7 de junio 2017    /   IDEAS
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No ames, yo tampoco lo haría

7 de junio 2017    /   IDEAS     por          
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No. No ames. Nunca. Ya lo avisó Neruda y su pensamiento sigue de rigurosa vigencia. Es demasiado corto el amor y demasiado largo el olvido. En serio, no ames. No vale la pena. El dolor es agudo. Las añoranzas, intensas. La derrota, profunda. El beneficio, escaso.

Se diga como que se diga, siempre se maldice todo. Se rompa como se rompa, siempre te rompen el alma. Se llore como se llore, siempre se lloran ausencias.

Por eso, repito: No ames. Ni como autónomo ni como asalariado. Ni como amante ni como empresario. Ni siquiera a una Sociedad Limitada. ¿Riesgo limitado? ¿De verdad crees en eso? Si amas, la inversión es de alto riesgo. Los socios pueden ser bipolares. Eventualmente, incluso, puede superarse la velocidad de la luz para viajar velozmente del amor a la ira. Del beneficio a la deuda. Del éxito al fracaso.

Es injustificable. No hay excusa. Por muy seductor que sea el power point que te enseñen. Por muy sincera que parezca la sonrisa de enfrente. Por muy dulces que sepan los besos en ese bar de mala muerte. Es más recomendable que los ignores. Que los esquives. Nada. Cero. Vete a casa.

Siéntate a la orilla de un río. Toma distancia. Construye un muro de piedra y dedica las tardes a aprender cosas. Mientras miras —desde bien lejos— a los desdichados que aman. A los que hacen cosas que se rompen. A los que lo intentan y tropiezan. ¡Qué insensatos! Tú deja que pase el tiempo, sintiéndote seguro.

Tú no ames, nunca.

Tú vete vaciando, sin miedo.

Tú ve desanudando lazos y dependencias.

Y no vuelvas a amar, nunca.

Salvo que llegue el día en que te aburras tanto, en que sea tan inmenso el vacío de saber que nada puede hacerte daño, en que sea tan estridente la voz que te susurra al oído que eres un cobarde infinito… que no te quede más opción que la de volver a hacerlo. Que la de volver a Amar. ‘A’ mayúscula.

Entonces, si eso ocurre —o, mejor dicho, cuando eso ocurra, porque ocurrirá, no lo dudes— ignora cuanto te he contado. Todo. De la A a la Z.

Y vuelve a firmar un contrato como si nunca te hubieran echado.

Y vuelve a montar una empresa como si nunca hubieras fracasado.

Y vuelve a besar en los labios como si nunca hubieras llorado.

PD: Eventualmente, si alguien te pregunta dónde está el secreto de tu optimismo infundado, sonríe. Y, recordando a Chavela, diles que vienes de un mundo raro. Que nunca fuiste emprendedor solitario. Que nunca viviste una suspensión de pagos. Y que nunca has amado.

No. No ames. Nunca. Ya lo avisó Neruda y su pensamiento sigue de rigurosa vigencia. Es demasiado corto el amor y demasiado largo el olvido. En serio, no ames. No vale la pena. El dolor es agudo. Las añoranzas, intensas. La derrota, profunda. El beneficio, escaso.

Se diga como que se diga, siempre se maldice todo. Se rompa como se rompa, siempre te rompen el alma. Se llore como se llore, siempre se lloran ausencias.

Por eso, repito: No ames. Ni como autónomo ni como asalariado. Ni como amante ni como empresario. Ni siquiera a una Sociedad Limitada. ¿Riesgo limitado? ¿De verdad crees en eso? Si amas, la inversión es de alto riesgo. Los socios pueden ser bipolares. Eventualmente, incluso, puede superarse la velocidad de la luz para viajar velozmente del amor a la ira. Del beneficio a la deuda. Del éxito al fracaso.

Es injustificable. No hay excusa. Por muy seductor que sea el power point que te enseñen. Por muy sincera que parezca la sonrisa de enfrente. Por muy dulces que sepan los besos en ese bar de mala muerte. Es más recomendable que los ignores. Que los esquives. Nada. Cero. Vete a casa.

Siéntate a la orilla de un río. Toma distancia. Construye un muro de piedra y dedica las tardes a aprender cosas. Mientras miras —desde bien lejos— a los desdichados que aman. A los que hacen cosas que se rompen. A los que lo intentan y tropiezan. ¡Qué insensatos! Tú deja que pase el tiempo, sintiéndote seguro.

Tú no ames, nunca.

Tú vete vaciando, sin miedo.

Tú ve desanudando lazos y dependencias.

Y no vuelvas a amar, nunca.

Salvo que llegue el día en que te aburras tanto, en que sea tan inmenso el vacío de saber que nada puede hacerte daño, en que sea tan estridente la voz que te susurra al oído que eres un cobarde infinito… que no te quede más opción que la de volver a hacerlo. Que la de volver a Amar. ‘A’ mayúscula.

Entonces, si eso ocurre —o, mejor dicho, cuando eso ocurra, porque ocurrirá, no lo dudes— ignora cuanto te he contado. Todo. De la A a la Z.

Y vuelve a firmar un contrato como si nunca te hubieran echado.

Y vuelve a montar una empresa como si nunca hubieras fracasado.

Y vuelve a besar en los labios como si nunca hubieras llorado.

PD: Eventualmente, si alguien te pregunta dónde está el secreto de tu optimismo infundado, sonríe. Y, recordando a Chavela, diles que vienes de un mundo raro. Que nunca fuiste emprendedor solitario. Que nunca viviste una suspensión de pagos. Y que nunca has amado.

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Opiniones 16
  • …..y se trata de pérdida.
    Y los cromos son de amor, no de pasión. Así se hace menos voluble la vida en un Mercado Plural, Imposible y Diverso.
    A día de hoy parece revolucionario.
    Benditas reescrituras ¡¡¡

  • A ver si no sustituimos el amor por pasión.
    Que se trataba de perder. Que aplicar la dialéctica capitalista al tema nos lleva a «Un mundo feliz».
    Horror…….., pero es que ya estamos¡

  • No puedo estar más de acuerdo. Hay que practicar el desapego extremo en el mundo laboral, te apechugues lo que te apechugues no importa nada, mañana te echan y la gente en unos días tiene problemas para recordar tu nombre.
    Muy poético también el artículo… no engañes, hay un poco de despecho en él.

  • Eran nuestros encuentros, molino o herbolario;
    para dar un paseo que acababa en el parque,
    o en la grata Oficina del amigo Eduardo;
    atento en sus meriendas adornadas de espuma,
    café y un complemento, según fuera la tarde.

    Cuando mis tarareos, que entono por la calle,
    ella paraba el paso para denominarme
    -—Cantor del Paraná…

    Y luego declamaba, me citaba poemas,
    esos que nos unieron hace quinientos años,
    cuando Luis Melgarejo nos mostrara las musas
    y todos los rincones por donde se escondían.

    Y de vuelta, una frase
    —Muchas gracias, Rosita, por tu amable compaña.
    —¡Ni muchísimo menos! mi réplica de siempre,
    es para mí un orgullo, un placer, una suerte,
    andar con esta vieja, una pilla gurisa,
    que ameniza el paseo entre ríos de tangos,
    mate y dulce de leche,
    y un país plateado donde sueña que habita,
    también con mi cariño
    Ahora ya para siempre.

    RosaSanz- ENCUENTROS CON ALINA –

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