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11 de marzo 2015    /   CIENCIA
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Por esto sabe tan rica la cervecita de después de un partido

11 de marzo 2015    /   CIENCIA     por          
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Es sabido que el deporte, además de ser bueno para el cuerpo, lo es para la mente. Lo saben bien todos los que esperan con emoción que llegue el domingo para jugar el clásico «partidillo» con sus amigos, los que salen a correr para ordenar sus ideas o los que entrenan a un nivel semiprofesional o profesional. Pero quizá no todos sabían que la actividad física puede influir en nuestra forma de ser o nuestro comportamiento con los demás. Solo el año pasado se publicaron 1.600 artículos sobre los efectos del ejercicio sobre la agudeza mental o las relaciones sociales. Lo bien que sienta una cervecita con tu equipo después de un partido podría tener una explicación científica.
[Yorokobu + Reebok]
El profesor clínico asociado de psiquiatría de Harvard Dr. John Ratey ha elaborado una escala de diez niveles en los que ha clasificado distintos tipos de ejercicio físico explicando a qué áreas puede beneficiar cada uno de ellos, centrándose tanto en los beneficios físicos como en los cognitivos: «Hay investigaciones científicas que demuestran que los monos que hacen ejercicio aprenden el doble de rápido que los sedentarios. Un velocista aprende vocabulario un 20% más rápido que una persona corriente y los niños disléxicos pueden leer un 10% mejor después de hacer ejercicio», asegura Ratey en este artículo.
REEBOK_BMH_SPARTAN_RACE_3
En su libro Spark: the revolutionary new science of exercise and the brain, el doctor explica que hacer deporte puede mejorar nuestras defensas ante trastornos afectivos, adicciones o enfermedades cognitivas. El cerebro ha evolucionado de forma que los niveles más profundos corresponden a las actividades más simples y automáticas, pero a medida que realizamos entrenamientos más complejos, estimulamos las capas más superficiales (que son también las más evolucionadas o «humanas»). «Hay una relación proporcional entre la intensidad y la complejidad del ejercicio y el grado de beneficio que obtiene el cerebro», dice Ratey.
REEBOK_BMH_YOGAwok
El primer nivel de la escala propuesta por Ratey lo componen las actividades pasivas como estar sentado o tumbado. En estos casos, «una acción en apariencia insignificante como dar golpecitos con un lápiz implica más neuronas que leer». Así que, para la prevención de desórdenes cognitivos (como ELA o Alzheimer), se aconseja la introducción de pequeños ejercicios incluso cuando el paciente está en reposo.
Hay una gran diferencia entre ese primer nivel y el segundo: estar de pie. Esto activa el cerebelo y el córtex frontal, manteniendo a la persona que se levanta más concentrada en lo que está haciendo. Según Ratey, «cuando estamos de pie somos mejores trabajadores, oradores más atentos y seres humanos más felices». De hecho, es sabido que algunos grandes autores como Lewis Carroll, Virginia Woolf o Charles Dickens escribían de pie.
Pasar al tercer nivel (caminar o hacer otras actividades en las que intervengan los músculos, como limpiar la casa a fondo) hace que los neurotransmisores se pongan a trabajar. Esto mejora, entre otras cosas, la respuesta al estrés, lo que a largo plazo puede equivaler a vivir más años. Según el doctor Chuck Hillman de la Universidad de Illinois, «incluso un paseo rápido puede iluminar el cerebro de un estudiante».
En el nivel cuatro están las actividades que implican equilibrio, coordinación y atención, como por ejemplo el baile, el yoga o el taichi. Ayudan a potenciar la conectividad neuronal para tomar decisiones más rápido, y la toma de decisiones es la base fundamental de la inteligencia. Por tanto, este tipo de actividades minimizan el tiempo de reacción y pueden ayudarte a ser un conversador más agudo.
En el nivel cinco están los ejercicios aeróbicos de intensidad media, como correr o montar en bicicleta. Cuando lo hacemos, aumenta la producción de sustancias como la serotonina o la dopamina, por lo que «es equivalente a tomar un antidepresivo recetado» (además de incluir otros beneficios que las drogas no ofrecen). Además, cuando hacemos ejercicio al aire libre, recibimos estímulos continuos y hacemos que nuestro cerebro se recalibre constantemente para absorberlos, lo que estimula el crecimiento del cortex frontal. En este nivel ya empezamos a ver los efectos de la oxitocina, que es, según muchos, la hormona más maravillosa de todas, y que nos ayuda, entre otros beneficios que veremos más adelante, a aumentar nuestra confianza y autoestima.
REEBOK_BMH_4w
En el sexto nivel se sitúan las actividades de fuerza y resistencia muscular, como ir al gimnasio, hacer montañismo o montar en kayak. Al entrenar nuestros músculos, minimizamos las consecuencias que tienen los estados de alarma sobre nuestro cuerpo. Cuando hay una amenaza o situación de ansiedad, la amígdala (la parte más profunda de nuestro cerebro) pulsa el botón de «emergencia» causando una verdadera revolución en el cuerpo. Pero si este está más preparado físicamente, nos será más fácil mantener la calma y evitaremos entrar en pánico. En otras palabras, los entrenamientos de resistencia mantienen a raya la ansiedad, uno de los principales males de las sociedades desarrolladas en la actualidad.
El nivel siete lo ocupan los deportes que se realizan en grupo, como voleibol, fitness grupal, baloncesto o capoeira. Cuando es necesaria una coordinación con otras personas, se libera una gran cantidad de oxitocina, que algunos llaman «la hormona del amor» debido a su capacidad de hacernos sentir empatía hacia los demás. Esto explicaría el gran número de actividades sociales que rodean los deportes de equipo.
Las actividades aeróbicas de alta intensidad, situadas en el nivel ocho, pueden ralentizar el proceso de envejecimiento de las células al aumentar la producción de HGH (la hormona del crecimiento, que tantas estrellas de Hollywood persiguen de forma artificial). Así que correr largas distancias o practicar ciclismo o remo de alta intensidad puede ayudarte a luchar contra alguna que otra arruga.
En el penúltimo escalón de la lista están actividades como el triatlón, el CrossFit o la lucha libre de competición, que sacan el máximo partido prácticamente a todas las áreas del cerebro. Además de aglutinar los beneficios anteriormente descritos, el cerebro también produce óxido nítrico, que cuida el corazón al ayudar a bajar la presión arterial, entre otras muchas funciones (por ejemplo, es la responsable también de la erección masculina). En Estados Unidos han llegado a incluir clases de CrossFit en los cursos de preparación para el SAT (examen de aptitudes escolares), debido al convencimiento de que mejora las capacidades cognitivas de los estudiantes. Este tipo de actividades también se relacionan con la memoria a largo plazo y la creatividad.
En el último escalón, Ratey sitúa las carreras de obstáculos o las carreras de montaña, que llevan a las personas al límite de su capacidad física e implican coordinación y estrategia. Esto aprovecha todos los beneficios cognitivos (aumenta la concentración, la eficiencia…). Además, el profesor está convencido de que competir en equipo aumenta los beneficios: «Aunque es difícil de cuantificar, los vínculos de un grupo unido por una misma adversidad, como ocurre en los deportes de equipo, aumentan el cariño, la empatía y la lealtad hacia la tribu. En esencia, estarás sacando a relucir tu lado más humano».

