los que comparten su olor natural en espacios cerrados y de difícil escapatoria.
    Los gregarios y corifeos de twitter que jalean sin rubor alguno hasta las mamarrachadas más estrepitosas de los líderes (políticos, sociales, culturales) a los que creen seguir….

  • Me parece cojonuda tu expresión de odio, por así decirlo. Me atrevería a añadir un par de perfiles más:

    – Aquellos desaprensivos que cuando cae un chaparrón y van provistos de paraguas, no ceden el espacio bajo los balcones a aquellos que la lluvia les ha pillado sin él. Haga el favor de apartarse que yo no llevo paraguas!

    – Los ciclistas oportunistas que se acogen a todas las leyes según les interese: a la del peatón si la de circulación no interesa, o a la de circulación si la del peatón no interesa. Ahora me va bien el semáforo verde para peatones porque el de coches está en rojo, y viceversa.

    Ala, un saludo!

  • La palabra odiar no me gusta demasiado, prefiero reservarla para momentos muy puntuales a lo largo de la vida, y que sea en dosis muy pequeñas.

    Prefiero ignorar, hacer uso de la paciencia, buscar posibles soluciones,…
    auqnue a veces es tarea imposible, pero bueno es mejor intentarlo
    que dejarse llevar por el odio que resulta esteril, incluso dañino.

    Te quejas del trafico, y no puedo opinar proque no conduzco,
    pero seguro que después de mirar este video del tráfico en Vietnam
    ya te dará igual todo:
    https://www.youtube.com/watch?v=V8Nm8jD0X4E

    Como peatón, me molesta particularmente la gente que va por la acera
    en bicicleta a velocidades muy altas, incluso sin agarrar el manillar van algunos.
    Tengo perro, lo llevo atado, y siempre estoy pendiente de las bicicletas.

    A mí me gustaría que en los trenes hubiera vagones donde no estuviera permitido
    el uso del movil. Un vagón libre de contaminacion acústica.

    Los modales de la gente es un tema complicado, y a veces álguien puede tener un mal día y no ser consciente de que está haciendo algo no adecuado y molesto.
    Prefiero pensar que las malas personas egoistas, son las que menos abundan.

    Buén artículo y mejor blog.

    Saludos desde Galicia.

  • A mí tampoco me gustan algunos de los comportamientos que nombras aquí, en especial lo de las cacas de perro. Pero tampoco me gusta la gente que se queja constantemente y que está llena de odio. Ellos también contribuyen a hacer nuestra vida en sociedad menos agradable.

    • Una cosa es estar llena de odio y otra ser crítico. El autor está expresando muchas situaciones en que las personas «normales» aguantamos aunque nos incordien. Ya está bien de que las buenas personas aguantemos a los desconsiderados. No por eso somos unos haters.

  • No es que no esté de acuerdo contigo en la mayoría de los tipos que describes, pero la vehemencia (casi rozando la violencia) de tus palabras me hacen pensar en un tipo de persona más a la que «odiar». Los intransigentes.
    En realidad no, porque en mi opinión, odiar es una palabra muy fuerte, que se debe reservar para asesinos, violadores, pederastas, homófobos, xenófobos, racistas, machistas y demás personas violentas e intolerantes.
    Y que conste que me lo digo a mi misma, que la falta de civismo me saca de mis casillas y me pongo muy intransigente, violenta e intolerante.

  • y la gente que siempre opina?? cuando no les preguntas, no te interesa, de todo y todos… suele ser gente que es perfecta, y por eso puede juzgar a los demás. esos empiezan mi lista!!!

  • Como dice neno39, no me gusta odiar, así que concuerdo totalmente con él.

    No me gusta odiar, y por eso odio a los que odian XD

    Hay comportamientos que las personas que los ejercen tienen una gran falta de responsabilidad social cuando los realizan. Son comportamientos odiosos, pero hay que vivir con ellos. Odiarlo sólo te merma la energía y te lleva al lado oscuro de la sinrazón.

    Con respecto a no dar conversación a quien te habla, me parece una gran falta de empatía con aquellas personas que de vez en cuando necesitan hablar y no tienen quién las escuche. Aprendí mucho sobre ello yendo (sólo) un par de veces a dar galletas y café a gente de la calle. Te sorprenderías las cosas que puedes escuchar (y de las que puedes aprender) de gente que no tiene a quién contar sus experiencias.

