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26 de septiembre 2013    /   BUSINESS
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Decálogo Robin Hood: Diez cosas que puedes hacer hoy mismo para reducir el abismo entre ricos y pobres (y II)

26 de septiembre 2013    /   BUSINESS     por          
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“El gobierno civil, en la medida en que es instituido en aras de la seguridad de la propiedad, es en realidad instituido para defender a los ricos frente a los pobres o a los que tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna”.

Adam Smith

Después de la excelente acogida que tuvo la primera parte del artículo pretendo incorporar algunas de las ideas recibidas en los comentarios, tanto en Yorokobu como en Menéame. Pero antes de nada me gustaría hacer una aclaración: el objetivo de este decálogo no es darte ideas para que ahorres dinero en tus compras, como algunos parecen haber concluido. De hecho, una de las cuestiones que pretendía denunciar era precisamente la asunción por parte del ciudadano de su rol de homo economicus y su patología correspondiente: comportarse como si el precio fuese el único criterio determinante a la hora de comprar.

Hacerte consciente de las consecuencias de tus actos (incluyendo el consumo) no sale barato. De hecho, en ocasiones resulta bastante más caro, como bien saben quienes compran verduras ecológicas, productos de comercio justo. Comprar en la tienda del barrio o intentar generar tu propia energía –dos de las sugerencias vertidas en la primera parte– suele ser, de hecho, más costoso. Pero, insisto, el objetivo no es ahorrar sino intentar horadar el muro de privilegios levantado por la clase pudiente. Sin duda comprar en Amazon es mucho más económico que hacerlo en Electrodomésticos Paco, pero en el primer caso tu dinero va a engrosar la ya repleta cuenta corriente de Jeff Bezos en lugar de dar trabajo al hijo de Paco, que, tarde o temprano, va a gastar parte de su sueldo en tu estudio de decoración.

Vamos con los cinco últimos puntos del Decálogo Robin Hood:

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6. No compres: alquila, comparte, pide prestado

Un estudio llevado a cabo entre hogares de EE UU que poseían una taladradora comprobó que el uso medio durante la vida útil del aparato oscilaba entre 6 y 13 minutos. Un coche pasa el 95% de su vida aparcado. Puedes encontrar muchos más ejemplos con echar un vistazo a tu casa. ¿De verdad era tan imprescindible ese alisador de pelo como pensaste en su día?, ¿a qué esperas para regalar esa Thermomix que te compraste en un obtuso arrebato de ‘teletienditis’?

En su clásico Vivir mejor con menos (1997), Daniel Wagman y Alicia Arrizabalaga hacían una encendida defensa del “acceso frente a la propiedad”, al tiempo que criticaban el patrimonialismo interesadamente promovido por el capitalismo. Cuando fue publicada aquella biblia del downshifting, Internet aún no era la gigantesca malla de interrelación social que es hoy, de modo que servicios de compartición como Blablacar (vehículos), Airbnb (viviendas) o VivirSinEmpleo (bancos de tiempo) eran aún una entelequia.

Blablacar, SocialCar o BlueMove son algunos de los servicios que permiten compartir coche que pueden hallarse en el directorio de Consumo Colaborativo. El fundador de la página, Albert Cañigueral, considera que el cambio de la propiedad al usufructo ya se está dando y “los propios fabricantes son conscientes de que la gente no necesita tener un coche, sino desplazarse, así que están orientando su estrategia comercial hacia el carpooling [vehículo compartido]”. ¿Es posible hacer lo propio con otros aparatos? “Ojalá El Corte Inglés empezara a alquilar y no a vender muchos de sus productos”, suspira Cañigueral.

Un paso más allá se sitúan las llamadas “comunidades intencionales”, grupos de personas y familias que de algún modo viven en común y comparten sus bienes y sus responsabilidades. “No son necesariamente ecoaldeas en medio del campo ni comunas –me explica la exploradora de utopías Nati Quiró– y, de hecho, en Europa abundan las comunidades de carácter urbano y semiurbano”. En estas comunidades “compartes  gastos, aprendes a vivir con más gente, tomas decisiones en común, cuidas a los hijos de la comunidad como si fueran los tuyos…”

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Portada de What’s mine is yours.

