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1 de diciembre 2015    /   CREATIVIDAD
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El museo de diseño de las barriadas de Mumbai irá sobre ruedas

1 de diciembre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Conoces Dharavi aunque nunca hayas estado allí. Aunque no sepas pronunciar su nombre y no estés muy seguro de si hablamos de un hombre, de un estado mental o de una salsa picante. Dharavi es uno de los poblados chabolistas más grande de Asia, aunque en Bombay, la ciudad donde se asienta, lo llaman slum. Es el slum de Slumdog Millionaire, la aclamada cinta de Danny Boyle. A los habitantes de Dharavi no les hace mucha gracia que el resto del mundo los conozca a través de un retrato que tachan de caricaturesco y poco realista, incluso llegó a haber protestas callejeras cuando se estrenó la película. Pero esa es otra historia.
Esta historia es la de un artista madrileño y una historiadora holandesa. De cómo estos dos jóvenes viajaron y se enamoraron de Dharavi. Y de cómo buscaron la colaboración de URBZ, un estudio local, para poner en marcha una idea tan loca como ilusionante: crear un museo móvil sobre el diseño creado en Dharavi que abrirá en febrero de 2016.
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Quieren con ello empoderar a la población local y enseñar al mundo cómo es realmente el slum. «No es un lugar postapocalíptico donde la gente es pobre y miserable y a cada paso que das tu vida corre peligro», dice Jorge Mañes. Él es el artista madrileño, aunque en unos meses, lo suyo será presentarlo como uno de los artífices de Design Museum Dharavi, aún en fase de proyecto. «De hecho», prosigue Mañes, «es uno de los lugares más seguros y acogedores que puedas encontrar en una gran metrópolis como Mumbai». Mañes se lanza a describir su primera experiencia en esta barriada: cómo navegaba por las estrechas calles, cómo conoció a la gente local y comprendió cómo funciona una red urbana «complicada y fascinante».

 Algunas de las principales instituciones de diseño de todo el mundo han abordado este asunto, pero siempre desde una perspectiva opuesta; trayendo objetos ‘made in slums’ a los museos del primer mundo


Su resumen podría ser algo así como gente normal en una ciudad anormalmente difícil. La impresión de la historiadora y crítica de arte Amanda Pinatih era similar. Así que estos dos jóvenes sumaron esfuerzos y se unieron al proyecto de URBZ, capitaneado por Matias Echanove y Rahul Srivastava. Cuatro personas, un proyecto y una misión: cambiar la forma en la que Dharavi se ve a sí misma, y la forma en la que la ven los demás.
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En Dharavi no se sobrevive, se vive. Parte de esta vida se desarrolla en talleres y fábricas artesanas, en estudios rudimentarios donde la imaginación suple la falta de medios. La creación es una parte fundamental de la sociedad en esta barriada, y por ello la idea de crear un museo de diseño enseñando a los propios habitantes de Dharavi lo que hacen sus vecinos les pareció a todos acertada.
«Algunas de las principales instituciones de diseño de todo el mundo han abordado este asunto», reconoce Mañes, «pero siempre desde una perspectiva opuesta; trayendo objetos ‘made in slums’ a los museos del primer mundo, que los exponen principalmente como curiosidades exóticas». Defiende Mañes que de esta manera no hay intercambio real y el impacto se mantiene en un nivel simbólico y exclusivo. «La gente de estos lugares ve sus bienes enviados a países occidentales, pero no es consciente del valor inherente de sus diseños y creaciones, ni el contexto en el cual son presentados».
Dharavi_BAJA_2
Design Museum Dharavi pretende hacer lo contrario. Su público primero son los locales, que Dharavi ponga en valor sus propias creaciones. Por otro lado persigue que la escena artística y de diseño de todo Bombay se adentre en el slum («muchos de ellos seguro que por primera vez», añade el artista) y vean las posibilidades que ofrece este lugar.
A la hora de plantearse llevar su idea al terreno físico, las dificultades de este grupo de creativos empezaron a florecer. Dharavi crece de forma orgánica, ajena a la legalidad. Es un lugar complejo, donde diversas autoridades, oficiales y no oficiales, pueden pedirte explicaciones, permisos, ‘compensaciones’ etc.
Por eso la ciudad crece en silencio como por arte de magia. La mayoría de construcciones se realizan de noche, lo más rápido posible, y de manera que se camuflen con las construcciones contiguas. Aquí las casas nacen viejas para evitar problemas.
«Es por ello que nuestro museo será nómada», explica Mañes. Un camión recorrerá la barriada situándose en distintas zonas y convirtiendo «lo que a priori era un problema en una de las principales características de nuestro proyecto: ¡Un museo sobre ruedas!».
Dharavi_BAJA_3
Design Museum Dharavi se describe así como el primero en muchas cosas: el primer museo rodante, el primer museo de un slum, el primer museo con una finalidad más social que cultural o por lo menos uno de los primeros… Sin embargo, lo más importante de este proyecto no es que sea el primero, sino que no quiere ser el último.
«Nuestra idea es crear un modelo que en un futuro sirva para ser implementado en otros escenarios similares de todo el mundo», explica Mañes. Esta experiencia servirá pues para medir el impacto que este museo rodante pueda tener. Y para poder cambiar, sino una sociedad, sí la percepción que tenemos de ella.

