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11 de junio 2015    /   IDEAS
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100 opiniones de bar sobre el independentismo, la españolidad y otras tapas

11 de junio 2015    /   IDEAS     por          
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Para entender las razones que han empujado al cineasta catalán Joan Planas a llevar a cabo este proyecto llamado España desde el Bar, hay que entender primero que es un tipo que se definía como independentista catalán hasta hace pocos meses, y ya no. Que ahora le gustaría que Cataluña siga perteneciendo a España, y que sin embargo, opina «que sí, que deberían ser los catalanes en definitiva quienes decidan seguir perteneciendo o no al conjunto».
Muchos pensarán que tiene que aclararse. Él, por el contrario, piensa que quizás sean los demás los que no lo tienen tan claro, «tanto los unos como los otros».
«En Cataluña se piensa que nos quieren quitar el catalán y nuestra cultura y solo se escuchaban razones para ser independentista. En el resto de España no hay argumento alguno tampoco, solo un rotundo NO. Y en realidad eso solo ocurre porque tenemos la mente plagada de tópicos que se han dedicado a propagar los políticos y la prensa».
Planas se ha replanteado la situación después de su viaje por la península, la que recorrió durante dos meses, de hostal en hostal y de barra en barra, queriendo conocer de primera mano qué tiene que decir cualquier paisano de bar al respecto de un montón de asuntos.
«Todo empezó porque quería hacer una película sobre España para reflexionar y entender la situación actual del país, así que decidí que si quería escribir un guion sobre los españoles, antes tenía que conocerlos en persona entrevistándolos de una punta a la otra del país, y qué mejor sitio que en los bares, principal lugar de reunión, donde hablamos sin tapujos sobre lo que pensamos y sentimos», cuenta los orígenes de este proyecto que al final ha acabado siendo libro antes que película («que también llegará», asegura).

Planas trata de financiar esta primera etapa editorial con una campaña de crowdfunding con la intención de «que la gente reflexione sobre las opiniones de ciudadanos de otros sitios, que la mayoría de veces ni piensan ni son como nos han contado», afirma.
En total fueron 100 conversaciones y brindis los que le dieron el material y un cambio de mentalidad radical. Aun así, piensa que la gente al leer el libro lo mismo le puede dar como a él, que estaba seguro que iba a votar por el independentismo y al final votó en contra, «o por fortalecer las razones por las que quiere ser aún más independentista». «El caso es que muchos aún no se han molestado jamás en escuchar lo que opinan los otros», dice. Y quiere dejar claro que no va solo de independentismo sino que toca palos como la «política, la cultura, la identidad, los tópicos, la religión y otros muchos».
No está en contra de la independencia tampoco, y ahora bromea con sus amigos que están a favor sobre su cambio de acera. «Porque tampoco en Cataluña todo el mundo le da tanta importancia al asunto como para romper amistades, eso es lo que la gente cree fuera por lo que cuentan. Igual que no toda la gente en España es del PP y le parece bien que Wert dijera que había que españolizar Cataluña. Yo ahora procuro dejar de poner etiquetas o popularizar tópicos y prejuicios de lo que me rodea, son actitudes tóxicas que envenenan las relaciones entre personas. Hay que conocer desde nuestra propia experiencia y desde la autocrítica para poder acercarnos a lo que es la realidad, y así́ seguro habrá más posibilidades de entender a nuestros vecinos y de que nos entiendan ellos a nosotros».
Cuenta que Desde el Bar lo hizo «porque no había un debate, solo se atacaba». El quiso buscar su «debate interno», afirma. Después de su salida de bares más larga conocida hasta el momento, pensó que en realidad, él personalmente, prefería «apostar por intentar entendernos, y no solo catalanes con el resto de España, sino entre todas las comunidades».
«Es sorprendente cómo nos tiramos piedras unos a los otros por todo el país. Y aunque nadie esté apostando por debates sanos de aprendizaje, tolerancia y entendimiento sobre dónde y con quiénes vivimos, al menos aporto mi granito de arena con este libro. Si nadie más lo hace y seguimos desconectados en realidades paralelas, la independencia será un paso difícil de evitar».
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Para entender las razones que han empujado al cineasta catalán Joan Planas a llevar a cabo este proyecto llamado España desde el Bar, hay que entender primero que es un tipo que se definía como independentista catalán hasta hace pocos meses, y ya no. Que ahora le gustaría que Cataluña siga perteneciendo a España, y que sin embargo, opina «que sí, que deberían ser los catalanes en definitiva quienes decidan seguir perteneciendo o no al conjunto».
Muchos pensarán que tiene que aclararse. Él, por el contrario, piensa que quizás sean los demás los que no lo tienen tan claro, «tanto los unos como los otros».
«En Cataluña se piensa que nos quieren quitar el catalán y nuestra cultura y solo se escuchaban razones para ser independentista. En el resto de España no hay argumento alguno tampoco, solo un rotundo NO. Y en realidad eso solo ocurre porque tenemos la mente plagada de tópicos que se han dedicado a propagar los políticos y la prensa».
Planas se ha replanteado la situación después de su viaje por la península, la que recorrió durante dos meses, de hostal en hostal y de barra en barra, queriendo conocer de primera mano qué tiene que decir cualquier paisano de bar al respecto de un montón de asuntos.
«Todo empezó porque quería hacer una película sobre España para reflexionar y entender la situación actual del país, así que decidí que si quería escribir un guion sobre los españoles, antes tenía que conocerlos en persona entrevistándolos de una punta a la otra del país, y qué mejor sitio que en los bares, principal lugar de reunión, donde hablamos sin tapujos sobre lo que pensamos y sentimos», cuenta los orígenes de este proyecto que al final ha acabado siendo libro antes que película («que también llegará», asegura).

