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16 de agosto 2011    /   CREATIVIDAD
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Desayuno con Viandantes

16 de agosto 2011    /   CREATIVIDAD     por          
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Pongamos que es sábado. Que son las 11.00 de la mañana y que las mesas ya están puestas en una calle, una plaza o cualquier lugar público de la ciudad de Valencia. Esto significaría que el desayuno está a punto de comenzar y los invitados (todos, absolutamente todos los ciudadanos) están llegando. Traen tartas caseras, zumos, termos de café, tortillas de patatas, galletas… y nada se podrá comprar ni vender. Todo se comparte y se intercambia.
La cita se produce un sábado al mes desde noviembre de 2008. La convoca un colectivo llamado Desayuno con Viandantes formado por siete arquitectos y artistas que un día, hace tres años, se juntaron a hablar de las intervenciones públicas en espacios urbanos.
Aquella tarde alguien citó Los Desayunos en la Luna (encuentros públicos para desayunar en la plaza madrileña de la Luna recientemente desaparecidos) y alguien mencionó el origen de todos los desayunos que se hacen en las calles de distintas poblaciones europeas: los Permanent Breakfast.
El movimiento surgió en Viena. La mañana del 1 de mayo de 1996 un grupo de artistas decidieron desayunar en la calle. Su idea era crear una cadena en la que una persona invitara a cuatro amigos. Cada uno de esos individuos se comprometía a invitar a otras cuatro personas al próximo desayuno y así iría creciendo, poco a poco, como una bola de nieve.

La intención de este colectivo era (y sigue siendo) fundamentalmente artística. “El espacio público se transforma cuando un grupo de personas lo convierten en su mesa de comedor para desayunar. Los asistentes empiezan a comunicarse con sus alrededores solo con su mera presencia, sin necesidad de hacer nada. Ellos se convierten en su propio medio para tomar un espacio, para ser el espacio y para cambiarlo”, explican en su web.
La idea inspiró al grupo de valencianos pero no la adoptaron al pie de la letra. Sus intereses van más allá de su vertiente artística. Les interesa también el aspecto social y, ante todo, lo asumen como una recuperación del espacio urbano para los ciudadanos.
Aquella tarde decidieron que convocarían desayunos públicos. Pensaron que necesitaban una imagen. Empezaron a soltar posibles nombres. Ninguno les convencía. “Pero dijimos que no nos levantábamos hasta que saliera el nombre”, dice David Estal. Y, al final, salió: Desayuno con viandantes.
Ya llevan 26 desayunos en las calles de Valencia. El primero fue en la Plaza Viciana. Después montaron el café y los bollos en la Plaza Comunión de San Esteban, en los pies de las Torres de Quart, en el Parque de Cabecera, en la Huerta de la Ermita de Vera, en Laberinto de los Jardines de Viveros, en Tranvía Pont de Fusta, en la Salida del Corte Inglés del metro Colón…
“Identificamos un lugar (una plaza, una parada de metro…) con una oportunidad de uso y lo organizamos ahí. Utilizar algo es construir el espacio”, indica Estal. “La idea es descontextualizar los lugares y sorprender a la gente. Es una celebración del espacio público. Nuestra intención es recuperar la calle pero sin carácter reivindicativo con pancartas”.
El lugar es distinto cada vez y el leit motiv también. En cada ocasión aparece un cartel nuevo relacionado con un tema que tendrá presencia en el desayuno. Ha habido veces que el desayuno se ha hecho de forma conjunta con una asociación de vecinos, o que se ha mezclado con una actividad artística, o que ha tocado una banda de jazz.
La convocatoria de Desayunos con Viandantes se hace mediante correo electrónico y redes sociales. Nunca se sabe con anterioridad cuántas personas irán. Tampoco importa. El número oscila entre 60 y 120 personas. Algunos van por primera vez y otros son fieles a la cita.
El espacio se ocupa de forma espontánea, natural. Nunca piden permiso antes, como habría de hacerse para una manifestación, porque no lo es. Quieren recuperar el espacio público y que las personas disfruten de las calles, pero no hay vocación de reclamo ni nadie ante quien protestar.

Ni la policía ni ningún ciudadano ha dicho nada jamás. “Causa tanta sorpresa que nadie dice nada. Estamos solo desayunando. ¿Qué les puede molestar?”, comenta Estal. “El desayuno es un espacio de encuentro, de convivencia, no causa ningún conflicto. Es totalmente abierto y la gente se lleva siempre una sensación buena”.
El fin del desayuno no cae en el vacío. El colectivo hace “un mapa de lo que ha pasado”, explica Michael Filez, otro miembro de Desayuno con Viandantes. “Exploramos qué procesos se han catalizado. A los artistas nos interesa mucho ver las dinámicas que se producen. Se denomina Artivismo y significa activismo con imaginación, cierta provocación y con un trasfondo basado en disfrutar. Es una forma más amplia de compartir. Partimos de una actitud positiva y vemos qué pasa cuando la gente colabora”.
El próximo desayuno será en septiembre. Stay tuned.



