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23 de marzo 2018    /   CREATIVIDAD
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Infografías para visibilizar la desigualdad de género en el diseño

23 de marzo 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Se suele afirmar que hay más mujeres universitarias que hombres. Incluso se defiende que sacan mejores calificaciones que los alumnos de sexo masculino. Pero ¿es eso cierto? Si lo es, ¿qué sucede después en el ámbito laboral? ¿Se iguala esa situación? ¿Se invierte esa tendencia? Las infografías de Natalia Martín tienen la respuesta.

Durante su etapa como estudiante y sus primeros años como diseñadora profesional, Natalia Martín no había percibido una desigualdad de género en su sector. Sin embargo, cuando participó en la organización del evento Sevilla Ciudad del Diseño, hubo un pequeño detalle que le hizo pensar que algo no iba bien.

«Comprobé que la gran mayoría de diseñadores de renombre son hombres y que es muy difícil llegar a conseguir un cartel paritario en un evento. Son pocas las mujeres que tienen un estudio propio, y muy pocas las que llegan a tener un reconocimiento por su trabajo. Lo que pasa en la cúspide es un reflejo acentuado de lo que ocurre en los demás niveles».

A partir de ese hecho, Martín decidió investigar cuál era la situación real (no la aparente, la ficticia o la asumida) de la mujer en el campo del diseño. Para ello, no echó mano de las creencias sino de los datos.

«Durante la Universidad o cuando buscas trabajo, esta discriminación no parece existir. Sin embargo, cuando se tira de estadística, las desigualdades comienzan a aflorar. Decidí buscar información en el Instituto Nacional de Estadística, pero me encontré que era como buscar una aguja en un pajar. Resultó más difícil determinar qué datos quería encontrar que llegar a ellos. Para mi sorpresa, lo más complicado fue acceder al dato del porcentaje de mujeres y hombres en la Universidad. Tuve que recurrir a Universidades y Escuelas concretas y hacer un promedio. En todo caso, con paciencia se acaba encontrando casi de todo».

Una vez recopilados todos esos datos, Natalia Martín decidió utilizar sus conocimientos de diseño para mostrar gráficamente esa realidad. El resultado es una serie de infografías que muestran claramente que la situación se aleja bastante de ser equitativa.

«Quería era captar la atención de gente que nunca se hubiera percatado de lo que sucede y sabía que eso nunca ocurriría con un informe. Sin embargo, sí lo podía conseguir con unos gráficos que resultasen amenos y fáciles de entender. Las infografías demuestran que no estamos ante un caso de falta de presencia de mujeres en el sector, pero sí que son un grupo social que se encuentra en la retaguardia. Hay un 13% de diferencia entre la tasa de empleo de mujeres y hombres en Diseño Industrial, lo cual ya es bastante alarmante, pero la brecha es mucho mayor cuando hablamos de reconocimiento».

Para Natalia Martín, las causas de esta desigualdad de género radican, entre otras cosas, en que las instituciones y los medios de comunicación tienen mayor representación masculina, «sobre todo si hablamos de la dirección de los mismos», y por la existencia de clichés tan asentados como el del «hombre de éxito».

«Nuestra percepción del mundo se ve alterada por concepciones aprendidas desde la infancia –explica Martín–. Por ello, cuando se quiere buscar a un diseñador exitoso, un genio creativo, una eminencia en la materia, etcétera, se suele partir de la base, inconscientemente, de que será un hombre».

La doctora en Creatividad Aplicada, Vanessa Bejarano, coincide con Martín en que la causa de esa desigualdad no es específica del campo del diseño, sino algo estructural.

«Ese conjunto de tejido social, cultural, político, científico y económico, al que a veces llamamos “mundo”, ha sido construido bajo unas estructuras que toman como referencia al hombre como medida de todas las cosas. Por ello, el diseño, pese a ser una actividad creativa, responde también, como actividad industrial y económica que es, reproduciendo estos patrones socioculturales en la medida que el sistema político, educativo y financiero los alimenta».