Planas trata de financiar esta primera etapa editorial con una campaña de crowdfunding con la intención de «que la gente reflexione sobre las opiniones de ciudadanos de otros sitios, que la mayoría de veces ni piensan ni son como nos han contado», afirma.
En total fueron 100 conversaciones y brindis los que le dieron el material y un cambio de mentalidad radical. Aun así, piensa que la gente al leer el libro lo mismo le puede dar como a él, que estaba seguro que iba a votar por el independentismo y al final votó en contra, «o por fortalecer las razones por las que quiere ser aún más independentista». «El caso es que muchos aún no se han molestado jamás en escuchar lo que opinan los otros», dice. Y quiere dejar claro que no va solo de independentismo sino que toca palos como la «política, la cultura, la identidad, los tópicos, la religión y otros muchos».
No está en contra de la independencia tampoco, y ahora bromea con sus amigos que están a favor sobre su cambio de acera. «Porque tampoco en Cataluña todo el mundo le da tanta importancia al asunto como para romper amistades, eso es lo que la gente cree fuera por lo que cuentan. Igual que no toda la gente en España es del PP y le parece bien que Wert dijera que había que españolizar Cataluña. Yo ahora procuro dejar de poner etiquetas o popularizar tópicos y prejuicios de lo que me rodea, son actitudes tóxicas que envenenan las relaciones entre personas. Hay que conocer desde nuestra propia experiencia y desde la autocrítica para poder acercarnos a lo que es la realidad, y así́ seguro habrá más posibilidades de entender a nuestros vecinos y de que nos entiendan ellos a nosotros».
Cuenta que Desde el Bar lo hizo «porque no había un debate, solo se atacaba». El quiso buscar su «debate interno», afirma. Después de su salida de bares más larga conocida hasta el momento, pensó que en realidad, él personalmente, prefería «apostar por intentar entendernos, y no solo catalanes con el resto de España, sino entre todas las comunidades».
«Es sorprendente cómo nos tiramos piedras unos a los otros por todo el país. Y aunque nadie esté apostando por debates sanos de aprendizaje, tolerancia y entendimiento sobre dónde y con quiénes vivimos, al menos aporto mi granito de arena con este libro. Si nadie más lo hace y seguimos desconectados en realidades paralelas, la independencia será un paso difícil de evitar».
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