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3 de octubre 2018    /   CIENCIA
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ilustracion  Iconshock, bajo licencia CC

Ni tiranosaurus ni mamuts: la primera especie resucitada fue una cabra montesa (y no será la última)

3 de octubre 2018    /   CIENCIA     por        ilustracion  Iconshock, bajo licencia CC
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El 30 de junio de 2003, durante diez minutos, la ciencia ficción se convirtió, simple y llanamente, en ciencia. Un equipo hispanofrancés consiguió devolver a la vida a una especie extinta solo para ver cómo se volvía a extinguir. El bucardo era una subespecie de cabra montesa que llevaba milenios vagando por los Pirineos hasta que a finales del siglo XX los cazadores redujeron su población a un solo ejemplar. Celia murió por primera vez en el año 2000 al caerse de un árbol.

Celia murió por segunda vez en 2003, por culpa de una malformación en los pulmones que hizo que este clon no pudiera salir del paritorio. Nunca una vida tan corta fue tan significativa.

Este sigue siendo, tres lustros después, el único caso de desextinción que se ha dado en la historia. Se conoce con este nombre al conjunto de técnicas capaces de traer a la vida especies ya extintas. No es un término relegado a la ficción sino un concepto muy usado y debatido en el entorno científico, más aún en los últimos años cuando la situación ha abocado a la comunidad a plantearse los beneficios y peligros de su uso.

La gran extinción del Holoceno, aquella que acabó con mamuts y tigres de dientes de sable, sigue en activo. De hecho, en los últimos siglos ha aumentado su ritmo, ayudada por la acción del hombre.

Hay casos especialmente simbólicos como el del dodo o el tigre de Tasmania, pero el problema es global, las especies están desapareciendo a una velocidad que supera en 1000 la considerada normal. Según algunos cálculos, el 20% de las especies en el planeta se enfrentan a la extinción y el porcentaje puede aumentar hasta el 50% para finales del siglo.

En este contexto, la comunidad científica está constatando que tenemos la posibilidad de revivir especies extintas al alcance de la mano. Los genetistas han comprobado que es teóricamente posible revivir a una especie si existen restos de la misma de menos de 200.000 años que permitan la conservación de su ADN.

Los dinosaurios, con o sin mosquitos fosilizados de por medio, se quedan fuera por unos cuantos cientos de millones de años, pero no pasaría lo mismo con el dodo, el tigre de Tasmania, el mamut o incluso el tigre de dientes de sable: podríamos revivir a cualquier animal desaparecido en esta última extinción. La duda es si deberíamos.

Precedentes: la desextinción como propaganda nazi

Los nazis no se plantearon ninguna duda moral. Ellos fueron los primeros en intentar conseguir la desextinción, financiando el proyecto de dos ganaderos alemanes que se propusieron recuperar el uro euroasiático, una especie de bisonte europeo extinta en el siglo XVII. Lo hicieron mediante la cría selectiva, emparejando toros y vacas que tuvieran características similares a las del uro, es decir, fuerza, tamaño y bravura.

El partido nacional socialista vio en estas características la demostración de la superioridad aria y se volcó con los experimentos. En la actualidad, el resultado se conoce como bovino de Heck y la comunidad científica coincide en señalar que no se trata de una desextinción.

Los motivos que mueven el Programa Taurus son más nobles y menos nacionalistas, pero la finalidad y los métodos son parecidos a los de los nazis. Este programa holandés pretende traer a la vida este ancestro común del mundo bovino mediante el retrocruzamiento.

La diferencia es que ahora se puede saber mucho mejor cuáles eran las auténticas características del uro mediante un análisis genético de sus restos y no recurriendo a lugares comunes como su bravura.

Este programa es el que ha tenido resultados más tangibles, pero no el que ha despertado mayor interés pues se trata, más que de revivir una especie, de potenciar los rasgos de una subespecie, como se hace con muchos perros.

Salvemos a los mamuts… o a los elefantes

Revive & Restore es una iniciativa sin fines de lucro que quiere desextinguir especies desaparecidas a la vez que lucha por la supervivencia de algunas en peligro de extinción. Utiliza en ambos casos la ingeniería genética y la biotecnología para conseguirlo. El grupo, con sede en San Francisco, trabaja para devolver a la vida a la paloma migratoria y al mamut lanudo, pero también suma esfuerzos para ayudar a la conservación de la barrera de coral y del elefante asiático.