En opinión de Verónica Bello, Lead Designer en Designit, una de las consecuencias de esa concepción del mundo a la que hace referencia Bejarano, es que las expectativas profesionales solo se dirigen a los hombres, mientras que las mujeres deben «entretenerse» hasta que «decidan» anteponer su vida familiar a la profesional.

Sin embargo, afirma Bello, «hay muchas mujeres que no renuncian a su carrera profesional y, para sobrevivir, gran parte de ellas adquieren patrones de conducta masculinos, lo que invisibiliza al 100% el rol femenino. Aquí ya no hablamos de hombres y mujeres, sino de masculino y femenino, porque los lugares de poder, los puestos con visibilidad o representatividad, los reconocimientos públicos… son gestionados y dirigidos desde un planteamiento masculino».

Una situación en la que la experta en diseño Xènia Viladàs destaca un elemento añadido que también se nutre de esas estructuras endémicas: independientemente de si tienen o no capacidad, «los hombres tienden a dar el paso adelante y personalizar el liderazgo del equipo, mientras que las mujeres se culpabilizan y se anulan inconscientemente».

Entonces, ¿hay que resignarse a convivir con esta situación por ser un mal endémico¿ ¿Hay que asumirla como crónica? ¿Se puede revertir? ¿Cómo ha de hacerse?

En opinión de Vanessa Bejarano, la solución pasa por «disolver, desaprender, deshacer y destruir los órdenes que nos han alienado, para generar una nueva estructura basada en jerarquías naturales. Empezar a crear actos de retórica y atreverse a ponerle nombre a lo que, creíamos, no existía. Tal vez, las mujeres tengamos que relanzarnos a conquistar nuevos territorios que por educación se nos han negado y romper con la autoexigencia de cumplir con el rol de superwomen o santas para seguir revelando, y denunciando, una realidad que vivimos cotidianamente. Solo entonces, cuando nos miremos como iguales, bajo un mismo espejo de autoridad, podremos compartir las tareas, sean estas cuales sean, con creatividad y sin miedo».

Además de todo lo anterior, para Natalia Martín la solución pasa también por «conocer a esas diseñadoras referentes que nadie nos ha mostrado. Tanto las que han hecho historia como las que marcan la diferencia a día de hoy. Necesitamos que nos hablen de ellas para que no tengamos que preguntarnos dónde están las mujeres diseñadoras. Necesitamos que se reconozca y se premie su talento».

Natalia Martín cita los premios como un elemento de desigualdad de género. En contra de lo que pudiera parecer, los reconocimientos institucionales también modelan la concepción que se tiene de los sectores profesionales y de sus miembros. Ejemplo de ello es que, desde hace más de diez años, el Premio Nacional de Diseño no ha recaído en una mujer.

«Los premios son parte del problema porque replican y amplifican ese patrón masculino y contribuyen a perpetuarlo», explica Xénia Vilàdas. «El hecho de que se singularice a un individuo o a una organización como portadores únicos de unos determinados valores, es un mecanismo reduccionista y perverso porque descarta la influencia del entorno en los logros individuales. De hecho, el premio en sí es una institución anacrónica, que ignora el funcionamiento sistémico de la economía real».

Para finalizar, Verónica Bello apunta que la solución pasa por «tomar conciencia de forma individual, analizando la situación y entendiendo que esa normalidad en la que navegamos a diario no puede seguir perpetuándose». En este sentido, defiende la necesidad de «trabajar juntas ayudándonos y apoyándonos, dejando de lado las rivalidades que tanto nos han inculcado y que logran desbaratar nuestro peso como colectivo».

Sean estas u otras las soluciones, cambiar prejuicios y estereotipos sociales y culturales tremendamente arraigados es una tarea compleja y laboriosa, que requiere tiempo y precisa de visibilidad. En ese sentido, las infografías de Natalia Martín pueden ser un primer paso para ello.

«Cuando empecé a buscar no esperaba encontrar una situación tan desfavorecedora para las mujeres diseñadoras. No estamos hablando solamente de quién pasará a la historia, sino de quién encontrará un puesto de trabajo para desarrollar su profesión. Es un tema que repercute directamente en cada una de nosotras y que no se está tratando, seguramente, por desconocimiento».

