fbpx
18 de julio 2012    /   CREATIVIDAD
por
 

¿Desvestirse o pelarse?

18 de julio 2012    /   CREATIVIDAD     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

La conversación que mantenía con el Dr. David Hepworth sobre el futuro de la moda estaba resultando de lo más interesante. De repente, Suzanne Lee comprendió que el adjetivo más apropiado para calificarla no era ese, sino inspiradora. El intercambio de pareceres con el científico y biólogo infundió en la directora de proyectos del Central Saint Martins (University of the Arts London) la idea de cultivar su propia ropa. “En lugar de explotar plantas de productos petroquímicos imaginé la posibilidad de investigar la utilización de ciertos microbios para el desarrollo de un biomaterial textil”. Suzanne decidió bautizar su proyecto como BioCouture.

Té verde, azúcar y una mezcla de celulosa, levadura y otros microorganismos era todo lo que necesitaba para fabricar una especie de esterilla flexible. “Las bacterias se alimentan del azúcar y hacen girar los hilos de celulosa. Al unirse unos a otros, conforman una especie de tejido en la superficie del líquido”. A las dos o tres semanas, cuando el tejido alcanza un grosor de aproximadamente 1,5 cm, se retira del líquido. Es entonces cuando se puede aprovechar la humedad de la tela para hacer la forma de la prenda sobre moldes 3D. Aunque también se puede esperar a que se seque para después cortar las diferentes piezas y coserlas entre sí. Todo depende de cómo prefiera trabajar el diseñador.

Llega la hora de teñir la tela y BioCouture se muestra, de nuevo, como un tejido eco-friendly puesto que necesita mucho menos tinte que cualquier otro material. Pero es en su fase póstuma cuando esta cualidad resulta más evidente: “Al igual que las cáscaras de la fruta, las prendas pueden servir de abono cuando ya no sirven”. Lo malo de parecerse a la piel de un vegetal es que las prendas BioCouture no se pueden tener en el armario de por vida. Al cabo de unos años, se pudren.

Y es en eso en lo que Suzanne está trabajando. En lograr una mayor durabilidad de las prendas, pero también en lograr otras mejoras como que el tejido sea más maleable o que tenga una mayor resistencia al agua. “Si no se trata, el material resulta superabsorbente, por lo que salir bajo la lluvia con una prenda BioCouture puede resultar un desastre…”.

De momento, las prendas BioCouture son únicamente prototipos. Pero son también el primer paso de un proyecto con visos de convertirse en algo mucho más extenso: “Lo que comenzó como una iniciativa dentro del mundo de la moda se está convirtiendo en un proyecto sobre biomateriales. Apenas estamos empezando a imaginar qué otros usos puede dársele a estos materiales”.

 

La conversación que mantenía con el Dr. David Hepworth sobre el futuro de la moda estaba resultando de lo más interesante. De repente, Suzanne Lee comprendió que el adjetivo más apropiado para calificarla no era ese, sino inspiradora. El intercambio de pareceres con el científico y biólogo infundió en la directora de proyectos del Central Saint Martins (University of the Arts London) la idea de cultivar su propia ropa. “En lugar de explotar plantas de productos petroquímicos imaginé la posibilidad de investigar la utilización de ciertos microbios para el desarrollo de un biomaterial textil”. Suzanne decidió bautizar su proyecto como BioCouture.

Té verde, azúcar y una mezcla de celulosa, levadura y otros microorganismos era todo lo que necesitaba para fabricar una especie de esterilla flexible. “Las bacterias se alimentan del azúcar y hacen girar los hilos de celulosa. Al unirse unos a otros, conforman una especie de tejido en la superficie del líquido”. A las dos o tres semanas, cuando el tejido alcanza un grosor de aproximadamente 1,5 cm, se retira del líquido. Es entonces cuando se puede aprovechar la humedad de la tela para hacer la forma de la prenda sobre moldes 3D. Aunque también se puede esperar a que se seque para después cortar las diferentes piezas y coserlas entre sí. Todo depende de cómo prefiera trabajar el diseñador.

Llega la hora de teñir la tela y BioCouture se muestra, de nuevo, como un tejido eco-friendly puesto que necesita mucho menos tinte que cualquier otro material. Pero es en su fase póstuma cuando esta cualidad resulta más evidente: “Al igual que las cáscaras de la fruta, las prendas pueden servir de abono cuando ya no sirven”. Lo malo de parecerse a la piel de un vegetal es que las prendas BioCouture no se pueden tener en el armario de por vida. Al cabo de unos años, se pudren.

Y es en eso en lo que Suzanne está trabajando. En lograr una mayor durabilidad de las prendas, pero también en lograr otras mejoras como que el tejido sea más maleable o que tenga una mayor resistencia al agua. “Si no se trata, el material resulta superabsorbente, por lo que salir bajo la lluvia con una prenda BioCouture puede resultar un desastre…”.

De momento, las prendas BioCouture son únicamente prototipos. Pero son también el primer paso de un proyecto con visos de convertirse en algo mucho más extenso: “Lo que comenzó como una iniciativa dentro del mundo de la moda se está convirtiendo en un proyecto sobre biomateriales. Apenas estamos empezando a imaginar qué otros usos puede dársele a estos materiales”.

 

Compártelo twitter facebook whatsapp
¿Te han robado un Matisse? Tal vez aquí puedas encontrarlo
Monstruo Espagueti: «Mi auténtica profesión es tocar los huevos»
Totems animales que las personas llevamos dentro
Phillip Toledano, el culto a nuestro amado líder artístico
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *