21 de febrero 2022    /   IGLUU
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Si hay un clásico entre los clásicos ese es la pelea generacional. Y si no, que le pregunten a Platón, que se lució con afirmaciones como esta: «¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres, ignoran las leyes, su moralidad decae»; o a Horacio, que se desmarcó con esta proclama: «Nuestros padres, que fueron peores que nuestros abuelos, nos tuvieron a nosotros, aún más malos que ellos, y que hemos de engendrar hijos mucho más viciosos».

Lo cierto es que, aunque jóvenes y viejos estamos condenados a entendernos, aunque no sea más que por el simple hecho de convivir en un mismo tiempo y en un mismo planeta, las quejas de unos y otros hacia generaciones distintas a la suya no cejan.

Y puede que en los últimos tiempos se hayan recrudecido, en buena parte por la vertiginosidad de la información, por la cultura del zasca y la polarización promovida por las redes sociales, que va más allá del debate político y contamina hasta el debate más nimio sobre la película del momento.

«El pensamiento generacional es una gran idea que ha sido horriblemente corrompida y devaluada por un sinfín de mitos y estereotipos», sostiene Bobby Duffy, autor de libros de culto en materia generacional como The generation myth o Generations: Does When You’re Born Shape Who You Are?, sin traducción al castellano.

Para él, son estos clichés los que han alimentado batallas falsas. Milenials y Z echan en cara a los boomers su egoísmo porque, opinan, a estos últimos les da igual un futuro en el que ya no estarán. Los boomers, por su parte, acusan a los milenials y Z de debilidad, de quejicas y de vivir asentados en la cultura de la inmediatez.

Lo cierto es que la identificación generacional ha sido durante los últimos años una valiosa herramienta comercial y mediática, y la mitad de los expertos consultados para el IV Estudio Marcas con Valores 2022 reconoce haber utilizado ese enfoque en su estrategia de marketing y comunicación.

Pero ¿realmente no tenemos nada que aportarnos unas generaciones a otras? Nos lo cuenta Guadalupe Bécares.

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Si hay un clásico entre los clásicos ese es la pelea generacional. Y si no, que le pregunten a Platón, que se lució con afirmaciones como esta: «¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres, ignoran las leyes, su moralidad decae»; o a Horacio, que se desmarcó con esta proclama: «Nuestros padres, que fueron peores que nuestros abuelos, nos tuvieron a nosotros, aún más malos que ellos, y que hemos de engendrar hijos mucho más viciosos».

Lo cierto es que, aunque jóvenes y viejos estamos condenados a entendernos, aunque no sea más que por el simple hecho de convivir en un mismo tiempo y en un mismo planeta, las quejas de unos y otros hacia generaciones distintas a la suya no cejan.

Y puede que en los últimos tiempos se hayan recrudecido, en buena parte por la vertiginosidad de la información, por la cultura del zasca y la polarización promovida por las redes sociales, que va más allá del debate político y contamina hasta el debate más nimio sobre la película del momento.

«El pensamiento generacional es una gran idea que ha sido horriblemente corrompida y devaluada por un sinfín de mitos y estereotipos», sostiene Bobby Duffy, autor de libros de culto en materia generacional como The generation myth o Generations: Does When You’re Born Shape Who You Are?, sin traducción al castellano.

Para él, son estos clichés los que han alimentado batallas falsas. Milenials y Z echan en cara a los boomers su egoísmo porque, opinan, a estos últimos les da igual un futuro en el que ya no estarán. Los boomers, por su parte, acusan a los milenials y Z de debilidad, de quejicas y de vivir asentados en la cultura de la inmediatez.

Lo cierto es que la identificación generacional ha sido durante los últimos años una valiosa herramienta comercial y mediática, y la mitad de los expertos consultados para el IV Estudio Marcas con Valores 2022 reconoce haber utilizado ese enfoque en su estrategia de marketing y comunicación.

Pero ¿realmente no tenemos nada que aportarnos unas generaciones a otras? Nos lo cuenta Guadalupe Bécares.

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