7. Únete a otros consumidores para lograr tus objetivos

Como reacción al reciente tarifazo de luz impulsado por el ministro Soria a instancias de Unesa, la OCU ha iniciado la campaña Quiero pagar menos luz, a la que ya se han adherido 200.000 hogares. La idea es utilizar el poder de compra colectivo de ese gran grupo (podemos estar hablando de 200 millones de euros al año) para negociar una tarifa más económica con las eléctricas.

Una buena iniciativa pero incompleta. Como decía al principio, más allá de lograr suculentos descuentos el consumidor tiene el poder de transformar el statu quo, en este caso el omnipotente oligopolio energético que dicta leyes en España. Si de verdad pretendes desenchufarte de una red eléctrica derrochadora, cara y contaminante sigue el punto 4 del decálogo: genera tu propia energía o pásate a una cooperativa de energías limpias.

Hace un par de décadas que venimos escuchando desde la publicidad el mantra “el cliente es el rey”. ¿Lo somos de verdad? De ser cierto, el consumidor debería poder asumir el rol de los debilitados sindicatos y utilizar su poder colectivo para lograr objetivos del tipo: 1. Mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores -por ejemplo “Compro en Mercadona porque trata mejor a sus empleados que Carrefour” (y se lo hago saber a esta última)-; 2. Castigar las agresiones al medio ambiente y, por qué no, 3. Conseguir rebajas en los precios.

Imagen de Heating Oil (CC, Flickr).

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8. No inviertas en Bolsa (ni dejes que otros lo hagan con tus ahorros)

La Bolsa es un gigantesco esquema Ponzi que necesita de tus ahorros para seguir creciendo y lucrar aún más a los que están en la cúspide. El llamado “capitalismo popular” fue un gigantesco fraude del que aún se están resintiendo millones de ahorradores de todo el mundo. Los 300.000 afectados por la estafa de las preferentes en España (200.000 de ellos por Bankia) son solo la punta del iceberg de los millones que vieron volatilizarse sus ahorros y sus pensiones por el desplome de los mercados de valores en el último lustro. Eso sí, quienes invirtieron en fondos de pensiones o de inversión vinculados a la bolsa tenían conocimiento del riesgo asumido, mientras los ingenuos jubilados que guardaban sus ahorros en Cajamadrid fueron directa y vilmente engañados.

El problema no es solo la imprevisible volatilidad de la bolsa sino la asimetría en la información que tienen los actores: el pequeño ahorrador se va a enterar sistemáticamente tarde, mal y nunca de las informaciones que hacen oscilar las cotizaciones y, como resultado, va a perder (o a ganar menos, que es otra forma de perder), transfiriendo paulatinamente su riqueza a los agentes financieros.

Como decía, la Bolsa solo crece si sigue fluyendo dinero fresco en sus voraces tuberías. Tal y como explica Antonio Baños en su libelo La economía no existe, a partir de los años 80, los brokers financieros lograron convencer a los ahorradores de que “pusieran su dinero a trabajar”, una alianza contra natura de individuos con lógica aversión al riesgo (los pensionistas) y sus contrarios, corredores de bolsa adictos a la testosterona y con perfil de psicópatas. En palabras de Eliseo Oliveras, en El Periódico de Catalunya:

“La coña está en que los que están dispuestos a jugar al riesgo nunca son los propietarios del dinero. La apuesta personal de los agentes de riesgo nunca había sido tan leve como en aquel entonces. Eran jovencitos jugando con la pasta de ancianos. Los fondos de pensiones crecieron con especial rapidez, del 0,8% del mercado en 1950 al 30% en el fin de siglo”.

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Letras oxidadas, por DesertMonsterbell (CC, Flickr).

9. Recompensa a los autores por su trabajo

Sé que este punto no va a ser popular, pero, qué demonios, alguien tiene que decirlo. Mientras estaba documentándome para este artículo revisité el beligerante documental, The Corporation. Si hace cinco años me lo pasaron en un CD tostado, esta vez lo vi en YouTube, como mandan los tiempos. Mi sorpresa fue que tras cada uno de los capítulos aparecía el director de la película, hablando en nombre de las 200 personas que habían trabajado en la misma, pidiendo humildemente una donación por su trabajo, “el documental canadiense más descargado de la historia”. Cansados de ver su obra disponible gratuitamente en internet, el director había decidido subirla en condiciones a YouTube y, al menos, pedir una dádiva.