    También con los besos estoy en desacuerdo. Es bonito besar y tocar. De hecho, sólo en la mitad de la vida los adultos se vuelven más reticentes a ello, pero en la infancia y en la senectud son imprescindibles. Yo lo enmarcaría dentro de la Inteligencia emocional el saber cuándo comportarse con cierto cariño, a pesar de no tener lazos estrechos con quien estés enfrente.

    No los odio, pero sí los recrimino, a aquellos que les hacen a los demás cosas que no quisieran para ellos mismos, digamos por ejemplo engañar a su pareja, traicionar a los amigos, o robar la wifi de una casa desencriptando su clave. De hecho, toda la falta de coherencia es recriminable…

    Pero errar es de humanos, así que arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Y si aún tienes la suerte de poder tirar la piedra, guárdatela para recordar que siempre tuviste la oportunidad de tirarla, pero no lo hiciste, porque también supiste tolerar. Por supuesto que no digo que la solución esté en mirar a otro lado, sino simplemente exponer, o sino reñir (si hay la suficiente confianza) a aquellos que se desvían del camino de la Luz XD Como tú, jijiji

    PD: Leer con sentido de humor y tono pizpireto, que las lecturas a veces llevan a confusión y esa no es mi intención 😉

  • A mi tampoco me gusta odiar, me gustaría ser feliz con todas las personas de mi alrededor. Pero no es así, odiar es un sentimiento humano. Yo lo tengo, con más o menos frecuencia, y los que decís que no lo tenéis sois tan humanos como el escritor de este artículo y yo.

    PD: muerte al buenismo, al buenrrollismo, al amor global y otras bobas utopías. Pongamos los pies en el suelo y hagamos cosas palpables alejadas de las meras intenciones

  • Totalmente de acuerdo, me doy el permiso de añadir otro punto que me fastidia bastante : No hablar de lo que te ha costado tu vestido recién comprado o el coche de segunda mano sin motivo, si es el caso, mesurar tus palabras y no parecer arrogante. Me he topado con gente que no para de hacer alarde del coste de su prenda de ropa y no para relatar como lo ha comprado y su precio no le ha provocado ningún problema.

  • Genial el artículo, me he reído muchísimo porque me identifico contigo en casi todas las circunstancias que nombras!!
    Yo añadiría a los conductores que no paran para dejarte pasar en el paso de peatones, y encima hacen como que no te han visto (lo que canta a la legua y queda fatal). ¡Por lo menos podrían hacer como que les importa!

  • TE COMEMTARÍA CUATRO COSAS
    Odio a los remotamente conocidos que te piden ser amigo en Facebook y lo utilizan para adoctrinar a sus «amigos» políticamente. Tengo muy claro a quién voy a votar y con todo lo que cuelgan en su/mi muro, me reafirmo más.

  • Pues sí, yo también soy muy inclinada al odio a desconocidos. Incluiría aquí a la categoría de perfumados que entran de buena mañana en los trenes a atufar todo el mundo por ahí, pensando que huelen bien. Pero me gustaría hacerte reflexionar sobre la de los padres de niños, y sí, tengo niños. Porque los niños no, no son solo cosa de esos padres de niños, y son cosa tuya, también, son cosa de todos. Porque igual que te importa que la gente pague el IVA, resulta que esos niños, que no son tuyos, resulta que serán los trabajadores anónimos que te van a mantener en un futuro no muy distante, que te van a curar y cuidar. Y los niños, son niños, y viviríamos todos mucho mejor si todos los espacios que son públicos, y también son de ellos, sí, estuvieran adaptados a su presencia.

  • Por ahi decían: «Son comportamientos odiosos, pero hay que vivir con ellos.» No estimado, son comportamientos odiosos y como tales es natural odiarlos.
    Aprovecho para agregar a la lista a los conformistas, que creo son quienes contribuyen a que lo antinatural se vuelva poco a poco natural y terminemos por soportar situaciones que no deberíamos; o por el contrario a no soportarlas y quedar como los locos de la película.
    Termino con uno de los comportamientos mas odiosos a mi entender: el acoso verbal en la calle dirigido (en la mayoría de los casos) de hombres hacia mujeres. Otra situación que se «soporta» porque ya es algo natural.

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