Fotografías del interior del artículo: Reebok.

Es sabido que el deporte, además de ser bueno para el cuerpo, lo es para la mente. Lo saben bien todos los que esperan con emoción que llegue el domingo para jugar el clásico «partidillo» con sus amigos, los que salen a correr para ordenar sus ideas o los que entrenan a un nivel semiprofesional o profesional. Pero quizá no todos sabían que la actividad física puede influir en nuestra forma de ser o nuestro comportamiento con los demás. Solo el año pasado se publicaron 1.600 artículos sobre los efectos del ejercicio sobre la agudeza mental o las relaciones sociales. Lo bien que sienta una cervecita con tu equipo después de un partido podría tener una explicación científica.
[Yorokobu + Reebok]
El profesor clínico asociado de psiquiatría de Harvard Dr. John Ratey ha elaborado una escala de diez niveles en los que ha clasificado distintos tipos de ejercicio físico explicando a qué áreas puede beneficiar cada uno de ellos, centrándose tanto en los beneficios físicos como en los cognitivos: «Hay investigaciones científicas que demuestran que los monos que hacen ejercicio aprenden el doble de rápido que los sedentarios. Un velocista aprende vocabulario un 20% más rápido que una persona corriente y los niños disléxicos pueden leer un 10% mejor después de hacer ejercicio», asegura Ratey en este artículo.
REEBOK_BMH_SPARTAN_RACE_3
En su libro Spark: the revolutionary new science of exercise and the brain, el doctor explica que hacer deporte puede mejorar nuestras defensas ante trastornos afectivos, adicciones o enfermedades cognitivas. El cerebro ha evolucionado de forma que los niveles más profundos corresponden a las actividades más simples y automáticas, pero a medida que realizamos entrenamientos más complejos, estimulamos las capas más superficiales (que son también las más evolucionadas o «humanas»). «Hay una relación proporcional entre la intensidad y la complejidad del ejercicio y el grado de beneficio que obtiene el cerebro», dice Ratey.
REEBOK_BMH_YOGAwok
El primer nivel de la escala propuesta por Ratey lo componen las actividades pasivas como estar sentado o tumbado. En estos casos, «una acción en apariencia insignificante como dar golpecitos con un lápiz implica más neuronas que leer». Así que, para la prevención de desórdenes cognitivos (como ELA o Alzheimer), se aconseja la introducción de pequeños ejercicios incluso cuando el paciente está en reposo.
Hay una gran diferencia entre ese primer nivel y el segundo: estar de pie. Esto activa el cerebelo y el córtex frontal, manteniendo a la persona que se levanta más concentrada en lo que está haciendo. Según Ratey, «cuando estamos de pie somos mejores trabajadores, oradores más atentos y seres humanos más felices». De hecho, es sabido que algunos grandes autores como Lewis Carroll, Virginia Woolf o Charles Dickens escribían de pie.
Pasar al tercer nivel (caminar o hacer otras actividades en las que intervengan los músculos, como limpiar la casa a fondo) hace que los neurotransmisores se pongan a trabajar. Esto mejora, entre otras cosas, la respuesta al estrés, lo que a largo plazo puede equivaler a vivir más años. Según el doctor Chuck Hillman de la Universidad de Illinois, «incluso un paseo rápido puede iluminar el cerebro de un estudiante».
En el nivel cuatro están las actividades que implican equilibrio, coordinación y atención, como por ejemplo el baile, el yoga o el taichi. Ayudan a potenciar la conectividad neuronal para tomar decisiones más rápido, y la toma de decisiones es la base fundamental de la inteligencia. Por tanto, este tipo de actividades minimizan el tiempo de reacción y pueden ayudarte a ser un conversador más agudo.