No es este es lugar más apropiado para hablar sobre la codicia de discográficas y editoriales, los consabidos modelos de negocio obsoletos y la importancia de que la cultura sea libre y accesible para todos, pero lo que es innegable es el resultado de nuestra habilidad para esquivar la taquilla de los contenidos: “Internet está acabando con la clase media, tal y como advierte el activista digital Jason Lanier en esta interesante entrevista.

La gran mayoría de los creadores no están sentados en el banquete de la vida como Lady Gaga, Paulo Coelho o James Cameron sino que son humildes jornaleros del pincel y de la pluma: escritores, actores, guionistas, intérpretes, cantantes, rapsodas que, como tú, tratan de ganarse el pan cada día. Si de veras quieres ser un Robin Hood recompénsales por su trabajo aunque sea con una cantidad simbólica. Sistemas como Flattr permiten hacer micropagos voluntarios al autor de una obra que has disfrutado gratuitamente, ya sea una canción, un YouTube o un artículo como el que estás leyendo.

10. Aprende a decrecer

Ya lo decía Albert Einstein: “El mayor problema de la Humanidad es que no entiende la función exponencial”. Si pides una hipoteca a 30 años por tu vivienda (lo sé porque estoy pagando una) acabarás pagando el triple de lo que pediste prestado… y eso si has conseguido un tipo de interés favorable. El acuerdo parece justo, en tanto yo necesito la casa hoy pero no dispondré del dinero hasta el futuro.

El problema es que este tipo de intercambio solo funciona en una economía en crecimiento, por ejemplo la que vivió este país casi ininterrumpidamente entre 1950 y 2007. Los que vivieron esa época –desde la autarquía al “España va bien”- comprobaron que hipotecarse era un buen negocio, y así echó raíces el característico patrimonialismo español. Pero los tiempos cambian y las actitudes se perpetúan, como explica genialmente Antonio Turiel en el artículo Crisis de nuestros padres, y los más jóvenes siguen empeñados en acceder a una vivienda en propiedad aunque para ello tengan que sacrificar sus –con suerte- magros sueldos. Este hilo de Burbuja.info explica con un elocuente ejemplo la disonancia cognitiva que sufren los hijos cuando intentan aplicar las recetas económicas que les funcionaron a sus padres.

Uno de los efectos pérfidos del actual modelo de generación de dinero y pago de deuda con interés compuesto es una constante y gigantesca transferencia de recursos desde el 90% más pobre al 10% más rico, tal y como explica Albert Cañigueral en este ilustrativo artículo.

Pero el juguete del crecimiento se ha roto y muchos creen que no tiene arreglo: la carestía energética y el reflujo demográfico obliga a un decrecimiento paulatino o tal vez nos veamos abocados a una voladura (des)controlada. “Podemos comparar la expansión de la Humanidad con la levadura de cerveza: mientras hay un sustrato de hidratos de carbono, la colonia de bacterias se dispara y cuando esta se acaba, se colapsa –explica Javier Zarzuela, impulsor de la iniciativa Zarzalejo en Transición-. Tenemos la oportunidad de revertir ese proceso, de forma creativa y coger las riendas, ¿seremos capaces?”

Con información de El Confidencial, ABC, Oil Crash, Burbuja.info, The Oil Crash, I-Ratio. Muchas más iniciativas de consumo P2P en Consumo Colaborativo.

Más madera:

Decálogo Robin Hood, primera parte

Cinco curiosos casos de ‘crowdfunding’ de la era pre-Internet

Hombres (poco) económicos

6 cosas que deberías saber sobre el dinero en nuestro sistema capitalista

¿Por qué no ha estallado (aún) la violencia en España?

¿Quién se está llevando la hostia de la crisis?

Lo que ganaba una estrella de fútbol en 1980 y lo que gana ahora

Cómo arruinar la imagen de tu empresa gracias a un famoso

Compartir, otra forma de desconectarse

“El gobierno civil, en la medida en que es instituido en aras de la seguridad de la propiedad, es en realidad instituido para defender a los ricos frente a los pobres o a los que tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna”.

