17 de diciembre 2019    /   IDEAS
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Ilustración  Notegraphy

¿Tiene los días contados la diéresis en el español?

17 de diciembre 2019    /   IDEAS     por        Ilustración  Notegraphy
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Podemos ponernos poéticos y decir que la ü con diéresis es la letra malabarista del abecedario (así la describía Ramón Gómez de la Serna). Podemos ponernos terrenales y ver la ü asomar en las diademas de despedida de soltera que algunas mujeres se calzan en lo alto de la cabeza. 

O podemos ponernos melómanos y entonar que la diéresis es como una nota musical que indica que hay que pronunciar la vocal que tiene a sus pies. Así lo dicta la Real Academia de la Lengua. Si la u de las sílabas gue y gui llevan diéresis, la u debe pronunciarse; si no lleva los dos puntos encima, ¡chitón!, es un silencio de corchea. Lo vemos en los pingüinos: los pronunciamos con u porque van por la vida con la diéresis encima, pero si no la llevaran, serían pinguinos, ¡de pingos!, con i.

Estos puntos que hacen de gorro, para muchos, son un engorro. A los franceses y los alemanes, con esas ortografías tan ortopédicas, no les molestan tanto; están acostumbrados. Pero a los que hablan inglés les fastidian bastante. Quartz lo resume en este titular: «Diaeresis: the dual dots driving readers dotty» (Diéresis: los dos puntos que conducen a los lectores a la majadería). La revista anglosajona abrió el debate sobre el uso del signo en el inglés. Este idioma tan pragmático nunca le ha tenido mucha simpatía a los ornamentos: ni a las diéresis, ni a los circunflejos, ni a las colitas, ni a los garfios. 

A los angloparlantes la diéresis les resulta arcaica. Innecesaria. Obsoleta. Esnob. Y el debate ha llegado varias veces a la prensa: ¿La usamos? ¿La matamos? Pero The New Yorker la quiere viva. La usa en palabras como coöperation y reëlection para que se sepa que esas dos letras no son siamesas y que cada una pertenece a una sílaba distinta: co-operation y re-election.

Para eso surgió la diéresis, allá en el griego antiguo y, después, pasó al latín. Diaerĕsis, escribían los romanos, con ese acento breve que parece que alguien se ha puesto un secante de tinta encima de la cabeza. El español se apropió después de esta voz, tiró ese acento por la borda y, para hacerla suya, le metió una estocada con una tilde en la e: diéresis. Después incluso le buscó un doble (un sinónimo un tanto extraño): crema.

Los ibéricos la necesitaban para hablar de lo que se tiene que desunir. Ese significado de «separación» se ha perpetuado hasta hoy, pero con matices. En 1780 la Academia la recogió como «Figura por la qual una sílaba se desata, y se hace que valga dos en el verso». A finales del XIX descubrieron que los médicos, cuando tenían que meter cuchillo, hablaban también de diéresis y le añadieron el significado de: «Procedimiento quirúrgico, ó conjunto de operaciones, cuyo carácter principal consiste en la división de los tejidos orgánicos».

Doscientos cincuenta años después le han quitado ese piropazo tan andaluz de ¡figura! y la han hecho signo. El diccionario actual de la RAE la define como «Signo ortográfico (¨) que se sitúa sobre la u en las sílabas gue, gui, para indicar que dicha vocal debe pronunciarse». 

Todas estas definiciones de la palabra diéresis muestran que los signos, igual que llegan, se van. Lo suyo también es pasar. En 1780 escribían frecuente con diéresis (freqüente) y cual con qu (qual). ¡Qué horror!, dirían hoy algunos. A muchos les parece bien que el lenguaje haya evolucionado desde el pasado hasta hoy, que se haya despojado de acentos y ornamentos, pero ¿que evolucione ahora, delante de sus propias narices? ¿Dar un *lenguetazo sin sus dos puntos y ver a un *bilingue con la u pelada? ¡Horror!

diéresis

Aquellas diéresis de freqüente, eloqüente o cinqüenta desaparecieron en 1815. Hasta entonces indicaban que había que pronunciar la u a la que acompañaban, pero a los académicos les empezaron a molestar y ese año decidieron que la qu solo se usaría para representar el fonema /k/ cuando fuera delante de la vocal e y la vocal i: queso, quiniela, quinqué. Establecieron también que la se sustituiría por cu (frecuente, elocuente, cincuenta…) y así se quitaron unas cuantas cremas de encima.

