25 de mayo 2017    /   CREATIVIDAD
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El mundo desde el cielo: el globo, el dron e Instagram

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En 1863 se realizó la primera fotografía aérea de la historia. Su autor fue Nadar, pseudónimo de Gaspard-Felix Tournachon. El 18 de octubre de ese año, este fotógrafo y periodista francés tuvo la brillante idea de subir a un globo aerostático y utilizar su cámara desde ahí.

Esta ocurrencia aparentemente sencilla resultó no ser tanto. Los viajes aerostáticos existían desde finales del siglo XVIII y el daguerrotipo ya estaba desarrollado a mediados del siglo XIX. Sin embargo, a nadie se le había ocurrido hasta entonces.

La hazaña de Nadar cambió la perspectiva que el ser humano tenía del mundo. Por primera vez, era posible verlo desde una posición hasta entonces reservada únicamente a las aves. Lamentablemente, no se conservan las imágenes que realizó Nadar, razón por la cual los historiadores señalan como la primera foto aérea de la historia la de James Wallace Black y Samuel Archer King, realizada el 13 de octubre de 1860 desde un globo aerostático que sobrevolaba Boston.

Habría que esperar a 1946 para que esa forma de ver el mundo volviera a cambiar. Concretamente cuando una cámara colocada en un cohete V2 tomó una foto de la Tierra desde cien mil metros de altura. En 1968 se dio un nuevo paso, pequeño para el hombre pero grande la humanidad: la primera fotografía de la Tierra desde un satélite natural… y en color.


Después de semejante hazaña, parecía que nada podría cambiar la forma de ver el mundo. Nada más lejos de la realidad. La aparición de los drones ha permitido que los particulares puedan tomar fotos de calidad desde lugares antes inaccesibles.

De esta forma, de un tiempo a esta parte han comenzado a surgir cuentas de Instagram dedicadas a la fotografía aérea. Unos trabajos que son casi un género en sí mismo y en los que no solo cuenta la espectacularidad de la toma, sino sus elementos estéticos.

Por ejemplo, la hipnótica geometría de las calles que presenta Asteryx, fotógrafo que tiene en su perfil varias imágenes de Los Ángeles tomadas con un dron. Unas fotos que no son fruto de la casualidad, sino que tienen una preparación previa. Antes de realizarlas, Asteryx localiza el lugar con Google maps. Si le gusta, se desplaza hasta allí, pone a volar el dron y hace la foto.


No siempre es fácil. En muchos casos, el problema para realizar este tipo de fotografías son los permisos de vuelo de los drones. Marina Vernicos, por ejemplo, ha conseguido magníficas fotos aéreas de diferentes lugares. Uno de ellos, París.

El único detalle es que para volar drones por la capital francesa es necesario tener un permiso. Más aún después del estado de emergencia que el Gobierno francés mantiene desde los ataques terroristas de 2016. Ella no lo tenía. Tampoco fue un problema a la vista de sus imágenes de la Plaza de Trocadero.



Tampoco falta el fotógrafo que, tenga o no tenga la autorización de vuelo de drones, apura hasta extremos más que arriesgados. Es el caso del propietario del perfil nk7 de Instagram. En su afán de hacer una espectacular foto, hizo volar su dron hasta el punto más elevado de un puente. No faltó el usuario que le afeaba la conducta, aunque no con los mejores términos: «Eres idiota. Volar por encima de coches y personas. El día que tu juguetito se caiga, entenderás todo lo idiota que eres en realidad».

Lo más curioso es que ese usuario, que responde al nombre de jonathaborzicchi, también tiene fotos realizadas con dron sobre gente. Sobre coches no, esa es la verdad.


Las imágenes tomadas por drones no solo sirven para ver las ciudades desde un punto de vista inusual. También sirven para comprobar realidades que, en el plano horizontal, pasan desapercibidas. Por ejemplo, las desigualdades sociales que muestra Ale Petra en algunas de sus fotos de Buenos Aires. Concretamente, las de las villas miseria, las de las zonas repletas de piscinas privadas o las del cementerio de Recoleta, en pleno núcleo urbano.


También las fotografías de Jack de Artist tomadas desde el cielo en lugares como París sacan a la luz desconocidos paraísos que se encierran en el interior de las manzanas de los edificios. Desde parajes idílicos solo para propietarios a parques públicos o construcciones desordenadas dentro los patios y que echan por tierra el sueño del urbanismo racional.


Aunque un gran tanto por ciento de estas imágenes son de entornos urbanos, los mares y el desierto también muestran su faceta menos conocida gracias a esta nueva tecnología cuya única pega en esos entornos es encontrar un buen lugar donde cargar las baterías de cámara y aeronave.

En todo caso, e independientemente del escenario, uno de los atractivos de las fotografías con drones es la posibilidad de tomar fotografías cenitales con una verticalidad casi exacta. De hecho, aquellas imágenes que carecen de este detalle, como casi todo el catálogo de Droneairpictures, Drone photo o Drone_pictures, resultan mucho menos atractivas. Se podrían haber hecho desde un helicóptero cualquiera.