Conoces Dharavi aunque nunca hayas estado allí. Aunque no sepas pronunciar su nombre y no estés muy seguro de si hablamos de un hombre, de un estado mental o de una salsa picante. Dharavi es uno de los poblados chabolistas más grande de Asia, aunque en Bombay, la ciudad donde se asienta, lo llaman slum. Es el slum de Slumdog Millionaire, la aclamada cinta de Danny Boyle. A los habitantes de Dharavi no les hace mucha gracia que el resto del mundo los conozca a través de un retrato que tachan de caricaturesco y poco realista, incluso llegó a haber protestas callejeras cuando se estrenó la película. Pero esa es otra historia.
Esta historia es la de un artista madrileño y una historiadora holandesa. De cómo estos dos jóvenes viajaron y se enamoraron de Dharavi. Y de cómo buscaron la colaboración de URBZ, un estudio local, para poner en marcha una idea tan loca como ilusionante: crear un museo móvil sobre el diseño creado en Dharavi que abrirá en febrero de 2016.
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Quieren con ello empoderar a la población local y enseñar al mundo cómo es realmente el slum. «No es un lugar postapocalíptico donde la gente es pobre y miserable y a cada paso que das tu vida corre peligro», dice Jorge Mañes. Él es el artista madrileño, aunque en unos meses, lo suyo será presentarlo como uno de los artífices de Design Museum Dharavi, aún en fase de proyecto. «De hecho», prosigue Mañes, «es uno de los lugares más seguros y acogedores que puedas encontrar en una gran metrópolis como Mumbai». Mañes se lanza a describir su primera experiencia en esta barriada: cómo navegaba por las estrechas calles, cómo conoció a la gente local y comprendió cómo funciona una red urbana «complicada y fascinante».

 Algunas de las principales instituciones de diseño de todo el mundo han abordado este asunto, pero siempre desde una perspectiva opuesta; trayendo objetos ‘made in slums’ a los museos del primer mundo


Su resumen podría ser algo así como gente normal en una ciudad anormalmente difícil. La impresión de la historiadora y crítica de arte Amanda Pinatih era similar. Así que estos dos jóvenes sumaron esfuerzos y se unieron al proyecto de URBZ, capitaneado por Matias Echanove y Rahul Srivastava. Cuatro personas, un proyecto y una misión: cambiar la forma en la que Dharavi se ve a sí misma, y la forma en la que la ven los demás.
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En Dharavi no se sobrevive, se vive. Parte de esta vida se desarrolla en talleres y fábricas artesanas, en estudios rudimentarios donde la imaginación suple la falta de medios. La creación es una parte fundamental de la sociedad en esta barriada, y por ello la idea de crear un museo de diseño enseñando a los propios habitantes de Dharavi lo que hacen sus vecinos les pareció a todos acertada.
«Algunas de las principales instituciones de diseño de todo el mundo han abordado este asunto», reconoce Mañes, «pero siempre desde una perspectiva opuesta; trayendo objetos ‘made in slums’ a los museos del primer mundo, que los exponen principalmente como curiosidades exóticas». Defiende Mañes que de esta manera no hay intercambio real y el impacto se mantiene en un nivel simbólico y exclusivo. «La gente de estos lugares ve sus bienes enviados a países occidentales, pero no es consciente del valor inherente de sus diseños y creaciones, ni el contexto en el cual son presentados».
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Design Museum Dharavi pretende hacer lo contrario. Su público primero son los locales, que Dharavi ponga en valor sus propias creaciones. Por otro lado persigue que la escena artística y de diseño de todo Bombay se adentre en el slum («muchos de ellos seguro que por primera vez», añade el artista) y vean las posibilidades que ofrece este lugar.
A la hora de plantearse llevar su idea al terreno físico, las dificultades de este grupo de creativos empezaron a florecer. Dharavi crece de forma orgánica, ajena a la legalidad. Es un lugar complejo, donde diversas autoridades, oficiales y no oficiales, pueden pedirte explicaciones, permisos, ‘compensaciones’ etc.
Por eso la ciudad crece en silencio como por arte de magia. La mayoría de construcciones se realizan de noche, lo más rápido posible, y de manera que se camuflen con las construcciones contiguas. Aquí las casas nacen viejas para evitar problemas.
«Es por ello que nuestro museo será nómada», explica Mañes. Un camión recorrerá la barriada situándose en distintas zonas y convirtiendo «lo que a priori era un problema en una de las principales características de nuestro proyecto: ¡Un museo sobre ruedas!».
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Design Museum Dharavi se describe así como el primero en muchas cosas: el primer museo rodante, el primer museo de un slum, el primer museo con una finalidad más social que cultural o por lo menos uno de los primeros… Sin embargo, lo más importante de este proyecto no es que sea el primero, sino que no quiere ser el último.
«Nuestra idea es crear un modelo que en un futuro sirva para ser implementado en otros escenarios similares de todo el mundo», explica Mañes. Esta experiencia servirá pues para medir el impacto que este museo rodante pueda tener. Y para poder cambiar, sino una sociedad, sí la percepción que tenemos de ella.

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