El español se desplumó hace dos siglos de algunos de estos puntos en el horizonte horizontal de las palabras. La diéresis ya desapareció un poquito, ¿por qué no habría de hacerlo un poco más en el futuro? Los teclados de los móviles van en su contra: no los ponen a mano, los hacen incómodos. Y como todos se entienden cuando uno dice le dice al otro: *¡Sinverguenza! y el otro le dice a uno: *¡Pedigueño!, esos dos puntos no se echan tanto de menos. Solo los puristas rugen. ¡Acabáramos! ¡La ortografííía! ¡Perdicióóón! ¡Estos jovenzuelos, rompiendo el lenguaje!

emoticono

Los emoticonos, el lenguaje gestual que nació a finales del XX, no tuvo a la diéresis en cuenta. Usó los dos puntos (:) para pintar ojos. Usó el punto y coma (;) para hacer guiños. Usó el signo de igual (=) para hacer unos ojos sonrientes. Pero no necesitó los dos puntos horizontales para el lenguaje del nuevo mundo digital. 

Tampoco acuden a ellos los lenguajes de programación. Los primeros sistemas informáticos comerciales nacieron en EEUU y allí no estaban acostumbrados a utilizar este signo. «En los diseños iniciales de la codificación de letras, números y signos (el ASCII original), no incluyeron la diéresis», cuenta el tecnólogo Ismael Olea. «Las limitaciones de aquel ASCII se han convertido en la práctica general. Hoy es la piedra angular de todos los sistemas de codificación de lenguas de nuestros dispositivos de cómputo. Aunque, como una rareza, existe un lenguaje de programación que usa la diéresis: el APL. Pero ya nos parece completamente arcaico y está restringido a entornos que se quedaron en los años 60. Viejuno a tope».

Hay también quien se queja del desorden familiar de estas palabras. Dicen que es un jaleo eso de que la madre no lleve puntos (paraguas) y su derivado sí (paragüero). Pero la inconsistencia gráfica es aún mayor: ¿Por qué el paraguas no muestra las gotas de lluvia, en forma de diéresis, que le caen del cielo? ¿Por qué el paragüero vive en lluvia perpetua si nunca lo dejan poner un pie en la calle?

paraguas

Dejemos que hablen los sabios. Expertos de todo pelaje. Empecemos por un miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, Álex Grijelmo

—¿Crees que la diéresis va a desaparecer en un futuro medio lejano o crees que tiene una larga, una muy larga vida?

—En principio, la diéresis es útil para desambiguar la pronunciación de ciertas sílabas —dice el escritor y periodista—. Es verdad que tenderíamos a leer una hipotética *ambiguedad como ambigüedad, porque se trata de una palabra suficientemente conocida; pero esos dos puntitos sirven para aclararnos cómo se dicen las palabras que hallamos por vez primera; por ejemplo, si nos encontramos con higüera (un fruto americano); o con el nombre propio de una localidad llamada así (por ejemplo, Higüera Abajo, en la República Dominicana), o con el apellido Higüera. En los tres casos (vegetal, topónimo y apellido) existe la alternativa Higuera. Por tanto, si desapareciera la diéresis, nos quedaríamos sin respuesta ante todas las palabras que contengan las sílabas gue o gui. ¿Cómo se deberían pronunciar?

Hacemos la misma pregunta a la editora de Larousse Sofía Acebo: ¿Larga vida a la diéresis o cuatro telediarios?