Adam Smith

Después de la excelente acogida que tuvo la primera parte del artículo pretendo incorporar algunas de las ideas recibidas en los comentarios, tanto en Yorokobu como en Menéame. Pero antes de nada me gustaría hacer una aclaración: el objetivo de este decálogo no es darte ideas para que ahorres dinero en tus compras, como algunos parecen haber concluido. De hecho, una de las cuestiones que pretendía denunciar era precisamente la asunción por parte del ciudadano de su rol de homo economicus y su patología correspondiente: comportarse como si el precio fuese el único criterio determinante a la hora de comprar.

Hacerte consciente de las consecuencias de tus actos (incluyendo el consumo) no sale barato. De hecho, en ocasiones resulta bastante más caro, como bien saben quienes compran verduras ecológicas, productos de comercio justo. Comprar en la tienda del barrio o intentar generar tu propia energía –dos de las sugerencias vertidas en la primera parte– suele ser, de hecho, más costoso. Pero, insisto, el objetivo no es ahorrar sino intentar horadar el muro de privilegios levantado por la clase pudiente. Sin duda comprar en Amazon es mucho más económico que hacerlo en Electrodomésticos Paco, pero en el primer caso tu dinero va a engrosar la ya repleta cuenta corriente de Jeff Bezos en lugar de dar trabajo al hijo de Paco, que, tarde o temprano, va a gastar parte de su sueldo en tu estudio de decoración.

Vamos con los cinco últimos puntos del Decálogo Robin Hood:

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6. No compres: alquila, comparte, pide prestado

Un estudio llevado a cabo entre hogares de EE UU que poseían una taladradora comprobó que el uso medio durante la vida útil del aparato oscilaba entre 6 y 13 minutos. Un coche pasa el 95% de su vida aparcado. Puedes encontrar muchos más ejemplos con echar un vistazo a tu casa. ¿De verdad era tan imprescindible ese alisador de pelo como pensaste en su día?, ¿a qué esperas para regalar esa Thermomix que te compraste en un obtuso arrebato de ‘teletienditis’?

En su clásico Vivir mejor con menos (1997), Daniel Wagman y Alicia Arrizabalaga hacían una encendida defensa del “acceso frente a la propiedad”, al tiempo que criticaban el patrimonialismo interesadamente promovido por el capitalismo. Cuando fue publicada aquella biblia del downshifting, Internet aún no era la gigantesca malla de interrelación social que es hoy, de modo que servicios de compartición como Blablacar (vehículos), Airbnb (viviendas) o VivirSinEmpleo (bancos de tiempo) eran aún una entelequia.

Blablacar, SocialCar o BlueMove son algunos de los servicios que permiten compartir coche que pueden hallarse en el directorio de Consumo Colaborativo. El fundador de la página, Albert Cañigueral, considera que el cambio de la propiedad al usufructo ya se está dando y “los propios fabricantes son conscientes de que la gente no necesita tener un coche, sino desplazarse, así que están orientando su estrategia comercial hacia el carpooling [vehículo compartido]”. ¿Es posible hacer lo propio con otros aparatos? “Ojalá El Corte Inglés empezara a alquilar y no a vender muchos de sus productos”, suspira Cañigueral.

Un paso más allá se sitúan las llamadas “comunidades intencionales”, grupos de personas y familias que de algún modo viven en común y comparten sus bienes y sus responsabilidades. “No son necesariamente ecoaldeas en medio del campo ni comunas –me explica la exploradora de utopías Nati Quiró– y, de hecho, en Europa abundan las comunidades de carácter urbano y semiurbano”. En estas comunidades “compartes  gastos, aprendes a vivir con más gente, tomas decisiones en común, cuidas a los hijos de la comunidad como si fueran los tuyos…”

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Portada de What’s mine is yours.

7. Únete a otros consumidores para lograr tus objetivos

Como reacción al reciente tarifazo de luz impulsado por el ministro Soria a instancias de Unesa, la OCU ha iniciado la campaña Quiero pagar menos luz, a la que ya se han adherido 200.000 hogares. La idea es utilizar el poder de compra colectivo de ese gran grupo (podemos estar hablando de 200 millones de euros al año) para negociar una tarifa más económica con las eléctricas.

Una buena iniciativa pero incompleta. Como decía al principio, más allá de lograr suculentos descuentos el consumidor tiene el poder de transformar el statu quo, en este caso el omnipotente oligopolio energético que dicta leyes en España. Si de verdad pretendes desenchufarte de una red eléctrica derrochadora, cara y contaminante sigue el punto 4 del decálogo: genera tu propia energía o pásate a una cooperativa de energías limpias.

