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3 de enero 2017    /   IDEAS
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Cuando la historia no significa lo mismo en todos los lugares

3 de enero 2017    /   IDEAS     por          
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Por mucho que le pese a la globalización, las particularidades entre culturas se mantienen. Por ejemplo, no todos los hechos históricos se perciben por igual en todos los países. En unos lugares un acontecimiento puede ser traumático para la población y, en otros, entendido de diferente manera.

Apenas unos meses después de que fuera lanzada la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, Arsenio Sacasas publicaba La atómica humana. En esta rumba, el músico cubano incluía versos como

Al mundo le ha impresionado la pólvora y dinamita
Y ahora le ha sorprendido una atómica bombita
Si yo tirara a mi suegra en Berlín o en Japón
Pero qué bomba ni qué bombita
Qué bomba ni qué bombón
La atómica con mi suegra
No tiene comparación.

Mientras decenas de miles de japoneses morían por causa de la radiación, en la otra punta del mundo se hacían chistes sobre el poder devastador de las suegras.

Algo parecido sucedió hace unos días en una escuela de Hsinchu City, localidad al norte de Taiwán. La Hsinchu Kuang-Fu High School organizó un desfile en el que los estudiantes iban ataviados con uniformes nazis. Además portaban banderas con esvásticas y paseaban dentro de un tanque de cartón. Un desfile semejante a otro celebrado en Tailandia en 2007 y que a nadie, autoridades escolares incluidas, le pareció extraño. Hasta que la noticia comenzó a circular por internet, claro.

Según la dirección del colegio, a los alumnos se les propuso hacer un desfile relacionado con una figura histórica. La debían elegir ellos mismos y, después de dos votaciones, el afortunado fue Adolf Hitler.

Los alumnos argumentan que en ningún momento tuvieron en mente al régimen nacionalsocialista. Sólo pensaron en que el desfile quedase estéticamente atractivo. También fue clave el hecho de que sus uniformes escolares fueran fácilmente transformables en uniformes nazis. La ley del mínimo esfuerzo típica de los estudiantes.

Aunque los profesores eran conscientes de lo peliagudo del tema, prefirieron no censurar a los muchachos. La actividad siguió adelante. Sin embargo, cuando las imágenes llegaron a las delegaciones diplomáticas de Israel y Alemania, estalló el escándalo.

El director de la escuela, Cheng Hsiao-ming, presentó su renuncia y pidió disculpas. Los profesores responsables de la actividad fueron sancionados. Ninguno de los alumnos ha sido reprendido.

Más allá de la anécdota, el New York Times ha encontrado una explicación razonable a este hecho. Para este diario, las escuelas de los países asiáticos abordan la Segunda Guerra Mundial desde su propia experiencia. A pesar de que las fuerzas del Eje estaban formadas por nazis y japoneses, la presencia de los alemanes en Asia fue testimonial. Además, la distancia geográfica y cultural con Europa hace que los libros de texto no incluyan detalles de la guerra en ese continente. Tampoco el Holocausto.

Para solucionar esas lagunas históricas, las autoridades han decidido organizar un programa educativo en el que, a través de películas o encuentros con la comunidad judía de Taiwán, se explique la magnitud del régimen nazi y la Shoah.

Una iniciativa que podría ampliarse a la sociedad asiática en su conjunto, que acostumbra a sentir una extraña atracción hacia la iconografía nacionalsocialista. Tanto es así, que se ha llegado a acuñar la expresión nazi-chic, para definir el fenómeno.

En países como Tailandia o Japón existen tiendas especializadas en productos que abordan el nazismo desde la frivolidad o el rigor histórico. Comercios donde se pueden comprar camisetas con Teletubbies con la cara de Hitler o réplicas casi exactas de uniformes, parafernalia e impedimenta nazi.

Lugares a los que posiblemente acudan aquellos novios que encuentran simpático disfrazarse de nazi y de personaje manga para contraer matrimonio.

Parejas que, tras el enlace, pueden acudir a celebrar el convite en bares como The Fifth Reich, el Hitler Bar de Corea, el Soldatenkafee de Indonesia o el Hitler de Tailandia.


Posiblemente una modificación en los planes de estudio podría hacer que cambiase esta visión del problema. Algo que también sería conveniente en occidente en lo que se refiere a las matanzas y abusos que el ejército japonés realizó en China, Pol-Pot en Camboya o China en el Tíbet.

En todo caso, el tema de la atracción por el nazismo no es exclusivo de los asiáticos ni es solo imputable a los planes de estudio. En Europa, hasta el nieto de la reina de Inglaterra ha coqueteado con el nazi-chic. ¿Desconocimiento de la historia? ¿Afinidad? ¿Homenaje al filonazi Duque de Windsor? Quién sabe.