—Pues no me veo escribiendo de otro modo pingüino, agüita y agüelica, la verdad. Pero debe ser que llevo toda la vida viendo escrita la diéresis y no me parece rara. Pensando en otras personas, más jóvenes, o que solo leen «texto digital informal» (en redes sociales, blogs, medios sin constricciones formales, etc.), se me ocurre que igual a ellos les parezca de lo más normal escribir *pinguino y *aguita aunque digan pingüino y agüita. Eso es bastante así. Cuando todo tu imaginario escrito es de redes sociales sin filtros, no hay coma ni diéresis que se resista. Que no lo digo en tono apocalíptico, solo reflejo una manera muy común de escribir. No solo hablo de los jóvenes, gente como mis padres y mis tíos dejan de escribirlos porque los teclados no se lo hacen fácil. Ponerlas es casi de militancia ortográfica.

Acebo no ve catástrofes. Piensa que el lenguaje sabe buscarse la vida:

—Si a la gente no le gusta la u con diéresis, ya se espabilarán para encontrar otro resalte: ¿pingwinoawita y awelita? Para sustituir uno por otro, mejor nos quedamos con los puntos (diríamos muchos), pero hay gente que se siente más cerca de la escritura con w que con la teclita escondida del teclado digital.

diéresis

Rubén Conde, becario de investigación en el departamento de Filología Española en Universidad Autónoma de Madrid, tiene una opinión parecida:

—Creo que, aunque a menudo prescindamos de ella cuando escribimos con el móvil (por pereza o por no saber cómo poner la ü en el teclado), la diéresis tiene una larga vida en el español normativo. Parece haber una cosa clara: el sonido /gw/, que representamos con la diéresis en el plano escrito, va a seguir existiendo tanto si lo representamos con , como con w o gu. Deshacernos de la diéresis supondría complicar la lectura de todas aquellas palabras que contengan las secuencias gue y gui. ¡Qué raro sería escuchar cosas como [liŋ’gistika] o [biliŋ’gismo]! —explica este joven galardonado con el Premio de Excelencia del Consejo Social de la UC3M de la Facultad de Humanidades—. También pienso que es un fenómeno que tendría lugar solo en español (por la falsa idea de que la diéresis solo la usamos en cuatro palabras contadas, cuando no es así). En el catalán, el francés o el alemán parece que goza de mejor vida, pues se usa más a menudo que en la nuestra. Quizá una de las formas de prevenir el riesgo de desaparición de este signo ortográfico sea hacerlo más visible en el teclado del móvil, que es por donde discurren la mayoría de nuestras conversaciones escritas en el día a día. Y aplicaría la misma solución con los signos de apertura, ya extinguidos casi por completo de la mensajería instantánea.

El coordinador de la Fundéu en Argentina Juan Roberto Mascardí da una explicación poética, como hizo Gómez de la Serna, cuando dijo que la diéresis es como dos íes siamesas. El ganador del Premio Iberoamericano de Periodismo en los Premios Rey de España 2018 dice: 

¿No debería ser un lingüista quien opine?

Dos puntos como un techo inconcluso sobre una sola vocal: la u. Esa que usamos estirando los labios hacia adelante, casi como dando un beso al aire, como si besar fuera una necesidad vital. Vocal cerrada y posterior, que enmudecemos y escondemos en las sílabas que, qui, gue y gui. ¡Hasta que aparece la diéresis! A todo esto, ¿dónde está la diéresis en mi teclado? Deseos permanentes de que los móviles no la escondan y que la tecnología –por fuera del universo hispanoparlante– tenga compasión como con la ñ.

Y si no es el lingüista quien opina, será un pingüino con paraguas. ¿Por qué siempre siento que paraguas debe llevar diéresis? ¿Será que el símbolo le da sentido como dos gotas de lluvia? Una u con dos gotas para que tenga voz.

La diéresis es una paradoja. Sencilla y libertaria, sola la u te necesita. Y solo para que la salves de su prisión cuando la rodeamos y vigilamos entre las sílabas gue y gui. Larga vida a la diéresis. Hasta que la u sea libre. De una vez por todas.

Imágenes realizadas con la aplicación Notegraphy.

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Podemos ponernos poéticos y decir que la ü con diéresis es la letra malabarista del abecedario (así la describía Ramón Gómez de la Serna). Podemos ponernos terrenales y ver la ü asomar en las diademas de despedida de soltera que algunas mujeres se calzan en lo alto de la cabeza. 