NOTA: Para la redacción de este artículo se consultó a Anxo López, que consideró que la mejor forma de aportar algo al tema era declinar la invitación para que fueran mujeres conocedoras de la situación del diseño las que hablasen sobre él. De hecho, fue Anxo López el que propuso los nombres de Vanessa Bejarano, Verónica Bello y Xènia Viladàs, «tres mujeres que para mí son referentes en el mundo del diseño y la creatividad. Ellas te pueden dar una mejor respuesta de género que la mía».

Se suele afirmar que hay más mujeres universitarias que hombres. Incluso se defiende que sacan mejores calificaciones que los alumnos de sexo masculino. Pero ¿es eso cierto? Si lo es, ¿qué sucede después en el ámbito laboral? ¿Se iguala esa situación? ¿Se invierte esa tendencia? Las infografías de Natalia Martín tienen la respuesta.

Durante su etapa como estudiante y sus primeros años como diseñadora profesional, Natalia Martín no había percibido una desigualdad de género en su sector. Sin embargo, cuando participó en la organización del evento Sevilla Ciudad del Diseño, hubo un pequeño detalle que le hizo pensar que algo no iba bien.

«Comprobé que la gran mayoría de diseñadores de renombre son hombres y que es muy difícil llegar a conseguir un cartel paritario en un evento. Son pocas las mujeres que tienen un estudio propio, y muy pocas las que llegan a tener un reconocimiento por su trabajo. Lo que pasa en la cúspide es un reflejo acentuado de lo que ocurre en los demás niveles».

A partir de ese hecho, Martín decidió investigar cuál era la situación real (no la aparente, la ficticia o la asumida) de la mujer en el campo del diseño. Para ello, no echó mano de las creencias sino de los datos.

«Durante la Universidad o cuando buscas trabajo, esta discriminación no parece existir. Sin embargo, cuando se tira de estadística, las desigualdades comienzan a aflorar. Decidí buscar información en el Instituto Nacional de Estadística, pero me encontré que era como buscar una aguja en un pajar. Resultó más difícil determinar qué datos quería encontrar que llegar a ellos. Para mi sorpresa, lo más complicado fue acceder al dato del porcentaje de mujeres y hombres en la Universidad. Tuve que recurrir a Universidades y Escuelas concretas y hacer un promedio. En todo caso, con paciencia se acaba encontrando casi de todo».

Una vez recopilados todos esos datos, Natalia Martín decidió utilizar sus conocimientos de diseño para mostrar gráficamente esa realidad. El resultado es una serie de infografías que muestran claramente que la situación se aleja bastante de ser equitativa.

«Quería era captar la atención de gente que nunca se hubiera percatado de lo que sucede y sabía que eso nunca ocurriría con un informe. Sin embargo, sí lo podía conseguir con unos gráficos que resultasen amenos y fáciles de entender. Las infografías demuestran que no estamos ante un caso de falta de presencia de mujeres en el sector, pero sí que son un grupo social que se encuentra en la retaguardia. Hay un 13% de diferencia entre la tasa de empleo de mujeres y hombres en Diseño Industrial, lo cual ya es bastante alarmante, pero la brecha es mucho mayor cuando hablamos de reconocimiento».

Para Natalia Martín, las causas de esta desigualdad de género radican, entre otras cosas, en que las instituciones y los medios de comunicación tienen mayor representación masculina, «sobre todo si hablamos de la dirección de los mismos», y por la existencia de clichés tan asentados como el del «hombre de éxito».

«Nuestra percepción del mundo se ve alterada por concepciones aprendidas desde la infancia –explica Martín–. Por ello, cuando se quiere buscar a un diseñador exitoso, un genio creativo, una eminencia en la materia, etcétera, se suele partir de la base, inconscientemente, de que será un hombre».

La doctora en Creatividad Aplicada, Vanessa Bejarano, coincide con Martín en que la causa de esa desigualdad no es específica del campo del diseño, sino algo estructural.