Fotos: Desayuno con viandantes, excepto primera y penúltima (Mario Piera) y segunda (Mario González).


Pongamos que es sábado. Que son las 11.00 de la mañana y que las mesas ya están puestas en una calle, una plaza o cualquier lugar público de la ciudad de Valencia. Esto significaría que el desayuno está a punto de comenzar y los invitados (todos, absolutamente todos los ciudadanos) están llegando. Traen tartas caseras, zumos, termos de café, tortillas de patatas, galletas… y nada se podrá comprar ni vender. Todo se comparte y se intercambia.
La cita se produce un sábado al mes desde noviembre de 2008. La convoca un colectivo llamado Desayuno con Viandantes formado por siete arquitectos y artistas que un día, hace tres años, se juntaron a hablar de las intervenciones públicas en espacios urbanos.
Aquella tarde alguien citó Los Desayunos en la Luna (encuentros públicos para desayunar en la plaza madrileña de la Luna recientemente desaparecidos) y alguien mencionó el origen de todos los desayunos que se hacen en las calles de distintas poblaciones europeas: los Permanent Breakfast.
El movimiento surgió en Viena. La mañana del 1 de mayo de 1996 un grupo de artistas decidieron desayunar en la calle. Su idea era crear una cadena en la que una persona invitara a cuatro amigos. Cada uno de esos individuos se comprometía a invitar a otras cuatro personas al próximo desayuno y así iría creciendo, poco a poco, como una bola de nieve.

La intención de este colectivo era (y sigue siendo) fundamentalmente artística. “El espacio público se transforma cuando un grupo de personas lo convierten en su mesa de comedor para desayunar. Los asistentes empiezan a comunicarse con sus alrededores solo con su mera presencia, sin necesidad de hacer nada. Ellos se convierten en su propio medio para tomar un espacio, para ser el espacio y para cambiarlo”, explican en su web.
La idea inspiró al grupo de valencianos pero no la adoptaron al pie de la letra. Sus intereses van más allá de su vertiente artística. Les interesa también el aspecto social y, ante todo, lo asumen como una recuperación del espacio urbano para los ciudadanos.
Aquella tarde decidieron que convocarían desayunos públicos. Pensaron que necesitaban una imagen. Empezaron a soltar posibles nombres. Ninguno les convencía. “Pero dijimos que no nos levantábamos hasta que saliera el nombre”, dice David Estal. Y, al final, salió: Desayuno con viandantes.
Ya llevan 26 desayunos en las calles de Valencia. El primero fue en la Plaza Viciana. Después montaron el café y los bollos en la Plaza Comunión de San Esteban, en los pies de las Torres de Quart, en el Parque de Cabecera, en la Huerta de la Ermita de Vera, en Laberinto de los Jardines de Viveros, en Tranvía Pont de Fusta, en la Salida del Corte Inglés del metro Colón…
“Identificamos un lugar (una plaza, una parada de metro…) con una oportunidad de uso y lo organizamos ahí. Utilizar algo es construir el espacio”, indica Estal. “La idea es descontextualizar los lugares y sorprender a la gente. Es una celebración del espacio público. Nuestra intención es recuperar la calle pero sin carácter reivindicativo con pancartas”.
El lugar es distinto cada vez y el leit motiv también. En cada ocasión aparece un cartel nuevo relacionado con un tema que tendrá presencia en el desayuno. Ha habido veces que el desayuno se ha hecho de forma conjunta con una asociación de vecinos, o que se ha mezclado con una actividad artística, o que ha tocado una banda de jazz.
La convocatoria de Desayunos con Viandantes se hace mediante correo electrónico y redes sociales. Nunca se sabe con anterioridad cuántas personas irán. Tampoco importa. El número oscila entre 60 y 120 personas. Algunos van por primera vez y otros son fieles a la cita.
El espacio se ocupa de forma espontánea, natural. Nunca piden permiso antes, como habría de hacerse para una manifestación, porque no lo es. Quieren recuperar el espacio público y que las personas disfruten de las calles, pero no hay vocación de reclamo ni nadie ante quien protestar.

Ni la policía ni ningún ciudadano ha dicho nada jamás. “Causa tanta sorpresa que nadie dice nada. Estamos solo desayunando. ¿Qué les puede molestar?”, comenta Estal. “El desayuno es un espacio de encuentro, de convivencia, no causa ningún conflicto. Es totalmente abierto y la gente se lleva siempre una sensación buena”.
El fin del desayuno no cae en el vacío. El colectivo hace “un mapa de lo que ha pasado”, explica Michael Filez, otro miembro de Desayuno con Viandantes. “Exploramos qué procesos se han catalizado. A los artistas nos interesa mucho ver las dinámicas que se producen. Se denomina Artivismo y significa activismo con imaginación, cierta provocación y con un trasfondo basado en disfrutar. Es una forma más amplia de compartir. Partimos de una actitud positiva y vemos qué pasa cuando la gente colabora”.
El próximo desayuno será en septiembre. Stay tuned.



Fotos: Desayuno con viandantes, excepto primera y penúltima (Mario Piera) y segunda (Mario González).

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