O podemos ponernos melómanos y entonar que la diéresis es como una nota musical que indica que hay que pronunciar la vocal que tiene a sus pies. Así lo dicta la Real Academia de la Lengua. Si la u de las sílabas gue y gui llevan diéresis, la u debe pronunciarse; si no lleva los dos puntos encima, ¡chitón!, es un silencio de corchea. Lo vemos en los pingüinos: los pronunciamos con u porque van por la vida con la diéresis encima, pero si no la llevaran, serían pinguinos, ¡de pingos!, con i.

Estos puntos que hacen de gorro, para muchos, son un engorro. A los franceses y los alemanes, con esas ortografías tan ortopédicas, no les molestan tanto; están acostumbrados. Pero a los que hablan inglés les fastidian bastante. Quartz lo resume en este titular: «Diaeresis: the dual dots driving readers dotty» (Diéresis: los dos puntos que conducen a los lectores a la majadería). La revista anglosajona abrió el debate sobre el uso del signo en el inglés. Este idioma tan pragmático nunca le ha tenido mucha simpatía a los ornamentos: ni a las diéresis, ni a los circunflejos, ni a las colitas, ni a los garfios. 

A los angloparlantes la diéresis les resulta arcaica. Innecesaria. Obsoleta. Esnob. Y el debate ha llegado varias veces a la prensa: ¿La usamos? ¿La matamos? Pero The New Yorker la quiere viva. La usa en palabras como coöperation y reëlection para que se sepa que esas dos letras no son siamesas y que cada una pertenece a una sílaba distinta: co-operation y re-election.

Para eso surgió la diéresis, allá en el griego antiguo y, después, pasó al latín. Diaerĕsis, escribían los romanos, con ese acento breve que parece que alguien se ha puesto un secante de tinta encima de la cabeza. El español se apropió después de esta voz, tiró ese acento por la borda y, para hacerla suya, le metió una estocada con una tilde en la e: diéresis. Después incluso le buscó un doble (un sinónimo un tanto extraño): crema.

Los ibéricos la necesitaban para hablar de lo que se tiene que desunir. Ese significado de «separación» se ha perpetuado hasta hoy, pero con matices. En 1780 la Academia la recogió como «Figura por la qual una sílaba se desata, y se hace que valga dos en el verso». A finales del XIX descubrieron que los médicos, cuando tenían que meter cuchillo, hablaban también de diéresis y le añadieron el significado de: «Procedimiento quirúrgico, ó conjunto de operaciones, cuyo carácter principal consiste en la división de los tejidos orgánicos».

Doscientos cincuenta años después le han quitado ese piropazo tan andaluz de ¡figura! y la han hecho signo. El diccionario actual de la RAE la define como «Signo ortográfico (¨) que se sitúa sobre la u en las sílabas gue, gui, para indicar que dicha vocal debe pronunciarse». 

Todas estas definiciones de la palabra diéresis muestran que los signos, igual que llegan, se van. Lo suyo también es pasar. En 1780 escribían frecuente con diéresis (freqüente) y cual con qu (qual). ¡Qué horror!, dirían hoy algunos. A muchos les parece bien que el lenguaje haya evolucionado desde el pasado hasta hoy, que se haya despojado de acentos y ornamentos, pero ¿que evolucione ahora, delante de sus propias narices? ¿Dar un *lenguetazo sin sus dos puntos y ver a un *bilingue con la u pelada? ¡Horror!

diéresis

Aquellas diéresis de freqüente, eloqüente o cinqüenta desaparecieron en 1815. Hasta entonces indicaban que había que pronunciar la u a la que acompañaban, pero a los académicos les empezaron a molestar y ese año decidieron que la qu solo se usaría para representar el fonema /k/ cuando fuera delante de la vocal e y la vocal i: queso, quiniela, quinqué. Establecieron también que la se sustituiría por cu (frecuente, elocuente, cincuenta…) y así se quitaron unas cuantas cremas de encima.