«Ese conjunto de tejido social, cultural, político, científico y económico, al que a veces llamamos “mundo”, ha sido construido bajo unas estructuras que toman como referencia al hombre como medida de todas las cosas. Por ello, el diseño, pese a ser una actividad creativa, responde también, como actividad industrial y económica que es, reproduciendo estos patrones socioculturales en la medida que el sistema político, educativo y financiero los alimenta».

En opinión de Verónica Bello, Lead Designer en Designit, una de las consecuencias de esa concepción del mundo a la que hace referencia Bejarano, es que las expectativas profesionales solo se dirigen a los hombres, mientras que las mujeres deben «entretenerse» hasta que «decidan» anteponer su vida familiar a la profesional.

Sin embargo, afirma Bello, «hay muchas mujeres que no renuncian a su carrera profesional y, para sobrevivir, gran parte de ellas adquieren patrones de conducta masculinos, lo que invisibiliza al 100% el rol femenino. Aquí ya no hablamos de hombres y mujeres, sino de masculino y femenino, porque los lugares de poder, los puestos con visibilidad o representatividad, los reconocimientos públicos… son gestionados y dirigidos desde un planteamiento masculino».

Una situación en la que la experta en diseño Xènia Viladàs destaca un elemento añadido que también se nutre de esas estructuras endémicas: independientemente de si tienen o no capacidad, «los hombres tienden a dar el paso adelante y personalizar el liderazgo del equipo, mientras que las mujeres se culpabilizan y se anulan inconscientemente».

Entonces, ¿hay que resignarse a convivir con esta situación por ser un mal endémico¿ ¿Hay que asumirla como crónica? ¿Se puede revertir? ¿Cómo ha de hacerse?

En opinión de Vanessa Bejarano, la solución pasa por «disolver, desaprender, deshacer y destruir los órdenes que nos han alienado, para generar una nueva estructura basada en jerarquías naturales. Empezar a crear actos de retórica y atreverse a ponerle nombre a lo que, creíamos, no existía. Tal vez, las mujeres tengamos que relanzarnos a conquistar nuevos territorios que por educación se nos han negado y romper con la autoexigencia de cumplir con el rol de superwomen o santas para seguir revelando, y denunciando, una realidad que vivimos cotidianamente. Solo entonces, cuando nos miremos como iguales, bajo un mismo espejo de autoridad, podremos compartir las tareas, sean estas cuales sean, con creatividad y sin miedo».

Además de todo lo anterior, para Natalia Martín la solución pasa también por «conocer a esas diseñadoras referentes que nadie nos ha mostrado. Tanto las que han hecho historia como las que marcan la diferencia a día de hoy. Necesitamos que nos hablen de ellas para que no tengamos que preguntarnos dónde están las mujeres diseñadoras. Necesitamos que se reconozca y se premie su talento».

Natalia Martín cita los premios como un elemento de desigualdad de género. En contra de lo que pudiera parecer, los reconocimientos institucionales también modelan la concepción que se tiene de los sectores profesionales y de sus miembros. Ejemplo de ello es que, desde hace más de diez años, el Premio Nacional de Diseño no ha recaído en una mujer.

«Los premios son parte del problema porque replican y amplifican ese patrón masculino y contribuyen a perpetuarlo», explica Xénia Vilàdas. «El hecho de que se singularice a un individuo o a una organización como portadores únicos de unos determinados valores, es un mecanismo reduccionista y perverso porque descarta la influencia del entorno en los logros individuales. De hecho, el premio en sí es una institución anacrónica, que ignora el funcionamiento sistémico de la economía real».

Para finalizar, Verónica Bello apunta que la solución pasa por «tomar conciencia de forma individual, analizando la situación y entendiendo que esa normalidad en la que navegamos a diario no puede seguir perpetuándose». En este sentido, defiende la necesidad de «trabajar juntas ayudándonos y apoyándonos, dejando de lado las rivalidades que tanto nos han inculcado y que logran desbaratar nuestro peso como colectivo».

Sean estas u otras las soluciones, cambiar prejuicios y estereotipos sociales y culturales tremendamente arraigados es una tarea compleja y laboriosa, que requiere tiempo y precisa de visibilidad. En ese sentido, las infografías de Natalia Martín pueden ser un primer paso para ello.