Hace un par de décadas que venimos escuchando desde la publicidad el mantra “el cliente es el rey”. ¿Lo somos de verdad? De ser cierto, el consumidor debería poder asumir el rol de los debilitados sindicatos y utilizar su poder colectivo para lograr objetivos del tipo: 1. Mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores -por ejemplo “Compro en Mercadona porque trata mejor a sus empleados que Carrefour” (y se lo hago saber a esta última)-; 2. Castigar las agresiones al medio ambiente y, por qué no, 3. Conseguir rebajas en los precios.

Imagen de Heating Oil (CC, Flickr).

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8. No inviertas en Bolsa (ni dejes que otros lo hagan con tus ahorros)

La Bolsa es un gigantesco esquema Ponzi que necesita de tus ahorros para seguir creciendo y lucrar aún más a los que están en la cúspide. El llamado “capitalismo popular” fue un gigantesco fraude del que aún se están resintiendo millones de ahorradores de todo el mundo. Los 300.000 afectados por la estafa de las preferentes en España (200.000 de ellos por Bankia) son solo la punta del iceberg de los millones que vieron volatilizarse sus ahorros y sus pensiones por el desplome de los mercados de valores en el último lustro. Eso sí, quienes invirtieron en fondos de pensiones o de inversión vinculados a la bolsa tenían conocimiento del riesgo asumido, mientras los ingenuos jubilados que guardaban sus ahorros en Cajamadrid fueron directa y vilmente engañados.

El problema no es solo la imprevisible volatilidad de la bolsa sino la asimetría en la información que tienen los actores: el pequeño ahorrador se va a enterar sistemáticamente tarde, mal y nunca de las informaciones que hacen oscilar las cotizaciones y, como resultado, va a perder (o a ganar menos, que es otra forma de perder), transfiriendo paulatinamente su riqueza a los agentes financieros.

Como decía, la Bolsa solo crece si sigue fluyendo dinero fresco en sus voraces tuberías. Tal y como explica Antonio Baños en su libelo La economía no existe, a partir de los años 80, los brokers financieros lograron convencer a los ahorradores de que “pusieran su dinero a trabajar”, una alianza contra natura de individuos con lógica aversión al riesgo (los pensionistas) y sus contrarios, corredores de bolsa adictos a la testosterona y con perfil de psicópatas. En palabras de Eliseo Oliveras, en El Periódico de Catalunya:

“La coña está en que los que están dispuestos a jugar al riesgo nunca son los propietarios del dinero. La apuesta personal de los agentes de riesgo nunca había sido tan leve como en aquel entonces. Eran jovencitos jugando con la pasta de ancianos. Los fondos de pensiones crecieron con especial rapidez, del 0,8% del mercado en 1950 al 30% en el fin de siglo”.

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Letras oxidadas, por DesertMonsterbell (CC, Flickr).

9. Recompensa a los autores por su trabajo

Sé que este punto no va a ser popular, pero, qué demonios, alguien tiene que decirlo. Mientras estaba documentándome para este artículo revisité el beligerante documental, The Corporation. Si hace cinco años me lo pasaron en un CD tostado, esta vez lo vi en YouTube, como mandan los tiempos. Mi sorpresa fue que tras cada uno de los capítulos aparecía el director de la película, hablando en nombre de las 200 personas que habían trabajado en la misma, pidiendo humildemente una donación por su trabajo, “el documental canadiense más descargado de la historia”. Cansados de ver su obra disponible gratuitamente en internet, el director había decidido subirla en condiciones a YouTube y, al menos, pedir una dádiva.

No es este es lugar más apropiado para hablar sobre la codicia de discográficas y editoriales, los consabidos modelos de negocio obsoletos y la importancia de que la cultura sea libre y accesible para todos, pero lo que es innegable es el resultado de nuestra habilidad para esquivar la taquilla de los contenidos: “Internet está acabando con la clase media, tal y como advierte el activista digital Jason Lanier en esta interesante entrevista.