El español se desplumó hace dos siglos de algunos de estos puntos en el horizonte horizontal de las palabras. La diéresis ya desapareció un poquito, ¿por qué no habría de hacerlo un poco más en el futuro? Los teclados de los móviles van en su contra: no los ponen a mano, los hacen incómodos. Y como todos se entienden cuando uno dice le dice al otro: *¡Sinverguenza! y el otro le dice a uno: *¡Pedigueño!, esos dos puntos no se echan tanto de menos. Solo los puristas rugen. ¡Acabáramos! ¡La ortografííía! ¡Perdicióóón! ¡Estos jovenzuelos, rompiendo el lenguaje!

emoticono

Los emoticonos, el lenguaje gestual que nació a finales del XX, no tuvo a la diéresis en cuenta. Usó los dos puntos (:) para pintar ojos. Usó el punto y coma (;) para hacer guiños. Usó el signo de igual (=) para hacer unos ojos sonrientes. Pero no necesitó los dos puntos horizontales para el lenguaje del nuevo mundo digital. 

Tampoco acuden a ellos los lenguajes de programación. Los primeros sistemas informáticos comerciales nacieron en EEUU y allí no estaban acostumbrados a utilizar este signo. «En los diseños iniciales de la codificación de letras, números y signos (el ASCII original), no incluyeron la diéresis», cuenta el tecnólogo Ismael Olea. «Las limitaciones de aquel ASCII se han convertido en la práctica general. Hoy es la piedra angular de todos los sistemas de codificación de lenguas de nuestros dispositivos de cómputo. Aunque, como una rareza, existe un lenguaje de programación que usa la diéresis: el APL. Pero ya nos parece completamente arcaico y está restringido a entornos que se quedaron en los años 60. Viejuno a tope».

Hay también quien se queja del desorden familiar de estas palabras. Dicen que es un jaleo eso de que la madre no lleve puntos (paraguas) y su derivado sí (paragüero). Pero la inconsistencia gráfica es aún mayor: ¿Por qué el paraguas no muestra las gotas de lluvia, en forma de diéresis, que le caen del cielo? ¿Por qué el paragüero vive en lluvia perpetua si nunca lo dejan poner un pie en la calle?

paraguas

Dejemos que hablen los sabios. Expertos de todo pelaje. Empecemos por un miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, Álex Grijelmo

—¿Crees que la diéresis va a desaparecer en un futuro medio lejano o crees que tiene una larga, una muy larga vida?

—En principio, la diéresis es útil para desambiguar la pronunciación de ciertas sílabas —dice el escritor y periodista—. Es verdad que tenderíamos a leer una hipotética *ambiguedad como ambigüedad, porque se trata de una palabra suficientemente conocida; pero esos dos puntitos sirven para aclararnos cómo se dicen las palabras que hallamos por vez primera; por ejemplo, si nos encontramos con higüera (un fruto americano); o con el nombre propio de una localidad llamada así (por ejemplo, Higüera Abajo, en la República Dominicana), o con el apellido Higüera. En los tres casos (vegetal, topónimo y apellido) existe la alternativa Higuera. Por tanto, si desapareciera la diéresis, nos quedaríamos sin respuesta ante todas las palabras que contengan las sílabas gue o gui. ¿Cómo se deberían pronunciar?

Hacemos la misma pregunta a la editora de Larousse Sofía Acebo: ¿Larga vida a la diéresis o cuatro telediarios?

—Pues no me veo escribiendo de otro modo pingüino, agüita y agüelica, la verdad. Pero debe ser que llevo toda la vida viendo escrita la diéresis y no me parece rara. Pensando en otras personas, más jóvenes, o que solo leen «texto digital informal» (en redes sociales, blogs, medios sin constricciones formales, etc.), se me ocurre que igual a ellos les parezca de lo más normal escribir *pinguino y *aguita aunque digan pingüino y agüita. Eso es bastante así. Cuando todo tu imaginario escrito es de redes sociales sin filtros, no hay coma ni diéresis que se resista. Que no lo digo en tono apocalíptico, solo reflejo una manera muy común de escribir. No solo hablo de los jóvenes, gente como mis padres y mis tíos dejan de escribirlos porque los teclados no se lo hacen fácil. Ponerlas es casi de militancia ortográfica.

Acebo no ve catástrofes. Piensa que el lenguaje sabe buscarse la vida:

—Si a la gente no le gusta la u con diéresis, ya se espabilarán para encontrar otro resalte: ¿pingwinoawita y awelita? Para sustituir uno por otro, mejor nos quedamos con los puntos (diríamos muchos), pero hay gente que se siente más cerca de la escritura con w que con la teclita escondida del teclado digital.

diéresis

Rubén Conde, becario de investigación en el departamento de Filología Española en Universidad Autónoma de Madrid, tiene una opinión parecida:

—Creo que, aunque a menudo prescindamos de ella cuando escribimos con el móvil (por pereza o por no saber cómo poner la ü en el teclado), la diéresis tiene una larga vida en el español normativo. Parece haber una cosa clara: el sonido /gw/, que representamos con la diéresis en el plano escrito, va a seguir existiendo tanto si lo representamos con , como con w o gu. Deshacernos de la diéresis supondría complicar la lectura de todas aquellas palabras que contengan las secuencias gue y gui. ¡Qué raro sería escuchar cosas como [liŋ’gistika] o [biliŋ’gismo]! —explica este joven galardonado con el Premio de Excelencia del Consejo Social de la UC3M de la Facultad de Humanidades—. También pienso que es un fenómeno que tendría lugar solo en español (por la falsa idea de que la diéresis solo la usamos en cuatro palabras contadas, cuando no es así). En el catalán, el francés o el alemán parece que goza de mejor vida, pues se usa más a menudo que en la nuestra. Quizá una de las formas de prevenir el riesgo de desaparición de este signo ortográfico sea hacerlo más visible en el teclado del móvil, que es por donde discurren la mayoría de nuestras conversaciones escritas en el día a día. Y aplicaría la misma solución con los signos de apertura, ya extinguidos casi por completo de la mensajería instantánea.

El coordinador de la Fundéu en Argentina Juan Roberto Mascardí da una explicación poética, como hizo Gómez de la Serna, cuando dijo que la diéresis es como dos íes siamesas. El ganador del Premio Iberoamericano de Periodismo en los Premios Rey de España 2018 dice: 

¿No debería ser un lingüista quien opine?

Dos puntos como un techo inconcluso sobre una sola vocal: la u. Esa que usamos estirando los labios hacia adelante, casi como dando un beso al aire, como si besar fuera una necesidad vital. Vocal cerrada y posterior, que enmudecemos y escondemos en las sílabas que, qui, gue y gui. ¡Hasta que aparece la diéresis! A todo esto, ¿dónde está la diéresis en mi teclado? Deseos permanentes de que los móviles no la escondan y que la tecnología –por fuera del universo hispanoparlante– tenga compasión como con la ñ.

Y si no es el lingüista quien opina, será un pingüino con paraguas. ¿Por qué siempre siento que paraguas debe llevar diéresis? ¿Será que el símbolo le da sentido como dos gotas de lluvia? Una u con dos gotas para que tenga voz.

La diéresis es una paradoja. Sencilla y libertaria, sola la u te necesita. Y solo para que la salves de su prisión cuando la rodeamos y vigilamos entre las sílabas gue y gui. Larga vida a la diéresis. Hasta que la u sea libre. De una vez por todas.

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El origen de los dichos: Aquí hay gato encerrado
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Creatividad sin esperanza ni desesperación
 
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Opiniones 2
  • Sería sencillo hacerla desaparecer con un pequeño ajuste ortográfico, ya intentado en Chile y otros países en la segunda mitad del siglo XIX: que el sonido de jota no se represente con g como en «giro» o «gente». La Universidad de Chile todavía tiene en el frontis de uno de sus edificios «Facultad de Injeniería» y no es raro que en las ventas de libros usados aparezcan tratados de «Zoolojía». Hecho este cambio, el segundo paso sería muy simple: no hay vocales mudas y se escribe gato, higera, gitarra, gorro, gusto, pinguino. La propuesta de Andrés Bello quería llegar más lejos y abolir también qu (qeso) y regularizar la rr (rrecorrer), pero el mundo no estaba ni está preparado para eso. Saludos.

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