«Cuando empecé a buscar no esperaba encontrar una situación tan desfavorecedora para las mujeres diseñadoras. No estamos hablando solamente de quién pasará a la historia, sino de quién encontrará un puesto de trabajo para desarrollar su profesión. Es un tema que repercute directamente en cada una de nosotras y que no se está tratando, seguramente, por desconocimiento».

NOTA: Para la redacción de este artículo se consultó a Anxo López, que consideró que la mejor forma de aportar algo al tema era declinar la invitación para que fueran mujeres conocedoras de la situación del diseño las que hablasen sobre él. De hecho, fue Anxo López el que propuso los nombres de Vanessa Bejarano, Verónica Bello y Xènia Viladàs, «tres mujeres que para mí son referentes en el mundo del diseño y la creatividad. Ellas te pueden dar una mejor respuesta de género que la mía».

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Opiniones 3
  • Estoy de acuerdo en que hay que darle más visibilidad a las diseñadoras… así que ahí va mi granito de arena: Rosario Hurtado de El Ultimo Grito y Gala Fernandez de Piopio Labs son referencias del diseño español. Las dos son enormes profesionales, docentes y autoras. Más info:

    http://www.designindaba.com/profiles/el-ultimo-grito
    http://galafernandez.com/about/

    Respecto al análisis, eso de que está basado en «hechos y no creencias» es discutible. Aunque estoy de acuerdo con la máxima ( hombres y mujeres deberían de cobrar lo mismo y tener el mismo reconocimiento histórico por realizar un trabajo de calidad similar), la «ciencia» que se usa para argumentar es muy pobre y no hay por donde cogerla.

    Respecto a los datos sobre empleo: no se puede tomar un dato parcial como la tasa de empleo y afirmar que hay discriminación, sin aportar más datos.

    Sabemos que un 13% más de varones ha conseguido empleo en el campo del diseño industrial… pero sabemos qué % de diseñadores hombre se han lanzado a montar su propio estudio -y por consiguiente jugado la ruina personal- respecto al porcentaje de mujeres?. O cuanto esfuerzo -tiempo y dinero- han invertido unos y otras para conseguir cada empleo?

    No insinuo que la mujer tome menos riesgo o se esfuerce menos que el hombre. Simplemente afirmo que para hacer un análisis decente hay que tener datos.

    Otra cosa que me chirría es eso de que Ray Eames es menos reconocida que Charles Eames por el hecho de ser mujer. Por lo que leo, se ha encuestado a 57 estudiantes y preguntado por el nombre de «Los Eames». En mi modesta opinión, hay maneras mucho más objetivas y científicas de verificar la hípotesis de que Ray está menos reconocida por ser mujer. Por ejemplo, poniendo en Google «ray eames» y «charles eames». A día de hoy, Ray muestra 4,460,000 resultados y Charles 4,430,000… no parece que la hipótesis se mantenga cuando se recurren a datos de más calidad.

  • Perdón, desde mi lugar de mujer, diseñador y estudiante de programación, todavía no logro entender cuál es la pretensión de este tipo de informes y artículos. Si resulta que muchas mujeres no tienen nada que destacar, no puede pretender que les den un premio… ¿Qué sería eso? «Uy, es mujer, hay que darle un premio sino es desigualdad». Probablemente los hombres que han sido galardonados hayan hecho un sobresaliente trabajo, y realmente destaquen. ¿Pero decir que las mujeres no son galardonadas solo por ser mujeres? Nos estamos yendo de tema… En este momento se me ocurre el ambiente del comic, que también fue «terreno de hombres» por mucho tiempo y hace unos años que están saliendo mujeres a la pasarela. ¿Por qué no hay tantas destacadas como hombres? Básicamente porque es un terreno bastante nuevo para las mujeres, hay cosas que decantan con el tiempo (y, esto ya es gusto personal, realmente hay MUY POCAS mujeres que hagan algo sobresaliente). No podemos premiar mediocridad con «ay no, es que es una mujer!». BASTA DE INFANTILIZAR A LAS MUJERES!!!!

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