Se enfrenta así a una de las críticas más extendidas a la hora de hablar de desextinción, pues muchos entienden que los esfuerzos que se dedican a revivir especies ya extintas se podrían enfocar en salvar a aquellas amenazadas. Es la conclusión a la que llegaba un artículo firmado por varios especialistas y publicado en Nature Ecology & Evolution.

Sin embargo, desde Revive & Restore entienden que la financiación de la desextinción no resta ingresos a la conservación, y alegan que sus fondos provienen de donantes privados. No explicitan cuánto puede costar reconstruir genéticamente a especies extintas, aunque en el New York Times especulan con decenas de millones de dólares, sin tener en cuenta cuánto podría costar reintroducir esta especie en el medio natural ni que en este nuevo contexto se podría convertir en una especie invasora.

El rinoceronte blanco del norte será el próximo gran animal en extinguirse, y tiene muchas papeletas para ser el primero que se desextinga. El pasado marzo murió el último macho de la especie, dejando a dos hembras, que viven en cautiverio, como último vestigio de la misma.

Varias agrupaciones científicas están trabajando con técnicas de reproducción asistida y clonación para salvar in extremis al rinoceronte blanco del norte. A su favor juegan varios factores.

El más evidente es que hay dos úteros de la misma especie que podrían alojar los clones, a lo que se une que hay material genético de ocho individuos, lo que brinda suficiente variedad para garantizar su riqueza genética. Por último su hábitat natural sigue existiendo, aunque cabe destacar que sus amenazas, especialmente la caza furtiva, también perviven.

Se dan todos los factores, pero la finalidad de revivir esta especie, más allá de que el reto técnico pueda ser apasionante, es más bien difusa. Para llevar a cabo una desextinicón no solo hay que tener en cuenta los factores morales y económicos, sino los roles ecológicos que tiene esta especie y si estos pueden ser cubiertos por otra especie.

El rinoceronte blanco del norte es una subespecie muy similar al rinoceronte blanco del sur. Esta última está casi amenazada, hay poco más de 20.000 ejemplares en estado salvaje. Por eso muchos se preguntan si no sería más adecuado centrar todos los esfuerzos en evitar su extinción. Su caso se convierte así en el paradigma último de la desextinción y pone de relieve las dudas, morales y prácticas, que enfrentan la desextinción y la conservación.

 

El 30 de junio de 2003, durante diez minutos, la ciencia ficción se convirtió, simple y llanamente, en ciencia. Un equipo hispanofrancés consiguió devolver a la vida a una especie extinta solo para ver cómo se volvía a extinguir. El bucardo era una subespecie de cabra montesa que llevaba milenios vagando por los Pirineos hasta que a finales del siglo XX los cazadores redujeron su población a un solo ejemplar. Celia murió por primera vez en el año 2000 al caerse de un árbol.

Celia murió por segunda vez en 2003, por culpa de una malformación en los pulmones que hizo que este clon no pudiera salir del paritorio. Nunca una vida tan corta fue tan significativa.

Este sigue siendo, tres lustros después, el único caso de desextinción que se ha dado en la historia. Se conoce con este nombre al conjunto de técnicas capaces de traer a la vida especies ya extintas. No es un término relegado a la ficción sino un concepto muy usado y debatido en el entorno científico, más aún en los últimos años cuando la situación ha abocado a la comunidad a plantearse los beneficios y peligros de su uso.

La gran extinción del Holoceno, aquella que acabó con mamuts y tigres de dientes de sable, sigue en activo. De hecho, en los últimos siglos ha aumentado su ritmo, ayudada por la acción del hombre.

Hay casos especialmente simbólicos como el del dodo o el tigre de Tasmania, pero el problema es global, las especies están desapareciendo a una velocidad que supera en 1000 la considerada normal. Según algunos cálculos, el 20% de las especies en el planeta se enfrentan a la extinción y el porcentaje puede aumentar hasta el 50% para finales del siglo.

En este contexto, la comunidad científica está constatando que tenemos la posibilidad de revivir especies extintas al alcance de la mano. Los genetistas han comprobado que es teóricamente posible revivir a una especie si existen restos de la misma de menos de 200.000 años que permitan la conservación de su ADN.