La gran mayoría de los creadores no están sentados en el banquete de la vida como Lady Gaga, Paulo Coelho o James Cameron sino que son humildes jornaleros del pincel y de la pluma: escritores, actores, guionistas, intérpretes, cantantes, rapsodas que, como tú, tratan de ganarse el pan cada día. Si de veras quieres ser un Robin Hood recompénsales por su trabajo aunque sea con una cantidad simbólica. Sistemas como Flattr permiten hacer micropagos voluntarios al autor de una obra que has disfrutado gratuitamente, ya sea una canción, un YouTube o un artículo como el que estás leyendo.

10. Aprende a decrecer

Ya lo decía Albert Einstein: “El mayor problema de la Humanidad es que no entiende la función exponencial”. Si pides una hipoteca a 30 años por tu vivienda (lo sé porque estoy pagando una) acabarás pagando el triple de lo que pediste prestado… y eso si has conseguido un tipo de interés favorable. El acuerdo parece justo, en tanto yo necesito la casa hoy pero no dispondré del dinero hasta el futuro.

El problema es que este tipo de intercambio solo funciona en una economía en crecimiento, por ejemplo la que vivió este país casi ininterrumpidamente entre 1950 y 2007. Los que vivieron esa época –desde la autarquía al “España va bien”- comprobaron que hipotecarse era un buen negocio, y así echó raíces el característico patrimonialismo español. Pero los tiempos cambian y las actitudes se perpetúan, como explica genialmente Antonio Turiel en el artículo Crisis de nuestros padres, y los más jóvenes siguen empeñados en acceder a una vivienda en propiedad aunque para ello tengan que sacrificar sus –con suerte- magros sueldos. Este hilo de Burbuja.info explica con un elocuente ejemplo la disonancia cognitiva que sufren los hijos cuando intentan aplicar las recetas económicas que les funcionaron a sus padres.

Uno de los efectos pérfidos del actual modelo de generación de dinero y pago de deuda con interés compuesto es una constante y gigantesca transferencia de recursos desde el 90% más pobre al 10% más rico, tal y como explica Albert Cañigueral en este ilustrativo artículo.

Pero el juguete del crecimiento se ha roto y muchos creen que no tiene arreglo: la carestía energética y el reflujo demográfico obliga a un decrecimiento paulatino o tal vez nos veamos abocados a una voladura (des)controlada. “Podemos comparar la expansión de la Humanidad con la levadura de cerveza: mientras hay un sustrato de hidratos de carbono, la colonia de bacterias se dispara y cuando esta se acaba, se colapsa –explica Javier Zarzuela, impulsor de la iniciativa Zarzalejo en Transición-. Tenemos la oportunidad de revertir ese proceso, de forma creativa y coger las riendas, ¿seremos capaces?”

Con información de El Confidencial, ABC, Oil Crash, Burbuja.info, The Oil Crash, I-Ratio. Muchas más iniciativas de consumo P2P en Consumo Colaborativo.

Más madera:

Decálogo Robin Hood, primera parte

Cinco curiosos casos de ‘crowdfunding’ de la era pre-Internet

Hombres (poco) económicos

6 cosas que deberías saber sobre el dinero en nuestro sistema capitalista

¿Por qué no ha estallado (aún) la violencia en España?

¿Quién se está llevando la hostia de la crisis?

Lo que ganaba una estrella de fútbol en 1980 y lo que gana ahora

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Opiniones 22
  • Muy buen artículo. Eso es. Si los que gobiernan saben como dirigir el país tenemos que ser proactivos y actuar por nosotros mismos. Al hilo de lo que hablas, yo comparto coche en una web española que se llama Amovens y el bolsillo lo nota. Artículos como este deberían estar en las portadas de los periódicos, pero claro, fútbol y política se llevan la palma, precisamente lo que nos despista de lo que importa: salir de esta crisis.

  • El Gobierno de España presupuestó para 2009 y 2010 la cantidad de 300 mil millones de euros en gastos públicos. Se supone que el Estado obtiene recursos a través de los impuestos y las tasas públicas,

    Tomamos los 300 mil millones que el Gobierno presupuestó y los 45 millones de españoles. Haciendo una simple división (presupuesto/hab). El resultado redondeamos en 7000 euros por cada habitante.