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En 1863 se realizó la primera fotografía aérea de la historia. Su autor fue Nadar, pseudónimo de Gaspard-Felix Tournachon. El 18 de octubre de ese año, este fotógrafo y periodista francés tuvo la brillante idea de subir a un globo aerostático y utilizar su cámara desde ahí.

Esta ocurrencia aparentemente sencilla resultó no ser tanto. Los viajes aerostáticos existían desde finales del siglo XVIII y el daguerrotipo ya estaba desarrollado a mediados del siglo XIX. Sin embargo, a nadie se le había ocurrido hasta entonces.

La hazaña de Nadar cambió la perspectiva que el ser humano tenía del mundo. Por primera vez, era posible verlo desde una posición hasta entonces reservada únicamente a las aves. Lamentablemente, no se conservan las imágenes que realizó Nadar, razón por la cual los historiadores señalan como la primera foto aérea de la historia la de James Wallace Black y Samuel Archer King, realizada el 13 de octubre de 1860 desde un globo aerostático que sobrevolaba Boston.

Habría que esperar a 1946 para que esa forma de ver el mundo volviera a cambiar. Concretamente cuando una cámara colocada en un cohete V2 tomó una foto de la Tierra desde cien mil metros de altura. En 1968 se dio un nuevo paso, pequeño para el hombre pero grande la humanidad: la primera fotografía de la Tierra desde un satélite natural… y en color.


Después de semejante hazaña, parecía que nada podría cambiar la forma de ver el mundo. Nada más lejos de la realidad. La aparición de los drones ha permitido que los particulares puedan tomar fotos de calidad desde lugares antes inaccesibles.

De esta forma, de un tiempo a esta parte han comenzado a surgir cuentas de Instagram dedicadas a la fotografía aérea. Unos trabajos que son casi un género en sí mismo y en los que no solo cuenta la espectacularidad de la toma, sino sus elementos estéticos.

Por ejemplo, la hipnótica geometría de las calles que presenta Asteryx, fotógrafo que tiene en su perfil varias imágenes de Los Ángeles tomadas con un dron. Unas fotos que no son fruto de la casualidad, sino que tienen una preparación previa. Antes de realizarlas, Asteryx localiza el lugar con Google maps. Si le gusta, se desplaza hasta allí, pone a volar el dron y hace la foto.


No siempre es fácil. En muchos casos, el problema para realizar este tipo de fotografías son los permisos de vuelo de los drones. Marina Vernicos, por ejemplo, ha conseguido magníficas fotos aéreas de diferentes lugares. Uno de ellos, París.

El único detalle es que para volar drones por la capital francesa es necesario tener un permiso. Más aún después del estado de emergencia que el Gobierno francés mantiene desde los ataques terroristas de 2016. Ella no lo tenía. Tampoco fue un problema a la vista de sus imágenes de la Plaza de Trocadero.



Tampoco falta el fotógrafo que, tenga o no tenga la autorización de vuelo de drones, apura hasta extremos más que arriesgados. Es el caso del propietario del perfil nk7 de Instagram. En su afán de hacer una espectacular foto, hizo volar su dron hasta el punto más elevado de un puente. No faltó el usuario que le afeaba la conducta, aunque no con los mejores términos: «Eres idiota. Volar por encima de coches y personas. El día que tu juguetito se caiga, entenderás todo lo idiota que eres en realidad».

Lo más curioso es que ese usuario, que responde al nombre de jonathaborzicchi, también tiene fotos realizadas con dron sobre gente. Sobre coches no, esa es la verdad.


Las imágenes tomadas por drones no solo sirven para ver las ciudades desde un punto de vista inusual. También sirven para comprobar realidades que, en el plano horizontal, pasan desapercibidas. Por ejemplo, las desigualdades sociales que muestra Ale Petra en algunas de sus fotos de Buenos Aires. Concretamente, las de las villas miseria, las de las zonas repletas de piscinas privadas o las del cementerio de Recoleta, en pleno núcleo urbano.


También las fotografías de Jack de Artist tomadas desde el cielo en lugares como París sacan a la luz desconocidos paraísos que se encierran en el interior de las manzanas de los edificios. Desde parajes idílicos solo para propietarios a parques públicos o construcciones desordenadas dentro los patios y que echan por tierra el sueño del urbanismo racional.


Aunque un gran tanto por ciento de estas imágenes son de entornos urbanos, los mares y el desierto también muestran su faceta menos conocida gracias a esta nueva tecnología cuya única pega en esos entornos es encontrar un buen lugar donde cargar las baterías de cámara y aeronave.

En todo caso, e independientemente del escenario, uno de los atractivos de las fotografías con drones es la posibilidad de tomar fotografías cenitales con una verticalidad casi exacta. De hecho, aquellas imágenes que carecen de este detalle, como casi todo el catálogo de Droneairpictures, Drone photo o Drone_pictures, resultan mucho menos atractivas. Se podrían haber hecho desde un helicóptero cualquiera.

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