Los dinosaurios, con o sin mosquitos fosilizados de por medio, se quedan fuera por unos cuantos cientos de millones de años, pero no pasaría lo mismo con el dodo, el tigre de Tasmania, el mamut o incluso el tigre de dientes de sable: podríamos revivir a cualquier animal desaparecido en esta última extinción. La duda es si deberíamos.

Precedentes: la desextinción como propaganda nazi

Los nazis no se plantearon ninguna duda moral. Ellos fueron los primeros en intentar conseguir la desextinción, financiando el proyecto de dos ganaderos alemanes que se propusieron recuperar el uro euroasiático, una especie de bisonte europeo extinta en el siglo XVII. Lo hicieron mediante la cría selectiva, emparejando toros y vacas que tuvieran características similares a las del uro, es decir, fuerza, tamaño y bravura.

El partido nacional socialista vio en estas características la demostración de la superioridad aria y se volcó con los experimentos. En la actualidad, el resultado se conoce como bovino de Heck y la comunidad científica coincide en señalar que no se trata de una desextinción.

Los motivos que mueven el Programa Taurus son más nobles y menos nacionalistas, pero la finalidad y los métodos son parecidos a los de los nazis. Este programa holandés pretende traer a la vida este ancestro común del mundo bovino mediante el retrocruzamiento.

La diferencia es que ahora se puede saber mucho mejor cuáles eran las auténticas características del uro mediante un análisis genético de sus restos y no recurriendo a lugares comunes como su bravura.

Este programa es el que ha tenido resultados más tangibles, pero no el que ha despertado mayor interés pues se trata, más que de revivir una especie, de potenciar los rasgos de una subespecie, como se hace con muchos perros.

Salvemos a los mamuts… o a los elefantes

Revive & Restore es una iniciativa sin fines de lucro que quiere desextinguir especies desaparecidas a la vez que lucha por la supervivencia de algunas en peligro de extinción. Utiliza en ambos casos la ingeniería genética y la biotecnología para conseguirlo. El grupo, con sede en San Francisco, trabaja para devolver a la vida a la paloma migratoria y al mamut lanudo, pero también suma esfuerzos para ayudar a la conservación de la barrera de coral y del elefante asiático.

Se enfrenta así a una de las críticas más extendidas a la hora de hablar de desextinción, pues muchos entienden que los esfuerzos que se dedican a revivir especies ya extintas se podrían enfocar en salvar a aquellas amenazadas. Es la conclusión a la que llegaba un artículo firmado por varios especialistas y publicado en Nature Ecology & Evolution.

Sin embargo, desde Revive & Restore entienden que la financiación de la desextinción no resta ingresos a la conservación, y alegan que sus fondos provienen de donantes privados. No explicitan cuánto puede costar reconstruir genéticamente a especies extintas, aunque en el New York Times especulan con decenas de millones de dólares, sin tener en cuenta cuánto podría costar reintroducir esta especie en el medio natural ni que en este nuevo contexto se podría convertir en una especie invasora.

El rinoceronte blanco del norte será el próximo gran animal en extinguirse, y tiene muchas papeletas para ser el primero que se desextinga. El pasado marzo murió el último macho de la especie, dejando a dos hembras, que viven en cautiverio, como último vestigio de la misma.

Varias agrupaciones científicas están trabajando con técnicas de reproducción asistida y clonación para salvar in extremis al rinoceronte blanco del norte. A su favor juegan varios factores.

El más evidente es que hay dos úteros de la misma especie que podrían alojar los clones, a lo que se une que hay material genético de ocho individuos, lo que brinda suficiente variedad para garantizar su riqueza genética. Por último su hábitat natural sigue existiendo, aunque cabe destacar que sus amenazas, especialmente la caza furtiva, también perviven.

Se dan todos los factores, pero la finalidad de revivir esta especie, más allá de que el reto técnico pueda ser apasionante, es más bien difusa. Para llevar a cabo una desextinicón no solo hay que tener en cuenta los factores morales y económicos, sino los roles ecológicos que tiene esta especie y si estos pueden ser cubiertos por otra especie.

El rinoceronte blanco del norte es una subespecie muy similar al rinoceronte blanco del sur. Esta última está casi amenazada, hay poco más de 20.000 ejemplares en estado salvaje. Por eso muchos se preguntan si no sería más adecuado centrar todos los esfuerzos en evitar su extinción. Su caso se convierte así en el paradigma último de la desextinción y pone de relieve las dudas, morales y prácticas, que enfrentan la desextinción y la conservación.

 

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