    Una familia de 4 personas, obtendría 28.000 euros del Estado sin hacer nada.

    con ese dinero tedria que pagar todos los servicios, pero elegiria a cual acudir, medico, colegio, correos, policia etc y el pueblo sacaria del mercado los colectivos que no sirven, como pasa en otras fases de la industria o comercio

    ¿Por qué no nos dejan elegir libremente con quién contratamos? ¿Da miedo tener una sociedad culta y con criterio? ¿Da miedo la libertad?

    Si una familia recibe 28 mil euros, puede vivir dignamente sin trabajar ni un solo día. Si además el Estado social les promete que se los concederá de por vida, ¿para qué van a estudiar y esforzarse en mejorar su situación?

    Si te pasas de 51 mil euros al año, debes pagar el 40% de tu sueldo en impuestos, ¿para qué vas a trabajar más de la cuenta? ¿para qué vas a esforzarte en mejorar tu situación, en motivar a tus hijos en conseguir mayores cuotas? ¿Por qué vas a inculcarle el espíritu emprendedor y del riesgo pudiendo aconsejarle que estudie unas oposiciones a funcionario?

    El conformismo de los españoles es inaudito. Cinco millones de parados y nada. Paro juvenil en el 50%, pero se está mejor en casa viendo Gran Hermano. Una sociedad que se autodestruye. ¿Quién sostendrá al mastodonte estatal si no se produce riqueza? Con el todo “gratis”, con lo público satirizado, es normal que estemos en crisis.

    • Con todo el respeto, si todo español recibiera 7000 euros al año, como tu dices, muchos no trabajarían: no trabajaría quien te hace el pan, o el que te limpia las calles, ni el que te pone el café o abre la pequeña frutería de barrio, …
      Una cosa es un salario social (que estoy a favor de ello, como forma de lucha contra la miseria y por una dignidad mínima) y otra repartir el dinero y dejar a la gente sin servicios: ¿cuanto te costaría el profesor de los niños, en un mercado libre? ¿Y una operación sencilla? …

  • Muy adecuado todo, menos lo de la bolsa. Estoy de acuerdo que cuando invertimos en Bolsa nos beneficiamos solo unos pocos, pero los argumentos son pobres: yo durante la crisis he ganado más que durante la época de bonanza y Bankia o las preferentes son un mal ejemplo de inversión en bolsa. Saludos.

  • Me gustan los argumentos de peso para no invertir en la bolsa, que tendrá que ver la estafa de las preferentes con la bolsa.
    Las acciones cambian de valor, si, o acaso no cambia de valor un piso.

    Si el precio de los activos no estuviera reflejado de manera transparente e inmediata si que tendríamos un problema de «falta de información» como tu dices.

  • Gracias por este regalo, me ha hecho reflexionar mucho! Es excelente, de lo mejorcito que he leído últimamente. Ojalá lo leyese muchísima más gente de la que ya lo ha leído!

  • Este artículo seguro que no va dirigido a los que estamos tan abajo en la escala social, que hasta paco el tendero de la esquina se nos lleva años meando encima. Que se joda ahora el y su hijo, y me la suda a que mierda de estudio de decoración va a comprar los muebles.

  • El consejo ese de alquilar en lugar de comprar va contra el sentido común. Lo que no hay que hacer es comprar sin sentido, pero alquilar es mucho mas caro. Con lo que cuesta una lavadora, puedes lavar unas 50-100 veces en las máquinas de monedas así que el resto de los lavados te salen gratis. Y encima no te hace falta salir de casa ni esperar cola. El alquiler de coches es página aparte, no se puede calificar sencillamente de de caro, tiene que haber una palabra que lo exprese, porque va más allá de llevarse tu dinero: se llevan además tu tiempo, tu confianza y tu ilusion por alquilar el coche. La mayoría de la gente normal no alquila más de una o dos veces en su vida, porque es una experiencia tan frustrante que prefieres ir andando. El alquiler de un piso te cuesta casi tanto como comprarlo y encima no tienes derecho ni a colgar un cuadro y te pueden echar en cualquier momento. Para que el alquiler tuviese sentido debería ser mucho mas barato de lo que es. Siempre se nos dice que en España no se promueve el alquiler, pero en otros países europeos la situación no es mejor. Si los ingleses o alemanes viven de alquiler no es porque lo prefieran, sino porque no les queda otro remedio. En España teníamos las dos posibilidades, hasta que nos cerraron el acceso a la propiedad, eso si que es capitalismo depredador de la peor especie.

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