En el nivel cinco están los ejercicios aeróbicos de intensidad media, como correr o montar en bicicleta. Cuando lo hacemos, aumenta la producción de sustancias como la serotonina o la dopamina, por lo que «es equivalente a tomar un antidepresivo recetado» (además de incluir otros beneficios que las drogas no ofrecen). Además, cuando hacemos ejercicio al aire libre, recibimos estímulos continuos y hacemos que nuestro cerebro se recalibre constantemente para absorberlos, lo que estimula el crecimiento del cortex frontal. En este nivel ya empezamos a ver los efectos de la oxitocina, que es, según muchos, la hormona más maravillosa de todas, y que nos ayuda, entre otros beneficios que veremos más adelante, a aumentar nuestra confianza y autoestima.
REEBOK_BMH_4w
En el sexto nivel se sitúan las actividades de fuerza y resistencia muscular, como ir al gimnasio, hacer montañismo o montar en kayak. Al entrenar nuestros músculos, minimizamos las consecuencias que tienen los estados de alarma sobre nuestro cuerpo. Cuando hay una amenaza o situación de ansiedad, la amígdala (la parte más profunda de nuestro cerebro) pulsa el botón de «emergencia» causando una verdadera revolución en el cuerpo. Pero si este está más preparado físicamente, nos será más fácil mantener la calma y evitaremos entrar en pánico. En otras palabras, los entrenamientos de resistencia mantienen a raya la ansiedad, uno de los principales males de las sociedades desarrolladas en la actualidad.
El nivel siete lo ocupan los deportes que se realizan en grupo, como voleibol, fitness grupal, baloncesto o capoeira. Cuando es necesaria una coordinación con otras personas, se libera una gran cantidad de oxitocina, que algunos llaman «la hormona del amor» debido a su capacidad de hacernos sentir empatía hacia los demás. Esto explicaría el gran número de actividades sociales que rodean los deportes de equipo.
Las actividades aeróbicas de alta intensidad, situadas en el nivel ocho, pueden ralentizar el proceso de envejecimiento de las células al aumentar la producción de HGH (la hormona del crecimiento, que tantas estrellas de Hollywood persiguen de forma artificial). Así que correr largas distancias o practicar ciclismo o remo de alta intensidad puede ayudarte a luchar contra alguna que otra arruga.
En el penúltimo escalón de la lista están actividades como el triatlón, el CrossFit o la lucha libre de competición, que sacan el máximo partido prácticamente a todas las áreas del cerebro. Además de aglutinar los beneficios anteriormente descritos, el cerebro también produce óxido nítrico, que cuida el corazón al ayudar a bajar la presión arterial, entre otras muchas funciones (por ejemplo, es la responsable también de la erección masculina). En Estados Unidos han llegado a incluir clases de CrossFit en los cursos de preparación para el SAT (examen de aptitudes escolares), debido al convencimiento de que mejora las capacidades cognitivas de los estudiantes. Este tipo de actividades también se relacionan con la memoria a largo plazo y la creatividad.
En el último escalón, Ratey sitúa las carreras de obstáculos o las carreras de montaña, que llevan a las personas al límite de su capacidad física e implican coordinación y estrategia. Esto aprovecha todos los beneficios cognitivos (aumenta la concentración, la eficiencia…). Además, el profesor está convencido de que competir en equipo aumenta los beneficios: «Aunque es difícil de cuantificar, los vínculos de un grupo unido por una misma adversidad, como ocurre en los deportes de equipo, aumentan el cariño, la empatía y la lealtad hacia la tribu. En esencia, estarás sacando a relucir tu lado más humano».

Fotografías del interior del artículo: Reebok.

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Opiniones 2
  • Muy interesante.
    Esto explica el porqué en mis tiempos de universitario estudiaba mejor andando por la habitación o que lo que repasaba en mis pequeñas notas camino a casa se me quedaba mucho mejor grabado en la memoria.
    Me alegro mucho de ver el triatlón en el nivel número 9!

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