Por mucho que le pese a la globalización, las particularidades entre culturas se mantienen. Por ejemplo, no todos los hechos históricos se perciben por igual en todos los países. En unos lugares un acontecimiento puede ser traumático para la población y, en otros, entendido de diferente manera.

Apenas unos meses después de que fuera lanzada la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, Arsenio Sacasas publicaba La atómica humana. En esta rumba, el músico cubano incluía versos como

Al mundo le ha impresionado la pólvora y dinamita
Y ahora le ha sorprendido una atómica bombita
Si yo tirara a mi suegra en Berlín o en Japón
Pero qué bomba ni qué bombita
Qué bomba ni qué bombón
La atómica con mi suegra
No tiene comparación.

Mientras decenas de miles de japoneses morían por causa de la radiación, en la otra punta del mundo se hacían chistes sobre el poder devastador de las suegras.

Algo parecido sucedió hace unos días en una escuela de Hsinchu City, localidad al norte de Taiwán. La Hsinchu Kuang-Fu High School organizó un desfile en el que los estudiantes iban ataviados con uniformes nazis. Además portaban banderas con esvásticas y paseaban dentro de un tanque de cartón. Un desfile semejante a otro celebrado en Tailandia en 2007 y que a nadie, autoridades escolares incluidas, le pareció extraño. Hasta que la noticia comenzó a circular por internet, claro.

Según la dirección del colegio, a los alumnos se les propuso hacer un desfile relacionado con una figura histórica. La debían elegir ellos mismos y, después de dos votaciones, el afortunado fue Adolf Hitler.

Los alumnos argumentan que en ningún momento tuvieron en mente al régimen nacionalsocialista. Sólo pensaron en que el desfile quedase estéticamente atractivo. También fue clave el hecho de que sus uniformes escolares fueran fácilmente transformables en uniformes nazis. La ley del mínimo esfuerzo típica de los estudiantes.

Aunque los profesores eran conscientes de lo peliagudo del tema, prefirieron no censurar a los muchachos. La actividad siguió adelante. Sin embargo, cuando las imágenes llegaron a las delegaciones diplomáticas de Israel y Alemania, estalló el escándalo.

El director de la escuela, Cheng Hsiao-ming, presentó su renuncia y pidió disculpas. Los profesores responsables de la actividad fueron sancionados. Ninguno de los alumnos ha sido reprendido.

Más allá de la anécdota, el New York Times ha encontrado una explicación razonable a este hecho. Para este diario, las escuelas de los países asiáticos abordan la Segunda Guerra Mundial desde su propia experiencia. A pesar de que las fuerzas del Eje estaban formadas por nazis y japoneses, la presencia de los alemanes en Asia fue testimonial. Además, la distancia geográfica y cultural con Europa hace que los libros de texto no incluyan detalles de la guerra en ese continente. Tampoco el Holocausto.

Para solucionar esas lagunas históricas, las autoridades han decidido organizar un programa educativo en el que, a través de películas o encuentros con la comunidad judía de Taiwán, se explique la magnitud del régimen nazi y la Shoah.

Una iniciativa que podría ampliarse a la sociedad asiática en su conjunto, que acostumbra a sentir una extraña atracción hacia la iconografía nacionalsocialista. Tanto es así, que se ha llegado a acuñar la expresión nazi-chic, para definir el fenómeno.

En países como Tailandia o Japón existen tiendas especializadas en productos que abordan el nazismo desde la frivolidad o el rigor histórico. Comercios donde se pueden comprar camisetas con Teletubbies con la cara de Hitler o réplicas casi exactas de uniformes, parafernalia e impedimenta nazi.

Lugares a los que posiblemente acudan aquellos novios que encuentran simpático disfrazarse de nazi y de personaje manga para contraer matrimonio.

Parejas que, tras el enlace, pueden acudir a celebrar el convite en bares como The Fifth Reich, el Hitler Bar de Corea, el Soldatenkafee de Indonesia o el Hitler de Tailandia.


Posiblemente una modificación en los planes de estudio podría hacer que cambiase esta visión del problema. Algo que también sería conveniente en occidente en lo que se refiere a las matanzas y abusos que el ejército japonés realizó en China, Pol-Pot en Camboya o China en el Tíbet.

En todo caso, el tema de la atracción por el nazismo no es exclusivo de los asiáticos ni es solo imputable a los planes de estudio. En Europa, hasta el nieto de la reina de Inglaterra ha coqueteado con el nazi-chic. ¿Desconocimiento de la historia? ¿Afinidad? ¿Homenaje al filonazi Duque de Windsor? Quién sabe.

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